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Recopilatorio

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Recopilatorio

Mensaje por Damian el Vie Dic 28 2018, 18:01

Capítulo 1. Infinito.


En un gran acantilado de inmenso y hambriento abismo colgaba de cadenas la vida de aquel guerrero. Viejo, de canas largas y de barba crecida. Aun poseía brazos fuertes y el temple de un semidiós. Las cadenas de su opresión le mantenían en suspensión en aquel abismo hace mucho tiempo. Atado con grilletes a cada muñeca y cada cadena a un grillete, y cada cadena a una pared fija con herrería de infernal procedencia. Desde la fosa surgía un viento frío y tempestuoso que saciaba su calor. Tenía los ojos cerrados pues ya estaba cansado de ver. De ver al abismo que parecía tragarle. Nadie sabe cómo aguantó tanto tiempo, ni como era alimentado. Quizás solo le daban lo necesario para sobrevivir más no para mantenerle fuerte y que pudiera tener el impulso para escapar.

Por un flanco del desfiladero, llego a él, un hombre. También de avanzada edad y envuelto entre telares de inmenso fulgor y lozano brillo. Tenía la barba tan larga como del que pendía en el abismo y los cabellos iguales, tanto como si fuesen  teñidos en la misma nieve. Sin embargo en su mirada había algo de miedo, miedo a aquel hombre que yacía colgado en el precipicio.

—Esclavo —Dijo el anciano despertando al amordazado—. El emperador te ordena rescatar a Eurídice su concubina más adorada. Solo tu pudiste hacerle frente y derrotarle, convirtiéndote en el más acto para derrocar al demonio que la mantiene cautiva.

Entonces de una esfera de fuego que se creó en la mano de aquel erudito tres seres demoníacos del tamaño de bebes con alas membranosas y cuernos. Tomaron de aquel anciano una sustancia espesa, negra y burbujeante envasada de una pequeña botella. Revolotearon hasta llegar al guerrero y mientras uno de ellos tiraba de sus cabellos para que su cabeza se levantara, otro abría su boca, para que finalmente el más pequeño de los engendros vertiera el líquido espeso por la boca del cautivo. Aquel liquido le lacero las entrañas ahogándolo en un intenso dolor que arrancaba lamentos que llenaban el abismo con su eco.

Posteriormente los seres liberaron una de las cadenas de la muñeca del guerrero, para luego desaparecer. La otra cadena hizo un péndulo con su cuerpo haciéndolo estrellar con una de aquellas paredes de roca del desfiladero. El guerrero aun preso del dolor de aquella bebida no le importó golpearse con aquella pared de roca. Sin embargo estaba del otro lado del cañón por donde apareció el erudito. Llegar hasta el viejo mago invocador significaba caer en la terrible oscuridad y el hambre de aquel despeñadero. El guerrero estando libre de una de las cadenas rompió la segunda quedando libre por completo, mientras que con desconocida fuerza escalaba aquel rocoso obstáculo para escapar.

— ¡Si no regresas antes del crepúsculo con la amante viva!... —Gritó el viejo erudito para detener al guerrero en su ascenso—. No te daremos el antídoto de ese veneno que bebes… ¡y morirás! Encontraras tus cosas en la cima y al demonio en la gran Montaña Negra del Oeste

Ya estando en la cima de aquella inmensa falda rocosa el guerrero miró hacia atrás lamentando haber tragado aquella sustancia. Miró con un odio al hechicero deseando matarle.

—Algún día seré libre —Menciono para sí aquellas palabras y a pesar de la lejanía aquel mago le gritó.
— ¡Y yo seré tan alto como una montaña, date prisa tu tiempo se acaba!

El guerrero añoro su armadura dorada y enmudeció llorando amargamente. Sin más se colocó una de herrería normal y sin espada en mano o arma alguna echó andar. Pero el cielo se oscureció al instante un inmenso wyvern tapaba el sol con sus alas membranosas y luego aterrizar de frente al guerrero. Era uno de los wyvern del emperador, solo jinetes consagrados a su empresa podían montar aquellas bestias. Entonces comprendió que si iba por si solo nunca llegaría a tiempo. Así fue que montándola surco los cielos en la bestia alada.

No recordaba que el cielo fuera tan hermoso, ese vacío infinito en todas las direcciones, sin muros ni rejas que lo estrechen, es el paraíso. El abismo era una custodia mágica que impedía que escapase de otro modo, anulaba sus habilidades y técnicas y debilitaba su poder. Ahora sentía que su cosmos ebullía dentro de su corazón, que volvía a tener las fuerzas que hace mucho le abandonaron y que podía con ellas destruir las galaxias si era necesario.
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