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Agua

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Re: Agua

Mensaje por Damian el Vie Sep 28 2018, 00:06

—Desde ese momento me obligó a entregarle jóvenes con regularidad —Contesto el viejo con algo de miedo—. Simples pescadores, campesinos, o incluso prostitutas muy niñas, cualquiera con tal de que fuera de humilde origen y quería que su raptos pasarán desapercibidos y acepté. Aquí en esta Isla la vida no vale casi nada y todos de algún modo somos serpientes buscando sobrevivir por encima de la vida de otros. Así pues lo vengo abasteciendo de carne fresca desde hace más de veinte años. Pues tuve que reclutar una banda de delincuentes y piratas poco escrupulosos para llevar a cabo esas misiones  y traer todo. Y este puerto no anda escaso de bandidos ni de mercenarios y los hay muy eficaces.
—No lo bastante a juzgar por su actuación de esta noche —Contestó Noburo.
—Y…  ¿qué es de sus desdichadas víctimas? ¿Qué hace con ellas? –Interrumpió Shin muy amablemente mientras tomaba otro trago de licor.
—Embarca a los que elige –Respondió el anfitrión—. Y se hace a la mar a toda vela, en cuanto a los otros les gusta ocuparse de ellos como ya lo saben. En cuanto se pierde en el horizonte me deshago de los restos que deja a su paso metiéndolos en tinajas de plomo que mandó arrojar al fondo del mar.
—¡¿Eran de plomo?! —Dijo Lucian sorprendido de la fuerza de Noburo.
—Es un monstruo –Dijo el niño apodado larva—. Oh pequeña carpa.
—Pequeña carpa debía ir en la tinaja que nos cruzamos antes –Dijo el enmascarado Noburo—. Ahora estoy seguro de haber notado su presencia.
—¿La adolecente que llevaba tatuado un pez en la espalda? —Dijo el anfitrión sorprendido—. ¡Sí! ¡sí! Esa está viva iba en la tinaja de la que os hablan. Se la han llevado era la que habían venido a buscar, la prometida.
¡¿Prometida?! —Interrumpió Lucian—.  ¡¿De quién?! ¡¿De ese ser?! ¡¿Por qué?!
—No lo sé lo juro— Contestó el viejo bajando la cabeza mientras sus lágrimas caían en el sake que sostenía—. Lo único que sé, es que desde hace tiempo buscaban una persona concreta. A una cierta joven que poseía un extraño poder llamado cosmos. Para asistirlo en esa tarea contrató a una mujerzuela venenosa, pequeña de estatura, fue ella quien identificó a la joven, puede que esa chica sea la que venían buscando desde hace tiempo. Se la llevaron con ellos.
—Lo ves Larva te lo decía— Noburo aseveró, se paró de donde esta y tomó al niño y lo montó a su espalda—. Pequeña Carpa sigue viva ten esperanza pequeño la encontraremos –Luego miró al anciano y le pregunto—. ¿Y de dónde viene esa marioneta de combate?
—El me impuso ese artefacto entre mis piratas –Respondió el anciano—. Para esa última misión pero no sé quién lo manipula.
—Una última cosa— Volvió a preguntar Noboru—. Esa marca, una marca particular en la tinaja con la que nos cruzamos ¿Qué significa ese símbolo?
—Se trata del emblema de los Volkons —Contesto el anciano—. Era una familia que reinaba en los archipiélagos de más al sur, hace muchos siglos se extinguieron, hace tiempo. Es una marca muy antigua.
Los Volkons —Interrumpió Lucian—. ¿Volkons dices? bien Dónde se encuentra el castillo de esa famosa familia.
—A una semana de navegación de aquí puedo proporcionarles un viejo mapa que les mostrará el camino esos archipiélagos es un verdadero laberinto.
—Bueno –Sentenció Lucian—. Dame ese mapa luego te concederé diez minutos para abandonar este Puerto y no vuelvas a cruzarte en Nuestro camino jamás. Mi espada podría sentirse menos asqueada de ti de lo que está hoy.


Última edición por Damian el Mar Oct 09 2018, 01:12, editado 1 vez


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Re: Agua

Mensaje por Damian el Vie Sep 28 2018, 00:07

Las damas y familias que vivían en la Isla celebraban en parte la destrucción de aquel lugar, ya que trabajaban allí sin sueldo o comida alguna. Eran esclavos de la familia Gulam y tenían que pagar con sus vidas si se negaban a servirle. Así que quizás con el tiempo la isla próspero y de alguna forma fue liberada de aquellos bandidos. Entre los pescadores y las armas que quedaron se armó un defensa civil contra bandidos y delincuentes.
En cuanto al viejo Gulam, se supo que le vieron marchar en una pequeña vela y entregó el mapa a las islas Volkons y tomo sus pertenencias y se marchó.  Mientras veían como el Loto Rojo se hundía entre cenizas, nuestros héroes escaparon a tiempo. Y así como los cazadores, compañeros de Larva, se dirigieron hacia las misteriosas tierras de los mares del sur. Pero el viejo Gulam había ocultado que una tormenta se avecinaba por aquellas regiones y que quizás con ella muy seguramente morirían Noburo, el monje Shin, Lucian y Larva. Así que Gulam se alejó con una sonrisa en sus labios y con el dolor en el corazón por haber perdido el legado de su familia, el prestigio de las Cien Serpientes.
Al alejarse en el mar, en el mejor de los barcos del puerto despedidos con el carisma de los lugareños, la ira y la azulada llanura de aguas se abría ante sus ojos sin poder divisar tierra alguna, solo el camino de las estrellas que le demarcarán las estrellas. Cuando al fin se encontraron libres y a la deriva, tenía muy poca idea de cuál era situación, pues en aquellas aguas desconocidas y quietas nunca habían navegado.  No se divisaba isla ni costa alguna en aquella mañana. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegaron sin rumbo bajo un sol abrasador racionando las provisiones, mientras Lucian entrenaba a Larva en el arte de la espada, Shin rezaba a los dioses para que le mostrara guía alguna y Noburo dormía casi todo el día. Cargaban con la esperanza de que pasara algún barco, o de que les arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no aparecían ni barcos ni tierra, y comenzaron a desesperar en su soledad, en medio de aquella ondulante e ininterrumpida inmensidad azulada.
El cambio ocurrió mientras dormían. Nunca llegaron a conocer los pormenores; porque sus sueños, aunque poblados de pesadillas, fueron ininterrumpidos.
— ¿Tierra? ¡Es tierra! —Grito el monje haciendo despertar a todos—. ¡Vamos! ¡Vamos!
Se encontraban medio succionados en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía alrededor del barco, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual se había adentrado.
Aunque cabe suponer que la primera reacción de los viajeros fuera de perplejidad, ante una transformación del paisaje tan prodigiosa e inesperada. Fue en realidad horror que asombro; pues había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra que ensombreció el corazón de todos. La zona estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable llanura.  Ante aquello Larva y Shin vomitaron de inmediato.
—Su Santidad —Dijo Lucian—. Podrías llamar de vuelta a las fuerzas a las cuales rezas. Creo que las necesitamos, no podemos perder tiempo en esta porquería.
—Ya lo intente maestro Lucian —Contestó el monje Shin algo mareado—. Pero no me escuchan.
En aquella inmensidad solo existía el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la absoluta quietud y la uniformidad del paisaje eran de un terror nauseabundo.


Última edición por Damian el Mar Oct 09 2018, 01:13, editado 1 vez


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Re: Agua

Mensaje por Damian el Vie Sep 28 2018, 00:08

El sol ardía en un cielo que parecía casi negro por la cruel ausencia de nubes; era como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenían bajo sus pies.
—¿Entonces qué hacemos? —Dijo Noburo—. El barco es muy pesado para cargarlo y hubiésemos preferido el viejo velero. Así iríamos a la costa de esta masa verde y ponernos de nuevo en marcha.
—En realidad nunca vi algo parecido grandulón —Dijo Lucian—. Me di cuenta de que sólo una posibilidad podía explicar  nuestra situación. Merced a una conmoción volcánica el fondo oceánico ha emergido a la superficie, sacando a la luz. Esta atrocidad.
—¿En el mapa no se habla nada de eso amo Lucian? —Dijo Larva
—No, en el mapa no existe nada de eso. Quizás hemos tomado un rumbo que no debíamos. Quizás el viejo nos engañó. Mejor prepara la cena.
—Amo Lucian —Dijo el Monje—. ¿Usted tiene hambre con este olor?
A las tres horas el suelo estaba bastante seco para andar por él con comodidad. El hedor a pescado era insoportable; Tomaron sus pertenencias y se dieron a caminar sin meta conocida. Se guiaban por una lejana colina que descollaba por encima de las demás elevaciones del ondulado desierto verde. Al llegar al pie de dicha elevación, que resultó ser mucho más alta de lo que me había parecido de lejos; tenía un valle delante que hacía más pronunciado el relieve respecto del resto de la superficie. A la luz de la luna comprendieron lo imprudente que había sido el viajar de día. Estaban con ampollas por toda la piel. Y las raciones de agua comenzaban a escasear.
Al otro lado, una inmensa sima o cañón, cuya oscura concavidad aún no iluminaba la luna. Pero al elevarse más la luna en el cielo, se empezó a observarse que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como habían imaginado. La roca formaba cornisas y salientes que proporcionaban apoyos relativamente cómodos para el descenso; y a partir de unos centenares de pies, el declive se hacía más gradual. Y en medio de aquello un objeto singular que había en la ladera opuesta, el cual se erguía enhiesto como a un centenar de yardas de donde estaban ellos; objeto que brilló con un resplandor blanquecino al recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. El extraño objeto era un monolito perfectamente tallado.
Confusos y asustados, aunque no sin cierta emoción. La luna, ahora casi en su cenit, asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos peldaños que rodeaban el abismo, y reveló un ancho curso de agua que discurría por el fondo formando meandros, perdiéndose en ambas direcciones, y casi lamiéndome los pies donde se habían detenido. Al otro lado del abismo, las pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito, en cuya superficie podía distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. La escritura pertenecía a un sistema de jeroglíficos desconocido, consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos esquematizados tales como peces, anguilas, pulpos, crustáceos, moluscos, ballenas y demás. Algunos de los caracteres representaban evidentemente a hombres con extrañas armas y armaduras.
Entonces, de repente, lo vieron. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidable y pesadillesco, y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados para enloquecer a los allí congregantes.
Su huida fue frenética, no podían contra aquello, era demasiado gigante, así que corrieron de nuevo al barco.  Entonces no tardaron lo vientos en crear una terrible tormenta y comenzar a inundar todo a su paso. Era la ira de una tormenta que parecía no tener fin que colocó al barco nuevamente en la superficie del agua. Al cabo de tres días de viaje y de intensa tormenta empezaron a escasear el agua y los víveres.
Al que no se sabe a qué puerto se dirige ningún viento le es favorable es sin duda lo que hubiera dicho Shin de no haber estado invocando desesperadamente a algún espíritu marino que lo guiara. Pronto del mar surgían grandes extensiones de rocas que amenazaban con requebrar el barco con cada oleada.
—Sigue monje —Decía Lucian—. Hay que calmar su cólera antes de que la tormenta acabe con nosotros.
Pero el mar embravecido rompió el encanto del barco, una saliente lo partió en dos y todos naufragaron.


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Re: Agua

Mensaje por Damian el Jue Oct 11 2018, 23:08

Entonces la ola subió a los cielos y escondió la embarcación dentro de sus fauces. En aquel momento, el tuerto buscaba aferrarse dentro del agua salada, a una espada perdida que se hundía en las profundidades del océano. Quiso agarrarla, pero esta había descendido como piedra pesada, perdiéndose para siempre. Larva sin embargo también se hundía en el remolino de agua de aquella ola, lo jalaba hacia el seno de las profundidades, hasta que vio la sombra de alguien que lo perseguía en el vórtice de líquido, un demonio. Le pareció verle la cara roja, una melena blanca, y unas manos escamosas tan grandes, provista de garras. Sintió más terror por aquello, que por el naufragio, un hilillo de espuma le salió por la boca al estar tan sorprendido.
Aquellas manos lo tomaron por los harapos que tenía por vestido y lo llevaron de vuelta a la superficie. Al abrir una vez más sus ojos, el gigantesco Noburo le había salvado la vida. Cada uno de los tripulantes de aquella galera se sostenía de un trozo de madero. Shin, Lucian y Noburo junto con el pequeño Larva vagaban sin rumbo fijo a la merced del huracan.
Uno a uno los truenos y centellas surcaban los cielos y las olas los elevaban a cúspides de montañas y lomas azules de espuma y agua que se erguían sin control en aquella tormenta.
— ¡Allí! —Grito Lucian, al ver un pico elevado y negro, las olas se movían pero este no lo hacía—. ¡Es una isla! ¡Traten de nadar hacia ella!
Para cuando el sol tocó la lozana playa de arena blanca, yacían todos en ellas. El pequeño Larva vomitaba litros de agua salada, Lucian se encontraba boca arriba cubierto en parte por arenas, cubierto en parte por las olas y el monje celebraba el estar vivo saltando y brincando. Una gaviota pasaba por encima de los náufragos, mientras maderos de la vieja embarcación que le había servido tan bien a Lucian ahora era añicos entre las olas de aquella playa.
— ¡Por las campanas gigantes de los templos de Grecia! —Decía a gritos el monje gordete y calvo, mientras esculcaba en su mochila—. ¡Es un milagro! ¡Es un milagro! ¡Mis manuscritos sagrados! ¡Intactos! ¡Apenas mojados! ¡Los dioses están conmigo!
— ¡Tienes suerte! —Se levantaba Lucian histérico del suelo mientras miraba a todos lados estudiando la playa en la que habían naufragado—. ¡Yo he perdido mi hermosa espada! ¡La he visto hundirse!
Un pequeño cangrejo paso por su costado tratando de herirle en uno de sus dedos sin poder conseguirlo.
—Yo perdí mi estómago —Decía pequeña Larva al sentirse tan mareado después de haber vomitado muchas veces.
— ¡Bah! … —Respondió Shin—. Sigues con vida cazador ¡Tsu! Y, además, no creo que seas uno de esos guerreros que estúpidamente pone su honor en un simple pedazo de metal ¿Verdad?
—Maldito viejo borracho y empapado –refunfuño Lucian entre dientes—. Deja en paz el honor de un noble guerrero. Y dime si has visto al grandote
Ambos se limpiaron la arena preocupados por el hombre de la máscara, miraron a lo largo de aquella playa buscando a su compañero, hasta que el pequeño pescador encontró unas huellas en un bosque de bambúes gigantescos.
—Mire amo Lucia —Espetó pequeña Larva señalando un camino de huellas que iba justo aquel espeso bosque—. Mire esas huellas enormes ¡es Noburo! ha pasado por aquí ¡se ha encaminado al interior de la isla!
— ¡Bien! Ha debido ir a explorar… —Dijo Lucian colocándose en camino—. Sigamos sus huellas, no llevarán hasta el ¡vamos, monje! ¡En marcha! ¡Ya te secaras más tarde!
Al internase en la espesa selva no había nada que les imposibilitara el paso, aquel bosque de bambúes no poseía maleza en las partes bajas, sus tallos enormes y verdes se extendían a cientos de metros en la altura, tapando cada gota de luz que penetrara en él. Había una espesa grama a sus pies, que parecían almohadillas, que al tocar con los pies ofrecían confort y suavidad al andar en ella. Aquí y allá se veían siluetas inmensas de aspecto blanquecino que se extendían por todas partes, rocas inmensas y descomunales ajenas a la geografía del sector, como si alguien las hubiese puesto allí hace mucho tiempo o quizás caídas del cielo. Pues aquella isla era un inmenso volcán sin actividad alguna, que quizás con su fuerza vomito aquellos materiales.
— ¿Bambúes? —Pregunto el guerrero sin espada—. ¡Una selva de Bambúes gigantes! Nunca había visto algo así ¿En qué parte nos encontramos? Este lugar es realmente extraño… ¿Y notan el silencio? ¿Es que no hay animales aquí?
Había animales, gaviotas sobrevolaban la zona, pero ninguna de ellas irrumpía en el silencio del ulular del viento al transitar sobre los juncos y guaduales. Era como si la naturaleza hubiese hecho un pacto con aquel lugar con el fin de que no existiese ruido alguno.
—Tengo un mal presentimiento —Volvió a hablar Lucian—. ¿Y tú monje no sientes nada?
En ese justo instante Shin luchaba contra unas terribles ganas de estornudar. Había estado mucho tiempo húmedo y había pescado un resfriado.
—No… no siento nada… —Decía Shin pero el estornudo sobrevino, a los que Lucían se acercó con sigilo y tapó su boca haciéndole señales de que guardara silencio. Alguien se movía entre el follaje. Hasta que calló encima de una de las inmensas rocas que había en el camino. La silueta se irguió. Era Noburo
— ¡Ah Noburo eres tú! —Expresó el tuerto de Lucian asustado y lleno de alegría al ver a su amigo, pero su rostro cambio al asombro cuando vio en la roca aquel símbolo—. ¿Pero qué? Oh la marca de los… Volkons.


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Re: Agua

Mensaje por Damian el Jue Oct 11 2018, 23:09

Una inmensa piedra esculpía en su bajo relieve la inscripción. Un rombo en medio del musgo húmedo, el cual Noburo desprendió, montado en la cima del meteorito para que todos sus compañeros miraran.
—¡Sí! —Refirió el hombre de mascara roja y melena blanca—. La encontré bajo el liquen de esta piedra… estamos en el buen camino… seguramente esta isla les pertenece…
Entonces antes que el gigante siguiese hablando la hierba a lo lejos producía sonido como de pisadas, al instante perros se escuchaban ladrar. Las pisadas eran tan fuertes que producían vibraciones. Entonces dentro de la espesura se vislumbró la silueta de hombre de cabello largo y negro, gigantesco, completamente desnudo con una cara de miedo, en su frente dos cuernos rojos surgían hacia el cielo, sus orejas puntiagudas y su barba también tenía prolongaciones de hueso. Corría como si no hubiese un mañana.
Perros de caza venían detrás de él, negros y corpulentos. Pronto se vio acorralado por la jauría completa al llegar a la inmensa piedra con el rombo maligno de los Volkons. Para ese entonces, todos los recién llegados se habían escondido. El demonio estrujaba a los animales en sus manos, quitándoselos de encima como ratas, sin embargo la valentía de los perros era grande. El quejido de los animales al caer o al ser impactados por los puños del monstruo llenaba el lugar con un soberbio eco. Pero había docenas y docenas de perros.
Junto a los perros, hombres embozados con lanzas y tridentes trataban de atrapar al monstruo entre unas redes con pesas de plomo. Las redes se extendieron sobre la integridad del demonio quien ahora en un intento desesperado sucumbía a los canidos y a las redes. Su fuerza, no podía contra aquellas cuerdas, estaba lacerado por los mordiscos y en su quejido se escuchaba rugir y llorar. Pronto el lugar se llenó hombres con armaduras oscuras, con armas de diversos tipos, todos con aquel emblema a la espalda. Entre todos diezmaron al demonio y lo metieron en una jaula que reposaba encima de un inmenso toro lanudo de hasta inmensas, le amenazaban con lanzas y flechas.
—Estúpidos —Hablo un hombre con una katana a su espalda, con los ojos rasgados, calvo y pasado de los cuarenta años, en su cabeza poseía tatuajes un tanto extraños, como nubes y siluetas de vientos, poseía aquel emblema a la espalda en una armadura samurái—. Nuestro amo quería la caza intacta. ¡¿Por qué soltaron a los perros?!
De tras se acercó otro hombre enmascarado, quien montaba en un caballo color marrón, también estaba cubierto por una armadura samurái y armado por una lanza que cargaba a su espalda.
— ¡Basta! —Dijo el jinete—. Volvamos al castillo.
Aquel jinete miraba todo a su derredor, parecía sentir algo. Shin se tapaba la boca para no estornudar. A Lucian le bajaba una gota de sudor por la frente, allí donde yacían todos escondidos. Entonces Noburo se preparó para salir al encuentro de aquellos hombres, pero la mano de Lucian lo detuvo.
— ¡No! —Dijo protestando entre susurros para su compañero—. Noburo, son demasiados y no tengo espada. Por favor espera.
El gigantesco se calmó mientras los hombres se alejaban con el ogro en la jaula. Al momento, todos salieron debajo del musgo que la verde piedra gigantesca ofreció.
—Sigámoslo —dijo Lucian una vez todos se marcharon—. Has odio a su amo, van al castillo. Y procuremos ser discretos, guardemos la distancia, ya que Shin anda estornudando. Menos mal no se le ocurrió hacerlo cuando estábamos asediados. Seguiremos a la tropa… pero a distancia, para que no oigan a Shin estornudar.
—Atch… —Shin se tapaba la boca evitando hacer aquella acción.
Sin más subieron, las faldas de la montaña rastreando a aquellos soldados por el bosque de juncos, de bambúes y de alto y frondoso follaje. Siguieron la orilla de un rio para salir a una inmensa sabana de hierba alta. Noburo, por suerte, era un excelente rastreador y nunca perdió el rastro del grupo de cazadores. Larva no dejaba de contemplar el paisaje. El paraje era soberbio pese a la ansiedad, no podía por menos que se admirara el pequeño en el rojo crepúsculo, que se reflejaba en riberas de aquella isla. Así que al final consiguieron a travesarla toda, para terminar desfilando por un temible risco por el que habían dispuesto un camino de madera pegado a la roca. Estaban de vuelta en el mar, pero del otro lado de la isla. Entonces pequeña larva tuvo la visión más alucinante que habían contemplado sus ojos.
Claro no estaba preparado para semejante espectáculo ¡Como lo estaban sus compañeros! Y justo al lado de la ladera de unos ricos pronunciados hacia el mar, el camino de madera llevaba a un inmenso peñasco de piedra que flotaba por encima de las aguas en cuya parte plana reposaba un colosal castillo. Techos en forma de triángulos encima de otros, paredes de piedra y madera con acabados orientales, diversos y peces y dragones de piedra en la cúspide de sus techos eran los guardias de la edificación. El rojo del atardecer le otorgaba un color mucho más oscuro que el vino tinto del que estaban pintadas sus paredes. Ventanas múltiples talladas con la más elaborada arquitectura en cuyo interior ya se veían algunas luces encendidas.
Gaviotas volaban al derredor de la fortificación en cuyos patios se veían crecer bambúes gigantescos y portón rojo, que daba la bienvenida al recién llegado. De tras, el sol, la esfera celeste se escondía en el horizonte e inmenso, mostrando la cara frontal de la edificación, oscura y sombría. Y debajo de la roca flotante un pequeño puerto provisto de un faro, en cuyo lugar reposaban diversas embarcaciones.
—No sé quien vive ahí… —dijo Lucian—. Pero estoy seguro de que nos aguardan unas cuantas sorpresas vamos a llamar a la puerta.
El vértigo que se apodero de Pequeña Larva, cuando vio aquel castillo suspendido en el aire, solo era comparable a la extrañeza de la búsqueda a la que le había precipitado irremediablemente el rapto de su prima-hermana pequeña carpa.



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