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What a good fella!

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What a good fella!

Mensaje por Damian el Miér Sep 26 2018, 20:22

Y el viento golpea como amigo que odia la traición. De tras, una gigantesca ventisca, muy común por estos parajes. Si no se mueve rápido pronto le alcanzara y se convertirá en una hermosa roca de cristal. Lo más extraño es que su caballo no lo acompaña. Sus músculos ya flaquean a pesar de su velocidad de saeta. Su rostro tapado por una espesa bufanda y su cuerpo bajo una gruesa gabardina negra hacen que aquel ser humano, se vea como una mancha negra en medio de la ladera blanca dejando un camino de pisadas vagas tras él, una ladera tan resbalosa como la piel de un iceberg. La neblina asecha por todos los flancos haciéndole ver como una masa informe que se mueve con osada rapidez. A lo lejos entre la bruma y la arboleda boscosa, la luz de varias viviendas y chimeneas humeantes, próximas, a la capital. Serian un buen paraje para él y su carga, una inmensa caja de madera cubierta de harapos a su espalda. Al menos sería bueno y reconfortante para pasar la noche, así sea entre las pajas de un granero.

El ala de su sombrero le tapa sus ojos descubiertos sin protección alguna, sus cejas pobladas ya se ven blancas ante los copos de nieve atrapados entre sus vellos. Podría ser todo más sencillo si acudiese a la energía de su ser, la de su cosmos. Pero los guerreros de aquellas tierras son como tiburones en el mar, al sentir una pequeña y diminuta partícula de sangre dentro del agua se vuelven locos y quieren descuartizar al animal que aunque víctima, atrevidamente la vertió. No tardarían en encontrarle, sobre todo estando tan lejos de sus tierras. Su presencia misma sería una amenaza para algunos. Al llegar los vigías del puesto de aquel poblado le interrogarán, sin más refirió que se trataba de un comerciante, si no lo dejaban pasar aquella tormenta helada le mataría. Posterior a ello, pregunto dónde podía comer y dormir, a lo que los vigías le hablaron de un solo punto a las cercanías de la iglesia. Sin más camino hasta el negocio.

Mientras se escurría por los estrechos callejones de aquel paraje obligado para dar con aquel establecimiento, laberintos cubiertos de bruma se abrían ante él, tenía la vaga sensación de ser seguido por unos pies invisibles que se arrastraban de tras, sin más miró hacia atrás y solo las luces de las casas enladrilladas eran las que se proyectaban en la soledad de la calle de piedra. Eran casas que para él tendían hacer decrépitas y antiguas, aunque en algún punto del día para sus lugareños era un remanso de paz y su dulce hogar. Parecían animadas formas de una vida malsana, como si una ráfaga de maligno entendimiento las hubiese animado y quisieran arrancarle lo que llevaba consigo. Sentía como si aquellas abombadas paredes y buhardillas, hechas de ladrillo y cubiertas de musgo -con redondas ventanas que parecían espiarle- tratasen de cerrarle el paso con manos imaginarias de garras ganchudas y sin más poder aplastarle.

Monstruos. Abominaciones que pueblan las pesadillas del hombre y perversiones infernales de la naturaleza que se entregan al asesinato y a la destrucción. Retoños de las mentes calenturientas creados para vagar por la noche. Estaba allí por ello. Pues sus manos, eran las herramientas de la justicia, siempre prestas a ayudar al necesitado en busca de su libertad. Un cazador, una mente exaltada, que a través de su camino había adquirido alguna que otra pesadilla, desvariación, y trémulo pensar mientras ejercía su trabajo. Y esta vez pospondría la pista de uno en particular que se metió demasiado al norte. Un defensor de masa humanas y necesitadas, pues reconoce la pútrida fetidez que se esconde de tras de cada mal. Siempre ha pensado que tiene el poder para detener esto.

Llegando a la taberna escucha el bullicio y se calma. Alguien le abre la puerta y le da la bienvenida. Todos allí parecen siempre festejar algo y eso le gusta. Alguien le pide sus pertencias, pero él se queda con la caja sin mostrar desconfianza. Solo excusándose de que es un objeto de valor sentimental, nada de qué preocuparse. Sin más camina hasta la barra. Mientras toma su cabello largo violáceo y lo convierte en una coleta. Deja la caja a sus pies con la cubierta de harapos, en una esquina, dentro se desdibuja que es algo de madera. Pide una cerveza pagando debidamente con las monedas correspondientes. El joven se ve algo herido en el rostro, moretones y rasguños, nada de qué preocuparse. Pronto la tormenta pasara y todo volverá a la normalidad. Mientras disfrutara de la música y la buena vista.

— ¡Vaya! —Dijo el visitante a alguien al lado de la barra tomando el primer sorbo a su recipiente espumeante y perdiendo la vista en aquel liquido mientras una bota era apoyada en la caja—. Si no encuentro el pueblo hubiese tenido una linda tumba de nieve.


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Re: What a good fella!

Mensaje por Tyr el Jue Sep 27 2018, 12:16

Tierra del hielo eterno pero también del continuo festejar, hogar de algunas de las mejores tabernas pero también de muchos de los más fieros hombres y mujeres, gente habituada a ganarse la vida de forma difícil; el reino del norte, Asgard, era famoso por su profundas dualidades, el único lugar donde bajo la influencia de la noche la tierra responde con inamovible blancura.

Tal dicotomía era especialmente fácil de apreciar en los lugares donde obreros y patrones acudían para liberar su estrés y cultivar el calor de sus espíritus, casas de libación, de tradicionales manjares preparados con la intención de tentar hasta a los más modestos. Incluso los desertores de la sociedad se veían atraídos de vez en cuando ante algo así…

Dicho era el particular caso de cierto cazador, hombre relegado voluntariamente a la soledad que como vicio o entretención tenía el mezclarse con sus similares luego de desiguales períodos concentrado solo en sí mismo. Ante el mundo sin embargo aparecía como un simple borracho o vago, obtuso lastre con menos aliados que interesados en cobrarle, pero que como perro callejero siempre encontraba el camino de vuelta hacia los mismos lugares y se las ingeniaba para conseguir mordidas aisladas de algún sustento olvidado por distraídos dueños.

Tyr Vredeström, nada más y nada menos, ya estaba en el epicentro del jolgorio cuando el peculiar cargador de la caja de madera hizo acto de presencia a través del umbral de madera.

En otras circunstancias el nórdico no habría reaccionado ni bien ni mal al recién llegado, viéndolo como un viajero y nada más, sin embargo ante la iniciativa del susodicho por hablar y contar la revelación de su peculiar destino adelantado el nórdico no pudo evitar soltar una risa nada discreta.

Hombre, deberías tener más cuidado, no sé en el sur pero aquí el frio es una cosa seria… — agregó nada amenazante, libre de dureza o mala intención, simplemente pronunciándose ante la obviedad de que el otro no era de por allí. Tyr sabía bien de lo que hablaba por experiencia propia, aunque siendo sinceros su relación con el clima helado era otra…

Pero honor a lo que honor merece — dijo después, levantando el tarro en su mano más allá de la altura de su rostro con tal de ofrecer un gesto de contacto a distancia para el que se veía “golpeado” por el viaje — Por tu buena fortuna en esta noche ¡Salud!— y con dichas palabras completó su peculiar invitación a un brindis, ahora que podía, pues de no ser por un engaño perpetrado horas antes él no estaría ahí para empezar, sino viendo desde la ventana.

Un par más de beodos lo siguieron en la iniciativa aunque mucho mérito no le podían sumar dada su condición de ebrios maleables, pero al menos aportaban cierto aire hospitalario al asunto. De fondo el ruido de la música típica de taberna y los olores de similar procedencia estimulaban los sentidos; la noche apenas comenzaba.


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Re: What a good fella!

Mensaje por Damian el Jue Sep 27 2018, 20:56

Lo habían descubierto, era demasiado obvio. Quizás su atuendo, quizás su acento y su manera de expresarse, ante aquello sonrió. Ya no podía hacer nada, solo seguir con la corriente, quería que le relacionaran con todo menos con un asunto de invasión, espía u otra cosa. Sin embargo, la cerveza aunque barata era excelente. Incluso mejor  que la del Sur, el Este y vagamente la de otros sitios. Quizás aquel sabor le hizo olvidar todos los sabores de cerveza. Entonces se soltó el paño negro con que hace algún momento tapaba su rostro para poder respirar mejor. El aire le había faltado en todo el camino y por ello su reparación era bastante agitada. Ante aquello sus mejillas se enrojecieron un poco.

El hombre a su lado hablaba de darle honor a algo. El caballero miro la cerveza y concluyo de qué hablaba el hombre. Su atuendo y su mirada desde su punto de vista hablaban de una persona alegre y descomplicada. En cambio al él examinarse vio su porte. Sin duda ya sabía porque debía relacionarlo con el sur. Aunque esbelto pero de cuerpo marcado. No siendo más abordo.

—Sin duda –Dijo el visitante— Algo de nieve cae, pero no para ahogar a los vivos en ella. Al parecer sus dioses los aprecian mucho. Quizás este tipo de tratos hace falta por aquellos lares. Quizás nuestros corazones hubiesen sido más duros y férreos ante el inclemente invierno eterno. Pero, no es la nieve o el incandescente sol lo que convierte su alma en alguien de valor.

Sin más tomó la botella un trago largo y sonoro que arranco un gustoso quejido de sabor de aquel hombre.

—Mi nombre es Damian —Dijo el hombre dirigiendo su mirada al amigo en cuestión—. Usted lo ha dicho, no soy de aquí. ¿Sabrá usted si el tabernero tendrá posada para pasar la noche? Seria agradable acompañarle toda la noche hasta la madrugada en esta butaca, pero debo reservar fuerzas. Si gusta le invito a otra pinta por la información.

Luego choco levemente los recipientes en forma amistosa.

—Por la buena salud de usted también caballero —Y tomó dos sorbos sonoros y seco con brazo.

Luego viró en su mismo puesto para observar el lugar. A la derecha estaba las puertas por donde entro. Se fijó que el hombre que la custodiaba para poderla cerrar tenía que clavarla el marco para que esta no se abriera de un golpe por el viento y se inundara todo de la resbaladiza nieve. A su izquierda una escalera quedaba a un segundo piso, y al fondo la chimenea. La música venia de cuerdas y flautas tocadas por bardos que entonaban canciones de una letra desconocida la cual no estaba escuchando. En aquel lugar en un bajo tono se escuchaba el crujir de la madera en la chimenea, un olor a tarta de cerezas con un toque de humo. El ruido de vasos y platos, las voz altanera del campesino. Incluso su nuevo compañero, el de al lado tenía un carcajada bastante sonora. Altanera para sus gustos, pero no podía discriminar por ello en un lugar en donde muy seguramente con aquel cumplido le estrellarían un puñetazo en tu nariz. Las ventanas estaban cerradas, pronto la pequeña ventisca pasaría y quizás todos dejarían el local.

—Al parecer todos en el pueblo esperan la noche para olvidarse de lo pesada que es la vida
—Dijo el visitante—. Desearía que sus palabras en cuanto a mi salud se cumplieran. Sin embargo en mi mente no existe paz cuando sé que otros huyen de la guerra.


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Re: What a good fella!

Mensaje por Tyr el Vie Sep 28 2018, 12:45

La asimétrica mirada del tuerto se iluminó apenas fue capaz de apreciar al completo el rostro ajeno. Tyr no lo podía evitar, era débil ante la belleza y el ya identificado como sureño era un interesante expositor de tal rasgo, muestra exótica incluso dado que sus rasgos más afilados y hasta cierto punto delicados desencajaban con la mayoría de los norteños como el propio observador, que en contraposición tendían a la dureza y a las formas perpendiculares, sin descontar la mayor presencia de vello facial. No obstante se contuvo de hacérselo saber al estar rodeado de testigos, tampoco era suicida…

Tiene razón, es el ímpetu con el que viven lo que moldea a las personas, así crean en los antiguos dioses del norte o en los nuevos del sur… — reclamó entonces participación dentro de lo que no pretendía dejar como un monólogo, con interés aumentado gracias a lo ya dicho — yo soy Tyr, mucho gusto.

Tras corresponder a la atención de presentarse y mientras secundaba la mirada del contrario el norteño decidió que también sería buena idea cambiar su posición para poder participar más activamente en la plática, de ahí que se levantara con tal de buscar nuevo acomodo.

Desde los pies hasta la cabeza el asgardiano estaba libre de toda pretensión o lujo, invadido más bien por desenfado, por no decir muestras obvias de carencia; destacaba sin embargo su falta de abrigo, pues todos los otros presentes aun siendo lugareños tenían alguna prenda pensada para guardar o generar necesario calor. Él no.

Sobresalía también su altura, misma que cercana aproximadamente al par de metros albergaba a recia fisonomía bastante improbable para alguien en la condición que alegaba el rostro del llamado Tyr. De vuelta a su asiento, más derecho esta vez, el peculiar sujeto dio un codicioso trago que acabó con casi toda la bebida que quedaba en su tarro, sediento por el simple esfuerzo de existir.

Me encantaría, la verdad, pero mucho me temo que nada de lo que yo le diga sobre este lugar podría ayudarle. Yo ni debería estar sentado ahora aquí, de hecho… — confesó con picardía y cinismo a partes iguales en sus palabras, ánimos que no tardaron en también reflejarse sobre su juguetona expresión. Aquel era un ladino.

Sin embargo brindó de nuevo sin perder alegría y acto seguido acabó con lo que quedaba de su elixir, relamiéndose los gruesos labios algo resecos al terminar; su mirada entonces se posó en el fondo seco del recipiente, pero su atención seguía puesta en el otro hombre. — Unos huyen de sus problemas, otros vivimos encadenados a ellos. ¿Es usted soldado? — preguntó con morboso interés, ávido por una respuesta que podría o no aumentar dicha disposición.

Si bien había jurado lealtad al joven Rey en el norte, Tyr estaba lejos de ser un fanático capaz de atacar indiscriminadamente y sin razón, además de aquel hombre no podía percibir nada de momento, así que o era alguien normal o tampoco tenía interés en agredir a otros. Que pudiera ser un espía no pasó por la mente del tuerto ni por un momento.

Estaba a punto de extenderle otra pregunta cuando pasó algo que inmediatamente pareció sacar al grandote de su zona de calma, levantándole mayor inquietud si cabe que el sureño:

Anunciada por el crujir de las escaleras de madera bajó desde el segundo piso una muchacha de apariencia cándida y alegre, quizás demasiado joven para trabajar ahí, no obstante la susodicha llevaba un vestido típico del norte, uniforme de moza en no pocas tabernas del lugar, y atendía a los pedidos de los clientes con una sonrisa según la llamaban. El asgardiano no pudo ocultar su súbito cambio, especie de obsesión que lo invadió y pasó a gobernarlo apenas la chica estaba lo suficientemente cerca.

Si me disculpa… — amable todavía pero algo ausente se retiró al parecer en pos de alcanzar a la señorita de piel lechosa y dorados cabellos acomodados en trenzas, esta no se había percatado del acechador, más Tyr apartó a la gente con su solo caminar como un vehículo imparable, imponente quizás de forma premeditada por vez primera, con oscura expresión cuya seriedad nada tenía que ver con el alegre borrachín del pasado reciente. Para alguien sin contexto incluso podría asemejarse a un abusador de mujeres saboreando la visión de una nueva presa…

Y la molestia de la moza para con él se comprobó, al menos de forma preliminar, cuando al enfocarlo con sus cristalinos orbes la reacción automática de esta fue dirigirle una pesada cachetada…a la barbilla, pues no llegaba a sus mejillas. Ello sin embargo no restó potencia a su indignación por más que el mayor apenas se moviera de su sitio.

¡Te dijimos que no queríamos volver a verte aquí! ¡Largo o te juro que llamaré a los soldados! — amenazó.


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