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Carry you —.

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Carry you —.

Mensaje por Auriel el Miér Oct 03 2018, 00:35

{Temporalmente ubicado previamente al encuentro en el palacio de Aidan}


En el norte los días soleados eran realmente escasos. Normalmente había que conformarse con aquellos caprichosos momentos en donde los espesos nubarrones invernales se abrían lo suficiente como para permitirle al astro rey acariciar su imperio con la seda cálida de sus dedos. Ese fue el motivo principal por el cual la sacerdotisa decidió, al fin, dejar la posada de Egil para entremezclarse en los bosques linderos con un aparente rumbo indefinido.

Lo cierto era que la lejanía del Kraken y su capitán, la tensión que sentía vibrar en cada tormenta y todo lo acontecido luego de que su encierro voluntario acabase, comenzaban a hacer mella en su interior habitualmente impasible. Necesitaba re-encontrarse consigo misma, recuperar su centro, hacerse una con el universo nuevamente y ser libre otra vez. Entendía que no dejaba de ser una simple humana pero ahora vivenciaba sensaciones que sólo había leído en libros o percibido de otros. El desasosiego causado por no “encontrar un lugar en ese mundo”, calaba profundo en su alma.

A medida que avanzaba entre la arboleda, su atención bailaba entre los detalles de la foresta que tanto amaba y sus propios pensamientos. El aire frío golpeaba su pequeña nariz y sonrosaba la palidez de sus mejillas, el aroma húmedo del ambiente, el susurro de la brisa vespertina al colarse entre las hojas perennes y las ramas desnudas, envolvían sus sentidos acarreando a su ánima a la comunión divina con la naturaleza, un lazo que era indescriptible, difícil sino imposible de ser expresado a través de palabras. Auriel fue creada con un don que no pidió, pero siempre agradeció. Los dioses le permitieran a todos percibir el mundo tal como ella lo hacía. Descendió la mirada para observar sus botas oscuras enterrarse en la nieve con cada paso que daba y se topó con algo más: Manchas de sangre. Se inclinó y rozó con la yema de algunos dedos aquel rastro hecho escarcha; algo estrujó su corazón. Las marcas del vitae se extendían más allá constituyendo un camino errático. No tardó en incorporarse para apresurar el andar, debía localizar el origen. Tenía la certeza de que se trataba de un animal no humano, lograba apreciar un dejo de agonía en el aire, como quien siente el perfume que una persona amada dejó impregnado en una vieja prenda.

El atardecer comenzaba a cederle paso a la noche. Los orbes magenta de la joven mujer se abrieron con sorpresa al ser consciente del sitio al cual había arribado casi sin darse cuenta: Las ruinas de su templo, el que fuese su hogar desde siempre. Pero eso no era todo, en el claro nevado delante del cúmulo de roca y madera incinerada, una silueta de piel moteada yacía tendida, cubierta parcialmente por copos de líquido congelado; era un lince ¿lo era? Una variedad única de las tierras del norte, de gran porte y pesadas patas, claro como el lomo de un armiño aún a pesar de sus múltiples manchas ligeramente más obscuras. Tan llenos de misticismo y muy poco comunes a la vista, esquivos y solitarios. Estaba segura de que la caza había llevado a la especie al borde de la nada.

El sendero trazado por carmesí y dolor culminaba en la triste postal ante su vista. Sin embargo, sentía, vivía el suave latir del corazón de la criatura incluso a metros de ella. Estaba ahí, perduraba en aquel cuerpo lastimado. Presurosa, se lanzó sin temor ante la bestia de ojos ausentes y entrecerrados. De rodillas a su lado inmiscuyó las manos entre el tupido pelaje, oscultando con premura cara rincón accesible. Al fin, sobre el lomo encontró el origen del sangrado que se había detenido por varios motivos, tal vez el principal era la hipotermia que esa biología estaba atravesando. Con detenimiento observó el tajo preciso y profundo, no se trataba de un agujero redondo, tenía evidente forma de flecha. Lo habían cazado, estaba claro, y como era habitual para no dañar la piel que pretendían robar, colocaron veneno en su hoja. Podrían ser cientos de sustancias, también resultó evidente la lucha del animal pues el proyectil no se encontraba en él, seguramente se lo arrancase. Lo que sentía extraño era por qué los cazadores no habían culminado su trabajo.

— Odín. — Murmuró al pasar, comprobando los casi inexistentes signos vitales de la criatura. El graznido de algunos cuervos alrededor le hizo saber que debía tomar una decisión ¿Intervendría o dejaría que aquello que no era natural ocurriese ante sus propios ojos? Cuando aquella pregunta se planteó cruel, un destello de arrebato surcó su espíritu.

< ¿Hay alguien allí?>

No se trataba de una alucinación o cualquier creación mental, tampoco podía oír palabras claras pero ponerlo en dicción era la forma más fácil de explicar cómo, a veces, lograba sentir a través de otras criaturas. Era sentimiento, energía, una comunicación no verbal que difícilmente pudiera relatar. Vivenció la nostalgia que se cernía sobre el animal, por primera vez sentía el frío de la soledad tan potentemente que dolía como nada más. Fuertes fueron las emociones que la golpearon, pues el semblante de la sacerdotisa se afligió como si realmente fuese a romper en llanto desconsolado.

No.

Se quitó la pesada capa que la reparaba del frío y luego de sacudir los copos de nieve del pelaje ajeno, momento que se tomó para sí misma, tapó el voluptuoso cuerpo del felino. Musitó entonces, mientras inmiscuía sus brazos en torno a la cabeza de la bestia — Sé que duele, a veces es difícil respirar. — poco a poco se entreveró bajo el paño pesado de su prenda y abrazó la silueta débil con la cercanía de su cuerpo cálido. Lo aferró a sí misma, escurriéndose entre sus patas para que la unión de sus fisonomías distintas fuera perfecta. De lado, tendida junto a él, descansó la frente sobre la suavidad contraria — noches como ésta son largas, no has perdido la voluntad de luchar — lo que al inicio fueron simples palabras suaves, se convirtieron en una tímida cancioncilla que asemejaba una nana, de esas que a ella tanto le gustaban y al paso de las notas que se escurrían como un susurro en el viento ya nocturno, su cosmos se encendió en un tenue purpúreo al principio. Aquel reflejo de su poder espiritual los envolvió a ambos con delicadeza, tibio, tranquilizador. Los compases de la voz de la joven mujer parecían marcar el ritmo con el cual la energía iba y venía, enrollándose sobre sí misma como si se tratase de algo “vivo”.

Sus dedos acariciaban el claro pelaje y consolaban con dulzura, no sólo el alma, sino también la fisonomía del animal, fortaleciéndolo. Fue tanta la concentración de la peliblanca, que no se percató de que pronto, su cosmos elevado se había expandido a todo el claro, sumiéndolo en una especie de breve primavera. La nieve en el suelo se había derretido y lozanos brotes de hierba aumentaban de tamaño, las madreselvas se enredaban en los árboles linderos y a pesar de que la oscuridad de la noche había arribado hacía rato, en ese pequeño radio una grácil luz violácea lo colmaba todo. Auriel no podía dar vida, pero en sus dones estaba la capacidad de fomentarla y todo aquello no fue más que la inocente explosión de sus sentimientos, de su espíritu.

Al entreabrir los ojos, vio con claridad el amarillo iridiscente de los orbes felinos frente a ella. No tuvo miedo, pues sus almas se habían entrelazado en una comunicación profunda pero básica. Sonrió, plena, y tras una última caricia afectiva se enderezó para lograr sentarse, haciendo la capa a un lado. Su compañero pareció imitar su accionar, sacudiéndose con pereza.

Su asombro fue breve pero genuino, al encontrarse con la imagen que se había gestado alrededor de ambos sin que se hubiese dado por aludida. No duraría mucho más pero, en ese preciso instante, en las tierras del norte…

…no sintió el frío.






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Re: Carry you —.

Mensaje por Kaien Cross el Miér Oct 03 2018, 12:36

El alma de un ser no se extingue jamás, es un hermoso ciclo que pocos comprenden, los que al morir no tienen temor en sus ojos es porque han aceptado la realidad, conocen el pequeño secreto, de que, aunque dejen todo lo que hicieron en una vida, en la próxima lo harán mejor, ellos no tenían lugar en el infierno, mucho menos en mi lista, en esta solo existían personas que debían ser juzgadas por sus pecados y crueldades, tampoco recolectaba las almas de los que se aferraban en vano a la vida o simplemente morían por el paso del tiempo, si tenía la oportunidad solía acompañar pero no reclamaba sus alma. El ciclo de las que me correspondía juzgar se cortaba allí, estas no volverían jamás a renacer, permaneciendo eternamente en el inframundo en alguno de sus tantos infiernos. El resto es complicado de explicar, que está bien, que está mal, quien lo merece y quien no, los conceptos humanos estaba meramente ligados a esos juicios pero no del todo. Por suerte esa no era mi tarea y esperaba nunca me la dieran, aunque si había un detalle que detestaba y era venir a estas tierras y no porque fuese feo lugar, no para nada, sino que el frío no era mi mejor amigo y parecía que cada vez que venía a hacer mi trabajo o a Odín se le ocurría que mejor alzaba una gran tormenta o me cruzara con alguno de sus guerreros.

Había aprendido que mejor traía a mi compañero cuando viajaba al norte, después de todo era de aquí, pero nos habíamos separado en medio de la cacería, según él no debía hacer ruido, ni mucho menos hacer mis grandes presentaciones fantásticas cuando iba por alguien, lo cual creía que le sacaba el encanto a que la muerte te cayera de frente en la cara, pero estábamos haciéndolo a su manera cuando hice ruido, era inevitable en medio del bosque, no era cazador como él, lo que provoco dos tiros acertados del grupo de cazadores, uno a la bestia y otro a mi hombro, si bien no sentía tanto el dolor, eso estaba haciendo que perdiera a mi presa, los cazadores se separaron, uno persiguió al animal y el otro quiso correr de nosotros, mi compañero termino por separarse de mi para seguir al que NO debía morir mientras yo me ocupaba del que si era mi presa. Solo porque no rompía mis promesas no había usado nada que no fuese armas convencionales, quizás porque estaba algo fastidiado por la herida decidí jugar con mi presa, dejando que su atención ya no fuese el animal que había escapado, ahora él escapaba del cazador.

No sabía dónde había terminado mi compañero, pero dudaba que estuviese en problemas. Sin embargo no me había percatado de dos cosas, la noche que caía junto al frío torturador del norte y que mi respiración en vez de acelerarse parecía disminuir junto con mis sentidos, entonces me di cuenta de que había estado con la flecha dentro, era lo malo de tener mal la sensibilidad, pero no era eso, si solo fuese una flecha común seria cuento aparte, esta debía de tener algo porque comenzaba a sentir el cuerpo adormecido, como si fuese a dormirme, me apoye contra un árbol recargando mi espalda, dejando que mi cuerpo se deslizara hasta la fría nieve, era increíble como solo tenía mala suerte en estas tierras. Cuando suspire el aire se hizo vaho cerca de mis labios, sentía la sangre tibia recorrer mi brazo y como si no tuviese una mejor idea tome una de las dagas ajustadas a los cintos que tenía en la pierna, para abrir la herida lo suficiente como para sacar la punta que ahora se volvía molesta. Antes de comenzar a cortar la carne sentí lo que parecía ser el cosmos de alguien, si porque no, lo que faltaba era que apareciera un caballero o algo para pelear.

Solo por instinto me puse de pie quejándome un poco, no tuve que andar mucho más para descubrir de donde venía, era extraño, dejaba de hacer frío y la nieve había desaparecido, ya estaba alucinando? Mis pasos parecieron espantar al que reconocí enseguida como el animal antes cazado – pensé que estaría muerto ya a esta altura… - mire a la chica de cabellos rosados un tanto extrañado, habría tenido algo que ver, ella era la del cosmos? De todas formas había echo lo mismo que habría echo mi hermano y me enojaba que no pudieran soportar dejar que las cosas simplemente siguieran su curso, los seres vivos morían, no era algo malo, porque no podían dejar a nadie morir – tuviste algo que ver? – pregunte apretando la daga entre mis dedos como si fuese a atacarla pero en realidad no la había soltado desde que había tenido la brillante idea de quitarme la punta pero cuando quise acercarme a ella el desgaste del cuerpo absorbiendo el veneno hizo que sintiera extrañas las piernas obligándome a flexionarlas, apoye una rodilla en el suelo, descansando mi brazo sobre la otra y entonces deje de hablarle, no me interesaba si había tenido o no que ver, clave la daga en el hombro cortando tela y carne, el metal rozo el otro metal haciéndome saber que allí estaba la punta, la sangre comenzó a brotar rápidamente, no parecía congelarse, lo cual era bueno, pero tenía que sacar la punta ya.

ATUENDO:




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Re: Carry you —.

Mensaje por Auriel el Miér Oct 10 2018, 11:03


El gran felino rascaba su cabeza contra la espalda de la sacerdotisa, ocultándose juguetonamente entre la extensa cabellera clara, mordisqueando algunas hebras sin tironear. Aquella actitud vivaz le hizo saber que todo estaba bien, incluso sentía, después de mucho tiempo que ese era su lugar en el mundo. No obstante, el “hechizo” se disipó abruptamente cuando contempló al animal que la acompañaba tensarse unos segundos y huir despavorido. Eso la obligó a retornar su atención al sitio contrario, encontrándose con la sorpresiva imagen joven de un hombre.

Su presencia fue como un vendaval impactando contra su alma. Ciertas sensaciones se dispararon al verlo y percibirlo, pero pronto pasaron a segundo plano. Las palabras ajenas se perdieron en el ambiente ya que en un abrir y cerrar de ojos, Auriel se encontraba agazapada frente a Kaien, sin haber mediado palabra, parecía genuinamente preocupada por lo abatido que le resultaba. De haberse tratado de cualquier otra criatura, seguramente la daga en la mano masculina debía ser suficiente señal de alarma. Pero, parte de los múltiples defectos de la joven era la imprudencia guiada por la transparencia de su espíritu.

Extendió la diestra a la extremidad del contrario que sujetaba el arma, sosteniéndola con delicadeza — No, no… — Murmuró, y volvió la atención desde el sector donde estaba la herida hacia el rostro ajeno. Lo contempló por un momento, a los ojos, y aunque muchos pudieran sopesar que eso era un desafío, en los orbes amatista de la sacerdotisa no existía malicia alguna y eso podía notarse claramente. La energía que se había expandido por aquel claro como la manifestación de su cosmos, se redujo hasta sólo circundarlos a los dos. — Te pido permiso. — No deseaba invadirlo, pero algo le decía que éste suceso y el del animal, estaban ligados de alguna manera ¿Por qué? Sentía que el mismo mal se cernía sobre quien consideró como sólo un viajero por no desear indagar más allá.

Puesto que la nieve, antes derretida, comenzaba a cubrir el espacio nuevamente, apartó de él las manos para hundirlas en el gélido líquido. Entendía que no era suficiente para limpiarlas, pero tendría que actuar rápido y no poseía allí nada más. Una vez estuvieron lo suficientemente frías, apartó las telas del atuendo ajeno en torno a la laceración, pudiendo observar el mismo patrón que en el lince. — ¿Fueron cazadores? — Preguntó, sólo como excusa para desviar la atención mientras sus dedos se hundían en la carne de su hombro con suavidad buscando toparse con el metal. — Sólo impulsé al animal a vivir, pues no se había rendido. — Esperaba que el frío de su mano le proporcionara cierto alivio al adormecer la zona afectada. Cuando sus yemas tocaron la flecha, la sujetó con firmeza y la sacó exactamente por donde había entrado, no dañando ningún otro tejido.

Al quitar aquello, mantuvo el cuerpo cerca del desconocido con el afán de compartir calor y brindarle un apoyo si es que el efecto del veneno avanzaba como lo había hecho en el lince. Volvió la mirada hacia las ruinas de su templo, aún restaban algunas paredes en alzas. Podrían servirle de reposo momentáneo ya que la posada de Egil, donde había estado durmiendo ella, se encontraba demasiado lejos. — ¿Crees que puedas caminar algunos metros? Sujétate de mí. — Cruzó un brazo tras la espalda de Kaien, esperando él lo hiciera sobre sus hombros y entonces se irguió. Sí, ella era pequeña, pero los bastones también lo eran. A través del contacto, intentó compartir con él parte de su propia energía, la suficiente como para estabilizar su estado momentáneamente. Debía tratar esa herida pero guarecerlo del frío era imperante, puesto que tenía que racionar su poder espiritual. Además, eran tiempos difíciles y a pesar de encontrarse en un páramo alejado a una hora poco corriente para recorrer los bosques, no deseaba seguir cometiendo imprudencias como la anterior, liberando sin control su cosmos. Sí, no había sido intencional y si no fuera por eso ¿Cómo lo habría encontrado? Caminó al paso que él marcaba, guiándolo hacia tres paredes semi en alzas aún, de lo que fuese su hogar alguna vez. — ¿Puedes decirme cómo llamarte? — Hablaba para mantenerlo alerta. Cuando encontró el sitio adecuado, justo en la intersección de dos muros, se inclinó para ayudarlo a descansar la espalda sobre uno de ellos.

Buscó la expresión en el rostro del hombre, intentando percibir algo en ella e incluso volvió a tomar una de sus manos con la inquietud de corroborar su temperatura y pulso. Cada uno de sus movimientos eran suaves, nunca había mostrado miedo o alarma, como si acaso se manejase en un terreno natural para ella y de hecho, así era. — Mi nombre es Auriel, hay quienes también me llaman Aura. — La capa que llevaba, con la que se había ocultado junto al animal momentos antes y que había colgado sobre sus hombros apenas se levantase, volvió a alejarse de ella para servir de manta, la cual colocó sobre las piernas del forastero, arropándolo poquito — ¿Tienes algo con lo cual prender fuego? — Cualquiera que haya vivido en medio de la “nada” conocía formas de encender una hoguera sin necesitar más que un par de objetos del ambiente, pero no sería tan rápido y ella necesitaba calentar el rincón lo antes posible. — ¿Qué sientes? — Permaneció a su lado, con la diestra ajustada sobre su herida para ayudar a limitar el sangrado. Sus acciones dependían de lo que haría o diría el joven hombre.




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Re: Carry you —.

Mensaje por Kaien Cross el Mar Oct 23 2018, 19:27

Realmente no confiaba en nadie que viviera en el norte, no eran normales, nadie que le gustara vivir eternamente rodeado de frío, nieve y tormentas podía ser normal, así que me limite a observarla con el único ojo visible, estaba casi seguro de que mi silencio o mi rostro cansado y de mal humor la asustarían para que se alejara, incluso el clavarme yo mismo mi propio arma para quitarme la punta de la flecha la espantaría, pero claro, era del norte, porque habría de huir, seguramente habría visto cosas peores, resople con eso de ayudarlo a vivir, mi hermano era igual, siempre tenía alguna excusa para ese tema sino era porque “no merecía morir” era porque “aún tenía cosas que hacer” o como decía ella “solo le di un empujón, quería vivir” me preguntaba cuántas de estas criaturas que entorpecían mi trabajo existían regadas por todo Pantheon, termine suspirando, no parecía darse cuenta que estaba fastidiado con todo, así que desistí, no tenía ganas de pelear, aunque tampoco me extrañaría que de hacerlo saliera a morder o a atacarme como solía pasarme con frecuencia en el norte.

Como odio el Norte!!!!!!!!!!!! Y el frío!!!

Hice un gesto de molestia cuando apoyo la mano fría sobre la piel pálida, adormeciéndola enseguida, pero provocando un leve espasmo en mi respiración, a causa del frío repentino cerca del pecho, esto no estaba mejorando ni un poquito, carajo, no me quería morir y ser como mis compañeros zombies! Me gustaba ser el único al que Hades no había revivido más de una vez – ahhgnnn… - mordí con fuerza cuando retiro la punta de la flecha, podía tener algo insensibilizados los nervios pero el veneno había ayudado a que sintiera una ola de dolor interna que parecía quemar por dentro, pero al menos no era frío. Volví a suspirar intentando relajar al mismo tiempo la respiración afectada, cerré unos segundos los ojos, si me ponía a hablar hasta por los codos como me gustaba gastaría energía y aire al divino botón y no me estaría ayudando a mí mismo a recuperarme, si hubiese sido una flecha normal, esto sería coser y cantar, pero estaba envenenada y eso no podía repararlo, podía manipular mi sangre, pero no podía detectar el veneno y expulsarlo. No era médico, no tenía el conocimiento y mis habilidades estaban pensadas para otros fines más violentos, no podía solucionar esto tan rápido como me gustaría para salir de allí.

- Creo… mientras tenga las piernas en su lugar – dije bromeando un poco, todavía podía sentir el hormigueo recorrerlas, pero no dude en aceptar la ayuda, sino me había matado hasta ese momento, y de todas formas no era estúpido, tampoco me iba a andar haciendo el tonto poderoso que no quiere ayuda de nadie, menos de una mujer, me jodia un poquito en el orgullo, pero prefería más racional que emocional en este momento, intente concentrarme en cualquier otra cosa que no fuese el mal estar que sentía en mi cuerpo, como por ejemplo el perfume dulzón que desprendía su pelo o el viento frío golpear contra el rostro que era opacara por la calidez que parecía estar transmitiendo – no lo hagas… no uses tu energía en mi – dije con calma, no era un buen momento para hacer ese tipo de cosas, aunque, aunque pareciera que estábamos solos rodeados por la noche, yo había dejado escapar a los dos cazadores de antes, nada me aseguraba que no fuesen por sus presas.

- Kaien Cross… - no temía jamás decir mi nombre completo, a veces… y solo a veces si olvidaba decir que era cuervo, juez, verdugo, salvador… o pirata claro, pero en este momento preferí omitir los títulos. Deje que mi cuerpo se deslizara de nuevo hacia abajo apoyado contra el muro que apenas si nos resguardaba del viento, podía llamar al Venganza, que flotara sobre nosotros, pero ni siquiera sentía la punta de mis dedos, el cosquilleo era general, empezaba a pensar que no era veneno sino algo similar a la anestesia que usaba mi hermano para adormecer el cuerpo pero mil veces más fuerte, tal vez no querían matar al animal de esa forma, sino de una que no dañara carne y piel al mismo tiempo – si duermo un rato… me pondré mejor – murmure mientras parpadeaba lentamente mientras me relajaba, solo los abrí apenas de nuevo cuando sentí su mano sobre mi frente – no siento… ese es el problema – dije esbozando una sonrisa, si, incluso en estos momentos podía llegar a ser un tonto – no creo que sea veneno… estaría convulsionando o algo peor – al menos algunas cosas que decía mi hermano las recordaba.

Levante mi mano, estaba mareado y apenas enfocaba bien pero junto a nosotros había un par de troncos secos, una llama negra se encendió apenas en la palma, el cosmos era oscuro, pesado, transmitía miedos, locuras, desesperación… amargura, desolación, todos esos sentimientos que uno solía sentir antes de morir, solo los que no lo sentían de esa forma eran capaces de tener una chance de no ir al inframundo, no debería estar usando cosmos, pero no había otra forma ahora de encender fuego sino eran por esas llamas que no se apagarían pero que se mantendrían negras y de chispas violetas – es lo… mejor que puedo hacer ahora… - oh por dios sentía como todo mi cuerpo se adormecía, ni siquiera podía sentir su mano en la herida – si me despierto de golpe… no te asustes – volví a sonreír, fuese lo que fuese que estuviese en mi organismo, si me mataba y volvía mejor avisar para que no saliera corriendo.




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Re: Carry you —.

Mensaje por Auriel el Mar Nov 20 2018, 04:01


La preocupación se plasmó sobre la mirada amatista de la sacerdotisa, sin embargo, algo aliviaba un poco su espíritu; el hecho de que quien ahora tomaba el nombre de Kaien Cross estuviera esforzándose por sostener un humor bastante peculiar, pero humor al fin. Volvió la mano libre al rostro del muchacho y acunó una de sus mejillas con dulzura, como si valorara realmente su ímpetu. Estaba por decir algo cuando su intención se vio interrumpida por aquel cosmos que encendía un par de maderos secos: no sólo la jocosidad del joven era inusual, su energía espiritual, si así podría llamarle, también. Contempló por un momento la espesura de aquella llama de chispazos violáceos y hasta la retrotrajo a sí misma. No obstante, no ahondó en pensamientos vanos y retornó pronto la atención hacia él — Soy norteña, así que sabrás de nuestra terquedad. — dijo aquello en referencia a lo que había mencionado el de purpúreos cabellos antes; “no uses tu energía en mi”. Sí, Auriel podría parecer frágil y serlo en muchos sentidos, pero su testarudez superaba a la de una mula, o dos, o tres ¿Habría sido una característica heredada de sus progenitores? Regularmente esas dudas respecto de su pasado inconcluso arribaban en los momentos menos indicados, pero, en esta ocasión y para su fortuna o desventura, oyó un sonido tosco y pesado más allá, uno que parecía acercarse al sitio en donde se encontraban, el cual la sacó de un posible ensimismamiento. Se tensó y hasta cruzó un brazo delante del cuerpo de Kaien, de manera inocentemente protectora antes de conocer la fuente de su inicial nerviosismo.

— ¡Rielle! ¡Rielle! —

Ese llamado era inconfundible, no sólo por el grave y carrasposo tono de voz de quien profería los gritos, sino también por el mote utilizado. Era Égil, el hombre que le daba hogar en su posada y no estaba sólo, Herb, el viejo y negro frisón lo acompañaba como montura. Agradeció a los dioses, y se puso de pie prontamente. No fue incauta, se aseguró de no revelarse antes de que la seguridad de sus ojos revelara la imagen del robusto caballero maduro. Verlo la llenó de emoción. Pronto se acercó y a tientas le contó parte de lo que había pasado mientras el norteño descendía del caballo y la seguía. Le pidió el enorme favor de llevar a “su amigo” a la posada para poder atenderlo de forma más decente. Para Égil eso no repuso una alarma, a sabiendas de que ella había salvado a su propio nieto tiempo atrás. No existieron dilaciones. El moreno de gran tamaño tomó a Kaien y, lo más delicadamente que pudo, lo colocó sobre el caballo, luego montó él y por último Auriel. Para fortuna de todos, Herb era perteneciente a una especie de equinos de monta grande y el peso sobre su lomo no era muy diferente al de acarrear troncos.

~ ~ ~

La habitación donde dormía la sacerdotisa no disponía de enormes lujos pero era notablemente acogedora. Había detalles que denotaban el esfuerzo de Égil y su hija por darle un sitio mucho más cómodo de lo que ella creía merecer; la cama era amplia y mullida frente a la cual se alzaba un hogar a leña que era el único del primer piso. Una ventana daba al patio trasero de la posada, junto a la hoguera dispusieron un escritorio y estantes que ahora yacían repletos de frascos y papeles, múltiples candelabros encendidos, todo era de madera, piel y lino. Clásicamente del norte.

El posadero colocó al muchacho sobre el lecho y ayudó a Auriel a quitar parte de sus ropajes, sólo la parte superior, de modo tal que su torso quedase al descubierto. La hija del norteño se asomó al cuarto al oír el barullo, así que la de cabellos claros aprovechó para solicitarle un cuenco con agua tibia, posteriormente pidió intimidad. Cuando estuvo a solas con Cross, tomó asiento en el borde del colchón. Posiblemente él no pudiera oírla en su parcial inconsciencia, o quizá sí — Lo siento, Kaien, no tengo tu confianza respecto al veneno, el animal que perseguían los cazadores estaba muriendo. No puedo arriesgarme contigo, ahora eres mi responsabilidad. — Ya no tenía tiempo que perder, lo cierto era que podría tratar la herida de una mejor forma e incluso intentar contrarrestar el efecto del tóxico que circulaba por la sangre del joven, pero eso último le llevaría horas, días ¿quién pudiera saberlo? Ya no disponía de aquel privilegio. Pareció murmurar algo cuando descansó una mano sobre otra, encima de la laceración en el cuerpo ajeno, antes de que una oleada de energía como la misma bruma violácea en el bosque, se arremolinara en torno a sus brazos y se desprendiera de ellos para ingresar en el caballero a través de sus fosas nasales y labios entreabiertos, tal cual estuviese inspirando una potente bocanada de aire. El cosmos que depositaba en él se internaría en las fibras de su biología y barrería cualquier vestigio de veneno, incluso cerraría la herida sin peligro de infecciones. El proceso podía ser rápido, pero él no despertaría completamente al menos pasadas unas horas, quizás antes. Al transcurrir un lapso que pareció extenderse en el tiempo, la sacerdotisa apartó las manos y se desligó de la energía cedida. Cuando hizo aquello, sintió que se desvanecería, pero persistió.

El rubor sobre sus mejillas desapareció, sus párpados se cerraron a media asta y sintió como si de repente cayera en el gélido mar del norte. Sabía a qué se debía aquello y no la asustaba. Como pudo se puso de pie y encaminó sus pasos al cuenco de agua tibia que Lilian había dejado sobre su escritorio. Rebuscó algunas gazas de alrededor y se ocupó de limpiar la sangre en el hombro del joven, incluso cualquier rastro de suciedad que poseyera en su rostro, cuello o manos. Le quitó las botas, tras lo que lo cubrió con las sábanas y las mullidas cobijas de lana entretejida, arropándolo.

Lo siguiente fue ocuparse de ella misma, higienizándose de la misma manera. Al final, terminó sentada junto a la cama, con el torso tendido en el colchón y los cabellos desperdigados por doquier, ataviada con el enagua de lino blanco y largo que solía usarse bajo los vestidos o como ropa de dormir. Sus pies descalzos tocaban el suelo, proporcionándole realidad ante el contacto de su piel y la fría madera. Los orbes amatista se fijaron en la tranquila respiración de Kaien, e intentó no caer presa de los brazos de Morfeo. Quería controlarlo el resto de la noche, no obstante, el ambiente tibio por la hoguera encendida y la tranquilidad de encontrarse en su pequeño refugio comenzaban a jugarle una mala pasada.

Se perdió en pensamientos, recorriendo con la mímica de sus labios la letra de una canción de cuna, una que le deshacía el corazón, con el afán de mantenerse despierta. Las tenues luces de las velas a medio consumir ondearon y parpadearon como si siguieran las notas que de su garganta no brotaban, no fuese cosa interrumpiera el sueño ajeno. Al final, cayó irremediablemente rendida, a pesar de que en su fuero interno sonaban las letras de su entonación silente; hablaba sobre el dolor del abandono, la muerte y una historia de amor bajo un sauce.





They say that...:
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Re: Carry you —.

Mensaje por Kaien Cross el Mar Nov 27 2018, 20:17

Si lo sabía bastante bien, era una característica demasiado propia de ellos, era como si fueran tan o más duros que el hielo del que los criaba, pero solo porque estaba más del otro lado que de este era que también permitía que fuese “terca” de lo contrario habría reaccionado de otra forma, ya estaba bastante enojado conmigo mismo por haberme dejado herir de esa forma tan tonta, no iba a dejar que se me escapara aquel cazador, nadie se escapaba de la muerte, no era algo grave, solía ser bastante “suave” para con los que les llegaba la hora pero este me había echo enojar así que tal vez lo haría sufrir un rato. No estaba preocupado por mi pequeño compañero norteño, ambos sabíamos que en caso de que alguno no llegara o se separara regresaríamos al barco, nos solía pasar más seguido de lo que esperábamos.

Pero entonces escuche una voz y abrí apenas los ojos buscando la daga apretándola entre mis dedos para aferrarla con el brazo que se podía mover mejor, ella cruzo su brazo delante de mí pero no supe interpretar si me protegía a mi o al que llamaba de mi o ambas cosas, quise ponerme de pie, lo logre pero todo daba vueltas y termine cayendo contra los viejos y destruidos cimientos que hacían de refugio de la tormenta que se arremolinaba a nuestro alrededor, tenía un Karma con el norte, realmente algún día iría tras su dios para zanjar algunas diferencias y cuestiones, temas de trabajo.

- aléjate... - y no, una cosa era que dejara que la chica me ayudara pero en cuanto el gigante se acercó levante algo torpe la daga dispuesto a atacarlo si se acercaba, algo inútil aquel intento de amedrentarlo, incluso sentí nauseas al moverme con brusquedad, escuche el suave sonido del arma enterrarse en la nieve, devorada por el frío a causa de que su dueño ya no podía sostenerla más, en mi estado solo sentí que el piso desaparecía bajo mis pies haciendo que cayera completamente inconsciente. Solo llegue a ver como aquel gigante impedía que cayera por completo al piso, el resto solo fue silencio y oscuridad.

Mi cuerpo reaccionaba ante su cosmos, cuando intento eliminar el veneno solo parecía como si estuviese quitando el aire de los pulmones porque respiraba con dificultad a causa del esfuerzo que incluso, inconsciente, mi propio sistema hacía para liberarme de la toxina que lo recorría, pero las esencias de nuestros cosmos eran distintas y eso solo provocaba que ella tuviese que esforzarse el doble por encontrar extirpar el veneno, como si tuviese que buscarlo paso por paso a través de un laberinto desesperado y sin salida, mientras que por mi parte solo quería alejar su cosmos para que el mío hiciera lo suyo. De ella no haber intervenido habría tardado varios días en sanar o en el peor de los casos morir y regresar a la vida de una forma bastante dolorosa. Estaba semi consiente, atrapado en mi propio cuerpo que reposaba para sanar, por suerte no había entrado en combate con el gigante, de haberlo hecho habría sido otra la historia, mi cosmos trabajaba sobre mi como si fuese una marioneta en caso de quedar inconsciente, dejando mi mente atrapara para ver como eliminaba todo a mi alrededor como si fuera un monstruo sin piedad.

Pero ahora podía sentirla cerca, yendo y viniendo, descansando a mi lado, porque se preocupaba por un desconocido, eso no era propio de los que conocía del norte, cualquiera habría dejado que muriera congelado en la nieve, ahora le debía una y realmente me molestaba andar debiendo favores, por eso trabajaba solo, peleaba y me valía por mí mismo sin pedir ayuda, como buen pirata, prefería no tener que dar mis tesoros a cambio de buenas acciones. Pero supuse que podía hacer una excepción esta vez. No sé cuántas horas pasaron pero deje que mi cuerpo descansara hasta que sentí que algo se movía por mi brazo haciendo que abriera los ojos y me incorporara sin problemas, cualquiera lo haría con un poco de torpeza y algo resentido, cerré mi mano atrapando a la araña que me había despertado y como si fuera un susurro la sople dejándola ir sin lastimarla.

Mire a un lado mientras ponía mi mano sobre la herida ya cerrada, no había marcas, era buena, a comparación de mis métodos poco útiles que dejaban cicatrices sobre la piel blanca y delicada culpable de la enfermedad que llevaba como legado de mi familia, espías, asesinos, informantes, todos fantasmas que se movían durante la noche, al menos antes de que todos murieran. Auriel tenía el cabello tan largo y lacio como Minerva, un poco impulsivo me atreví a acomodar algunos de sus cabellos detrás de su oreja con cuidado de no despertarla, la misma tonta forma de ser, de querer ayudar sin importar a quien, ilusas, inocentes, delicadas y hermosas, estaba comparándolas solo porque eran la clase de chicas que dejaba que se acercaran o incluso las que hacían que me comportara como idiota. No tendría que haberla dejado acercarse en un principio, pero ahora me veía en la necesidad de pagarle por no haber dejado que muriera.

Me levante para ir hasta la ventana, movía el brazo antes herido para comprobar que todo funcionara como debía, afuera la tormenta no había mejorado, sino todo lo contrario, aun así había un maldito cerdo que debía morir, con el cual seguramente iba a divertirme. Acomode el parche en el ojo y busque donde estaba mi ropa. Me senté con cuidado de nuevo en la cama para colocarme las botas y mire la araña de antes pasar debajo de la puerta, sonreí de lado, si había echo lo que le había ordenado entonces alguien en el lugar estaría picado, el veneno de la araña era doloroso, no mortal pero si generaba una reacción alérgica bastante fea, era lo bueno de conocerlas y como si fuese un reloj la voz de un hombre se escuchó gritando algo furioso. No quería causarle problemas a Auriel, por eso esto tan solo le generaría una distracción para cuando desapareciera, así no tendría que explicarle a donde iba, mire de reojos sobre mi hombro esperando que despertara antes de levantare de nuevo para tomar el resto de las prendas para ponerme.




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"I would tell you about the things they put me through
The pain I've been subjected to
But the Lord himself would blush
The countless feasts laid at my feet
Forbidden fruits for me to eat
But I think your pulse would start to rush.
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