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The snow dancing

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The snow dancing

Mensaje por Cerrid el Miér Oct 03 2018, 12:39

Habían salido de casa muy temprano ese día, con holgados abrigos y suficiente capaz de ropa bajo el mismo, todo para que el frío no fuera a colarsele en los huesos. Padre e hijo se despidieron de la señora de casa, después de que esta los abrazara y les diera mil mimos antes de dejarlos partir.

Para alegría de ambos padres, Cerrid se veía sumamente feliz y es que ¿como no estarlo? si ver la nieve era el sueño de todo niño, el pequeño había insistido la noche anterior sin descanso, que le permitieran ir. Que estaría callado y no se metería en problemas, eso dijo a su padre con ojos suplicantes. así fue como ambos se embarcaron en un largo viaje hasta las tierras del norte. La razón de tan pesado viaje no era otra cosa que madera. Si, madera, el padre de Cerrid era carpintero y  recientemente había escuchado de algunos pobladores que , la madera del norte era la mejor. Deseaba comprobarlo por si mismo y por ello, armado de una carreta y un par de hachas se dispuso a ir.

El viaje apenas comenzaba y el mas pequeño cabeceaba,  hasta quedarse dormido por el resto del camino, la emoción no había sido suficiente para impedir que sucumbiera. Despertó varias horas después , tras escuchar un murmullo, seguido de palabras mas audibles, hasta finalmente escuchar su nombre. Abrió los ojos despacio, parpadeando de tanto en tanto, para visualizar a quien tenia en frente. Se tallo los ojos y entonces...

- ¿Por cuanto más dormiras?- el hombre le sonrió y le invito a mirar - Fue difícil, pero ya estamos aquí - le dio una suave palmadita en la espalda -¡Pero vamos, vamos, baja de una vez!- agrego, bajando de la carreta mientras reía e iba hacia la parte tracera de la carreta, en busca de lo que necesitaba para lleverse consigo la fina madera.

Los ojos azules del niño se abrieron grandes ¡Había nieve por todas partes! un paisaje monocromático pero bello en verdad, todos esos arboles con nieve en las copas - ¡Es real! - bajo de un brinquito de la carreta y corrió hacia el frente dejándose caer bruscamente, de cara, sobre la blanca nieve. sacudió la cabeza y acomodo el gorrito que ya casi se caía, rodó un poco más  y se quedo acostado, contemplando, casi embelesado, el bailar de los copitos al caer. Extendió los brazos y piernas, haría un ángel de nieve y luego, cuando regresaran, fanfarronería con los otros chicos de lo que había hecho, así seguramente lo dejarían en paz y comenzarían a respetarlo.

El frio por otro lado, era inclemente. A pesar de que se habían vestido para la ocasion, podian setir de vez en cuando la suave brisa colarse entre sus abrigos. El hombre soplo sus manos y se hecho el hacha al hombro, debia darse prisa por el bien de ambos, era feliz viendo al chiquillo divertirse pero no debia perder mas el tiempo.

Una vez Cerrid consiguió que la figura pareciera un ángel, se dispuso a crear uno mas, pero esta vez ; se vio interrumpido por el saltar de una liebre, casi tan blanca como la nieve que descendía ¡Que bonita era! Cerrid gateo lenta y pausadamente hasta el tímido animalillo, que daba un saltito cada vez que el niño creía estar cerca - No quiero hacerte daño, solo... - se acerco un poquito - quiero verte - agrego en un murmullo, alejándose mas y mas, sin darse cuenta,  de la carreta.

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Re: The snow dancing

Mensaje por Auriel el Miér Oct 10 2018, 13:23


Llevaba tiempo sin tener un día realmente tranquilo, como aquellos que de tanto en tanto, lograba alcanzar en el templo. No se trataba de tener muchas cosas que hacer, sino de encontrarse serena espiritualmente, “conectada” con el entorno, con el alma en parsimonia.

Ese día, al despertar, contempló la suavidad peculiar que poseía la tenue tormenta de nieve que se cernía en tierras norteñas. El bosque donde había crecido la llamaba, y fue por ese motivo que decidió vestirse y salir de la posada, internándose en los recónditos páramos aledaños que tanto conocía. No era la primera vez que lo hacía; escabullirse hasta alejarse lo suficiente de cualquier camino trazado por el hombre.

La tarde caía y los perfectos copos de nieve cada vez eran menos frecuentes. Las nubes de la borrasca se disipaban con pereza, dando lugar a tímidos halos del astro rey. La luz que abrazaba el paisaje nevado sólo hacía que todo se viese aún más hermoso y místico. No tenía la certeza de haber nacido en el reino del norte, pero sin duda alguna ese era su hogar. Se detuvo por fin, ante el tronco caído de un gran roble, bajo el espacio despejado que su muerte había dejado. Le fascinaba la idea de que todo en la naturaleza estaba tan perfectamente conectado, que aún cuando un ser vivo dejaba de estarlo en el sentido tradicional, su energía se repartía en multiplicidad de otras criaturas, extendiéndose así una compleja red donde cada una de las hebras que la componían, tenían una inevitable relación y un preciado vínculo con las otras.

Era tanta la tranquilidad que la rodeaba y tan sosegada la energía espiritual que desprendía, que los animales más cercanos y de naturaleza curiosa, comenzaron a acercarse paulatinamente. Estaba acostumbrada a ello, y solía compararse con un farol que atrae mariposas nocturnas. Era parte de ella, esa conexión era la fuente de sus dones y su fortaleza. Cuando quiso darse cuenta, estaba sentada sobre aquella corteza intentando comer una manzana que un venado de gran cornamenta depredaba como si se tratase de un lobo. Rio, pues aquellas ocasiones eran tan escasas como divinas. Dio un mordisco a la fruta y la extendió hacia el animal, el cual dio otro, y otro… y otro, hasta que ya no restó manzana. Estaba por tomar otra del pequeño morral que había traído cuando un sonidito llamó su atención.

Se puso de pie y descendió la capucha que cubría la extensión de su cabellera. La vio entonces; una liebre salticaba en su dirección. Pero, lo que más le llamó la atención fue la criatura humana que la seguía con cautela. Le sorprendió la inocencia en los ojos del más joven, era evidente que no deseaba cazarla, sino conocerla. Se inclinó lentamente y recibió entre los brazos al animalillo — Son escurridizas ¿verdad? — Curvó sus labios en una sincera sonrisa. — Pero no la has asustado. Escucha, su corazón no late más rápido que lo normal. — Como sostenía al conejo entre sus extremidades, reposó la palma en uno de sus laterales. — ¿Estás perdido? ¿Cómo te llamas? — Muchas preguntas, no deseaba alarmarlo. — Soy Auriel. — Concluyó.




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Re: The snow dancing

Mensaje por Cerrid el Miér Oct 10 2018, 17:30

S-si...- respondió el niñito timidante, mientras despacio levantaba la vista y contemplaba a la bella mujer. Simplemente no pudo disimular ni un poco, sus grandes ojos azules la detallaron sin disimulo, hasta que se detuvieron en sus manos, en donde descansaba el animalillo que antes hubiera estado siguiendo. Cerrid jugo con sus dedillos y desvió la vista de la muchacha, después de algunos segundos ¡Que grosero! las mejillas se le tiñeron de un rosa muy suave, su cabeza se inclino apenas y su vista paso a estar en suelo. seguramente su actuar la hia incomodado...

Pronto, negó rápidamente a las preguntas que la chica le formulo, y se animo a hablar una vez ella se presento, sintiéndose mas confiado. "Auriel" repitió en su mente en un intento por no olvidar - M-mi nombre es Cerrid- murmuro el menor, aun jugueteando con sus manos.Hasta ese momento no se percato de que, la carreta ya no estaba o al menos ya no podía verla. Giro sobre su propio eje , con cierta preocupación, buscando con la mirada a su papá y tampoco logro encontrarlo.

- Papá...? -

Se mordió los labios con angustia y el nerviosismo se apodero de el casi al instante ¿y si realmente se había perdido? ¿Y si era dejado atras? Nego con la cabeza bruscamente ¡Claro que no! Su padre seria incapaz. Se aferro a su abrigo con fuerza buscando disipar todas las dudas en su cabeza- Señorita...- Tras agotar sus ideas y no encontrar mas, le dedico un vistazo a la joven de largos cabellos, sus ojos vidriosos daban una idea de lo que estaba por acontecer -  ¿U-usted podría ayudarme? - agrego en un hilito de voz, con las lágrimas próximas a escaparse de sus ojos.

Jugar a ser valiente no se le daba bien, aun cuando intentaba verse fuerte, el llanto no daba tregua y de una u otra forma, terminaba con el rostro empapado en lágrimas. Se giro rápidamente y antes de que una lágrima rodara por su mejilla, se tallo los ojos "los hombres no lloran" se dijo una y otra vez. Le daba vergüenza que alguien que no conocía le viera así, por lo que evito a toda costa que la joven doncella se diera cuenta.

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Re: The snow dancing

Mensaje por Auriel el Vie Oct 19 2018, 03:34


Lo observó en detalle, como solía hacer con cada ser nuevo que los dioses ponían delante de ella. Era lozano, sus ojos claros y expresivos le permitían admirar la ingenuidad que residía en su alma. La expresión sobre las facciones de Auriel se colmaron de ternura, pues no existía en el universo cosas más puras que animales y niños, aunque él fuese más bien un jovencito, aún podía notarse el aura clara y vibrante que caracterizaba a un espíritu inocente. Incluso se percató de las mejillas sonrojadas, a lo que sólo pudo sonreír de forma acogedora. Se inclinó brevemente para dejar a la liebre sobre el suelo y retornó la atención hacia él — Cerrid ¿Sabes qué significa tu nombre? — preguntó con curiosidad, pues le agradaba conocer ese tipo de cuestiones.

Cuando pensaba decir algo más, cayó en cuenta la forma en la que la actitud del menor cambiaba drásticamente. No sólo su lenguaje corporal revelaba inquietud, también la energía que alcanzaba a percibir de él. Nombró a su padre y le pidió ayuda, entendió entonces que debía haberse alejado de su progenitor, eso podía ser desolador, así que acortó distancias con Cerrid y dirigió una de sus manos a sus cabellos ondulados, acariciándolos con suavidad con la única intensión que reconfortarlo y la otra hacia sus orbes húmedos, deslizando el pulgar sobre ellos uno a uno, secando el asomo de sus lágrimas. — Tranquilo, Cerrid, lo encontraremos. — El talante de su voz se oyó seguro, sonrió nuevamente y sujetó una de sus extremidades para emprender camino con él.

Lo llevó de la mano, sosteniéndolo con delicada firmeza, pues sólo quería transmitirle alivio — Si algo tiene de bueno un suelo nevado, es que pueden rastrearse huellas con facilidad. Es más, mira, estamos siguiendo tus pasos y los de la liebre. — Con los dedos libres señaló el rastro en el congelado y suave líquido. — Hasta podrías hacerlo tú mismo. Vamos, inténtalo, yo estaré detrás de ti. — Lo impulsó suavemente a que fuese él mismo quien encontrara el camino de vuelta a partir de las huellas. — Dime encanto ¿Qué los traía a éstas frías tierras? — Fue hablando, para distraerlo y evitar que se angustiara más, quería mantener su mente ocupada. — ¿De dónde vienen? —



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Re: The snow dancing

Mensaje por Cerrid el Vie Oct 19 2018, 11:43

El de ojos azules se avergonzó cuando la joven le tomo de la mano. Era todo un mar de emociones que iban y venían dentro suyo, por un lado: estaba aterrado de perderse y no encontrarse con su padre y por el otro...bueno, no todos los días se contaba con tan grata compañía. pasos mas adelante confirmo que, tal y como Auriel había dicho, podían verse con claridad sus pisadas sobre la blanca nieve ¡Aaah que penosa situación! se encogió de hombros y suspiro despacio, con resignación - S-si es cierto - agrego con clara verguenza. adelanto a la mujer unos cuantos pasos, mientras seguía el sendero de huellitas que tanto el como la liebre hubieran dejado antes. Debía aprender a controlarse y dejar de llorar ante la mas mínima de las situaciones "difíciles" que se le presentaban.

-Bueno - Cerrid aun caminaba delante suyo, de forma lenta y pausada - Mi padre es carpintero, el...nosotros vinimos aquí porque todos en Lemuria hablaban de lo fina que era la madera de los arboles del norte - no estaba muy seguro de como explicarlo, temía que la joven se molestara tras escuchar los detalles, después de todo, ellos solo eran forasteros y además, estaban allí tomando algo que no les pertenecía.

- ¡p-pero solo serán unos cuantos troncos! - se dio vuelta rápidamente, agitando los brazos mientras se excusaba - si hay troncos caídos, seguramente el los tomara y dejara intacto a los arboles que aun sigan en pie ¡enserio! - Desvío lentamente la vista del rostro ajeno y habiéndose detenido (ya sintiéndose mas tranquilo y confiado de que no se había perdido) desidió retomar la conversación y responder a esa pregunta que la dama le había formulado tiempo atrás - Mi nombre - agrego en primera instancia- No creo que mi nombre tenga algún significado interesante - sonrió suavemente mientras observaba sus manos - Seguramente les pareció "lindo" y lo escogieron - dijo sin borrar la sonrisa en sus labios - ¿Que significa su nombre? - preguntó ahora el. un tanto curioso por la respuesta.

Spoiler:
Off: Me disculpo si los post están cortos, me veo obligada a escribir desde el móvil x''D

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Re: The snow dancing

Mensaje por Auriel el Mar Oct 30 2018, 23:22


Observó la espalda del más joven mientras le seguía los pasos a su ritmo, lo oyó responder a su pregunta inicial y sopesó que le hubiese agradado tener la dicha de usar la palabra “padre”. No despotricaba sobre su destino, lo aceptaba con abnegación pues así la habían educado. Solía distraer los pensamientos sobre su propio pasado, si sus progenitores la abandonaron apenas nacida en el templo, al menos tuvieron una buena intención y debía ser agradecida; pero ¿tendría una familia sanguínea en algún lugar? Negó para sí obligándose a retornar la atención al mundo “real”, mientras rozaba al pasar la corteza de algunos árboles.

Antes de que pudiera decir nada, el de castaños cabellos volteó apresuradamente e hizo un gesto con sus manos denotando cierta inquietud. Nuevamente aquel muchacho le robaba una sincera sonrisa, pero es que tales ademanes le resultaron encantadores. Obligadamente detuvo su andar, escuchando las explicaciones que intentaba darle sobre los árboles, la madera… — Lo sé — Murmuró. — Este bosque posee muchos guardianes. Diría que es poco posible que alguien tale un árbol aquí. — Se acercó hasta un viejo roble aledaño, sobre el cual descansó la espalda. — ¿Me creerías, joven Cerrid, si te digo que no tengo conocimiento del significado de mi nombre? — Sus labios, que hasta ese momento se mantenían curvados en una mueca amena regresaron a una posición más lineal, lo cierto era que poco conocía sobre “ella misma”.

A lo lejos alcanzó a divisar una silueta, parecía masculina, no tenía certeza de que fuese quién buscaban pero dudaba alguien más se hubiese internado en la foresta de esa manera. — Lemuria ¿Cómo es? — Sus orbes amatista se volvieron hacia el más joven a nueva cuenta — He leído que es un sitio árido pero posee hermosos manantiales ¿es cierto? — Le agradaría viajar, tal vez cuando la situación de los monarcas se estabilizara, se daría el lujo. Esperó un momento antes de extender la mano siniestra en dirección a la figura que intuía, era el padre de Cerrid, señalándolo — ¿Crees que sea él? — de ser así, lo saludaría y se esfumaría como ave esquiva, de lo contrario no lo abandonaría.
Off:
¡No hay problema! Discúlpame a mi por la demora, he estado atareada >u<



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Re: The snow dancing

Mensaje por Cerrid el Sáb Nov 03 2018, 19:53

El lo noto, pese a ser torpe y muchas veces despistado, pudo percatarse de que la dama frente a sus ojos había perdido algo de brillo, para ser mas exactos su sonrisa - ... - sus labios se abrieron, pero de ellos no broto una sola palabra ¿Que podría haber hecho él, para animar a la jovencita de blanca piel? ¿Que? Dejo escapar un suspiro silencioso, algo desanimado.

- A-ah , si, si...-desperto de su ensoñamiento porque la vocesilla de la muchacha lo trajo de vuelta a la realidad - es muy diferente de aquí, pero el reino del norte también es hermoso, con toda su nieve  -agrego extendiendo los brazos intentando tomar entre sus manitos los copos de nieve que bailaban suavemente hasta caer al suelo. Se giro rápidamente cuando Auriel le enseño la silueta que podía divisarse ala distancia - ¡Papá! - Cerrid corrió entre la nieve a tropezones y lo llamo un par de veces, solo fue esperar a que se girara, para mostrar su cara y darse cuenta de que, no era su padre - Oh...- la emoción desapareció por completo de su rostro pequeño y redondo - No es mi padre pero...lo conozco - comento desviando un tanto la vista.

¡Pero si es Cerrid!

Dijo la voz después de unos minutos, tras detallarlos y reconocer al mas pequeño. Se trataba de un hombre embarbado, que no pasaba de los treinta y tantos - ¿y tu padre?- vio a su alrededor - ¿Te perdiste o se canso de cuidarte y te abandono? - bromeo el sujeto con una sonrisa socarrona en los labios.

Cerrid no dijo nada, como si estuviera acostumbrado a las bromas de mal gusto del hombre y ya las pasara por alto. Atino a irse del lugar, no sin antes tomar nuevamente la mano de Auriel que, habia dejado ir en cuanto corrió creyendo que habían encontrado a su padre.

- ¡sigamos buscando, n-no hay tiempo que perder! -

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