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Los cabos sueltos se atan con sangre

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Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Kaien Cross el Vie Sep 14 2018, 14:48

Aqueronte era uno de los grandes puertos mercantes, estaba apenas rozando las fronteras del Oeste así que para nosotros era una ventaja para el comercio, de todas formas no era un lugar muy agradable, era lo que llamábamos “tierra de nadie” era una zona neutral, sin rey ni ley, los ladrones y asesinos, piratas y prostitutas estaban a la vuelta de cada esquina y sino conocías bien sus calles era probable que terminaras tus días aquí. Era uno de mis lugares preferidos, si necesitabas algo raro ya fuese un objeto o información este era el lugar indicado para enterarte de todo, siempre y cuando pagaras el precio. Habia vestido a Bravery con ropas oscuras y gastadas, si bien yo era conocido en este lugar, no era el más “fuerte” o el más intimidante, solo era el capitán del barco muerto, un pirata de temer y nada más, mi reputación no se comparaba con los tipos que realmente movían los hilos en Aqueronte.

- Recuerda, si te digo que corras… corres – le di una palmada en la espalda al enano cuando el barco se detuvo cerca del puerto dejándose ver a simple vista, cosas que rara vez hacía, lo mismo que el uso de cosmos o habilidades, los que lo usábamos solíamos no hacerlo frente a civiles por cuestiones obvias, de que sí que si levantábamos rumores o sospechas de brujería entonces tendríamos que matarlos antes de que nos tiraran a las llamas, no era que me molestara pero prefería evitar las llamas de la hoguera – iremos por unas cuantas cosas – era la primera vez que Bravery desembarcaba en Aqueronte, lo había llevado al este, al sur, a unas islas en medio del mar a ver a una bruja, al oeste y ahora le tocaba Aqueronte, no podía quejarse de que se aburría siendo mi contra maestre.

Le di a Brav una máscara como las que yo usaba, pero esta no era de un ave de pico largo como solía ser, había pensado varios días en cuál sería la más indicada para él, terminando por tallar una bastante grotesca que representaba una rata, no era para que se ofendiera ni una burla, al contrario, solo esperaba que le gustara – que sea tu elección a quien mostrarle tu verdadero rostro – le sonreí antes de colocar el sombrero de capitán sobre mi cabeza, por mi lado esta vez no llevaba mascara, solo el parche, a mí ya me conocían, lo único que me preocupaba era que el tinte morado se había estado desgastando, esa era una de las cosas que tenía que conseguir, solo era una mezcla rara de vaya a saber que plantas que preparaba una mujer ya mayor, podría preguntarle como lo hacía pero había pequeñas cosas que me gustaban hacer, como hacer visitas concurrentes a ciertas personas. Eso era lo que te hacía sentir conectado o parte del mundo al que en realidad, en el fondo, sabias que no pertenecías, era un juez, un verdugo, alguien que no moría, una parca, tenía tantos nombres que no los recordaba todos, pero lo cierto es que no pertenecía del todo a un lado, ni al otro, estaba en el medio y a veces desesperadamente buscaba sentirme en algún lugar.

- Dejemos que el barco se pierda en el mar, bajemos… - el barco se alejó cuando nosotros nos dirigimos al puerto en la pequeña embarcación con la que íbamos y veníamos de la costa al barco de regreso. Cuando amarre el bote ninguno se dignó a venir a “cobrar” lo que correspondía por bajar allí, por lo general a los incautos les quitaban todo lo que tenían, el encargado de hacerlo me conocía, me debía más de un favor pero en vez de cobrárselos este solo dejaba que pasara de largo sin problemas – estas bien? – pregunte volteando a ver a Brav, tal vez el clima le molestaba, aquí era demasiado húmedo, la neblina era constante, propicia para los ladrones sobre todo.

No me tenía que preocupar de él, sabía que podía defenderse de maravilla, solo me preocupaba tal vez un poco su tobillo por si tenía que correr, era todo, los demás deberían temerle a él en todo caso, pero ese era otro tema aparte – iremos primero a ver a una agradable mujer… hey! Qué tal si te conseguimos una chica esta noche… tal vez te convierta en un verdadero hombre! – le di un pequeño golpe en el hombro para animarlo mientras caminábamos por las calles. Las miradas eran como clavos calientes sobre nosotros, era la primera vez que me veían acompañado, estarían pensando “ah tiene un protegido, un punto débil” y yo pensaba “ja este chico podría matarlos a todos con solo una flecha!”. Me detuve cuando llegamos a una vieja tienda extraña, era un boticario sin duda, mi hermano no era el único que preparaba las medicinas que necesitaba y ahora que se me complicaría regresar al Este como si nada prefería mantener varios contactos de confianza que me pudieran ayudar.

No había nadie cuando entramos, estaba todo en silencio, el ambiente era fresco a causa de la cantidad de plantas, las luces estaban encendidas, pero eran débiles para mantener el lugar a media sombra – no toques nada… no sabes que puede ser venenoso en estos lugares – murmure por las dudas la anciana no estuviese escuchando escondida en algún rincón.- sabio consejo querido capitán... - una voz anciana se hizo notar de entre las plantas y una señora bastante alegre se mostró soltando algunas risitas - madame... vengo a buscar lo mismo de siempre y necesito esta medicina... - saque de entre los bolsillos dos frascos distintos - es capas de copiarlos? - la señora mayor tomo los frascos, los olisqueo y observo un rato - claro que puedo que me viste cara da tonta! pero debes darme unas horas pueden ir a jugar mientras - arquee una ceja mirando a Brav y luego de encogerme de hombros salimos del lugar para esperar - que quieras hacer ahora?

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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Klauser el Sáb Sep 15 2018, 00:33

El Kraken había estado viajando por las profundidades de todo Pantheon durante días, semanas quizá. Su capitán no recordaba bien, puesto que no era uno de sus principales intereses. Se había despedido momentáneamente de los suyos en el Norte, dado que tenía asuntos que resolver. Empezando por la búsqueda de objetos valiosos que pudieran aportarle algún beneficio en su vida de batalla, de peleas y sangre derramada sobre el frío de Asgard. Sobre todo cuando se encontraban en época de disputas, su favorita si le preguntaban. No estaba para rendir cuentas a nadie, excepto a su rey y los demás miembros de la manada que debía proteger. Pero su salvaje raza de oso cada vez latía con más fuerza, provocando su sed de sangre.

Iba envuelto en telas que presionaban sus brazos y piernas como vendas debajo de las protecciones de metales y bronce. Su cabello blanco iba suelto, ondeando largo hasta la espalda baja, mientras que su rostro anguloso estaba pintado con algunas marcas en tinta azul, simbología que compartía con los ulfr. En general portaba un aspecto de guerrero desalmado marcado por los años, pese a que apenas entraba en la etapa adulta. Y sus ojos cerúleos resplandecían como esferas de loco, así como la sonrisa burlona, desquiciada que de vez en vez aparecía asomándose en sus labios finos. No se tapaba el rostro. ¿Por qué? Tenía enemigos, sí, pero a diferencia de otros con mayor paciencia, a él le encantaba llamar la atención, para ver si así provocaba mayor revuelo.

Aqueronte fue la parada definitiva, al menos por ese día. El enorme navío de velas platinadas emergió de las profundidades marinas, ya que así viajaba el Monstruo de Mar, aprovechando la neblina característica de ese lugar para esconderse y pasar desapercibido cerca del puerto más cercano. Tras saltar desde la proa, nadó un par de leguas, hasta dejar atrás a su barco, y una vez pisando tierra, silbó sonoramente como señal al Kraken para que se escondiera nuevamente bajo las aguas. Esa enorme nave tenía vida, tenía alma que su capitán había alimentado con el tiempo. Tenía energía de fiera acumulada. Por ello, respondía a sus silbidos, a sus órdenes desde la distancia.

Tanto tiempo sin venir a molestarte, Aqueronte —murmuró en muestra de saludo una vez visualizado las tiendas típicas, artesanales y comerciales de toda esa ciudad. No estaba mintiendo, llevaba tiempo sin adentrarse en esas callejuelas sin nombre o dueño, puesto que su nuevo cargo como comandante lo tenía lo bastante ocupado, además de calarse los regaños de Ethan u otro idiota del consejo. Él no se entendía con esas normas sin sentido. No se entendía y ya. Lo de él era liderar las tropas, además de ser el primero en embestir a su oponente y engullirlo como almuerzo o cena. Eso sí lo entendía muy bien.

Lo primero que hizo fue visitar unos puestos escondidos en un callejón oscuro que olía a rata muerta y aguardiente regada por todo el pavimento, ya que el viejo dueño era un conocido suyo, uno de sus vendedores más allegados. La llegada del enorme hombre albino no se hizo esperar, por lo que el viejo lo tomó desprevenido y con un puñetazo en el antebrazo saludó al pirata de aguas gélidas.

Maldito, Ulric. ¿No tienes otro modo de saludar? —se quejó, sobándose la extremidad a la par que gruñía extrañamente animado— ¿Qué carajo quieres, oso granuja? ¡Hacía tiempo que no venías a terminar con la poca paciencia que me queda! ¿Traes oro? —la voz del anciano era grave y rasposa— Sí, sí. ¿Te quedan de esas protecciones de hierro de aquella vez? —el viejo lo miró con cara de poco amigos, para luego sonreírle con picardía, exhibiendo ese diente de oro a un costado de la dentadura desgastada y amarillenta— Creo que sí, pero me han llegado demasiados objetos hoy, tardaré un rato en encontrarlas. Así que date una vuelta por el puerto. A ver si encuentras algún niñito que devorar mientras te preparo las cosas, ¡ja, ja!

Era un viejo malicioso de pocas migas, pero Klauser estaba acostumbrado a todo tipo de tratos y gente desagradable. Le gruñó y se dio la vuelta para caminar un rato más. Los olores de Aqueronte eran desagradables para su agudo sentido del olfato, aunque todo aquello que no fuera sal marina y tiburón asado le resultaba desagradable. Mientras andaba dando zancadas por las callejuelas percibió un olor aún más desagradable que cualquier otro. Dos olores en realidad. Dos fragancias que había guardado en su memoria como muertes futuras. Apresuró el paso y a la distancia observó dos cuerpos extrañamente familiares, pero que iban enfundados en telas y ropajes oscuros. Tuvo que reprimir un gruñido animal, lo cual no duró mucho tiempo ya que el gruñido se emitió de todas formas, vibrando en su garganta. Hoy iba a comer muy bien.

Huele a rata por acá, pero como de inframundo, ya muerta —ladró una vez cercano a los individuos. El porte era sumamente diferente entre las figuras. Klauser era una bestia que apenas cubría su cuerpo con pieles de animales y los cabellos sueltos, adheridos al rostro— ¡Ahora veo la razón, grrrrr! ¿Me extrañaron, críos? —Iba a recuperar muchas cosas ese día, pero lo mejor era que se iba a divertir a lo grande devorando presas y lamiendo los huesos como Odín mandaba.

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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Bravery Baudelaire el Sáb Sep 15 2018, 21:02

Caminaba al lado del capitán, la verdad no conocía aquel sitio como ninguno de los otros a los que me había llevado, y como la mayoría de las veces no parecía muy agradable. Llevaba un ropaje parecido al de Kaien, solo que mis pantalones eran cortos y en vez del sombrero cubría mi cabeza una capucha del mismo cuero oscuro que el resto del atuendo.

La artesanía que llevaba en el rostro, era para ser considerada una obra de arte a decir verdad, al parecer era muy genial con el tallado y había hecho de un trozo de madera una excelente cara de una rata.

Tal vez porque quisiera seguir sus pasos, no todos, pero si algunos, aquella mascara me había gustado mas de lo normal, pero tampoco es que estaba orgulloso de portarla ni nada por el estilo.

- eh? – no comprendí a la primera, de hecho tampoco a la segunda, así que luego imagine que se trataba de mi tobillo, pero lo había a decir verdad estaba mucho mejor después de ver al “doctor”, y aunque dudara que mereciera ese titulo, Pero al final era por el clima y siempre en babia.

- no comiences a tratarme como niño, Cap – podía notar las miradas de todos encima del pirata. Y era tan fácil leerles el pensamiento, sus estúpidas sonrisas de “un niño! Delgado” debe ser débil! con el tenemos una oportunidad contra el tuerto” en cuanto dos se atrevieron a poner un pie mas adelante en nuestro camino saque un cartucho de pólvora del tapado. El yesquero ardió y quemo la mecha, y faltando apenas unos milímetros apague a llama de un soplido, cuando volví a levantar la mirada no había nadie cerca del camino.

Llegábamos a lo de una anciana fea cuando el bobo insinuó que mi hombría dependía de si estaba o no con una mujer, que tipo pesado me había encontrado de jefe. Negué con la cabeza y seguimos caminando.

El lugar estaba abarrotado de cosas, era difícil mantener los dedos quietos para no llevarme nada a los bolsillos, que dicho sea de paso el atuendo nuevo tenia mas bolsillos así que podía llevarme mas cosas, pero me había impuesto como nueva regla no robarle a los amigos del Capitán, así no dejaba de tener amigos al menos.

La anciana dijo que podía replicar la medicina y tan solo la había olfateado, ya quisiera yo poder hacer algo así, pensé.

También me preguntaba si tendría venenos que paralizaran entre todas las cosas, pero le preguntaría cuando regresáramos por la medicina. Salimos del lugar y el Cap parecía no tener planes fijos.

- que tal si vamos por una mujer para que al fin te conviertas en un hombrecito? – lo codee imitando su voz burlándome. – comer, si no hay planes hechos, comer siempre es un buen plan -

Una voz fea llamo mi atención, pero no voltee a mirar realmente, no era tan torpe, pero en cuanto una sombra tapo todo mi cuerpo creí que ya estaba lo suficiente cerca como para preocuparme.

- la verdad no? – lo mire algo sorprendido, el mundo era grande y esperaba no cruzarme de nuevo con aquel tipo, pero debí imaginarme que si visitábamos puertos piratas, tarde o temprano volvería a ver su rostro – que tienes en la cara? Son algún tipo de ungüento para las arrugas? – pregunte curioso, esas cosas eran de mujer – al fin de cuentas me resultaste todo un “Ergi” grandulón – reí burlonamente – el Capitán tenia razón al decir que no eras competencia para el en un combate a puños limpios – volví a reír. La verdad Kaien nunca había dicho mucho de aquel sujeto, solo cosas básicas como que era del Norte, y que tenia un barco tan interesante como el de el. Pero bueno, si se entretenía golpeando al Cap, yo tendría mas tiempo para escabullirme por ahí.

..................
Off: Ergi es una palabra que se usaba para describir a los amanerados/homosexuales o como les quieran decir, no era en si un insulto grave, porque no quitaba que el otro peleara bien o fuera honroso, pero si era despectivo, tengo entendido, besitos.



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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Night el Jue Sep 20 2018, 17:57

El hombre colgaba de cabeza, sus manos mañatadas permanecían unidas a su cinturón. Intentaba decir algo, pero la sangre que salía en cada palabra, los dientes caídos, los golpes en el rostro realmente no ayudaban a que comprenda, acerque un oído de forma burlona, los pocos presentes no rieron… un enano de brazos muy trabajados y piernas curvadas de tanto levantar peso sobre sus hombros se encogió aun mas en su silla, mire al segundo y tercer sujeto en la sala…

– ¿alguien mas? ¿Alguien mas tiene información del Sur que quiera compartir? – La mascara de bufón mostraba una alegre sonrisa que mi rostro real estaba lejos de expresar en aquel momento, aquel, era mi trabajo fuera del reino, espiar y matar espías, una batalla constante que se llevaba detrás de la guerra y hasta en tiempos de paz.

Uno negó con la cabeza, los otros lo imitaron nerviosos – no me hagan volver – dije meciendo al hombre que colgaba, lo puse de frente a sus amigos, y lo abrase por la espalda mirando por un lado del cuerpo a los tres sujetos, mi cara parecía horrorizarse en cámara lenta a medida que una daga se hundía por debajo del mentón hasta ocultar todo su filo dentro de su cabeza – nunca mas – dije jugando sobre sus ojos con el reflejo de las velas en el metal apenas visible en su boca…

Deje aquella taberna con un sujeto colgando y tres oliendo muy mal, para perderme entre los callejones de Aqueronte, era un nido de ratas y asesinos, por lo que no seria difícil ocultarse, no tarde mucho en tirar la mascara y varias capas de ropa, ahora llevaba mi sombrero de ala ancha y un traje de cuero ajustado.

Busque una salida de los callejones que me dejaría casi en el centro de la ciudad. Esquivaba transeúntes y siempre con los ojos bien abiertos, aquí el que no te apuñalaba te robaba. Habían sido 50 tal vez 60 metros de caminata al carruaje que me sacaría de aquel poso…

Mis ojos se dilataron al ver aquellos cabellos blancos, mis piernas temblaron como las de un niño asustado y los dedos desnudos de mis manos se movieron inquietos, como si buscasen algo a que aferrarse… una silueta enorme varios metros por delante caminaba decidida entre la multitud.

Mis pasos le siguieron torpes, como insecto que va a la llama sabiendo su destino pero sin poder evitarlo vuela mas y mas rápido…

Era mas alto que yo, exactamente como cuando éramos niños, ninguna lagrima se derramo esta vez, aunque titubeante guardaría cada una de mis lagrimas para le momento que lo confirmase… apresure mis pisadas hasta esta al alcance, me sentía un niño en busca de su dulce perdido, tan estúpido… sujete su hombro y lo gire en mi dirección – ¿Darren? ¿Darren Cross? – mi voz se rompió y mi corazón se detuvo…

La decepción era un ente que nunca se cansaría de golpearme en la cara – disculpa, te confundí con alguien mas – aparte mi mirada avergonzado y camine en cualquier dirección, no tenia importancia ya…

Solo con verle los ojos había sido suficiente, sus ojos celestes como el mar… estaban lejos de tener el encanto del esmeralda de mamá o el rojo sangre de papá… lleve mis manos a los bolsillos para que los puños apretados no revelaran mi molestia, aunque mi mente divagara aun estaba en una zona donde los sentimientos solo podían jugarte en contra…

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Off Rol: Disculpa por lo del hombro Klauser, necesitaba la acción para entrar. Es bienvenida cualquiera fuera tu reacción.

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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Black el Dom Sep 23 2018, 18:53

Se sentía a gusto pasar la totalidad de su tiempo en sus fríos bosques. Desde pequeño que usaba ese sitio para vivir. Era feliz, aunque era consiente de que no todo se podía conseguir de la naturaleza. Un animal al 100% no necesitaría cosas extras, pero Black sabía que era mitad humano, o quizá menos de la mitad. Cualquiera debería pensar que este tigre no tiene ni puta idea de sitios en donde conseguir productos ajenos al bosque. Afortunadamente el salvaje no siempre trataba de comerse a las personas, sino que era un tipo que sabía mantenerse calmado y poder socializar con otras personas, aunque con un vocabulario bastante limitado. En una de esas vivencias a través de los años, consiguió un contacto que le enseñó llegar a un sitio en específico. De inmediato le advirtió de que había que comportarse de una manera específica para no meterse en problemas, pero Black ignoró el consejo, mas que nada porque no lo entendía.

Dos años han pasado desde la última vez que pisó este famoso sitio. Lo recordaba. Vestía la misma ropa, era quizá un poco más alto y su cabello más largo, pero en el fondo seguía siendo el mismo tigre sereno, pero peligroso. Caminaba a paso lento mientras observaba hacia todos lados. Más de uno de las tantas personas presentes le dirigieron miradas agresivas. Resaltaba bastante por su tamaño, estaba acostumbrado a que lo vieran cuando caminaba entre medio de masas de gente. Aunque en el reino del Norte esas miradas eran de miedo, ahora eran de odio. No tenía problema con chocar y empujar a nadie, pues no conocía los modales clásicos de tratar de evitar obstáculos/personas. Lamentablemente a alguien no le gustó y le dio una patada.

Finalmente encontró la tienda que buscaba. No era la misma que visitó en el pasado, pero es porque las necesidades cambiaban con el paso del tiempo. Un Black joven como en aquel entonces necesitaba un producto para él mismo, pero ahora estaba en busca de algo para alguien más. Ese producto se mantendría en secreto para todos, porque no tiene ni la más mínima gana de contarle sus cosas a alguien. Aunque, siendo sincero, no tenia a casi nadie con quien hablar, menos en Aqueronte, en donde la neblina difícilmente permitía reconocer a alguien.

Sorpresivamente pagó por lo que buscaba. Cierto amiguito que conoció minutos antes le regaló cortésmente todo lo que necesitaba. El producto secreto estaba escondido dentro de sus prominentes ropajes. Imposible que alguien lo viera si no es que le sacaran la ropa, y eso sería demasiado extraño de suceder.

Debía irse. No quería meterse en problemas, no quería que le diera hambre y se volviera loco. Era consiente de que su apetito podía salirse de control y querer matar a todos. En Aqueronte había muchos tipos peligrosos, por lo que el volverse loco y comenzar a agarrarse a piñas con todos era una decisión para nada acertada. Incluso que él que no la pensaba tanto sabía que era un cagazo monumental.

Mientras que sus pies se movían sin rumbo aparente, pues había olvidado el camino por el cual llegó debido a su encuentro con la amable persona que le regaló el dinero, pudo ver el cuerpo de alguien que medía casi lo mismo que él, extraño para él, aunque hay que tomar en cuenta que él casi solo veía animales que andaban a cuatro patas. — ¿Qué haces tú en este lugar? — No estaba solo. Cerca habían dos tipos juntos, y más cerca todavía, otro sujeto que incluso le había tomado el hombre teniendo un contacto mucho más… ¿íntimo quizá? Bueno, no era de su incumbencia. Tan solo los rodeó mientras quedaba a la misma distancia de ambas duplas, como si entre los tres grupitos (en donde Black era un grupo de un hombre, que triste) formaran un triángulo. — ¿Se supone que son manada de osos o algo así? Esos dos no se ven muy ososos. — Buena palabra se inventó. Y sí, se refería al pirata del Oeste y a su amiguito.
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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Kaien Cross el Mar Oct 02 2018, 02:14

Hice una burla de risa cuando repitió mis palabras codeándome – claro podemos ir a buscar… pero tu plan cuando no hay plan me parece mejor plan que el mío… aunque con la comida uno no se hace hombrecito – le di una palmada en la espalda para indicarle hacia donde iríamos a comer, conocía una de las mejores tabernas, siempre había algún muerto y sillas volando, pero los trovadores y la comida eran lo mejor que tenía Aqueronte y bueno uno se acostumbraba a los desperfectos que se cruzaban en el camino, además seguro era un buen aprendizaje para mi compañero ver la salvaje actitud de estos bravucones, tal vez un día no muy lejano cuando sea capitán de su propio gran barco ya sería todo un experto en la materia y me haría sentir orgulloso de haberle enseñado todas las malas mañas que podía.

Íbamos de camino a pasarla bien mientras esperábamos pero fuimos detenidos por una pared blanca, alta, peluda y fea. Solté un largo silbido mientras iba subiendo la mirada – mmmm no, la verdad que no, no? Ni un poco Klaus… piérdete – hice un ademan con la mano como si le restara importancia, no me intimidaba su altura, debería hacerlo si, pero tenía una extraña forma de medir la fortaleza de los demás, y aunque si me jodian los del norte, solo había escuchado puras historias arrugadas como el ceño de aquel tipo, nada que me moviera un pelo, al contrario me hacía querer molestarlo más para probar de que estaba echo aunque pudiese arrepentirme luego, que da – oh… si vienes por tu tapado… lo vendimos – le mostré todos los dientes sonriéndole, nos estábamos burlando del grandote, pero por suerte ambos corríamos bien rápido, era imposible que nos alcanzara – eh… eso que dice él.. – agarre a Brav por el cuello de la ropa y di unos pasos hacia atrás advirtiendo que quizás tuviésemos que salir corriendo porque no era bueno pelear en Aqueronte.

Y antes de que pudiese decirle algo a Brav para irnos alguien peculiar interrumpió la escena y sin notarlo apreté con fuerza la tela de la ropa del enano entre mis dedos. Un escalofríos recorrió toda mi columna cuando escuche ese nombre, me paralice unos segundos, cuántas probabilidades existían de que un tipo albino preguntara por ese nombre y sin pensarlo tire el tapado haraposo hacia atrás revelando las dagas, tomando una entre mis dedos y lanzándola hacia los pies del albino como advertencia, mientras apartaba hacia mis espaldas a mi compañero como si algo estuviese por ponerse feo y deje mi sombrero sobre su cabeza encapuchado dando un paso al frente ignorando a Klauser – quien mierda eres… porque preguntas por alguien que está muerto? Como conoces ese nombre… la próxima daga que lance no será una advertencia – dije claro y fuerte, lo mire con aquel brillo particular en el ojo, estaba molesto si… si estuviese vivo podría parecerse a Dainn, pero todos estaban muertos y no me gustaba que se burlaran de mí, que sabía ese tipo? Y aunque hubiese llegado un amigo del oso mayor mi mirada no se apartaba del tipo de pelo blanco… oh… si todos teníamos el pelo blanco que genios… bueno el que no era ni Brav, ni Klauser, ni el amigo de Klauser.

Habia ignorado a todos, era como si simplemente mi mente los hubiese anulado para detener el tiempo entre aquel sujeto extraño y yo, necesitaba saber… era como si algo increíblemente molesto me punzara la nuca, tenía una sensación por todo el cuerpo que no podía describir simplemente, era surrealista solo pensar que alguien de mi familia estuviese vivo… es decir si se habían salvado todos y yo era el único pelotudo que había quedado solo y separado me estaría enojando muchísimo justo ahora, tanto que podía matar todos  – a Brav no, él es mi empleado estrella… bueno el único que tengo – los allí presentes.


Última edición por Kaien Cross el Jue Nov 15 2018, 22:03, editado 1 vez




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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Night el Miér Oct 31 2018, 10:58

Apenas había dado dos pasos cuando la daga se clavo en mi camino, mire fijamente el arma y acomode mi sombrero para seguir caminando, dando por alto aquel hecho, los jóvenes eran impulsivos y muchas veces tontos, y en aquel lugar sobre todo, ganar una pelea podía darte acceso a la fama que cualquier busca pleitos podía llegar a desear en su vida.

Pero sus palabras, esas malditas palabras simplemente no podrían haber salido de su boca, como se atrevía el infeliz a decir tal cosa, mi cuerpo giro rápido y mis ojos apenas visibles tras el ala ancha se clavaron en los de él.
niño, ¿quien te dijo que llegaras a tirar otra daga en primer lugar? -

No sabia bien de que iba aquel grupo, si en realidad había ofendido al parchado joven con mi interrupción, pero ya me había disculpado, y en caso de que no fuera suficiente, en caso de que quisieran pelear, les enseñaría porque las palabras de aquel hombre estaban tan equivocadas.

- si supieras tu, de quien hablo – dije quitándome el gorro, el clima por suerte ayudaba un poco, y tal vez no terminara mi piel tan dañada – comprenderías que un Cross no puede morir tan simplemente -

Los analice rápidamente con la vista, sus ropajes los hacían provenientes de diferentes regiones, ¿Norte? ¿Oeste? El niño me confundió, pero como fue apartado dude que participara en caso de una pelea.

Aquello parecía una reunión de albinos y una uva desteñida, aunque por sus raíces diría que no era muy diferente a el resto de los presentes, tire un lado del tapado hacia atrás y deje ver en la parte superior de mi pierna las tres partes de una lanza. Era bueno en aquello, y con un rápido movimiento esas partes serian una según sus movimientos.

Patee la daga para que quedase a los pies del brabucón, y yendo en contra de mis propias reglas como espía, revelaría algo que jamás en otro momento revelaría – retira tus palabras acerca de mi hermano, o juro que separare la piel de tu carne en un instante mocoso -
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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Kaien Cross el Jue Nov 15 2018, 23:23

Sentí una leve punzada en el ojo tras el parche, como si este quisiese jalar hacia atrás alejándome de aquel lugar, como si algo no quisiese que descubriera lo que frente a mí se comenzaba a dibujar con más y más claridad, ignoraba todo lo que estaba a mi alrededor, Klauser y el otro hombre que vaya a saber que pintaba en este lugar, incluso a Bravery a mis espaldas, o los pequeños pedidos pendientes que debía ir a buscar, nada en absoluto hizo que mi mirada se alejara de aquel hombre al que aquel gran sombrero le cubría el rostro.

Algo en el me habia arrastrado a retornar a mi pasado, un hilo de rabia desenfrenada, jamás vengada, castigo autoimpuesto de mi única falla, atado, zanjado en las memorias que aparecían en forma de pesadillas las noches más calurosas. Le había contado tantas veces la historia a Bravery mientras viajábamos, de aquel fatídico día, de cómo me había convertido en lo que era, de porque el barco se movía solo e incluso un montón de aventuras más, pero en este momento solo una de esas tantas historias salió a flote como cuerpo podrido.

- Si supieras tu a quien llamas de la tumba… - dije tajante, por primera vez no había bromas para la corte, amaba mi apellido tanto como había amado a mi familia, que posibilidades había de que alguien supiera de ese nombre, de ese apellido, que fuese albino, que tuviera los ojos rojos y que en toda la puta tierra se pareciera a DAINN!

Mi cuerpo comenzó a temblar como si fuese de papel, como si por primera vez un fantasma hiciera que diera un paso atrás, choque con Bravery que estaba a espaldas de mí, un Cross no retrocedía jamás, enfrentaba cualquier cosa, aun sabiendo que era imposible ganar, pero de repente todo mi mundo, mi pequeño y distante mundo sin sentido se volvió loco, se derrumbó y se volvió a armar… que posibilidades? Una en un millón… de que los fantasmas volvieran a la vida, era probable… él allí estaba después de todo no? es decir no me equivocaba, no podía equivocarme, lo había visto morir junto con todos ese día pero si había existido una pequeña posibilidad de que se hubiese salvado, entonces la culpa recayó sobre mi espalda, si en vez de correr asustado me habría quedado.

- Jamás, los Cross no se retractan y… porque está muerto como tu deberías estarlo tu… - dije dejando caer a mis espaldas la capucha que cubría mi rostro, él no había cambiado mucho, en cambio el recuerdo que él tendría de mi seria de un mocoso pequeño y escuálido, incluso más pequeño que Bravery – podría revelar tu nombre aquí… pero mejor acompáñame… - dije mirándolo, me daba igual Klauser o lo que tuviese que decir, mucho menos me importaba su amiguito que llegaba todo raro. Le di un golpe a Brav en el hombro – daremos un paseo – le hice un gesto a Dainn, tenía ganas de abrazarlo, tirarme encima de él, solo para comprobar que era real.

Pero no allí, no tenía ninguna intención de compartir mi vida y mis secretos con los del norte, mucho menos con aquel pirata – hablaremos luego de tu abrigo, diviértete con tu amiguito! – salude a Klaus con un gesto de mi mano, dándole la espalda, si era realmente el Cross que creía que era me seguiría solo para buscar respuestas aun me quedaba un ojo, una simple mirada que podía reconocer.

--------------------------

En vista de que Klauser esta ausente y el tema esta frenado, me retiro con BB para seguir roleando a parte con Dainn si quiere. Klauser y Black pueden hacer lo que quieran.




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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Night el Miér Ene 02 2019, 00:30

El camino habia sido largo y cansador, mis mismas manos debajo de los guantes sin dedos estaban manchados de sangre seca, queria darme un baño, cambiarme la ropa y tratar de gastar mi tiempo en conseguir una carreta que me llevase fuera de aquel poso de agua estancada llamada ciudad.

Pero no, en el lugar menos impensado alguien no solo osaba insultar lo poco que recordaba de lo que una vez habia sido mi familia, si no que su rostro era estupidamente familiar cuando lo obserbava cuidadosamente.

Me pidio que lo siguiera, y asi lo haria. Acomode con la mano el sombrero de copa y baje la cabeza un poco - señores - dije saludando a los hombres que dejabamos atras, el niño tambien apresuro el paso y se puso al lado del tipo que seguia, esto era fuera de lo comun para mi, trataba de estar seguro de cada paso que daba, saber con quien hablaba y en donde, pero por una vez olvidaria todo aquello. Me meteria en la boca del lobo dispuesto a bailar.

- hasta cuando caminaremos? - dije inspeccionando la forma de andar de la pareja, cuando llegamos al lugar pude reconocerlo, por suerte nunca habia tenido que callar a nadie alli. Aunque si habia almorzado un par de veces alli, no era la gran cosa pero ese no era el punto de todo esto. Tome asiento y me quite el gorro, mi cabellera blanca algo mal cortada se enonctraba un poco aplastada por el gorro se vio revuelta por mis dedos.

- Explicate - dije cruzando los dedos y subiendo los codos sobre la mesa. Podia ver su ojo, la mirada de mi madre, y como si su fantasma todabia me persiguiera su imagen se superpuso a la del hombre, quemandose, llorando... aparte la mirada habia una ventana.

- ¿Entonces? ¿quien eras? y ¿que se supone que crees saber? - interrogue, queria respuestas, o las necesitaba, no lo sabia con serteca, era algo que me habia torturado toda mi vida, buscar algo y no saber que hacer cuando lo encontrara.

Mis calleron sobre la gruesa tabla de la mesa y repiquetearon, el niño, ¿tambien era albino? ¿acaso era su hijo?
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Re: Los cabos sueltos se atan con sangre

Mensaje por Kaien Cross el Jue Ene 03 2019, 16:50

- Hasta que me dé la gana seguir caminando… - dije solo por molestarlo, porque en realidad aunque esa única posibilidad en un millón existiera de que alguno de mis hermanos saliera con vida, había perdido la esperanza hace mucho tiempo, de lo contrario los habría encontrado, porque por lógica si alguno había sobrevivido porque se irían del lugar que era nuestro hogar?

Me había quedado en el oeste buscando un fragmento de pasado que aun viviera, me había quedado para vengarme de cada uno de los causantes hasta que no quedara ni uno solo de sus familias, pero nunca había visto a otro Cross en el Oeste, a pesar de que las aves volaban mostrándome cada rincón de la ciudad cada noche, cada día, esperando. No los encontraría en otro lugar del mundo… había dejado de buscar, si, hace mucho tiempo y aunque ahora fuera una gran corazonada, descarte la emoción repentina de escuchar el nombre de mi hermano mayor, me había convertido en lo que era hoy por el simple motivo de venganza, la única cosa que mamá odiaba. Ella sabía lo que éramos, para que entrenábamos, aun así los valores eran claros y ella procuraba enseñarnos a seguir un camino noble a pesar de que éramos asesinos, cada uno de… nosotros, porque aún seguía creyendo que había quedado con vida el peor de todos, el más pequeño y enfermizo.

Le di un toquecito a Bravery para señalándole la tienda donde habíamos parado antes – dile que necesito algo para quitar el color, déjale el cambio – le di dos monedas y luego le dije que lo vería en la cantina, como era de esperarse Brav no se tardó en ir por lo que le pedí, no necesitaba decirle que era urgente o que pasaba, si aquel que me seguía, por muy remoto que fuera, si era un Cross entonces no necesitaría decirle nada, solo debía observar bien, él sabría qué hacer con la información. El otro albino eligió donde sentarse pidiendo explicaciones, estaba impaciente, no era que me gustara molestar a la gente, pero bueno tal vez si un poco. A lo que negué con la cabeza esperando a Bravery, no pedí nada más allá de lo que solía pedir cuando venía, una bebida y algo para mi compañero, tampoco iba a invitar al desconocido, pero esta vez cambie la cerveza por una bebida muy peculiar que solía beber nuestro padre luego de cenar. Clave la mirada en la de él, de los varones solo Dainn y Darren tenía los ojos carmín de papá, albino, cuantos podían tener esa misma condición, que además conociera su nombre.

- Quizás… el único que sabe cómo termino todo, porque le dio fin – dije cuando Bravery entro con lo que le había pedido, note aún más su impaciencia cuando comenzó a repiquetear la mesa con los dedos – el miedo… la desesperación… no se comparó en nada al fuego… -  quería preguntarle si tenía quemaduras en su cuerpo, pero era impacientarme por el resultado. Tome el líquido que la anciana le había dado a mi compañero y lo eche en mis dedos para pasarlo por mi cabello, su color morado desapareció por donde mis dedos iban pasando, dejándolo completamente blanco antes de ponerme de pie bebiendo de un sorbo la bebida que había pedido para mi - y antes de que te impacientes me presentare - me incline - Kaien Cross, Capitán del buque de guerra del Oeste,  Juez de Garuda, de la armada real del rey... para ti haré que los muertos bailen - sonreí, como si como buen arlequín estuviese por dar una excelente actuación. Porque también era eso para Joshua, el personaje al que podía poner en cualquier lugar del juego para distraer - y él es mi increíble compañero de aventuras, mi contra maestre, proveniente de las tierras del norte, Bravery Baudelaire. - no era como si fuese muy propio de mi ocultarme ante un invitado como él, al contrario, me gustaba llamar la atención.

Arremangue las mangas del abrigo y descubriendo una pistola que desenfunde la deje sobre el piano, el músico que ya estaba más ebrio que otra cosa entendió enseguida levantándose, las cosas funcionaban así aquí, no se pedían, se arrebataban, se robaban o se exigían con amenazas.

Me senté acariciando las teclas la canción estaba en mi cabeza grabada, había tocado aquella canción una y otra vez como si esperara que en algún momento ella se sentara a mi lado guiada por las notas, asombrada por lo mucho que la había practicado, perfeccionado, era lo único que no estaba manchado de sangre en mí, era lo único lindo en toda mi historia, siempre había creído que mamá era la luz que iluminaba los días negros de nuestro padre luego del trabajo, era lo único que no se dejaba manchar, arrebatada a traición junto con todos los recuerdos, no había dejado ningún sentimiento perdurar en mi interior, todos habían sido consumidos por el fuego de la venganza, solo ella era la única que permanecía sin ser manchada. Toque aquella canción que tocaba una a su lado cuando tenía algún ataque o estaba enfermo mientras mis hermanos entrenaban, la habíamos tocado tantas veces… vendría hoy por fin o seguiría sin escucharla, aun después de tantos años?

No era una canción conocida, no la habíamos escrito, solo la improvisamos un día y a partir de entonces solo la tocábamos, era nuestra, si aquel hombre sentado en la mesa la reconocía entonces había encontrado una pequeña pieza que pensaba perdida, si al terminar solo seguía allí entonces era uno más del millón de probabilidades erróneas.

Pero si fueras esa única posibilidad, que haría? tal vez lo golpearía por haberse ido... si seria muy propio de mi en realidad actuar con rebeldía y sin preguntar antes.

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