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Water

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Water

Mensaje por Damian el Dom Sep 09 2018, 22:21

Dentro de las bellas mujeres del oeste, ella era la más hermosa de todas. A su espalda un tatuaje que se ocultaba bajo una inmensa melena negra, densamente brillante, la cual se recogía con algunos palillos rojos de marfil. Aquel tatuaje era una bella carpa de colores violáceos y escamas doradas, seguida por plantas y flores acuáticas que comenzaban en su espalda y descendían allí a donde la columna vertebral moría en dos hermosos hoyuelos que significaban la perdición de sus clientes. Ella era pequeña, delgada, de glúteos perfectamente y esféricos, de senos pequeños y de tez morena como la canela. Una exótica princesa sin castillo o familia alguna que la representara. El hombre a su lado se despertó en su entrepierna llena en el jugo de la intimidad de la joven y colmado de sudor en un cuerpo portentoso y musculoso.

El hombre se levantó para mirar por la ventana de aquella habitación de acabados asiáticos y de ventanas y puertas corredizas. Mientras la dama intento levantarse cubriéndose entre sabanas preocupada por lo que le aquejaba a aquel guerrero. El hombre camino hasta el balcón. Desde allí se podía ver las gaviotas a lo lejos y un hermoso árbol de mangle que otorgaba a la vista de aquella ciénaga un atractivo singular. A lo lejos los colores del crepúsculo mostraban el naranja y el cobrizo de las nubes arrullando a los soles en su descenso para recibir la noche.

—Es inútil pequeña carpa… —Dijo aquel hombre en un tono de voz grueso y gutural—. ¡Vístete! No estoy de humor para otra faena…
Aquel hombre se vistió y se colocó una máscara rojiza, adornada de cuernos que asemejaban a un demonio y una peluca blanca hechas de fibra de paja decoloradas, posteriormente se atavió de sus vestiduras. Una armadura que asemejaba a las partes de un extraño samurái. El crepúsculo otorgaba a aquella mascara a modo de bozal un intimidante color fuego. La piel morena de sus mejillas y sus cejas pobladas se dejaba ver por encima de la máscara que tenía una especie de colmillos hacia afuera. Sin más se quedó perplejo en el paisaje de gaviotas devorando a los alevinos en la ciénaga.
—¿Es el color del crepúsculo lo que te vuelve tan pensativo, Maestro Noburo?

Aquella casa era una especie de tambo, una casa balsa fijada al fondo de la ciénaga salobre, con inmensas cadenas y anclas de un material ollado ya por el salitre. Pequeñas embarcaciones estaban amarradas alrededor del edificio de madera de dos pisos, lleno de varios cuartos y de bajo de estos una taberna custodiada por hombres por todos los flancos. Guardias al servicio de aquel burdel. A lo lejos inmensas montañas se levantaban solas en medio de las aguas quietas y lenticas reflejando las nubes rojizas en el espejo hídrico.

Bancos de arena sobresalían alrededor de la casa donde aquel mangle crecía al lado del balcón donde estaba Pequeña Carpa con Noboru. Semidesnuda se cubría aun con sus ropas mientras abrazaba la espalda del maestro, ambos miraban el crepúsculo.
—No, acércate joven hermosa… tengo algo que decirte
—Si lo escucho maestro Noburo.
—Pero antes sabrás decirme quien es el monito que se encarama por las ramas del mangle. Lleva observándome hace mucho.
Un pequeño niño de escasos siete años, de tez clara, rasgos fileños, cabello casi rapado y violáceo, ojos verdemar y vestido de harapos, a pies descalzos que tenía un extraño sombrero ancho, miraba a la pareja.
—Es uno de los gemelos de los que te hable, son hijos de mis parientes del oeste —Dijo la mujer—. Vienen de los desplazados que dejo la erupción del volcán, sus padres murieron y el junto con su hermana servían aquí hace algunas lunas. Son mis únicos familiares. Sin embargo ella encontró trabajo en los puertos del Este y él trabaja con los hombres que sirven en el burdel y en la pesca. Creo que está enamorado de mí. Perdónalo. Incluso juro protegerme y juro matar a todos mis pretendientes.

Debajo de aquel árbol de mangle, montado entre las grandes raíces se encontraba un hombre calvo. Vestido de sotanas amarillas y naranjas en su frente poseía dos puntos propios de la raza de los lemurianos y con un palo trataba de bajar al niño montado, picándole con aquel bastón la planta de los pies. Aquel monje poseía un inmenso collar de cuentas de madera, y bebía sorbos de un pequeño odre de barro con algún misterioso licor artesanal, poseía las mejillas rojizas  propias de alguien ebrio, era gordo y bajo de estatura. Lo más llamativo de aquel lemuriano era su prominente dentadura.

—Dudo que este establecimiento de perdición… ¡hip! –Dijo el monje con un terrible hipo mientras seguía hurgando al niño para bajarle—. …Sea el lugar ideal para un chico de tu edad… y para el viejo monje que te habla… ¡hip! ¡Deprisa baja de esa rama! Tsu…
Refunfuñando el pequeño niño de ojos verdemar bajo de aquel árbol, al pie de este estaba el monje, el cual rápidamente tomó la posición de la flor del loto, mientras el niño terminaba de descender de árbol.
—Más te vale meditar Larva de Sancudo –Le decía el monje al niño más por cariño que por ofender pues este era bastante pequeño para su edad—. Recita algunas mantras, pues estas tienen la característica de suprimir las emociones, calmar los ánimos y centrar el alma. ¡Tsu! ¡Hip!
— ¿Ah sí? —Dijo el niño apodado Larva reclamándole al monje—. ¿Y el sake es también para rezar?
—Eso sirve… ¡hip! a veces —Contestó el monje.
Mientras tanto en aquel balcón Noburo miraba al monje enseñarle al niño. Pequeña Carpa acariciaba la melena blanca del enmascarado.
—Pequeña Carpa –Dijo Noburo—. Tu vientre ya es fértil, y estas en cinta hacen algunas semanas y pronto a tu escasa edad darás a luz dentro de poco ocho meses.
— ¿Cómo es posible? –Respondió la dama—. Una comadrona viene a visitarnos todos los meses, ya me lo hubiese dicho.
—Solo lose, eso es todo, hay poderes que simplemente se te escapan de las manos.
—Me parece muy misterioso… Incluso usted es muy misterioso –Pequeña Carpa agacho la mirada en aquel balcón mientras se alejaba de Noburo para vestirse mejor—. Creo que esperas a alguien ¿No es cierto?
—Espero al maestro, pronto estará aquí
.


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Re: Water

Mensaje por Damian el Dom Sep 09 2018, 22:22

Mientras tanto en otra parte de aquella misma región, de ciénagas salobres, bancos de arena, rodeadas de montañas solitarias en medio del agua y desde el techo de la habitación de un inmenso barco de madera, tendía boca abajo el cuerpo sin cabeza de una criatura. Sus brazos eran tan largos y flacos que tenían que ser amarrados a las paredes laterales de la sala y en donde tenía que existir piernas había un enorme cuerpo de serpiente marina, que terminaba en una extraña aleta caudal, con prolongaciones a lado y lado a modo de cuchillas, prolongaciones de queratina que cortarían cualquier miembro humano cuando tenía vida.

Había membranas natatorias entre las axilas del animal, entre los dedos de la mano que terminaban en unas inmensas garras a modo de espadas. Su dorso era fuerte aunque esquelético y su abdomen hundido y deforme. La cabeza del mismo, tenía la apariencia de un humano, nariz bastante prominente y de pómulos flacos. Reposaba en un trozo de madera, poseía cuernos, y una inmensa cabellera negra. Sus ojos estaban blancos y de ellos brotaba un líquido amarillento. No tenía labios y su boca estaba adornada de una hilera de dientes conspicuos a modo de sierra. La comisura de su boca había sido lacerada por un arma cortopunzante.

A su lado un hombre delgado estaba sentado en el suelo en alfombras amobladas con almohadas de diversos colores, bebía un caldo de carne de un pequeño plato rojo que sostenía con su mano derecha, tenía el cabello negro, liso, lustroso y largo, se recogía en una coleta arriba de su cabeza. Su mirada era sencilla y casi apagada. El color de su único ojo sano era marrón, ya que el otro estaba fuertemente marcado por una cicatriz que descendía de su frente hasta su mejilla izquierda, comprometiendo la visión de su ojo izquierdo, era tuerto. Sin embargo extraña mente lo movía al compás del otro, algunos decían que aun miraba por él. Si no fuera por aquello seria uno de los rostros más bellos vistos en un hombre, cejas pobladas, nariz fileña, tez clara y mentón prominente.

Sus parpados miraban de manera apagada, casi desconfiando de todo y analizando cada cosa. Su ropa era una gabardina verde oscuro con un símbolo de un cuervo en la parte de atrás. Por dentro de esta se ataviaba de un kimono negro brillante carente de falda con pantalones del mismo color que hacían parte del atuendo. Poseía botas amarradas en el tobillo y que terminaban en una punta hacia arriba a modo de duende. Pero lo más extraño en él eran sus orejas, eran casi puntiagudas, no tan largas como la de los elfos. Sin embargo decía que era humano.

A su espalda un gran espada katana de filo doble, en una vaina de hermosos adornos entre el dorado y el negro.

—Así que este es el demonio que me importunaba —Dijo un hombre con atuendos dorados, mientras hablaba humo salía de boca, ya que estaba fumando de una pipa, estaba maquillado, tenía la barba cerrada y prominente, de apariencia rechoncha y con un gorro de señor feudal. Estaba sentado al otro lado del salón en una especie de altar a modo de trono, rodeado de almohadones grandes y de diversos colores. Sus manos y rostro poseían varios tatuajes de extraño aspecto que asemejaban a unas runas. Sin duda había guardias por todos lados, armados con armas exóticas y sin armadura alguna.

—Es él —Dijo el hombre delgado—. No hay duda…

Al lado del hombre rechoncho había mujeres hermosas que tocaban gratas tonalidades de citaras e instrumentos diversos de cuerdas, aquella habitación parecía un almacén de alimentos, de barriles y otros enceres de orfebrería, acomodados con el fin de recibir aquella visita y de lugar de descanso de aquel señor. Pues había velas y luminarias, faroles de diversos colores puestos debidamente para espantar la oscuridad en aquella sala.

—Tu eficiencia te honra —Dijo el hombre rechoncho mientras exhalaba una bocanada de humo al aire—. Maestro Lucian, haces honor a tu reputación legendaria, este monstruo es realmente impresionante… ¿Cómo lo mataste?
—Es bastante sencillo —Respondió el hombre de melena negra mientras depositaba el plato rojo en el suelo—. Mi señor Arloth, cuando esta criatura me vio ¡Perdió la cabeza!

El señor Arloth rio a carcajadas mostrando una dentadura carente de algunos dientes y amarillenta, casi ahogándose en el humo de sus pulmones. Realizando un ademan una de sus mujeres salió de inmediato de uno de los rincones de la habitación con una bandeja y se arrodillo delante de Lucian con la cabeza baja ofreciendo la bandeja.

—Aquí tienes —Dijo Arloth—. La contrapartida de nuestro acuerdo, que es merecido sobradamente.
En aquella bandeja había un pequeño cofre de madera, no se sabía que había en el a ciencia cierta, solo el señor y su contratista.
—Estoy muy agradecido mi señor —Contestó Lucian
—Yo también es su justo valor, espero no volver a necesitar de tus servicios
—Deseo lo mismo Lord Arloth, pero todos tenemos a veces algún demonio que matar
—El mío ya ha muerto —Contestó aquel señor de manera altiva—. He puesto a tu disposición un velero que te llevará hasta el albergue de Capad donde te esperan tus amigos, que los dioses te acompañen.


Última edición por Damian el Dom Nov 11 2018, 18:36, editado 2 veces


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Re: Water

Mensaje por Damian el Dom Sep 09 2018, 22:24

Todos dormían en aquella hora, en cada camarote de aquel albergue había una pareja, los guardias dormían en los pasillos y en el almacén un monje borracho pernoctaba al lado de muchos frascos de licor. Mientras que el niño que lo acompañaba apodado larva de zancudo descansaba entre pieles y sabanas. No había luces en toda la instancia solo se escuchaba el ruido del agua en su quietud debajo de la casa. En el puerto, bajo de un despejado cielo de muchas estrellas dos hombres jugaban a los dados, estaban ataviados de espadas a sus espaldas cada uno y reían a carcajadas esperando el pronto amanecer.

—Está visto que esta noche los dados son caprichosos pues los dioses me han abandonado —Dijo el más delgado de ellos.
—Juegas como un dragón tuerto —Dijo uno de ellos mientras reía en una embozada carcajada—. Dasaev, esta noche te voy a arruinar y…
—Shhht —De un momento a otro Dasaev colocó su mano en la boca de su compañero de juegos mandándolo a callar entre señas de silencio. Acto seguido desenvaino su espada y tomo una lámpara de gas para alumbrar a la penumbra de la ciénaga salobre, aguzando su mirada— ¿! Quien va!?
— ¡Nadie! —Dijo su compañero de juego decepcionado por lo tramposo que era Dasaev, al querer bromear con algo así—. ¡No intentes dejar ahora el juego!
—¡Disparen!—Y desde la penumbra una voz portentosa grito.

Cinco flechas impactaron en el pecho de Dasaev y su compañero matándolos instantáneamente, mientras dejaba caer la lámpara a sus pies que comenzó a quemarlos.

— ¿Pero qué…? —Dijo Pequeña Carpa que dormía en el segundo piso del albergue al lado de Noburo, el hombre se despertó al instante y se colocó la máscara de demonio rojo que traía para luego vestirse y armarse pidiéndole a su compañera que se escondiera entre señas.

En el puerto, pronto de dos grandes barcos que arribaban al albergue flotante comenzaron a desembarcar decenas de hombres fuertemente armados con antorchas en sus manos para invadir el sitio, matando a todo aquel que se les atravesara en el camino, menos a las prostitutas que las capturaban y las amordazaban.

Cada guardia se enfrentaba a cinco de ellos, muriendo al instante y los amantes de las damas de compañía morían en sus lechos bajo la espada y la daga de manera silenciosa o al despertar. Los asesinos eran hombres ocultos entre máscaras, armados de tridentes, espadas de diverso filo, curvadas y pequeñas. Todos expertos en el sigilo y la cautela.

Para aquel entonces un hombre de corpulencia fuerte y de extraña mascara endemoniada con una lanza miraba todo desde el techo. Como aquellos maleantes amordazaban a las jóvenes y prostitutas y las obligaban a subir a sus barcos, jalándolas por el cabello, golpeándolas y estrujándoles sus brazos.

Mientras tanto en el almacén el monje borracho ordenaba al niño que guardase silencio mientras entre las tablas de la pared veían aquel grotesco espectáculo.
—Es inútil que te resistas —Le gritaba el capitán a una de ellas, un hombre con un extraño sombrero de paja y cubierto su rostro con pañuelos rojos, lamentablemente era Pequeña Carpa—. ¡Vamos! ¡Sube! Y pórtate bien… ¡Sería una lástima tener que estropear a una puta tan bonita!

El niño desde su escondite al ver a su amada quiso gritar el nombre de la joven pero el monje le tapó la boca con la mano pidiéndole que hiciera silencio.

—Imbécil —Dijo el monje entre susurros—. Van a descubrirnos, cállate si quieres seguir vivo.

En aquel momento Noburo se lanzaba desde el techo contra aquellos hombres atravesando con su lanza a uno de ellos, luego sacando el arma con las tripas frescas de su rival, para cortar la cabeza de otro con la misma.

—¡Gusanos insignificantes! —Dijo Noburo entre gritos—. ¿Qué hacen aquí estos piratas? ¿Qué pueden estar buscando? Hum…. Sea como sea se las verán conmigo.

Todos aquellos hombres se abalanzaron contra él para morir bajo su técnica letal, nada podía hacerle frente a aquel demonio de mascara roja y melena blanca. Las flechas eran esquivadas, Noburo se movía con velocidad aterradora, empalando a cada pirata en su mortal danza de la lanza. Un remolino de viento que cortaba todo a su paso, cabezas, pies, manos, personas en dos. Los piratas retrocedieron pero una sombra arropó a Noburo desde atrás. Los hombres enfrente del maestro Noburo se reían mientras huían de él.

— ¿De qué se ríen malditos? —Dijo Noboru mirando hacia atrás descubrió algo aterrador—. Me cuesta creer que yo sea tan divertido cuando los estoy matando.

Un monstruo de madera de gran corpulencia bajo una armadura metálica. Un golen que se movía por sí solo armado con una gran masa a dos manos.
— ¿Una marioneta de combate? ¿Aquí? Pero…

Al instante la masa de la marioneta golpeaba el pecho del guerrero de la lanza. El dolor fue como la patada de un elefante en el pecho. El guerrero se estrelló contra las barcazas arribadas en el puerto ya cubiertas de fuego para quedar inconsciente.

—No perdamos más tiempo suban a las putas y quemen este maldito lugar, abran las velas y suelten los amarres —Gritó el capitán a todos mientras el golen se montaba en el barco.

Todo era devorado por las llamas, aquello parecía una inmensa flor roja en medio de la ciénaga, pero de las llamas una sombra se levantaba con una lanza. Los arqueros le disparaban mientras Noburo corría al puerto de donde zarparon y se lanzaba al aire entre las saetas para llegar a uno de los barcos.
— ¡Es un demonio! ¡Disparen!

Decenas de saetas le llenaron el cuerpo cayendo de lleno al agua. El hombre descendía al fondo del agua entre el dolor que recorría su cuerpo, mientras veía como los barcos se alejaban de la superficie y sin poder rescatar a Pequeña Carpa.



Última edición por Damian el Dom Nov 11 2018, 18:48, editado 2 veces


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Re: Water

Mensaje por Damian el Dom Sep 09 2018, 22:26

La luz de un nuevo día sobrecogía a la ciénaga salobre, una columna de humo se vislumbraba entre sus playas. Entre las montañas de arena y cúspides yermas de escasa vegetación.

—Está visto que no puedo dejarlos solos —Decía aquel hombre de orejas semipuntiagudas llamado Lucian a el monje a su lado. Delante de ellos escombros y cenizas, el humo salía de aquellos maderos, barcos y barcazas destruidos y muertos, partes de ellos regados por todos lados. Gaviotas sobrevolaban los restos humanos sacándole los ojos para comérselos—. No tardan en buscar problemas con los primeros piratas que se presentan. Su santidad ¿Dónde se encontraba usted mientras Noburo se divertía?
—Meditando —Contestó el monje rechoncho—. Un monje como yo no trata con prostitutas, fue el fragor del combate entre la marioneta de combate y Noburo lo que me despert… ee… atrajo mi atención.
El hombre miraba al monje de reojo con los brazos cruzados y una sonrisa ladeada. Suspiró.
—Ay pobre Noburo, la debilidad de la fuerza es no creer más que en la fuerza. Después de haberle quitado de en medio, los piratas se lo llevaron todo.
—Incluso sus muertos —Dijo el monje.
—No quieren dejar rastro… me hablaste de una marioneta de combate… sobretodo tratándose de simples piratas ¿Por qué semejante demostración de fuerza para tratarse de un puñado de prostitutas? No es propio de ladrones.

En lo que quedaba del puerto Larva miraba el agua agazapado y triste, ya que habían raptado a la Pequeña Carpa y no pudo salvarla. Ni si quiera Noburo que era mucho más alto, adulto y con una fuerza sobrehumana. Ahora yacía en el fondo de la ciénaga. Las lágrimas del niño comenzaron a asomar una por una, hasta que una de ellas tocó la superficie del agua. En aquel instante burbujas comenzaron a salir desde el fondo. Hasta que desde dentro de las masas de agua un mano salió agarrando el pie del niño. Asustado se echó atrás, tratando de zafarse del agarre. La mano busco donde agarrarse, y seguido un gigante enmascarado con una melena blanca empapada hacia aparición. Aquella mascara roja, de cuernos y de dientes puntiagudos era conocida. Traía consigo una inmensa lanza entre sus manos y decenas de flechas en su pecho. Era Noburo que se montaba en lo que quedaba de los escombros del albergue.

—Te he conocido más en forma, Noburo —Dijo Lucian haciendo un bufido sin mirar a Noburo—. Estas lleno de pereza, dejarse vencer de esa forma es imperdonable.
—Espera a que le ponga la mano encima a esa maldita marioneta y su amo —Dijo Noburo preso de rabia—. Le voy a quitar las ganas de…
El niño atónito no sabía si alegrarse de ver al gigante que sacaba las flechas de su peto armado. El monje atónito también veía la fuerza y la resistencia del guerrero en permanecer bajo el agua por más de quince minutos.
—Lo siento, Noburo… —Interrumpió Lucian a Noburo—. Pero de eso nada. Estas donde no debías y cuando no debías. Eso es todo. Este asunto no nos concierne. Nos vamos ahora mismo, antes de que esto se hunda. No tenemos nada que hacer en estas malditas aguas estancadas. Embarquen los víveres que puedan o encuentren. Vamos al sur. A los mares de Poseidón. Hay trabajo que hacer allá. Además tenemos dinero para gastar.
— ¿Y yo? —En ese momento una pequeña voz interrumpió a los hablantes—. Pequeña Carpa es la única familia que tengo, esta mi pequeña hermana pero ya consiguió trabajo y carpa era hija de un hermano de mi padre. ¿Qué será de ella?
Todos miraron al pequeño de cabeza casi rasurada y guardaron silencio.

Pasado un momento, en el velero de madera donde vino Lucian, el niño hablaba aparte con el Maestro Lucian exponía toda su historia, pues no tenía a donde ir. Sin saberlo Lucian y compañía eran cazadores, pero no cualquier clase de cazador, si no de criaturas sobrenaturales que representaban un peligro para la sociedad y para el mundo. Dentro de aquello no se encontraba en la lista humanos con fines malvados. Eso no les tocaba a ellos.

— ¿Con que quieres que salve a tu prima? En realidad es una prima, un amorío más un amorío menos niño —Contestó Lucian pensando dentro de si todo lo que podía hacer con aquel crio.
—Así es señor.
Mientras Noburo y el monje esperaban afuera del velero de Lucian no eran ajenos a la conversación.
—Pequeña Carpa me recuerda a mamá, es usted mi única esperanza —Dijo el joven muchacho quien abrió sus manos ofreciendo cinco anzuelos de pesca bastante oxidados y un peine rojo, que tenia aun los cabellos de Pequeña Carpa—. Estoy dispuesto a compensarlo con todo lo que tengo.
— ¡Insolente! —Dijo Lucian aguzando los ojos y escupiendo a un lado la pajilla que tenía entre dientes—. ¿Me estas tomando el pelo? ¡Unos anzuelos herrumbrosos y un viejo peine usado! ¿No tienes nada mejor que ofrecer?
El niño lloro en aquel instante mirando por un breve tiempo el recuerdo de su madre fallecida. El viejo peina rojo que le habia regalado a Pequeña Carpa y que encontró entre las ruinas.

—Tan solo mi miserable vida, señor… —Su voz salió entrecortada producto de sus lágrimas agachando la cabeza hasta el suelo y aferrándose a la madera del velero donde hablaba con Lucian—. Puede disponer de mí a su antojo.
— ¿Tu vida? ¿Me ofreces tu vida? ¿Lo dices en serio?
—Sí, señor… —Dijo el joven levantando su rostro mientras de sus ojos verdemar brotaban las lágrimas—. ¡Y siempre le seré leal! Lo juro por lo que más quiero. Por mis hermanas.

En aquel instante Lucian sintió la mirada de alguien. Un guerrero de mascara roja le miraba. Ambos se decían mucho en aquel gesto. Por ultimo Lucian miró el firmamento lleno de luz y de gaviotas carroñeras con sus picos ensangrentados perfilándose al sol del alba.

— ¡La promesa de la oruga no compromete a la mariposa! Eres demasiado joven para empeñar tu vida así… ¡pero acepto! Puedes agradéceselo a Noburo… ¡Que desea obtener reparación tanto como tú! A cambio de tu promesa solo te ofrezco diez días de nuestro tiempo ¡Ni uno más! —La mirada del guerrero Lucian se agudizo observando con aquel ojo blanco al joven—. Espero que cumplas tu palabra. Prepárate para una existencia difícil y exigente. Tus noches serán mucho más breves que tus días. Te encargaras de conducir y cuidar el velero. Preparas la comida de la mañana, al medio día y la noche. No hablaras sin que antes se autorice. El monje se encargara de tu educación.

—Gracias señor, quedo en deuda con usted de por vida. —Contestó larva y su llanto ceso.
—Bien, ahora que todo está zanjado, levemos el ancla y vayámonos de este siniestro lugar.


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Re: Water

Mensaje por Damian el Miér Sep 12 2018, 02:06

Y así fue como Larva quien en un futuro seria el caballero de géminis se  convirtió en el fiel servidor de cazadores de demonios, de un espadachín, de un extraño monje y de un gigantesco guerrero. Dejó a sus espaldas las ruinas aun humeantes de su niñez lamentosa, y con el corazón lleno de temores por su hermana gemela en el Este. Se encaminó a tratar de encontrar a su prima, la que poseía el rostro de su madre, Pequeña Carpa, si es que estaba viva. Las palmeras de los bancos de arena de aquella ciénaga eran mecidas por el viento salobre que venia del cercano océano. El velero parecía un extraño punto en la inmensidad de las montañas mermas y rocosas. El niño tenía el timón y llevaba el barco a su curso.

En aquel entonces Damian estaba lejos de imaginar que su promesa de niño iba a cambiar tanto su destino y es que entonces solo contaba para él una sola cosa: no volver a perder a ningún ser amado a cualquier precio. Ese mismo día, un viento favorable les permitió alcanzar “cabeza de bagre”. Era el pueblo lacustre más al Este que Damian conocía. Pequeñas casas de paja y madera amontonadas una encima de la otra en la mitad de aquel espejo inmenso de agua. Había redes de pesca desperdigadas por todos lados del lago salobre. Las gaviotas y pájaros de la costa se amontonaban alrededor de las redes para tomar o robar un pez. Había grandes extensiones de mangle que al pasar por aquel bosque de raíces altas seguramente se encontraría tierra en ellos. Los pobladores miraban desde sus casas a los viajeros de aquel velero.

—Shin —Dijo Lucian llamando al monje, quien estaba recostado aun lado de la proa y miraba todo con detenimiento—. Tengo la impresión de que esta ruta no es la que tomamos para venir
—Quien toma dos veces el mismo camino no avanza nunca —Carcajeo el monje rechoncho debajo de un inmenso sombrero mientras veía todo a su alrededor parado en la mitad del velero— ¡a babor muchacho!

Pues lentamente el velero se adentraba en aguas que le eran del todo desconocidas al pequeño niño de ojos verdemar. En aquel pequeño barco había una gran enramada, donde estaban todos los enseres, alimentos y vivieres que necesitaban, así como también colchas donde dormir. El niño de vez en cuando observaba discretamente al guerrero gigante que nunca se quitaba aquella mascara roja de cuernos, colmillos y de melena blanca. Le daba miedo. Este estaba recostado en una pequeña hamaca dentro de aquella enramada y roncaba poco, pero dormía como bebe. Le daba miedo.

« ¿Cómo una persona normal podía descansar así después de haber sido acribilladlo a flechazos?» Pensó Larva ya que aún no se llamaba Damian, pues otro le daría dicho nombre. Por ahora lo llamaremos. Larva. Pero no tardarían en producirse otros prodigios.  Entonces algo de ola, una corriente, empezó a agitarse en el agua. Ya estaban cercanos al mar y pronto saldrían al golfo. Las montañas le rodeaban, pues parecían estar en medio de un rio salobre que alimentaba al complejo de ciénagas que dejaban atrás. Durante todo aquel día se siguieron escrupulosamente las indicaciones del Monje Shin, no se cruzaron con ningún alma. Pronto los faroles se encendieron, lo zancudos se agitaron en el ambiente buscando sangre y una gigantesca Luna llena mostro una gigantesca torre de madera a la vista. Había escaleras alrededor de ella las cuales ascendían a una pequeña casa en la cúspide. Dicha edificación se escondía entre las colinas blancas de poca vegetación, justo en la mitad de aquel rio.

— ¡Aquí! ¡Justo delante! ¡Ahí esta! ¡Sabía que estaba Ahí! Ee… ¡ese templo no parece muy sólido…! ¡Vamos a tener que rezar en voz baja! —Decía el monje a gritos mientras alumbraba el paso con una lámpara a su mano—. Acércate al peñasco pequeño y prepárate para desembarcar voy a necesitarte.
Entonces al mirar el peñasco algo crujió en el encañar del velero. Al alumbrar aquello que a la oscuridad parecía roca, era una insipiente cúspide de huesos de extraños animales marinos, cocodrilos, ballenas, delfines y muchas cosas más. La mirada de Larva se agudizo, y sintió temor de bajar del barco.
—Pero pero —Decía el muchacho asustado, con algo de llanto en sus ojos—. Ese templo está rodeado de osamentas de monstruos marinos ¿Qué vamos a…
—El moje sabe lo que hace niño ve con él —Lo interrumpió Lucian y le tomo por la ropa de harapos y lo coloco sobre la isla de huesos—. El único momento en que un hombre debe ser valiente es cuando siente miedo.
Ambos pues, se montaron por las delgadas escaleras de madera, hacia el altar en la cúspide. Una vez arriba se arrodillaron. Arriba había peces colgados del techo, calamares, rayas, tiburones, y una que otra extraña criatura, todas en avanzado estado de descomposición. En medio de aquel aposento había un altar de piedras que poseía un pequeño estanque rodeado de flores y plantas acuáticas.
—Oh… espíritu de las aguas —Decía Shin entre el rezo con los ojos cerrados—. Dulce creación del dios de los mares, dulce ser independiente e indómito… he venido de lejos a este lugar para hacerte esta ofrenda que me cuesta…
— ¡Aquí huele a pescado podrido! —Decía el pequeño larva, el cual recibió un golpe en la cabeza por atrevido de parte del monje—. ¡Ay! Tu espíritu debió irse hace mucho tiempo de aquí.

El pequeño no le quedo de otro si no sobarse la cabeza allí donde recibió el golpe y continuar con la ceremonia.
—Calla descreído, los espíritus no tiene por qué tener el mismo gusto que tú. Estamos en la morada de una ninfa del agua. Así que tiene que oler a pescado. —Nuevamente el monje golpe al niño en el mismo lado justificando esto a su irreverencia.
Entonces una gota de agua del pequeño altar se elevó por encima de este. Aquella diminuta forma comenzó a atraer otras gotas a su seno dándole perfil  a aquella masa. Una hermosa mujer había delante de ellos, con sus pechos al aire, mirada orgullosa y belleza eterna, su forma era acuosa y blanquecina. Su risa era más dulce que el murmullo de los manantiales. Pero ambas dejaban traslucir una mofa cruel y despiadada. Poseía rebeldes rizos, que a primera vista habían creído que eran rojos, pero ahora la luna incidía en ellos de forma tan deslumbrante que apenas podían continuar mirándola. Eran de oro delicado y fino, una mixtura esplendida de rojo y amarillo. En sus ojos, ni totalmente azules ni grises, bailaban las luces y fluctuaba un halo de colores. Sus labios de rojo intenso. Su cuerpo ebúrneo, tan perfecto como el sueño de un dios. El pulso martilleo en los tímpanos de los congregantes.

— ¿Qué quieres criatura de sangre? —Dijo la ninfa en una voz musical y seductora que se acercó mientras flotaba en el aire hacia donde estaba el monje, y tomando su mentón con sus dulces manos volvió a decir—. No se despierta impunemente a las fuerzas del agua.
Larva atónito con lo que veía reculo  tropezándose mientras se arrastraba por el suelo y pisando peces muertos y reptiles podridos. La ninfa al verle se rio de él.
—Siento en ti la fuerza de los iniciados, eres el monje borracho he oído hablar de ti —Dijo la princesa de las aguas.
— ¡Oh, espíritu del agua! Tu recuerdo me honra… mi modesta persona se siente colmada ¿Puedo solicitar humildemente tu ayuda, oh, liquido divino?
— ¿Dime que me traes? —Miró al niño con lascivia y sonrió ante aquello—. Hace mucho no como nada.
—Mi señora —Respondió el monje—. Puedes tomar de mi cosmos, pues no hay ofrenda de peces, ni alma de hombres que reúna mayor ofrenda que mi mismo mana.
Entonces la ninfa tocó al monje mientras este se imbuía de un aura de poder, llamas azuladas salían del iniciado y aquella energía era transmitida a la ninfa que resplandecía en un brillo intenso.
—Ya he tomado de tu cosmos. Tu ofrenda es generosa, aunque te llevara mucho tiempo reponerte monje borracho. ¿Qué quieres por tu sacrificio?
—Busco a una mujer… viaja sobre el agua se llama Pequeña Carpa… —El monje miró a larva con mirada desafiante haciendo que el niño volviera en si—. Larva, saca los objetos que guardaste de tu hermana Pequeña Carpa.
— ¿Los objetos? —Se preguntó Larva—. ¡Ah sí! ¡Enseguida mi señor!
El niño sacó de su pequeña mochila el peine rojo con los cabellos de Pequeña Carpa y los mostró a la ninfa.
—Aquí esta es el peine de mi madre el cual le regalo a Pequeña Carpa es lo único que tengo; era su joya preferida, era de la madre de mi madre —Expresó larva.
—Colócalos dentro de mí, no tengas miedo pequeño. —Dijo la Ninfa señalando su entre pierna. Para cuando el niño metió los objetos en el cuerpo de la fémina, sus manos traspasaron el agua del cual estaba formada depositando en el interior el peine rojo. La ninfa al sentir dentro de su ser aquello, cerro sus ojos—. Adivino su historia… la veo, si es ella. Sobre su espalda nada un pez si si seguro que es hija del agua
—Es el tatuaje de peque…. —Dijo larva
—Calla no se molesta a la fortuna ya lo sabe todo —Interrumpido al instante por el monje.
—Aquí tienes la respuesta monje del licor, la luz del pez seguirán, a la chica te llevara. —Con aquello el volumen de agua del que estaba formado la bella ninfa se derramo por completo al estanque del altar. Larva nuevamente tomo el peine.
— ¿El Pez?  —Se preguntó el niño asomándose al balcón vislumbro al velero en las aguas del río y un pequeño brillo brotaba de la superficie del agua—. Ahí ya lo veo.
Entonces bajaron rápidamente del altar, y Larva tomó el timonel del velero, elevó las velas y viajo por donde aquel pequeño pez que le dijo la ninfa le indicara el camino, el pez tenía una prolongación luminaria en la frente y con ella guiaba a los marinos.


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Re: Water

Mensaje por Damian el Dom Sep 16 2018, 12:11

Estaba despertando, sus ojos se abrían a la luz después de una larga y terrible oscuridad. La droga que le había sido otorgada había hecho efecto, mantenerla dormida durante todo el viaje. Tenía hambre y sed. Entonces sintió aquel repentino volumen de agua fría sobre ella, sacándole del sueño por completo y colocándola en alerta. Su mirada se repartía por todos lados para definir figuras en sus hinchados ojos. Estaba vagamente vestida, tal cual como salió del albergue, un kimono rosa que había perdido su perfume y tenía el olor del que evita bañarse por varios días. Lo primero que vio fue un hombre de barba cerrada, algo pasado de los cincuenta y tantos años que vestía solamente los paños interiores de su ropaje.

—¡Va!… ¡vamos arriba! —Gritaba aquel hombre—. ¡Vamos debes presentarte ante su excelencia! ¡Te conviene mostrarte seductora! si no ¡ay de ti!
Era bastante delgado, y lo más llamativo era su calva prominente. Aquel hombre sostenía aun el pequeño recipiente de madera atado por cuerdas de la que arrojo el agua. Él hacia una mueca lasciva mientras levantaba su mano para tratar de pegarle a Pequeña Carpa. Pero solo se quedó en eso. Una mueca.
—Ah ¿Qué? Pero ¿quién eres? —Dijo pequeña Carpa mientras el hombre se alejaba hacer lo mismo con otras y tomaba agua de un barril rodante más grande que le seguía—. ¿Qué quieres de mí? Mi cabeza, me han drogado, pero… ¿por qué?
—¡Calla! —Le grito el hombre desde lejos—. ¡No hagas preguntas! ¡Es la regla! ¡Ponte en la fila como las otras!
—Eh… tu —decía otro hombre a la chica que estaba al lado de Pequeña Carpa, mientras la levantaba con el filo de su espada en el cuello de la joven—. Deja de lloriquear eso no cambiara nada haz lo que te dicen y todo irá bien vamos. Ponte derecha pareces una flor marchita.

Sus demás compañeras estaban allí junto a ella, diseminadas en toda la extensión de aquella sala, como hormigas a las cuales les habían destruido el nido. Todas estaban desorientadas, bajo el mismo efecto de la droga. Aquel lugar era una inmensa sala llena de candelabros y faroles con figuras en los telares que cubrían las velas, haciendo que se reflejaran en las paredes corredizas y muros de madera con pasillos en un segundo piso, grandes monstruos al asecho de los allí presentes.  Presentes, ataviados con armas, armaduras extrañas y oxidadas. Al final de la sala un enorme escudo ocupaba las alturas de aquella pared, en el bajo relieve de aquella emblemática figura, una carabela coronada.

Algunas jóvenes se revelaban contra sus captores en un intento siempre fallido de tratar de huir siendo golpeadas y maltratadas. Algunas mujeres servían a las capturadas, les arrancaban las vestiduras dejándolas desnudas, curando sus heridas y  les daban agua y algo de pan. A Pequeña Carpa la trataron de igual modo. La maquillaron, la secaron, le trajeron vestiduras nuevas, zapatos y joyas baratas. Peinaron su cabello largo y colocaron campanillas en toda la extensión de una larga trenza. Posteriormente a todas las capturadas las dispusieron en dos largas filas dejando un pequeño camino en medio. Cual subasta de doncellas, de vez en cuando se escuchaba algún lamento de alguna de las chicas, más Pequeña Carpa callaba y asumía lo que venía para ella, mientras vagamente tocaba su vientre pensando lo que dentro de ella se gestaba.

Entonces dentro de aquella sala el viento soplo con violencia casi apagando las luminarias, pero de un momento a otro el fuego en ella creció en sobre manera haciendo que todas sombras abandonaran el recinto. Todos los sirvientes se fueron del lugar y solamente quedaron los guardias y las chicas. La gran puerta al final del pasillo se abrió en dos, dando paso a una pequeña enana, era fea, blanca como la tiza y su cabello negro se recogía en un estrambótico moño en la altura. Su cara estaba provista de extrañas runas que se esparcían por todas partes hasta llegar al cuello. Su vestido era una sotana que cubrían, sus brazos y piernas totalmente. Sus senos eran grandes a pesar de ser tan pequeña y se veía pasada a los sesenta años de edad. De inmediato cada una de las doncellas incluso Pequeña Carpa reconoció su rostro, mas no dijeron nada. Era Lady Hung, la vieja comadrona que las examinaba a todas las chicas en el ya destruido albergue.

«¿!Qué!? ¿!Hung!?» Pensó Pequeña Carpa al ver a la enana. «¡Esa horrible enana! ¿Aquí? La comadrona del albergue, nos examinaba a todas y yo… oh la detesto ¿y quién es ese gigante con velo?»
Hasta que una figura alta envuelta entre sabanas finas por todos lados, vino caminando de tras de ella. Aquella persona tenía más de los siete pies de alto. Su rostro tenía una máscara simple por la cual observaba a todos los presentes.
—¡Silencio! —Dijo un hombre delante de la enana y la figura de gran altura, este era calvó, delgado, de cuarenta años de edad aproximadamente. Hablaba con  fluidez y con la cortesía de tratar a muchos clientes con esmero. Guiaba a la enana y la monstruosidad de tras de ellos—.  En fila pequeñas y considérense honradas su excelencia se digna posar los ojos sobre ustedes insignificantes.
Entonces la obligaron a todas a desvestirse. Un cielo de gloria excelsa de piel oscura, senos jóvenes y de vello púbico abundante, cada una era delgada, exótica y de fragancia desesperante. Los guardias las miraban con anhelo de poder poseerlas a todas. Pero en especial aquella del tatuaje de carpa en su espalda. Miraban a las damas una tras otra, pero cuando llegaron a Pequeña Carpa la mirada de la figura alta se quedó fijamente en el cuerpo de la joven.

—¿Puede la dama Hung señalarme a mi prometida? —Dijo la figura de gran altura en un tono de voz gutural y de fino acento—. Ansió verla…
—Se mi señor se encuentra en este grupo de la chica que te dije. —Dijo Hung en un tono de voz chillona y horripilante—. Las aprecio mejor asi desnudas, me gusta que se vean así frágiles ¿No es lo propio de las hembras en venta?
Entonces Pequeña Carpa agachó la cabeza para evitar la mirada que le fulminaba el alma cuando el enmascarado la miraba.
—Exceptuando esta —Lady Hung colocó el mango de una daga, puesta de bajo del mentón de Pequeña Carpa y la obligó a levantar la mirada. Tanto el hombre calvo elocuente, la enana y la figura embozada analizaban todo de ella.
Entonces el ser de altura considerable, sacó de su telares lo que parecían ser sus manos, aunque por las descripción preferiría nombrarlas como garras, gigantes y azuladas en una carne blanca como la nieve y hedionda que fueron a posarse sobre los hombros desnudos de pequeña carpa.
—En efecto… —Dijo la figura de altura considerable, Pequeña Capar le llegaba en altura un poco más de la cintura—. Dmmmm…. Piel suave… carne firme…. Una buena osamenta. Lady Hung, ¡es perfecta!. Mi niña pese a tu mal olor de suciedad… ¡considérate a partir de ahora salvada de tu mediocre destino, eres mi prometida, mi hermosa. Pero de momento… metete en esa tinaja y no preguntes nada aborrezco las preguntas, sabes que no deseo que te hagan ningún mal. Vamos ve.

Entonces soltándola, con un ademan llamó a algunos hombres que entre cuatro traían a sus hombros dos varas de bambú aun verde que amarradas cargaban con el peso de una gran tinaja negra brillante con un extraño símbolo en forma rombo, parecía una serpiente. Entonces aquellos hombres tomaron a pequeña carpa y la depositaron dentro de aquel gran recipiente, y colocaron encima una tapa de madera con cuatro orificios para permitir la reparación.  Y se la llevaron de allí.

Una de la sirvientes ya muerta en un extraño accidente alcanzó a contar en un pequeña relató lo que allí ocurrió al salir la tinaja negra del recinto. Dijo que la figura alta había robado una espada de los guardias y les ordeno salir a todos para conversar con todos ellas, ella sin embargo se encontraba escondida en uno de los cobertizos del segundo piso y veía por una puerta entrecerrada lo que allí ocurría. Todos se alejaron haciendo reverencia a la figura de gran altura y tras aquello cerraron las puertas. El gran señor comenzó a proferir palabras que la mucama no recordaba con excelente memoria, preguntaba que quiera era la más hermosa y todas comenzaron a gritar, mientras aquel hombre las cortaba en dos, cuellos, piernas y demás. Era una lluvia de sangre lo que se vivía allí. Todas las asesino, hasta la última de ellas. Y posterior a eso se quitó la máscara, era tan horrible que la mucama no quiso seguir mirando. Tras aquello se escondió sin hacer el menor ruido posible.


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Re: Water

Mensaje por Damian el Mar Sep 25 2018, 03:33

La barcaza arribaba silenciosa entre la poca corriente de aquel puerto, la sombra en las aguas del oscuro mar de las Cien Serpientes se veía lánguida y esbelta, silenciosa y humilde ante los gigantescos barcos en aquel muelle. Dos grandes faros se alzaban en las tinieblas de la noche iluminando al viajero que se acercaba a sus comercios, llenos de placeres y encantos, libertinajes y excelsos deseos. La pequeña velera se guiaba por un pez de luz fluorescente que nadaba entre aguas hasta que de un momento a otro su luz parecía intensificarse más. El monje en la popa del velero guiaba al pequeño Larva que manejaba en el timonel por donde iba el pez.

A lo lejos la isla se veía como la joroba de una gigantesca ballena, con cientos y millares de casas, edificios de varios pisos y aunque tarde en la noche se veía aún vida despierta. Desde lejos se escuchaba la música y la luna rompía con su encanto en la cúspide del pico que tenía aquel lugar. Redonda en su cenit. Todos dentro del velero aun descansaban de la cena que había hecho Larva. Pero Noburo apenas vió las luces a la vista se levantó debidamente ataviado con sus armas y corazas. Dentro de su máscara sus ojos endemoniados buscaban su venganza y la sentían cerca. Lucian sorprendido miraba de reojo aquella silueta a contra luz de su compañero.

— ¡El puerto de la cien serpientes! —Dijo Larva sacándose aun de los dientes los restos de comida—. No sé porque lo llaman así… No hay serpientes en estas aguas. Pescaba aquí antes de ir al albergue después de que mis padres…
—Las serpientes no son siempre lo que uno cree —Dijo Lucian sentado mientras bebía algo de una bota de cuero que cargaba al cinto antes de que el niño recordara algo que no debía—. Larva… ¿Ya has estado aquí? Es una ciudad isleña muy bonita ¿Sabrás guiarnos por sus calles?
— ¿Quién? —Dijo el pequeño respondiendo en su incredulidad mientras maniobraba el timón en popa—. ¿Yo? Lo siento amo Lucian, nunca he puesto un pie en esta ciudad… yo era demasiado joven para eso… Pequeña Carpa me lo tenía prohibido. Yo me quedaba guardando las redes de pesca en una pequeña casa a la orilla de la playa.
—Y la chiquilla tenía razón —Contestó el santo monje—. He oído hablar de esta ciudad, tiene mala reputación sobre todo de noche, se dice que ciertos barrios tienen mala fama y que en las tabernas abundan los piratas.
—Mejor así, Monje —Dijo Lucian—. En medio de tal pandilla de degenerados deberías pasar inadvertido. En cuanto a ti gigante, espero sepas permanecer tranquilo por esta vez.
—Mi cólera ruge como la tormenta antes de estallar —respondió el gigante Noburo bajo la máscara roja de demonio—. Todavía puedo contenerla, pero no pidas al rayo que no golpee cuando es necesario.
Pronto la barcaza comenzó a internarse en la ciudad, llena de puentes, de casinos de dados, burdeles y estancias para pasar la noche y algo más. Poseía calles de agua, por donde las canoas y embarcaciones pequeñas podían transitar. Y desde las profundidades el pequeño amigo fluorescente acrecentaba más y más su luz.  
—Aja… —Dijo el monje empedernido quien fijaba su mirada en el animal bajo el agua—. Parece que nuestro pequeño guía se altera está acelerando su nado miren su resplandor se intensifica debemos estar cerca es mejor no perderle de vista.
A las orillas pescadores dormían en enramadas improvisadas y alguno que otro borracho le servía el trago a su amigo. Circularon por caños y balurdos mercados de pesca malolientes hasta llegar a la zona más prestigiosa de aquella isla, donde grandes edificios de maderas con cientos de techos se erguían con luces rojas y colores, casa de apuestas y restaurantes carísimos para gente con dinero, aunque lo de menos era la pinta que traías, siempre y cuando sustentaras tu atrocidad  a la moda con tus bolsillos llenos de dracmas hasta que las prostitutas se saciaran.
—El loto rojo —Dijo Noburo al ver un edificio de luces rojas y faroles hermosos erguirse ante los ojos de los visitantes, en cuya entrada amplia había una escalera rodeada de dos temibles leones de barro negro—. El garito más peligroso de las Cien Serpientes, se dice que allí puedes perder algo más que la dignidad.
—Pues allí es a donde nos conduce el pez —Dijo Lucian levantándose de su puesto y acomodando su espada a la espalda—. Y no creo que sea para echar una simple partida de dados.
El pez entonces se sumergió en el agua, perdiéndose de la vista de los cazadores. Luego todos saltaron a tierra o a madera. Aunque aquello era una isla, su ciudad se extendía hasta adentrarse en las aguas. Puentes y escaleras. Al estar frente al edificio. Un par de montañas custodiaban la puerta. Hombres descomunales armados con lanzas. Sin embargo aquella noche estaba muy concurrida y ellos no impedían el acceso y la salida a nadie, solo estaban allí para brindar seguridad a los juegos de azar y lujuriosas fantasías que adentro se ejecutaban.

Desde adentro, pasando la puerta una caravana de mercenarios custodiaba una carroza que era cargada por varios hombres y atrás de esta, un gigante de piel oscura cargaba a cuestas un inmensa tinaja negra con un enorme símbolo en forma de rombo pintando. Al lado una extraña enana de piel blanca y un señor calvo que hablaba a alguien a dentro de aquella carroza. Noburo no dudo en mirar con detenimiento aquello cuando pasaron por el lado al subir las escaleras de la entrada. Sentía que algo le llamaba la atención mas no sabía que era. Los demás siguieron de largo para pretender entrar al garito. Sin embargo el gigante con la máscara roja de demonio, no evito escuchar aquello que le decían al señor dentro de la carroza.
—Espero tenerle devuelta su excelencia —Decía el hombre calvo—. Me alegra que haya disfrutado de su estancia aquí. Es siempre un placer recibirle en mi modesta morada. Pero ¿Puedo recomendarle que embarque rápido? Los adivinos anuncian una mar de lo más peligrosa en los días por venir, podrían quedar atrapados por la tempestad.
Noburo parecía reconocer a aquellos hombres que cargaban al señor. Pero se vio interrumpido.

—Deprisa grandote, entremos pues se nos hace tarde —Expresó Lucian quedándose rezagado.
—Discúlpeme maestro —El gigante de la máscara roja volvió en sí y siguió los pasos del grupo hasta adentro del establecimiento sin saber que dentro de la tinaja negra iba Pequeña Carpa.


Última edición por Damian el Dom Nov 11 2018, 19:55, editado 2 veces


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Re: Water

Mensaje por Damian el Mar Sep 25 2018, 21:43

—Alto ahí —Dijo uno de los guardias del Loto Rojo, era alto fornido, moreno. Una descomunal masa de músculos que portaba una lanza. Su barba cerrada y su barriga tan ancha eran intimidantes. Escupió a un lado y miró a los visitantes—. ¿A dónde van? Un espadachín tuerto, un monje, un niño y un…. En fin ¡Esto no es un templo, ni el patio de la escuela! Nosotros tenemos condiciones y ustedes no pueden pasar.

—Comprendo —Dijo Lucian cruzándose de brazos mientras entrecerraba su ojo sano—. Pero debo decirles que este niño es mi escudero y cargaba mi espada, nunca me separo ni del uno ni de la otra—. Lucian entregó el arma a Larva en su vaina para que la cargara—. En cuanto al monje… es verdad que es un borracho empedernido al que los espíritus ni le hacen caso. Pero… me trae suerte —Y sacando un cofre dentro de sus vestidos sentenció—. ¿Sus condiciones son las de impedir que un cazador y sus acompañantes vengan a gastar aquí una pequeña fortuna como esta?
Los guardias se miraron el uno al otro dudando de la situación. Sin más, los dejaron pasar revelando algunas reglas.

—Bueno, está bien. —Dijo el mismo guardia escupiendo a un lado de nuevo—. Esta noche cerraremos los ojos. Este es un establecimiento respetable y lujoso amigo —Por ultimo miró  Noburo y a su arma, acto seguido lo señalo—. ¡Tú! el enmascarado. Deja tu arma en la entrada.

Una vez adentro la tonalidad del rojo se lograba gracias a faroles rojos que repartían la luz escarlata entre salas y mesas, en donde se jugaban diferentes juegos de azar y apuestas. El guerrero enmascarado al entrar dejo su arma. Por todos lados camareras vendían licor y vino entre otra clase de brebajes y pócimas extrañas. Mujerzuelas se depositaban sin vaivén en el pecho de gordos adinerados que tenían grandes cantidades de bienes a los que apostar. Allí no valía si eras feo, valía si eras rico. Una gran osamenta de un extraño monstruo marino colgaba del techo como adornando el recinto.

—Por los dioses —Dijo el monje aferrándose a sus pertenencias y a su bastón—. En efecto el establecimiento está muy concurrido no será fácil encontrar una mesa libre.

Había gente rica, piratas, mercaderes y mercenarios, hombres de negocios lúgubres acompañados de jóvenes hermosos y delicados, o pequeñas damitas, dependiendo el gusto. Todos atiborrados con trajes caros acompañados, ajustados telares de noche y joyas de más de mil dracmas con piedras preciosas. Aquel local era para seres de un estatus diferente al pescador o al campesino. La moral y las inhibiciones se dejaban en la puerta. En una de las muchas esquinas había un hombre solo en una mesa sin compañía alguna. Alguien viejo, de canas y de manos flacas. El monje pensó que debía tener compañía.

—Esa me parece apropiada —Dijo el monje avisándole a todos—. Miren ese hombre esta solo… le hace falta compañía es evidente.
Todos sonrieron y así lo hicieron. Al cabo de un rato los dados rojos marcaban la mala suerte del tuerto. Aquel viejo era hábil, parecía controlar el movimiento de los dados en su risa le faltaban los  dientes se mostraba ante la baja astucia de Lucian por querer ganar una partida. Con razón estaba solo. Nadie se atrevía a querer jugar con él.

—Es un jugador profesional —Susurró Lucian al oído del monje quien estaba a su lado riéndose de todo aquello—. No pudiste escoger peor mesa. Y eso que dije en la entrada que me dabas suerte. Te aconsejo que invoques algo de suerte. Ahora es tu turno.
— ¿Yo? —Se sorprendió aquel monje mientras era arrastrado hasta el puesto del jugador—. Pero no tengo facultades para eso. Además mi orden me prohíbe hacer trampa. Perdiste la cabeza Lucian.
Mientras tanto el hombre frente a ellos carcajeaba hasta decir no más e invitaba a otra partida.
— ¿Otra partida amigo?
—No —Respondió en espadachín tomando el arma de las manos de Larva—. Gracias. Mi amigo el monje me suplirá en este nuevo reto. Sin duda es usted un gran jugador —Posteriormente miro a Noburo— Grandulón este juego me ha entumecido las manos. Podríamos recorrer un poco las instalaciones y beber algo. Dejemos al monje aquí y a Larva, ellos defenderán nuestro capital.

El monje en aquel momento tomó de su licor un sorbo grande mientras Lucian y Noburo los dejaban a merced de aquel jugador. Lucian al salir acompañado por Noburo no era atendido por las miradas de los congregantes pasaba desapercibido. Sin embargo el gigante de tras de él no, un hombre con una máscara roja de demonio de cuya cabeza se desprendía una melena blanca caminaba por el lugar levantando mormullos indecibles por la música y miradas de desconfianza y duda. Había entre ellos quienes le reconocían. Sabían quien era y se preguntaban ¿Cómo había sobrevivido? ¿Cómo había escapado?

Por otra parte Lucian se internó en cierta zona dispuesta solo para personal autorizado lejos del bullicio de la gente y el jolgorio. Lo que genero desazón en dos guardias que custodiaban la zona.

—No ven el letrero —Dijo uno de los dos guardias—.Esta es zona prohibida para ti… Les voy a enseñar a leer las letras a ¡tonfazos!
De un momento a otro la masa circular del puño de Noburo se estrellaba en la nariz del atrevido. Y la espada aun envainada de Lucian golpeaba el cuello justo en la manzana de Adán del otro dejándole inconsciente al instante.  Gracias a ello se escabulleron a aquella zona.
—Apresurémonos —Dijo Lucian—. Visitemos la dichosa zona prohibida. Luego volveremos a pasar por aquí para recibir una segunda lección de lectura. Si para entonces nuestro profesor no se ha recuperado. Visitaremos varias partes. He visto al entrar que este palacio del juego tiene cuatro pisos. Separémonos. Ve por la derecha yo iré a la izquierda.

Y mientras el monje perdía ante el profesional del juego. Lucian y Noburo recorrían las instancias superiores sin encontrar nada más que oficinas, guardias a los que noquear, y cuartos íntimos donde se ofrecían diferentes tipos de juegos sexuales, fantasías y cosas difíciles de imaginar. Hasta que regresaron al mismo lugar. Negando con la mirada ambos se encontraron, como señal de que aquello era causa perdida y que el pez y el espíritu de aquella sirena quizás se había equivocado. Hasta que una espesa corriente de aire frío se colaba hasta los pies de Lucian y su compañero. Una tapicería con un gigantesco dragón esculpido, una cortina que estaba sorprendentemente humedecida por un líquido rojo con olor a la sarna.

—Vaya, vaya… —Dijo Lucian—. Una abertura. Hum… más bien un húmedo pasaje secreto, me intriga mucho más que los otros pisos superiores ¿Qué opinas grandulón?

Una escalera con líquido sanguinolento, que conducían a la parte baja del edificio. Los dos guerreros siguieron los pasos mientras el monje del otro lado de la edificación ya perdía las últimas monedas del cofre y empezaba a apostar los anzuelos de Larva. Sin embargo este último amigo, veía como grupos de guardias salían disparados con sus manos en los pomos de sus armas a los pisos inferiores. Al parecer quizás les habían descubierto. Y aquello no era bueno. Sin embargo del otro lado Noburo y Lucian habían llegado al cuarto más elegante de la estancia. Aquel lugar era una inmensa sala llena de candelabros y faroles con figuras de telares de diversos colores, haciendo que se reflejaran en las paredes corredizas y muros de madera con pasillos en un segundo piso, grandes monstruos al asecho de los allí presentes. Al final de la sala un enorme escudo ocupaba las alturas de aquella pared, en el bajo relieve de aquella emblemática figura, una carabela coronada.

Pero más raro era el olor a la sangre fresca impregnada en cada palmo de aquel piso, el cual limpiaban varios sirvientes frenéticamente y con esmero, quienes quitaban la sangre de las baldosas, y en el fondo grandes tinajas llenas de piernas y brazos. Hasta que Lucian vio la cabeza descuartizada de una mujer en el suelo aun con los ojos abiertos como vislumbrando el ultimo asombro de morir de manera repentina y horrorosa.
— ¿Pero qué significa toda esta mierda? —Dijo Lucian a los sirvientes que asombrados miraron a aquellos hombres—. ¡Hablen!
—Es una sala de despiece de cerdos mi señor —Dijo uno de los ancianos que limpiaba.

— ¿Desde cuándo los cerdos se parecen a los humanos? —Preguntó sentenciando Lucian al señalar la cabeza de la chica descuartizada.
Rápidamente Noburo busco en las tinajas derramándolos por completo. Las partes humanas de las chicas del albergue estaban por todos lados pero más que buscara no encontraba aquel tatuaje que identificara a Pequeña Carpa.
—Pequeña Carpa no está aquí —Dijo el guerrero enmascarado.
— ¿A dónde se llevaron a la chica de la carpa en la espalda viejo puerco?—. Tomó al viejo por el cuello levantándolo en velo—. Tienes tres soplos para decirme a donde se la han llevado.
—Preguntas demasiado tuerto —Respondió una voz de tras de ellos, un grandulón con el rostro golpeado que esgrimía una espada en la mano junto a una docena de guardias dispuestos a matar a Lucian y Noburo.
— ¡Mátenlos! —Sentencio el viejo calvo de mirada diplomática, quien era el legítimo dueño del Loto Rojo—. ¡Y arrójenlos a los cocodrilos!


Última edición por Damian el Dom Nov 11 2018, 19:59, editado 2 veces


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Re: Water

Mensaje por Damian el Vie Sep 28 2018, 00:03

—Pierdes el tiempo cazador —Dijo el señor del Loto Rojo, ese mismo que había atendido al monstruo que mato a todas aquellas damas de compañía del albergue—. Tu pelea es con los demonios, asesinos y espíritus, no con los mortales, sin embargo el anciano que violentas no sabe nada de lo que aquí paso, y aunque lo supiese no te lo dirá. Yo le doy mucho más miedo que tú. Y puesto que tú y tu extraño compañero se interesan tanto por esas tinajas voy a tener el gusto de mostrarlas de cerca. ¡Todos! ¡Ocúpense de ellos! ¡Y acaben con los otros! ¡No dejen rastro alguno!

Entonces de un momento a otro y con un ademan de su mano el señor del Loto Rojo arrojo sobre los guerreros su inmensa corte de guardias quienes como perros ambiciosos por la carne se arrojaban con un hambre tenaz de querer cortar los cuerpos ante ellos presentes. Cada uno de ellos desenfundo rápidamente mientras corrían por todos los flancos a condenar a sus posibles víctimas a la muerte. La sonrisa del anfitrión se perfilo en su rostro viejo mientras su calva brillaba a la luz de los candelabros.
—¡Y tú la máscara! —Dijo uno de los guardias que se abalanzaban contra ellos—. ¡Vas a pagar caro lo que has hecho! ¡Nuestras espadas claman venganza por los compañeros que mataste! No sé cómo conseguiste sobrevivir ante anoche pero ten la seguridad de que esta vez no te daremos ¡ninguna posibilidad!
—Veo que ya se conocen —Respondió Lucian—. Saben que cometen un error muy grande al exigir reparación a mi amigo ¡Noboru! ¡Te concedo el honor!

Los dos guerreros no se inmutaron ante la masa que se avecinaba sobre ellos. Lucían desenfundo su espada, entrecerrando el cejo y preparándose para lo por venir. Mientras que el gigantesco Noburo no tenía otra arma que sus manos, pero agarrando uno de aquellas tinajas vacías, la tomó por las cuerdas y tomando la iniciativa la reventó sobre las cabezas de tres delincuentes que venían contra él, mientras que saltaba al aire y tomaba el cráneo de uno de sus enemigos y lo estrellaba contra el suelo. En ese preciso instante Lucian cortaban en dos a alguien que no supo interpretar el movimiento de su habilidad con la hoja de su espada. Las tripas de su osado rival quedaron desperdigadas en el suelo junto a los restos de los demás cuerpos.
Noburo saltó al techo se agarró de uno de las luminarias y la arranco para quebrarla en la cabeza de otro enemigo y dejarlo aplastado bajo ella. Por su parte Lucian tomaba la muñeca de alguien que lo atacaba con unas tonfas de madera, mientras que con su otro brazo, su espada cortaba la pierna de alguien que quiso atacarle con un espada en la cabeza. Noboru tomaba otra tinaja, esta vez llena de viseras y partes humanas y la arrojaba contra la vida de un hombre armado con un tridente, para luego saltar y caer en su pecho entripándole el tórax y sacando parte de sus pulmones por la boca y sus fosas nasales.

El espadachín estaba rodeado por cuatro hombres armados con cuchillos y dagas, solo faltaban esos para terminar con todo. Y girando rápidamente sobre su pie izquierdo se elevó para recibir la arremetida de los cuatro. Interno la punta de su espada el cuello de uno y rápidamente la llevo hacia la yugular del otro mientras los desdichados rivales apenas elevaban sus espadas para golpear, eran lentos. Y al ver a los otros encima de él se dejó caer boca abajo, al suelo, sus botas golpearon los empeines de los pies de sus rivales haciéndoles caer, mientras él se levantaba y pasaba el filo de su espada por el estómago de ambos. Un baño de sangre le enjuago el rostro por completo.

—Parece que tendremos que seguir nuestra conversación en privado mi señor —Afirmo Lucian habiendo acabado con los enemigos mientras Noburo se divertía destripando el cráneo del guardia que habló atrevidamente a golpes de su pies. Y entonces en aquel instante el anfitrión delo Loto Rojo desvaneció su sonrisa a una despavorida mueca de tristeza y desaprobación pues su desgracia había llegado.


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Re: Water

Mensaje por Damian el Vie Sep 28 2018, 00:04

Todos los jugadores robaron las pertenencias del Loto Rojo, sus guardias habían sido diezmados hasta eliminarlos a todos, los piratas tomaban todo excepto a las mujeres, pues el gigante enmascarado las había protegido a todas, los demás sirvientes huyeron del lugar. Todo se consumía bajo el fuego. Aquello quedo completamente destruido. Solo quedó la osamenta del monstruo marino colgando del techo y siendo asada por las llamas. Una vez se reunieron todos en la parte más alta de aquel edificio no importando el caos abajo, sabían que debían actuar rápidamente. Hacer confesar al viejo sobre lo allí sucedido.

— ¡Súbeme! ¡Súbeme! —Gritaba el anfitrión al verse en la posibilidad de caer de un cuarto piso a las llamas que devoraba el Loto Rojo—. Les diré todo lo que quieran saber pero tengan piedad de mí.
Estaba de cabeza, ya que el gigantesco enmascarado demonio le sostenía de una de sus piernas. Fue así que entonces nuevamente fue colocado en el suelo de aquel piso. Estaba golpeado, sus vestiduras rotas, casi semidesnudo.
—Soy sólo una víctima —Decía lamentándose el viejo. El anciano se cubría con sus manos el rostro para llorar amargamente—. Maldición una víctima
—Empezamos mal —Dijo Lucian de manera amable en un rostro tranquilo a pesar de todo—. Así que  le aconsejo ser preciso. No se veía como víctima cuando dejaron que se descuartizara a todas aquellas jóvenes. Si desea preservar su infame posibilidad de salvar su miserable existencia, le pido que me diga todo.
—Me parece involucrado en un asunto muy extraño señor —Dijo el Monje Shin vertiendo algo de licor en una tasa y tomándolo en su defecto, posterior sirvió algo del mismo y lo deposito en las manos del anfitrión—. Espero que vuestras explicaciones estén a la altura de este sombrío misterio no se tome el sake, pues según su afirmación este se volverá oscuro si es mentira lo que dice, y no tomara ningún color si dice la verdad. Le escuchamos con toda atención.
—Me llamo Adonir Gulam —Dijo el viejo entristecido y resoplando por el dolor—. Soy hijo de Zero Gulam del clan del Loto Rojo hace ya tiempo en aquel entonces mi padre me había preparado perfectamente para sucederle durante meses. Me enseñó casi todas las sutilezas de semejante responsabilidad. Bueno, casi todas, pero no fue hasta los últimos instantes de su vida que me reveló la última recomendación, sin ella yo no podría sobrevivir, ni tampoco existir el gran Loto Rojo de las Cien Serpientes. “Hijo mío debo confesarte un secreto terrible, pronto será tuyo mi poder y mi fortuna pero ello puede costarte la vida si no respetas un pacto que hice hace antaño,  cometí la locura de cambiar poder y riquezas por una siniestra obligación la de servir a un ser sanguinario un ser misterioso y cruel. Es tan alto como el sufrimiento y disimula su rostro. En lo sucesivo muy a pesar tendrás que obedecerlo. Nunca sabrás prever su llegada. Pero cuando se presente la recibirás y satisfacerlas todos sus deseos. Todos por muy y innobles que sean de lo contrario te destruirá a ti y a los tuyos.” Tales fueron las últimas palabras de mi difunto padre. Luego pasaron los años y ya me había casi olvidado de aquella petición misteriosa, cuando una noche de tormenta se presentó por fin, cumplí al punto sus deseos y fiel a la palabra dada a mi padre.
—Extraña historia —Dijo el monje Shin—. ¿y que exigió de usted esa noche?


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