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Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

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Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Damian el Lun Sep 17 2018, 00:41

Antes de la guerra...

Se había quedado allí, el viento le acariciaba el rostro y las nubes eran su asiento. Sus piernas estaban recogidas y su corazón en calma después de mucho tiempo. En aquella montaña solo se escuchaba el ulular del viento. Debajo de él el risco que poseía una pendiente casi imposible, mostraba rocas afiladas como cuchillas. A su cintura se ataba una gran cadena de metal que finalizaba en una esfera de hierro mucho más grande que cualquier roca de aquel desfiladero. Una de sus manos reposaba en las piernas recogidas formando con el dedo pulgar e índice un círculo, con los demás dedos abiertos. Su otra mano se apoyaba en la saliente de aquella cúspide. Se aferraba cual ancla al mar para no dejar ir al barco, pero esta vez aquella mano no lo dejaría caer en aquel abismo. Su cosmos le rodeaba, haciéndole ver pálido bajo su brillo dorado, como ondas de luces, como un sol a escala. Su cabello caía vertiginosamente, más abajo de su cuerpo.

Estaba colgado de aquel risco, con una esfera en su cintura. Sus ojos estaban cerrados y su pensamiento en mares etéreos llenos de sueños. En el trance de los sabios que circundan horizontes de luz en donde dioses lejanos se disputan por el haber albergado conocimiento en el humilde corazón de carne de los humanos. Paso la tarde, y el sol incidía directamente en el, mas su meditación fue mucho más poderosa. Hasta que llegó la noche. Su brazo ya temblaba, así que suavemente abrió sus ojos verdemar y se asió de la montaña con el otro brazo, abandonando la posición de flor de Loto. Entonces se levantó para llegar a la cima de aquel risco con la esfera de hierro macizo que acrecentaba la gravedad en su ascenso. Hasta que alcanzo la cumbre. Acto seguido, tiro de la cadena hasta hacer llevar la maciza esfera al pico.

Levantó su mano al aire simulando una espada y la bajo a la velocidad del rayo cortándola en pedazos. Posteriormente diviso el paisaje desde allí. Grandes picos, nubes inmensas arropaban la tierra. El frio era devorador, sin embargo no había nevada. Pues había un sol brillante. Su cosmos se desvaneció. Entonces su brazos se abrieron a la velocidad de la luz, emanando de aquel movimiento una onda que rompió la realidad, resquebrajándola en aquel espacio vacío entre el cielo y la cúspide. Sus ojos se blanquearón y el aire empezó a ser devorado. Aquello parecía no una abertura, era como una esfera gigantesca igual que la que arrastraba hace algún momento. Era oscura inmensa y giraba en torno a ella misma. Damian tomó la bola de hierro y la levanto por encima de su cabeza y la arrojo al vacío del acantilado. Pero en su trayecto se detuvo.

Entonces la gravedad en el oscuro vórtice empezó a jalarla mientras Damian hacia movimientos somáticos tan extraños que acrecentaban la fuerza de atracción de la misma. Y cuando aquel vórtice justo iba a tragarse a la esfera de hierro, este desapareció y su homóloga de hierro cayó al vacío del acantilado. Entonces extenuado decidió bajar de aquella montaña. Cazaba lo que encontrase y comía de aquello para recuperar energías. Vestía a pieles y harapos, parecía un vagabundo más y su barba se repartía por todo su rostro. Tardo cinco días en llegar a la falda de aquella montaña, entonces en su viaje encontró a un joven bastante llamativo, mientras descansaba a un lado del camino. Sorprendido le reconoció de inmediato, mas sin embargo no estaba seguro. A no ser que el también le reconociera. Pues al llegar al Este, sus informantes reunieron nombres y rangos de los súbditos de Athena, nada mas que eso. Y entre ellos el, pues reunía las características físicas necesarias para ser aquel chico de cadenas como armas.

—¿Hacia dónde te diriges? —Dijo Damian—. Voy camino a la capital hazme compañía. Y te contare algunas cosas que te servirán para tu camino como Santo y Guerrero de la Reina Minerva, diosa Athena.


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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Ceivel el Miér Sep 19 2018, 18:03

La mayoria de las cosas son nuevas para alguien que ah vivido encadenado a una cueva oscura, las sombras asustan, las cadenas lastiman, la soledad apaga el alma, era inevitable que dentro de aquel ser que era puro una flor negra se consumara en su interior, pero la guardaba con recelo en una jaula, sabia controlarla, la cuidaba para que no creciera, por eso la alimentaba con las cosas que más le gustaban, salir, ser libre, no tener preocupaciones, todo estaba en los pequeños detalles que lo que lo rodeaba podia regalarle, por eso habia decidido que en aquel momento libre que tenia viajar un poco más lejos de la capital de Grecia para adentrarse en los bosques amplios y hermosos de aquellas tierras, distintos a los sombríos y oscuros del oeste, no le desagradan, durante muchos años habían sido su hogar, pero preferia estos.

Habia dejado el caballo en la posada donde me habia hospedado y de allí caminar y caminar y caminar y solo cuando estuve muy dentro del bosque me descalse sonriendo como niño pequeño al que dejan libre correr por donde quiera sin miedo, guarde eso en la bolsa que llevaba, la cual deje colgada en un árbol. Mis dedos con cuidado fueron desatando cada una de las vendas que ocultaban las escamas que subían por mi cuello hasta parte de mi rostro, el pecho y algo de los brazos, respire profundo y mi cuerpo comenzó a cambiar por completo hasta tomar mi verdadera forma. Volaba entre los arboles serpenteando entre estos a gran velocidad, enroscándome, trepando, esculléndome por completo entre las copas frondosas, arrastrando entre el pelaje ramitas y hojas.

Cuando me agote, volvi junto al árbol donde estaban mis pertenencias y me deje caer exausto pero feliz en la hierba, las horas pasaron pero no me habia movido en ningun momento, dejando que las nubes pasaran, las brisas acariciaran la piel, la hierba hiciera cosquillas, escuchando solo el sonido del rio que corria cercano, el cantar de las aves, cada pequeña cosa hacia que mi ser se calmara y que las cadenas no fueran una molestia, estas estaban enredadas alrededor de mi cintura como si fueran parte del atuendo ligero que llevaba, tan solo unos pantalones de color marron claro y una camisa bastante delgada y de un color blanco, nada más que eso. Cuando crei que era un buen horario para ir regresando me volvi a poner las botas y tomar la bolsa.

Iba distraído, rara vez estaba a la defensiva o alerta, por lo que no habia visto que alguien me seguía y la voz que llevaba a mis oídos hizo que pegara un respingo puesto que no habia adornado los cuernos, ni ocultado las orejas, mucho menos las escapas que tardaban más en desaparecer, un rubor avergonzado apareció en mi rostro al darme cuenta quien era, uno de los santo dorados, uno de los tantos admirados, Géminis. Intente en vano cubrir con algo de cabello las escamas al menos – h-hacia el pueblo que esta bajando… - murmure de haber sido un enemigo no le habría sido complicado eliminarme, aunque siendo un dorado debía de estar decepcionado de que tuviese la guardia tan baja siendo un caballero de Athena, el calor agolpado en las mejillas no se iba y agachaba la mirada para compensar – seria… un honor hacerle compañía señor Dayne… - esperaba que no le molestara que le llamara asi, y si conocía a cada uno de los dorados, cuando entrenaba ellos eran a quienes admiraba para esforzarme a obtener la armadura que hoy portaba – lo siento! Yo… eh de parecer un acosador por saber su nombre y quien es… soy Ceivel, caballero de Andrómeda señor! – lo dije más como si me estuviese reportando a un superior, bueno si lo era.






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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Damian el Dom Sep 23 2018, 16:01

Sin dudas su barba se esculpía completa en su rostro bajo el mismo tono que sus largos cabellos, estos se vislumbraron en su cabeza cuando la capucha que le tapaba de la luz del día, se dejó caer hacia atrás por sí sola. Se levantó de donde estaba sentado y sacudió algo de la suciedad que se le habia impregnado, pues esa mañana no había tanta nieve, solo pequeños copos delicados esparcidos fugazmente sobre la hierba del camino, que al final se convertían en parte del roció que adornaba aquella masa verde y boscosa. Apoyándose del pedazo de madero que tenía por bastón dejó de aparentar lo que no era, un pordiosero a orillas del sendero.

La larga ruana y las pieles con un pelaje gris bastante extraño que portaba, se extendieron a lo largo del cuerpo del santo, tapando con prontitud la vestimenta que traía de manera interna. Miraba las facciones de su nuevo compañero con los ojos entrecerrados tocándose la barba. Sin embargo había en él algo que sus susurrantes no le habían contado. Hablaban de un chico de rasgos finos, y bien presentado. Pero no de escamas o cornamentas que le otorgaban un plus de misterio y hermosura, aquello le llamo la atención y a hondo en el la duda.

«¿Sera posible?» Pensó.

Los preceptos que tenían los mantos santos en elegir su portador eran misteriosos, quizás veían mucho más que eso, quizás veía los corazones y la entereza con estaban hechas las almas de quienes las ostentaban, ante aquello sonrió. Trato de evitar al máximo muecas que el Santo frente a él, interpretase como discriminatorias o que ejecutaran sorpresa alguna.

—¿Hacia el pueblo que está bajando? —Preguntó Damian en un tono señorial y grueso de pronunciación—.  Mis disculpas he perdido la noción de mi brújula interna en estos últimos días, y no cuento con un mapa a la mano. No sé cuál es dicho pueblo, podríamos ir allá, en vez de dirigirnos hacia la capital. Me gustaría conocerlo. Aún me queda tiempo para muchas cosas. Mi nombre es…

El joven había pronunciado con prontitud el nombre de su familia, conocía a los nobles de campoestrella y quizás muchas cosas mas, entonces el caballero cerró los ojos y volvió a sonreír.

—¡Por supuesto! —Abordo—. Ceviel, Santo de Andromeda. Veras, estoy tratando de evitar los nombres de honor. Llámame Damian. Un amigo de la corona siempre será una amigo de la familia Dayne —Acto seguido reverencio al señor—. Y de ninguna manera me acosas.

Sin más, mostró el camino por donde Ceviel intentaba ir con una mano, y tomando de su bota de agua la cual amarraba a su cinto ofreció al joven por si querría.

—Es solo agua, Señor Ceviel —Dijo Damian quien posteriormente tomó del agua—. Y cuénteme ¿Por qué ir al pueblo de más abajo? ¿Qué de especial tiene para usted señor Ceivel?

Al caminar sostenía el bastón más por senderismo que con el fin de caminar apoyadose en él, pues era una vara de algún madero, o árbol al que se le desprendió dicha rama, larga y casi de su tamaño. Miraba hacia abajo como midiendo los pasos al caminar, y con uno de sus brazos en la parte baja de la espalda. Sin más escuchaba a Ceivel para comprenderle, antes que para responder. Quería entenderle y ganarse su confianza, pues nunca se denotó como alguien que pretendía ostentar un título y ganarse su respeto o temor, sino un trato cordial hacia alguien de igualdad de mérito.


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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Ceivel el Jue Oct 04 2018, 12:08

Sonreía de forma tonta, era como si el día hubiese mejorado, admiraba tanto a los dorados que mi corazón latía un poco acelerado, estaba caminando junto a uno de los grandes guerreros portador de una de las armaduras doradas, era un honor y me estaba costando mucho disimular el leve sonrojo que comenzaba a cubrir las mejillas así que volví a agachar la mirada negando un poco – está bien… a veces nos solemos perder cuando estamos concentrados en algo que nos hace salirnos de nuestras obligaciones – en mi caso era porque necesitaba hacerlo, tomar mi verdadera forma y correr entre el bosque sin límites era una manera de liberar aquel lado corrompido, tenerlo en paz, consumir energía, dejarla ir.

Camine con calma a su lado, pero tenía que estirar un poco más el paso pues Damian era bastante más grande en altura y aunque caminara con tranquilidad, iba quedándome algunos pasos atrás de vez en cuando, mientras tanto acomode mejor lo que parecía ser una diadema de ramas entrelazadas cuidadosamente que colocaba justo por detrás de los cuernos para que todo pareciera una sola pieza, como si fuese un adorno que solo un niño medio raro se ponía en la cabeza y así disimular los cuernos lo mejor posible – sí, es un pueblo muy pequeñito en su mayoría son granjeros y leñadores, suelo venir aquí seguido cuando quiero… - iba a decir transformarme en un gran dragón que no cabe en un cuarto, pero patine las palabras – distraerme! Si eso mismo… ya sabes entrenar solo… y e-eso – y no sabía mentir, de echo odiaba hacerlo y era la simple razón por la que me ponía nervioso y rojo cada vez que lo hacía, además estaba mintiéndole a un caballero dorado! Que poco tacto tenía, era tonto, ellos seguro sabían todo sin que se lo dijeran – a-alquile un cuarto en la taberna ayer cuando llegue – hable tomando la bota que me ofrecía, quizás por el movimiento de mi nariz fue que aclaro que solo era agua, lo que hizo que el rubor de nuevo se apoderara de mi rostro, bebí sin más y no termine de dar un sorbo, que lo que antes solo parecían nubes grises que quedaban de la nevada, solo trajeron una fina lluvia que sin duda pronto daría paso a otra tormenta, si fuera solo una lluvia, pero era más fría de lo común, anunciando que con ella descendería rápidamente la temperatura en lo que quedara del día.

Levante una mano para sentir las gotas heladas sobre la piel, hacia un poco de cosquillas en los cuernos sensibles y habría descubierto mis escamas pero preferí no hacerlo, no odiaba lo que era, al contrario, pero me era complicado mostrarme a los otros aun – entiendo, sin títulos nobles… solo simpleza – sonreí como si fuese un secreto que debía guardar con sumo decoro, lo entendía, ser tal vez un caballero o alguien al que pudiesen reconocer por quien era a veces era algo molesto, todos ocultamos una parte de lo que realmente somos para que no nos juzguen y esto era parte para sentirse libre, uno mismo imaginaba. Lo mire de reojos, las veces que lo había visto en el castillo siempre portaba un aspecto impecable y muy correcto, aun así en ese estado de “relajado” seguía viéndose sublime.

- Me recuerda un poco al lugar donde nací en el Oeste… un hermoso lugar, pero su gente era capaz de abandonar a apenas bebés como sacrificio por una simple leyenda, no me agrado y me fui de allí… y aunque no sea un lindo recuerdo – sino todo lo contrario, me traía a la memoria solo pesadillas que aprendí a superar y aceptar – hacen que no olvide de donde provengo y lo que soy… - miraba al frente con la mirada perdida en un punto a lo lejos mientras el cabello rosado pálido iba cayendo pesado sobre mi rostro – no crea que soy un espía enemigo, por favor… no tengo informantes ni nada de eso, solo me gusta disfrutar el aire de los pueblos cercanos a los bosques – me apure a decir dándome cuenta que estábamos en plena hostilidad con el oeste y acababa de declarar que era de allí, que iba a pensar?! Me abrace un poco a mí mismo sin darme cuenta porque comenzaba a tener frío por la humedad que generaba en los cuerpos la lluvia helada y apenas la nieve que nos rodeaba.






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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Damian el Jue Nov 08 2018, 01:48

—Señor Ceivel —Dijo Damian mirando en un semblante serio por encima del hombro; solo se veía sus brillantes ojos verdemar en flequillo sombrío y violáceo. Luego dirigió su mirada hacia adelante en un pestañar pausado para arroparse con su grandes manos la cabeza con la capucha de una piel de extraño pelaje abundante y sedoso, su hablar era gutural, varonil y suave sin atisbos de felicidad—. Todos los guerreros de Athena son bienvenidos al palacio. Y si no tiene donde quedarse ofrezco los aposentos del pequeño templo de Géminis. Es un poco especial, pero cuenta con las comodidades necesarias para alojar a otro más.

Los pajarillos revoloteaban a su derredor como atraídos por su presencia, sin embargo algo en él era en sobremanera inquietante. ¿Como dulces animales podía alojarse en las manos de aquel engendro salido de la oscuridad del bosque? Manos largas y de unas gratamente estilizadas en un esmalte negro. Sus orejas tenían pendientes de rubíes semejante al dije que colgaba de su pecho, en el seno de la joya parecía que los rayos del sol eran capturados antes que ser atravesada por los mismos.

—Existen estancias privadas bajo lo que se ve —Volvió a referir sus palabras en el semblante inerte y de tez blancuzca—. Pero recuerde avisarme, por lo general la casa siempre está custodiada por un relicto de cosmos que hace que quien quiera atravesar dicha estancia se pierda en ella. Solo los dorados pueden a travesarla sin problema alguno, por ser cosmos amigo, si alguien no siente aquello es porque quizás el habitante de dicha casa ha muerto, o está demasiado débil. Sin embargo no conoce el tuyo. Visíteme y quédase si quieres. Entre libremente y por su propia voluntad y deje parte de la felicidad que trae consigo.

Una sonrisa ladeada salía del rostro del barbudo caminante golpeando a Ceivel a la espalda con su mano en modo de amistad. Un acto extraño en alguien que volvía a depositar aspectos sombrios en un rostro bien parecido.

—Lamentablemente no cuento con servidumbre —Replico sin pesadumbre en sus ojos—. Aunque muchos la tienen prefiero servirme por mí mismo y atender a mis invitados. Siempre veo de mí un reflejo en los que sirven, no porque deseche su trabajo. Simplemente yo nací para servir.

Una carcajada embozada salió de su boca de colmillos pronunciados, en ese mismo instante mientras se agarraba la cintura y luego secaba sus pequeñas lágrimas.

—Tampoco tallare su espalda mi señor, o te haré la comida. Tu cuerpo te pertenece, sírvele. Entrénalo. Se fuerte.

Habilidad:

Afinidad Animal: Damián tiene un carisma especial al tratar con animales. Los seres del bosque se sienten atraídos por él y no sienten peligro al acercarse. Ya que no ven peligro alguno en él.
Rostro simpático: tiene una cara que a todo el mundo le recuerda a alguien, y los desconocidos son propensos a mostrarse amistosos a causa de ello
.


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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Ceivel el Mar Nov 13 2018, 13:06

Di un paso al costado, acercándome un poco más a él, siguiendo sus pasos como si quisiese imitar su andar de cierta forma, aunque me era complicado y hasta me debia ver como un idiota o alguien muy torpe, porque sus pasos además de firmes y varoniles eran marcados y amplios, los mios eran todo lo contrario – nada de señor… apenas cumplo los quince… no merezco tanta importancia – dije mirando hacia otro lado ocultando un leve sonrojo, estaba invitándome a su templo!? Es decir al templo de GEMINIS!?!? Eso era como un honor, es decir ya no era más un guardia, pero a pesar de ser un santo de bronce… no le llegaba ni a los talones a un caballero dorado, ellos se encontraban alrededor del castillo protegiendo a la reina, el máximo rango que existía en el reino, sin contar las cosas que decían de ellos.

- Oh no… no – habia mal interpretado el que me hospedara en una taberna tal vez – si tengo un hogar… una pequeña cabaña apartada de la capital, muy acogedora… no es un templo – murmure ahora poniéndome aun más rojo – pero esta cerca del bosque, me siento mejor entrenando allí… p-pero me encantaría… conocer el templo de Geminis en algun momento… - apreté la correa de cuero del morral mientras me mordia el labio inferior de manera inconciente.

No estaba asustado o me sentía intimidado, todo lo contrario, era como un sentimiento de calidez, de seguridad la que sentía caminando a su lado, como si fuese un feliz animalito recién adoptado por su amo, no conocía otro sentimiento que el del amor por ser aceptado por primera vez en mucho tiempo, pero no era nada de eso, tenia que comportarme, tal vez haber estado mucho tiempo en mi otra forma me habia echo perder un poco la humanidad por un instante – felicidad? Porque pides eso a cambio de entrar a tus aposentos? Es decir… el que entra es mal recibido? Acaso les pegas? – dije a modo de broma esbozando una pequeña risa nerviosa, ni siquiera sabia si debia tratar asi a un santo dorado y aunque él dijera que lo tratara con suma naturalidad y normalidad, sin títulos ni nada, me costaba trabajo no verlo como un gran hombre digno de admirar y… mirar… por mucho tiempo…

Sali de mi pequeña burbuja de admiración hacia Damian cuando sentí el golpecito en la espalda haciendo que me adelantara uno o dos pasos – no sabia nada de eso, es decir… se que somos bienvenidos como caballeros al castillo de la reina, pero descuida hago todas esas cosas por mi mismo… como bañarme solo y entrenar y … bueno todo eso! – dije acelerando las palabras, porque me costaba tanto guardar un poco de compostura! Por todos los dragones ancianos – pero tu dijiste que estas entrenando aquí solo y que buscas discreción y todo eso asi que… yo te ofrezco quedarte en los aposentos que eh reservado en la posada - faltaba para llegar e incluso por un momento quise que nos perdiéramos un rato en el bosque, para hablar de tonterías o incluso entrenar, lo que fuera estaba bien.






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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Damian el Vie Nov 23 2018, 00:24

Miraba de reojo, con la sombría determinación de su rostro, con una de sus cejas espesa de vellos faciales, arqueada e incrédula, en el preciso instante en que Ceivel le increpo, cuando reprendió las formalidades y la educación del Santo, no le gustaba ser tratado como un Lord y mucho menos ser tenido como alguien importante.

Damian inclinó la cabeza a un lado sin comprender los argumentos del joven dragón. Se encogió de hombros y prosiguió con su caminar y mirar apagado, envuelto en una expresión tibia y taciturna. No hubo protesta, no existió reclamo. Solo una tardía mueca de incomodidad. Quizás tenía sus razones, una experiencia amarga, entre la olvidada etiqueta y la cortesía. Pero la mala costumbre del caballero de oro era explicar y pedir disculpas aun cuando no debía.

—Discúlpeme. No le digo Sir por su edad, muchacho. —Cerró los ojos y apretó la boca haciéndola más pequeña en un semblante serio—. Todo aquel que ostenta una armadura es un caballero, un Sir, un Lord que protege a la realeza, y al pueblo. Que entrega su vida y lealtad a la corona sin importar las demandas de la misma.

Observó que el joven ocultaba su rostro sin comprender el porqué.

—¿Una cabaña? —Dijo Damian—. ¿Por qué la quiere apartada de la capital? Si llegase a pasarle algo el maestre y los médicos estarán muy lejos para atenderle. Pero a veces comprendo que muchos prefieren la soledad de las montañas. Por un tiempo mi padre fue un ermitaño tras grandes agravios en su familia. Ahora nuevamente vuelve a ver el mundo y a recibir personas en su fortaleza. ¿Es usted poseedor de grandes agravios y que con ellos busca apartarse tan lejos de las personas Caballero de Andrómeda? Sin duda conocerá el templo algún día.

La luz que se colaba entre el follaje de los árboles en aquel camino real, hacía que los ojos de Damian brillaran cuando el sol le pegaba de lleno, sus cabellos oscuros parecían tornarse violáceos al contacto de los haces de luz del astro rey. De vez en cuando suspiraba y escuchaba con atención las palabras y las explicaciones de su homologo de bronce. Atento, mientras las avecillas venían a su cabeza y a sus hombros.

—Le gusta entrenar —Dijo Damian en una exclamación que parecía salir con finas palabras bien pronunciadas—. Debería algún día dejarme ver si puedo derrotarle en un duelo, así podremos ver nuestras deficiencias y nuestros logros. Recibiré su consejo con un buen maestro y usted esperó acepte mi humilde observación Sir Andrómeda. Todos tenemos que aprender algo nuevo cada día depende de nosotros aceptarlo.

Sus manos estaban en la parte trasera de su espalda mientras que su mirada parecía agudizarse más como si observara algo a los lejos a un flanco del camino.

—¿Qué si le pego al que entra al templo de los gemelos? —Sonrió de lado abrigando con su pregunta algo de misterio, dirigiendo su mirada a Ceivel y colocando una de sus manos en el mentón mostrando sus finas y estilizadas uñas bañadas en un color negro—. Debería averiguarlo Sir.

Escuchó las últimas palabras de Ceivel y su generosa hospitalidad.

—Debería venir conmigo a los puertos del este, son tierras que colindan con el sur, el ambiente es diferente —Dijo Damian interrumpiéndose al escuchar algo—. ¿Escucha eso? Es agua.

Entonces de la nada salió corriendo entre los árboles, tan rápido, montando cada rama en un dos por tres, para descubrir un bello paisaje, bosque de galerías, un salto inmenso a un espejo de aguas cristalinas, el solo escuchar el agua caer refrescaba la mente,  por una inmensa cascada de aguas termales.

Rápidamente se quitó la ropa, sin pudor, sin peros, mostrando su emblemático dorso, su abdomen cuadrado y sus grandes pectorales, esbelto, delgado pero marcado, quedando desnudo por completo y se arrojó en picada, cabeza, mientras sus cabellos negros brillaban con la luz del sol, y de allí al agua para sumergirse sin lograr salir. Pero todo era una treta.


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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

Mensaje por Ceivel el Sáb Nov 24 2018, 03:34


- "Veras, estoy tratando de evitar los nombres de honor" – dije en un tono bastante grave pero sin lograr llegar a su tono, imitándolo – si tu me pediste eso porque estas usando esas modalidades conmigo? Geminis… - entonce un poco molesto, sabia de la dualidad de aquel signo pero no pensé que se contradijera de esa forma ni bien empezar una charla o ni bien conociéndolo! Me pedia una cosa y hacia exactamente eso que no queria que yo hiciera – o dejas de llamarme Sir o Señor o comenzare a llamarte Lord Dayne en voz alta por todos lados… - arquee una ceja aun sin que el sonrojo abandonara mi rostro al verlo.

Lo habia visto de otra forma en el santuario mientras entrenaba, pero no me disgustaba para nada las greñas que llevaba ahora, al contrario lo hacían ver mucho más, tenia la palabra en la punta de la lengua pero no sabría como describirlo, solo que me agradaba y punto, tampoco sabia porque me estaba fijando en eso o le daba vueltas, como fuera, intente concentrarme en sus respuestas que provocaban que hinchara las mejillas un poco, no queria responderle porque preferia un lugar alejado y esas cosas – basta – puse una mano en su boca tomándome ese atrevimiento – vas a hacer que te muerda… a mano, yo te trato con normalidad tu también hazlo… - suspire y deje de cubrirle la boca negando con la cabeza.

Tal vez me estaba tomando más atrevimientos del que me correspondían, pero no me gustaba mucho que me dijeran una cosa y luego hicieran lo contrario delante mio, no era que sintiera que se estaba burlando de mi, pero estaba buscando que le diera un buen mordisco de esos dignos de los dragones – que? Que fue eso de recién? – pregunte al verlo sonreir luego de su comentario – les pegas o no les pegas? Jajajaja – dije soltando una pequeña risa caminando un poco delante de él mirando entre los árboles como la luz se iba escabullendo timida para que el sol no se las llevara pronto a dormir.

- Si pero que tiene… seguro algun claro o… Damian?! – me voltee gritándole desconcertado, corriendo tras él por inercia, porque corria como loco por agua? Tenia sed, tenia en saco de cuero que llevaba – q-que haces? – pregunte apartando la mirada, tantas ganas tenia de darse un baño asi de repente, que impulsivo que resultaba ser aquel hombre – en la taberna habia baños para tomar uno… el agua debe estar fria, te enfermaras… - murmure a modo de reproche, no me gustaba mucho la noche a decir verdad, las pesadillas nacian en la oscuridad y no me referia precisamente de las que uno podia soñar, sino de las que podian atacarte, asi como yo existían muchas otras razas poco amigables o seres que se esconcian esperando, acechando. Recogi la ropa de la que fue desprendiéndose y la guarde en el bolso que deje a un lado mientras me sentaba al borde del agua, mirando donde se habia sumergido, dejando que mis sentidos se perdieran en la cascada.

- Damian? – murmure entonces, notando que pasaban los segundos y no emergia del agua, entonces me puse de pie, conte hasta treita, terminando por maldecir porque realmente no queria mojar el vendaje que cubria mis escamas, pero solo me quite la túnica que cubria el resto del atuendo tirándome al agua para buscarlo, si era una broma realmente iba a ahogarlo con mis propias manos.






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Re: Kyofu! Ijigen e no Hyoryū

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