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Water

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Re: Water

Mensaje por Damian el Lun Nov 19 2018, 12:22

—Mire amo Lucia —Espetó pequeña Larva señalando un camino de huellas que iba justo aquel espeso bosque—. Mire esas huellas enormes ¡es Kong! ha pasado por aquí ¡se ha encaminado al interior de la isla!
— ¡Bien! Ha debido ir a explorar… —Dijo Lucian colocándose en camino—. Sigamos sus huellas, no llevarán hasta el ¡vamos, monje! ¡En marcha! ¡Ya te secaras más tarde!

Al internase en la espesa selva no había nada que les imposibilitara el paso, aquel bosque de bambúes no poseía maleza en las partes bajas, sus tallos enormes y verdes se extendían a cientos de metros en la altura, tapando cada gota de luz que penetrara en él. Había una espesa grama a sus pies, que parecían almohadillas, que al tocar con los pies ofrecían confort y suavidad al andar en ella. Aquí y allá se veían siluetas inmensas de aspecto blanquecino que se extendían por todas partes, rocas inmensas y descomunales ajenas a la geografía del sector, como si alguien las hubiese puesto allí hace mucho tiempo o quizás caídas del cielo. Pues aquella isla era un inmenso volcán sin actividad alguna, que quizás con su fuerza vomito aquellos materiales.

— ¿Bambúes? —Pregunto el guerrero sin espada—. ¡Una selva de Bambúes gigantes! Nunca había visto algo así ¿En qué parte nos encontramos? Este lugar es realmente extraño… ¿Y notan el silencio? ¿Es que no hay animales aquí?

Había animales, gaviotas sobrevolaban la zona, pero ninguna de ellas irrumpía en el silencio del ulular del viento al transitar sobre los juncos y guaduales. Era como si la naturaleza hubiese hecho un pacto con aquel lugar con el fin de que no existiese ruido alguno.

—Tengo un mal presentimiento —Volvió a hablar Lucian—. ¿Y tú monje no sientes nada?
En ese justo instante Shin luchaba contra unas terribles ganas de estornudar. Había estado mucho tiempo húmedo y había pescado un resfriado.
—No… no siento nada… —Decía Shin pero el estornudo sobrevino, a los que Lucían se acercó con sigilo y tapó su boca haciéndole señales de que guardara silencio. Alguien se movía entre el follaje. Hasta que calló encima de una de las inmensas rocas que había en el camino. La silueta se irguió. Era Kong
— ¡Ah Kong eres tú! —Expresó el tuerto de Lucian asustado y lleno de alegría al ver a su amigo, pero su rostro cambio al asombro cuando vio en la roca aquel símbolo—. ¿Pero qué? Oh la marca de los… Volkons.

Una inmensa piedra esculpía en su bajo relieve la inscripción. Un rombo en medio del musgo húmedo, el cual Kong desprendió, montado en la cima del meteorito para que todos sus compañeros miraran.

—¡Sí! —Refirió el hombre de mascara roja y melena blanca—. La encontré bajo el liquen de esta piedra… estamos en el buen camino… seguramente esta isla les pertenece…

Entonces antes que el gigante siguiese hablando la hierba a lo lejos producía sonido como de pisadas, al instante perros se escuchaban ladrar. Las pisadas eran tan fuertes que producían vibraciones. Entonces dentro de la espesura se vislumbró la silueta de hombre de cabello largo y negro, gigantesco, completamente desnudo con una cara de miedo, en su frente dos cuernos rojos surgían hacia el cielo, sus orejas puntiagudas y su barba también tenía prolongaciones de hueso. Corría como si no hubiese un mañana.
Perros de caza venían detrás de él, negros y corpulentos. Pronto se vio acorralado por la jauría completa al llegar a la inmensa piedra con el rombo maligno de los Volkons. Para ese entonces, todos los recién llegados se habían escondido. El demonio estrujaba a los animales en sus manos, quitándoselos de encima como ratas, sin embargo la valentía de los perros era grande. El quejido de los animales al caer o al ser impactados por los puños del monstruo llenaba el lugar con un soberbio eco. Pero había docenas y docenas de perros.

Junto a los perros, hombres embozados con lanzas y tridentes trataban de atrapar al monstruo entre unas redes con pesas de plomo. Las redes se extendieron sobre la integridad del demonio quien ahora en un intento desesperado sucumbía a los canidos y a las redes. Su fuerza, no podía contra aquellas cuerdas, estaba lacerado por los mordiscos y en su quejido se escuchaba rugir y llorar. Pronto el lugar se llenó hombres con armaduras oscuras, con armas de diversos tipos, todos con aquel emblema a la espalda. Entre todos diezmaron al demonio y lo metieron en una jaula que reposaba encima de un inmenso toro lanudo de hasta inmensas, le amenazaban con lanzas y flechas.



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Re: Water

Mensaje por Damian el Lun Nov 19 2018, 12:23


—Estúpidos —Hablo un hombre con una katana a su espalda, con los ojos rasgados, calvo y pasado de los cuarenta años, en su cabeza poseía tatuajes un tanto extraños, como nubes y siluetas de vientos, poseía aquel emblema a la espalda en una armadura samurái—. Nuestro amo quería la caza intacta. ¡¿Por qué soltaron a los perros?!

De tras se acercó otro hombre enmascarado, quien montaba en un caballo color marrón, también estaba cubierto por una armadura samurái y armado por una lanza que cargaba a su espalda.

— ¡Basta! —Dijo el jinete—. Volvamos al castillo.

Aquel jinete miraba todo a su derredor, parecía sentir algo. Shin se tapaba la boca para no estornudar. A Lucian le bajaba una gota de sudor por la frente, allí donde yacían todos escondidos. Entonces Kong se preparó para salir al encuentro de aquellos hombres, pero la mano de Lucian lo detuvo.

— ¡No! —Dijo protestando entre susurros para su compañero—. Kong, son demasiados y no tengo espada. Por favor espera.

El gigantesco se calmó mientras los hombres se alejaban con el ogro en la jaula. Al momento, todos salieron debajo del musgo que la verde piedra gigantesca ofreció.

—Sigámoslo —dijo Lucian una vez todos se marcharon—. Has odio a su amo, van al castillo. Y procuremos ser discretos, guardemos la distancia, ya que Shin anda estornudando. Menos mal no se le ocurrió hacerlo cuando estábamos asediados. Seguiremos a la tropa… pero a distancia, para que no oigan a Shin estornudar.

—Atch… —Shin se tapaba la boca evitando hacer aquella acción.

Sin más subieron, las faldas de la montaña rastreando a aquellos soldados por el bosque de juncos, de bambúes y de alto y frondoso follaje. Siguieron la orilla de un rio para salir a una inmensa sabana de hierba alta. Kong, por suerte, era un excelente rastreador y nunca perdió el rastro del grupo de cazadores. Larva no dejaba de contemplar el paisaje. El paraje era soberbio pese a la ansiedad, no podía por menos que se admirara el pequeño en el rojo crepúsculo, que se reflejaba en riberas de aquella isla. Así que al final consiguieron a travesarla toda, para terminar desfilando por un temible risco por el que habían dispuesto un camino de madera pegado a la roca. Estaban de vuelta en el mar, pero del otro lado de la isla. Entonces pequeña larva tuvo la visión más alucinante que habían contemplado sus ojos.

Claro no estaba preparado para semejante espectáculo ¡Como lo estaban sus compañeros! Y justo al lado de la ladera de unos ricos pronunciados hacia el mar, el camino de madera llevaba a un inmenso peñasco de piedra que flotaba por encima de las aguas en cuya parte plana reposaba un colosal castillo. Techos en forma de triángulos encima de otros, paredes de piedra y madera con acabados orientales, diversos y peces y dragones de piedra en la cúspide de sus techos eran los guardias de la edificación.

El rojo del atardecer le otorgaba un color mucho más oscuro que el vino tinto del que estaban pintadas sus paredes. Ventanas múltiples talladas con la más elaborada arquitectura en cuyo interior ya se veían algunas luces encendidas. Gaviotas volaban al derredor de la fortificación en cuyos patios se veían crecer bambúes gigantescos y portón rojo, que daba la bienvenida al recién llegado. De tras, el sol, la esfera celeste se escondía en el horizonte e inmenso, mostrando la cara frontal de la edificación, oscura y sombría. Y debajo de la roca flotante un pequeño puerto provisto de un faro, en cuyo lugar reposaban diversas embarcaciones.



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Re: Water

Mensaje por Damian el Lun Nov 19 2018, 12:23

—No sé quien vive ahí… —dijo Lucian—. Pero estoy seguro de que nos aguardan unas cuantas sorpresas vamos a llamar a la puerta.

El vértigo que se apodero de Pequeña Larva, cuando vio aquel castillo suspendido en el aire, solo era comparable a la extrañeza de la búsqueda a la que le había precipitado irremediablemente el rapto de su prima-hermana pequeña carpa.

Todo en aquella estancia estaba iluminado, lámparas colgando de grandes vigas de los techos y otras muchas de débil luz, terminaban por repartir el color en aquel lugar. Había escaleras por todos lados, por donde iban y venían sirvientes con vino y alguno que otro pasa boca. La sala estaba compuesta de varias cabezas de animales alzadas como trofeos a lado y lado de las paredes. Entre ellas existían bueyes, jabalíes, hormigueros, tigres, toros entre otros.

En la parte final de la sala, no había trono, todo estaba hecho de madera, no cualquier madera, había una especie de escenario que en la parte superior colgaba imponente el símbolo rómbico de aquella familia, los Volkons. La sala estaba dividida en tres estancias, una central que era de gran envergadura y la más baja de todas, y las otras de lado y lado que poseían el mismo nivel de la tarima al final.

En cada estancia lateral estaban sirvientes y consortes bien vestidos, con sotanas largas de ocre y naranja y mujeres sentadas sobre sus rodillas colocando la mirada a quienes estaban en la estancia central. Un ejército de negros soldados con el símbolo de los Volkons en sus espaldas, con largas espadas a su cintura y mirando todos en formación perfecta, cada uno sentado sobre sus rodillas, eran doce para ser preciso y uno de ellos era calvo y estaba vestido con atavíos finos y jumbos de color naranja, con tatuajes en la cabeza y una estilizada barba que terminaba en una voraz punta de chivo.

Delante de ellos, los invasores, cuatro de ellos para ser exactos, pequeña larva, un monje regordete y calvo llamado Shin, y un gigante enmascarado con una cabellera inmensa y blanca llamado Kong, sentados en posición de loto. Menos el pequeño quien colocaba su rostro hasta el suelo. En frente de ellos tres, estaba Sir Lucian, con cara de pocos amigos mirando a quienes estaban sentados en el escenario inmerso en velones de cera blanca. Lucian vestía de negro también, con las mismas vestimentas de los soldados y su cabello estaba recogido en una hermosa coleta a la altura de cabeza, al igual que los demás también estaba sentado sobre sus rodillas.

En el escenario un gigantesco ser barbudo, moreno y de cejas pobladas, también con la cabeza rasurada, miraba a todos por igual desde uno penetrantes, oscuros y serpentino ojos amarillos. Dos delgadas líneas blancas descendían por su barba, desde su labio inferior, hasta el final de la misma. Este último estaba vestido de rojo, sus jumbos, pantalones parecidos a un kimono eran todos de aquel color irritante.

Ni que decir de su maquillada esposa, quien estaba a su lado, ocultado su rostro en un abanico de tejido fino abierto, de alguna especie de palma, en aquel objeto se veía una especie de luna con adornos florales. Ella ocultaba su rostro desde las fosas nasales hasta su mentón. Pequeña larva no dejaba de ver la belleza de la joven dama, quien estaba sentada al lado del señor del palacio disimuladamente. Estaba lejos del camino que lleva a la sabiduría y, en ese preciso instante, su alma era la vivía estampa de la tormenta más sombría y que se convertiría en el caballero dorado del Emperatriz Minerva del Este, Damian.

—Mi querida esposa Milena —Dijo el señor de piel morena, ojos amarillos, cejas pobladas y e cabeza rasurada—. ¿Tienes idea de cuánto hace que no recibimos invitados en nuestro castillo?
—La última visita se remonta a unos dos años aproximadamente —respondió la dama maquillada a su lado, embozando una sonrisa escondida en su abanico— querido.
—¡Dos años ya! ¡Está visto que este palacio se muere de aburrimiento —Exclamo el señor mientras entrecerraba los ojos bajo sus espesas cejas, sonriendo, dando paso a unos dientes extremadamente finos, blanco y bien cuidados—. Claro que vivimos recluidos, lejos de todo… corren rumores de que nuestro linaje se ha extinguido. ¡Valiente mascarada!



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Re: Water

Mensaje por Damian el Lun Nov 19 2018, 12:36

La dama se echaba apagaba su calor inexistente con el abanico dando paso a unos hermoso labios rojos.

—Mírenos bien señor Lucian —Dijo el señor nuevamente—. ¿Parecemos mi esposa y yo dos fantasmas? Mi señora Milenna, está a punto de ofrecerme el primer descendiente de nuestra familia, el clan tiene aún hermosos días por delante. Las tormentas son particularmente violentas en esta región olvidada por Poseidón. Es un milagro que sigan con vida… ¡Y nos congratulamos por ello! Agradezco a los dioses y espíritus del agua su indulgencia por ofrecernos el placer de pasar unas horas en nuestra compañía, señor Lucian. Mañana a primera hora pondré a su disposición uno de nuestros barcos y su tripulación. En pocos días alcanzaran la Atlántida y tocaran tierra firme.

A las afueras por las ventanas del palacio se escuchaban cientos de aves negras que chillaban, eran bastante grandes para ser otra cosa, pero lo que en realidad eran murciélagos gigantescos que salían de sus nidos para abrirse pasó en mitad de la noche y cazar.

—Hace poco consulte a los oráculos —dijo la señora de hermoso semblante y peinado adornado con una gigantesca piara que recogía su cabello en varias guedejas—. Están a favor, mañana, gozaran de un mar clemente señor Lucian.

El tuerto agacho la cabeza hasta tierra agradeciendo el gesto.

—Mis compañeros y yo estamos enteramente agradecidos mi señor Volkons, Alister. —Exclamo Lucian
—¿Y ese nuevo atuendo, obsequio de mi esposa le complace? ¿Sir?
—Sí, mi señor —Respondió Lucian a Lord Volkons heredero y señor del Clan de los Volkons—. Su seda es delicada y su corte perfecto. No siento tanta vergüenza al presentarme ante ustedes, nobles personas.
—¡Bobadas! —Interrumpió la dama—. Por muy refinado que sea sir Lucian, un exespectro en deshonor como usted, que no cumplió con los dictámenes de su dios cualquier prenda por muy fina que esta sea no alcanzara a cubrir la desnudez de su vergüenza. Mi marido no hubiera soportado la afrenta entregándolo de inmediato a las huestes del Oeste, aun cuando pierde su espada.
—Tienes razón Milenna, pero deja de confundir nuestra lealtad, somos más allegados al sur que al oeste, así que pasare por alto esta vez dicha regla. Son invitados no rehenes o prisioneros.
—Permíteme esposo, presentar a Sir Lucian ex—guardia de Lord Hades los integrantes de nuestra pequeña corte que son completamente devotos y leales.

La dama cerró el abanico de golpe y señalo para sacar dentro de la sombras a la dama que a algunos pies de distancia estaba a su lado, la mínima salió revelando su cuerpo pequeño y enano, debidamente maquillada con el mismo peinado de la dama Volkons.

—A mi izquierda —Dijo la dama fielmente refinada—. La dama Hung. Dama de compañía y confidente, perfecta gobernanta del castillo.

La pequeña mujer sonrió e hizo una reverencia ante los visitantes, pequeña larva arrugó el rostro.

«El rostro de es enana…» Pensó Pequeña Larva «¡Lo he visto en alguna parte! ¿A caso en el albergue? En cuanto se termine la reunión se lo diré a Lucian»

—A su lado Bakuk, diestro en el arte de los titiriteros —Señalo con su abanico a un hombre delgado con un bigote igual al de un pequeño bagre—.

«¡Extraña coincidencia! » Pensó el grandote enmascarado de Kong. «Tengo la impresión de que no me quita la vista de encima desde hace un rato»



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Re: Water

Mensaje por Damian el Lun Nov 19 2018, 12:51

Y era cierto, a Bakuk se le veía mirar a Kong con una extraña preocupación implícita, unos ojos bien abiertos en un iris saturado de blanco. Y por último la dama señalo al soldado de kimono naranja en la parte trasera, donde estaban los soldados quien alzaba su espada como si dijese aquí esto presente.

—Y detrás de ustedes —Exclamó la dama Volkons—. El temible espadachín duelista, maestro encargado de la intendencia de este lugar, así como de la enseñanza de su arte marcial a nuestros soldados. Attanak

Lucian miró hacia atrás para ver bien el rostro del susodicho, un hombre calvo, de ojos amarillentos, de cabeza rasurada y tatuada. Con la barba estilizada en una rompiente barba de chivo.

—Por otra parte—Dijo la dama Volkons—. Esposo, permíteme que me retire. Me siento fatigada. He estado sintiendo todo el día tu hijo, no le falta vigor.
—Por supuesto —Respondió Sir Alistar Volkons colocando la mano gigantesca de este sobre el regazo de su esposa embarazada—. Mi dulce tierna Milenna. Sir Lucian, estoy seguro de que el maestro Attanak se sentirá honrado de acompañarlo a sus aposentos. Supongo que comprende que sus tres compañeros, al ser de baja extracción, pasaran la noche en los anexos del castillo, un criado les acompañara. Mañana, en cuanto despunte el alba iré personalmente a desearos buen viaje.
—Estoy muy agradecido mi señor. Le deseo buena noche. —Despidió Lucian haciendo una reverencia al girar y pararse miró a Shin, el monje.

Aquel le guiño uno de sus ojos, y Lucian le respondió con el mismo gesto guiñando el ojo tuerto. El criado llevó a los compañeros de Lucian a las afueras del castillo, mientras Lucian caminaba hacia una habitación mucho mejor y amoblada, su camino era iluminado por el maestro Attanak.

Lo que más llamaba la atención en él era los tatuajes en su cabeza y su barba de chivo. Sin embargo los pasillos de aquella fortaleza eran sombríos y llenos de un estupor inconmensurable como si de cualquier esquina fuese a surgir una amenaza.

Mientras tanto a las afueras el monje observaba todo el paisaje, el castillo flotante, estaba rodeado por playas y un bosque de bambúes, mientras se dirigía junto con los otros a donde los llevaban, observó a lo lejos de la fortalez, entre las ramas de aquel bosque de galería, un pequeño templo lleno de óxido y hollín que se caía a pedazos pero no del todo, era de grafito y estaba ya casi derruido. Sin más arrugo el rostro y pensó. « ¿Como una familia de la nobleza de los Volkons, no rinde culto a Poseidón? Qué raro.»

En la sala principal los nobles aún no se habían retirado, esperando que todos se fueran a sus dormitorios, quedándose únicamente con los sirvientes.

—No deja de ser una singular coincidencia… —Dijo el noble Volkons—. ¿No te parece esposa? Mi dulce y querida.
—En efecto. Me temo que esta visita no es coincidencia ni producto del azar. Nuestro marionetista Bakuk, me ha susurrado discretamente algo respecto al hombre de la máscara. Dijo que se encontraba en el albergue de la ciénaga. Y al parecer quiso interponerse.
—Ya veo.

Mientras tanto en los pasillos del castillo Attanak se giró para alumbrar el rostro de Lucian.
—Maestro Lucian —Dijo Attanak—. Sé que es tarde y que mañana al alba volverán al mar con sus hombres, pero despertaron mi curiosidad… si no es osado de mi parte…
—Le escucho maestro Attanak. —Respondió Lucian.
—Rara vez tengo el privilegio de comparar mi arte con el sable con un adversario de valía. Usted me parece a la altura. Me siento tentado a retarle a un duelo con espadas de madera. ¿Aceptaría usted este humilde reto?



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