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Blood & Temper

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Blood & Temper

Mensaje por Klauser el Dom Oct 07 2018, 22:06

Corría a cuatro patas, andaba como bestia hambrienta, tratando de olvidar parte de su existencia y fundiéndose con aquellos pinos gélidos y la inmensidad del Norte. Su gran Kraken yacía bajo el mar, adentro en las profundidades oscuras, resguardándose de foráneos y esperando señales de su capitán. Sin embargo, ahora lo único que emergía del albino era esa apariencia de úrsido, cuyo pelaje blanco y frondoso se confundía con la nieve a los alrededores. Un rugido dejó escapar de su garganta, quebrantando la paz en el bosque a horas de la tarde.

Lo cierto era que en un reino tan frío y gélido, poco se conocía del sol o la calidez. Toda cosa que nacía en Asgard estaba destinado a congelarse tarde o temprano.

Cada ser viviente parecía aturdirse con las andanzas del ser híbrido que no hacía más que gruñir y rugir a pecho suelto. Hoy era uno de esos días. Uno de los malos, donde simplemente quería cazar y dar muerte. Trataba de situarse entre lo que significar liderar tropas reales, navegar por aguas lejanas y dejarse sucumbir por el oso que dormía bajo las capas de piel pálida pincelada por cicatrices de duelos y choques contra bloques de hielo sólido.

Eran varias las piezas de metal similares a protecciones de una armadura de guerra que se adherían al cuerpo descomunal del animal, como si se tratase de sí mismo. Rondaba cerca de los cuatro metros, tal vez más. En esa apariencia no podía comunicarse mediante lenguaje humano, por lo que si se hartaba dejaba escapar uno que otro rugido por la profundidad de ese bosque. Aunque en su forma humana no difería mucho.

Su mente viajaba y pensaba en la niña que había protegido de calcinarse entre llamaradas, la cual ahora había quedado bajo su protección y la de los buenos hombres —piratas, la mayoría— que estaban bajo las órdenes del albino, aunque era más amistad que cualquier otra cosa. ¿Qué pasaría con ella? En algún momento entrarían en guerra. ¿El rey sería capaz de acogerla bajo su séquito personal? Los poderes de la niña podrían ayudar a más de uno en batalla, ciertamente. Tuvo que soltar un resoplido de tan solo imaginar los problemas en los que terminaría metido. Necesitaba de un buen trozo de tiburón para dejar a su estómago satisfecho.

A mitad de sus pensamientos sintió el ardor en un costado de su pata frontal derecha. Eso era... ¿una flecha? ¿En qué momento paró hasta allí? Gruñó y detuvo la carrera que estaba llevando cuando a la distancia entre algunos arbusto divisó sombras de figuras humanas. Un ataque directo por miedo. Olía el miedo y desprecio en sus fosas nasales.

Se giró brusco y salvaje, empezando a correr en dirección a los mortales. Podía comérselos o dejarlos escapar y seguir el rastro luego. Los hombres salieron corriendo hasta las afueras del bosque y el oso se echó sobre la nívea capa de nieve que cubría la tierra del suelo. Se quitó aquella flecha de un mordisco y otro rugido de exasperación perturbó la paz de la naturaleza, pero él también era parte de ella, así que ¡al diablo!

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Re: Blood & Temper

Mensaje por Black el Mar Oct 09 2018, 19:43

Todos los días caminaba por toda la extensión del bosque, asegurándose de que todo marchara bien. Le tranquilizaba caminar en silencio por todo el bosque consideraba como parte de su propiedad. Si un ser vivo realizaba algo que le incomodara, se lo comía, era así de simple. Un animal salvaje no se complicaba las cosas a la hora de tomar las decisiones. Simplemente hacía lo que su instinto le pedía. Desafortunadamente cierto ruido estaba despertando su instinto, ¿es que esa maldita cosa no podía callarse?

Iría a cerrarle el hocico personalmente. Ya era la hora de la siesta post recorrido y ese animal no le dejaba esta en paz. Iría directamente hacia él para matarlo y así poder descansar como tenía planeado. Casualmente ese día llevaba el torso desnudo, como si algo le hubiera dicho que debía estar listo para pelear contra otra bestia. La katana enfundada estaba en su cintura lista para salir y cortar la carne de su enemigo, lo cual le daría una exquisita cena.

La trabajada nariz del tigre entró en acción, pues junto a su oído darían con la dirección a elegir para buscar a la molestia que no dejaba de hacer ruido. — Cállate… — Era la única palabra que pasaba por su mente. Su deseo era encontrarlo rápido y así acabar con ese detestable problema. Debería ponerse más estricto a la hora de vigilar para impedir que entren en sus tierras. No le molestaban tanto los visitantes, pero cuando venían con semejante show de ruiditos, no eran para nada bien recibidas.

Dos desconocidos corrieron justo hacia donde estaba Black. Vaya camino eligieron. Toparse con semejante tigre mientras estaba de mal humor era algo que no se le podía desear a nadie.

Gotas de sangre se derramaban sobre la nieve, adornando el blanco con un cálido color carmesí. Además, grandes huellas se iban marcando camino a donde estaba tirado un oso, cuyo tamaño era el doble de Black, aunque tomando en cuenta de que este último tenía el cuerpo de un humano. — Al fin te encuentro. — Luego de sus palabras escupió un pedazo de carne al piso que al parecer tenía mal sabor. Sostenía lo que parecía ser un brazo, sí… uno que le arrancó a esos humanos que se encontró y asesinó antes. Lo arrojó completo al piso. — Esto tiene un mal sabor. Me repugna. — Se acarició el estómago esperando que esa comida no le provocara ir mucho al baño luego. Qué baño, si sus necesidades las haces en cualquier parte, pero bueno.

Bien, una vez la mala comida ya fue digerida, su atención se centró en el oso que tenía en frente. Desenfundó su Katana en señal de amenaza, pero aún no apuntó hacia él. — Has estado rugiendo mucho y eso no me deja dormir. Por favor, vete lejos o guarda silencio. No tengo donde esconder toda tu carne si decido ejecutarte. — Su voz y rostro eran serenos. Hablaba de matar y comer como si nada. Esa era una característica de los salvajes.
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