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The city of lost trees

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The city of lost trees

Mensaje por Damian el Lun Sep 03 2018, 00:36

En la noche clara cuando la luna gibosa mostraba su doble cuerno al cielo negro, el viento se mecía entre los finos follajes del bosque cubierto de la blanca nevada que hacía poco había acabado. En el suelo se esparcía un olor a humano, un ser herido que huía de la muerte y de su guadaña. Las gotas de un líquido escarlata manchaban la blanca nieve perpetua en el bosque de pinos gigantescos, eran muy claras aquellas gotas, y su olor inconfundible, si se sabía a dónde mirar, allí estaban. Aquí y allá, ocultas a la vista descuidada de cualquier mortal, huellas de manos ensangrentadas que se desdibujaban en la corteza de algunos árboles de aquel bosque primordial, la madera podrida y húmeda magnificaban el color, incluso en las rocas, describiendo un rastro para cualquier persona curtida en la caza. El viento elevaba el olor metálico de aquella rancia sustancia a través de la luna llena. No existía pasos, pues los rastros de los mismos se había desvanecido por la gélida brisa.

Horas antes, un joven caminaba por aquellos parajes aferrándose a un palo. Las horas del día señalaban que era la tarde de ese mismo día, así que quizás no estaría muy lejos, pues había caminado en la ventisca. Había recorrido los caminos ocultos que dominaban los antiguos arboles hasta un lecho rocoso donde muy cerca existía una cueva. Y precisamente a un kilómetro de allí un cuerpo estaba esperando dentro de la oscura caverna. Estaba dormido recostado a la pared de piedra, ciertamente, tenía la poderosa complexión de alguien que hubiese pasado su adolescencia ejercitándose. Existía una pequeña fogata que se extinguía y luchaba contra el frio para mantenerse viva y darle calor al extraño hombre que se mantenía cerca de ella. La cueva estaba en una vacía elevación del bosque no hollada por ningún humano hace años. Los lobos aparecieron por el borde del claro. Eran delgados y grises, y algo en sus ojos no era del todo normal. Los lobos comenzaron a olisquear el aire y a elevar aullidos al cielo como si llamasen a alguien. Algunos comenzaron a pelear entre ellos.

Aquel hombre de que iba armado con un arco compuesto, aunque muchos hubiesen considerado su antigua arma rustica una pobre sustituta de una hermosa espada de doble filo. Su carcaj de flechas estaba completamente vacío. Estaba ataviado con pieles oscuras de un pelaje extraño. Cuatro heridas marcaban su pecho cual garras de un oso gigantesco. Al precisar por el charco de sangre al derredor y de como esta se difuminada en la nieve, todo parecía indicar que aquello era grave. El joven rondaba la edad de apenas salir de la adolescencia, poseía un rostro bien parecido y el cabello corto de color oscuro con acabados violáceos.

La escarcha le molestaba en los ojos, aunque con sus parpados cerrados el frio que le entraba por las cavidades oculares ya era insoportable. En las mejillas el roció rojizo color de la sangre en sus capilares le habían abandonado otorgándoles un tono purpura al igual que a sus parpados, a sus labios, y un fuerte dolor de cabeza le sobrevino por la lóbrega condición. ¿Cuánto tiempo había pasado para que este tan oscuro? Su alma se sentía en medio de un horrible túnel, al final una vaga luz iluminaba sus pasos. Escrutaba en lo hondo, buscaba algo, más no lo encontraba, en aquella negrura no se veía nada. Permanecía por largos ratos vagando en las tinieblas, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Más en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre. Escuchaba  el susurro, y el eco lo devolvía en un murmullo.

De un momento a otro un extraño artefacto sobrevoló sobre el cuerpo astral de guerrero, en sus sueño podía ver aquel instrumento, esférico, dorado, excelso. Era una especia de báculo que se transformaba en un ángel que yacía de pie ante las manos de una hermosa figura gigantesca que desbordaba su inmensidad sobre las nubes cobrizas del cielo de sus sueños. Los pies de aquella imagen comenzaron a brillar y he allí una niña de cabellos claros rezando, de escasa edad, que oraba arrodillada y vestida de blanco, con una corona en su cabeza. Gracias a ella, su cuerpo se llenó de voluntad y sus ojos verdemar se abrieron a la realidad del mundo mortal. Estaba vivo.


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Re: The city of lost trees

Mensaje por Gray el Lun Sep 03 2018, 18:48

Hace 5 años...

El pequeño cuerpo de la pelirrosa estaba recargado en la corniza de la ventana de aquella cabaña de madera, vieja y desgastada. Sus grandes y redondos ojos color aceituna veían melancólicamente a la luna gibosa como si ésta le llamara... Toda su vida había sido su compañera nocturna, su único consuelo y amiga inseparable; y ahora el profesor, o su "padre" como insistía en que le dijera, le había prohibido salir de noche.

"No Gray, las jovencitas no salen de noche", "Las chicas se visten decentemente", "Tienes que comer lo que te preparo, la comida cruda podría hacerte mal, nena". Y así miles de ordenes ahora que vivía en esa casa y querían enseñarla a comportarse. Ahora sabía hablar un poco mejor y a caminar como un humano pero se sentía vacía... A pesar de que ahí estaba cálida, cuidada, sin hambre... Extrañaba a sus hermanos, el aire libre, el sonido del bosque... el aroma de la libertad.

- Auu... - Aulló con algo de tristeza, pegando la nariz al cristal. No escapaba porque el profesor era amable y había conocido a Ethan, un jovencito bastante amable que le había prometido le ayudaría a controlar la energía que tenía dentro, además, siempre le llevaba dulces a los cuales se había vuelto adicta. ¿Pero era suficiente? ¿Cuando sería suficiente para ellos y la dejarían volver a su hogar? Acababa de pasar una nevada y el suelo se percibía suave y muy blanco.

Ya ni siquiera tenía rasgos animales. Al usar su energía animal perdía su lado humano e incluso desarrollaba cola u orejas pero ahora no conservaba nada... Cada vez era más humana. De pronto escuchó el aullido de los lobos. Se enderezó de golpe y abrió los ojos como pelotas... Los entendía. Acababan de encontrar una presa... Un humano, herido, aún vivo. Su sonrisa se extendió, mostrando sus colmillos sobre desarrollados. - Heh...

----------------------------

Sus piecesillos descalzos se hundían hasta el tobillo en la nieve. Nadie se iba a enojar ni enterar si se escapaba un rato ¿No? Y a pesar de que ya era más una jovencita que una niña, no sabía otra forma de comportarse que no fuera el equivalente a un animal o niño pequeño por su nivel de desarrollo cognitivo. Así que no era extrañado que fuese arrastrando su camisón blanco y que abrazara con fuerza a los lobos que fueron a recibirla.

Aún no era la alfa de la manada y en ese entonces era la cachorra de siempre, hastiada ya de tantas lamidas que pasaban por su cara o jalones de cabellos entre mordidas y gruñidos. Eran pesados, bruscos pero a Gray no le importaba y de hecho, ella era igual o peor. Después de un breve reencuentro comenzaron a mostrarse agitados de nuevo. Ahí había un rastro de sangre.

Una gotita de sangre, imperceptible para cualquiera, era una marca brillante para ella y sus hermanos. Se inclinó y olisqueó ahí, seguido de lo que encontró en los árboles... Si, definitivamente era sangre humana. No era difícil seguir el rastro hasta una cueva... Podía ver el fuego debilitándose de una fogata. Los lobos no se habían atrevido a entrar debido al fuego pero esperaban ansiosos a que se extinguieran las llamas.

- Iré yo... Ya estoy lista Safdar. - Le dijo a un majestuoso lobo gris, de enorme tamaño y pelaje esponjado. Él era el líder y debía pedir permiso para actuar. El animal dudó un poco pero le tiró una mordida muy cerca de la cara a la niña, que no se inmutó más allá de un suave gruñido. La había dejado y era el turno de la chiquilla de colarse al lugar, con la ventaja de no temer tanto al fuego como sus compañeros.

Lo que vio la hizo bufar un poco... El tipo ya estaba muerto. Sin embargo algo la hizo erizarse como gato asustado y eso fue la energía dorada que comenzó a emenar del joven. Él susurraba, estaba dormido, y parecía desvariar pero aquél Cosmos dorado brotaba suavemente de sus sueños... Se sentía cálido, tranquilo, como el abrazo de una madre. Poco a poco se tranquilizó pero se acercó al chico muy lentamente, con muchísimo cuidado. - ¿Um...?

Hasta que no dejó de sentir aquello no se atrevió a tocarlo. Hundió el dedo en su mejilla y se retiró rapidamente... Pero no pasó nada. Observó la herida de su pecho. Un oso, enemigos naturales de su manada como los linces de nieve. Ladeó la cabeza y se sentó curiosa junto a él, en flor de loto. No tenía hambre pero al ver la sangre que brotaba de su carne no pudo evitar relamerse... De haber tenido la necesidad de saciar su estómago ya estaría devorándolo.

Se acercó un poco y comenzó a lamer la herida de las garras. Estaba deleitándose con ese sabor a oxido, con el cual se alimentó, se nutrió y creció hasta su estado actual. Sin embargo no le mordió, sino que parecía querer sanar un poco sus heridas como lo hacía su madre loba con ella. Servía lo necesario y además disfrutaba del sabor. ¿Qué era lo que había sentido? Miró las pieles que cargaba y se separó de lo que hacía para olisquearlas, estornudando con fuerza. Su rostro ya estaba embarrado en sangre, combinando con su cabello largo y rosado. - Oye, despierta... ¿O ya estás muerto?




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Ethan el Mar Sep 04 2018, 02:20

La tormenta había pausado sólo por un momento, para dejar que aquél muchacho perturbado de apenas 14 años escapara del castillo y dejara entrenamientos que mermaban su paciencia. Odiaba este maldito lugar, su clima frío, su gente tosca que no paraba de preguntar cuando se uniría a sus hermanos en batalla o que pasos seguiría el menor de los Krov. Cada vez que era cuestionado, humillado y obligado hacer cosas que no queria alimentaban sus deseos de huir, de aprovechar la obscuridad de la noche y los cambios intempestuosos que surgían cada que tenía un intercambio verbal acalorado con el principito Aidan.

Esa noche, a propósito le había buscado pleito con  toda intención de que apenas cruzara las puertas su rastro fuese borrado por la tormenta de nieve que vendría después. Corriendo tan rápido como su condicion le permitía, opto por  cortar paso por el pueblo hasta salir de la aldea  dónde la pequeña Gray debía ya descansar como para despedirse de ella. Claro que deseaba verle una ultima vez, desperinar sus hermosos cabellos rosas y entregarle la llave del cofre de dulces que siempre le llevaba cada que conseguía permiso de visitarla.

No le viera molestado tenerla a ella como hermana, era mucho mas adorable que Roma, pequeña y asi salvaje con el cabello revuelto le recordaba a una bolita de pelos muy
singular,empero si acudía a ella temía usara en su contra sus hermosos ojitos de cachorro triste a los que nada podía negar y que obviamente el Profesor encontraría la manera de delatarme con el General y adiós sueño de libertad. Por lo que siguió de largó para adentrarse al bosque, ahora que podía, los lobos aullaban a lo lejos y los guardias terminaban de recorrer el perimetro de la aldea.

Fue etonces que su corazón pálpito acelerado, tan fuera de control con todas esas emociones bombenado si interior los cuernos brotaron del cráneo, asi como una larga cola negra se extendía de sus  lumbares golpenado con fuerza los troncos que encontraba a su paso para tirar la nieve acumilada en sus copas al aullido de los lobos siguió el rugido de una bestia ajena a la comunidad,que advertía regresaba a su morada predilecta.
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Las piernas que corrieron con torpesa ahora eran remplazadas por patas aparentemente cortas pero que le permitían avanzar con firmeza y velocidad a su cueva, su postura encorbo por completo, cubriendo cada milímetro de piel con escamas obscuras e impenetrables, levantando el vuelo con movimientos que emulaban de serpenteo, volviendo a rugir para advertir a los lobos que se apartaran de su territorio gruñiendo a la bestia que les sobrevolaba, quizá advirtiendo a la manada a permanecer juntos, alerta ya fuera para retirase o lanzarse sobre la criatura.por su parte Bel abrió las fauces con intención de mostrar los colmillos, sus sentidos estaba agudizandose conforme se acercaba a la entrada de la cueva hasta aterrizar frente a esta guiado por el ferreo aroma de la sangre qué yacía en el interior. Aquellos ojos amarillos cual azufre amenazaban con devorar todo aquéllo que se cruzara en su caminó, aullentando a la manada tras amenazar con la cola agitadola con movimientos latigantes...




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Damian el Sáb Sep 08 2018, 19:28

Mientras asimilaba la vista y sus ojos se abrían, comprendió a duras penas lo que veía, el Abismo continuaba tirando de él, un inmenso valle gris, sin plantas y árboles debajo de un extenso cielo cobrizo, lleno de personas que caminaban en línea recta a un inmenso monte las cuales se arrojaban a su cráter oscuro y horrible, aquello intentó arrastrarlo en su horrible abrazo. Sintió cómo se desgarraba su ser, fuertes tentáculos de sombras tiraban de él hacia la vida, diciéndole que ése no era su lugar aún, que pertenecía a la vida para existir con un extraño propósito. Cada segundo que pasaba en aquel yermo lugar se convertía en una lucha contra el impulso por abandonar y dejar que las tinieblas le succionaran.

Entonces decidió obedecer tenía que quedarse y encontrar la forma de liberarse de aquello. Más que eso, había algo que le gritaba que descansara ya, y no quería irse. Pero había demasiadas cosas que ver, demasiado que comprender, demasiado que hacer. Abrió su mente y sintió un millar de almas fragmentadas, titilando igual que velas al viento. Uno espíritu le atraía. Era una niña amada por el bosque y fragmentada, su alma buscaba las piezas por encajar en un mundo de humanos, mas Damian no sabía nada de esto, solo la vio brillar en medio de aquella trémula oscuridad.

Sintió el vacío del interior de su propio cuerpo cadáver, el espacio donde el alma se unía a la materia, y lo ocupo. En ese momento el alma de Damian, volvió a su cuerpo. Cuando se sumergió nuevamente en la carne que se enfriaba, el mundo físico extendió los brazos y le asió de nuevo. ¿A dónde había ido? ¿Quién o qué le había traído de nuevo? ¿Aquella niña pequeña de cabellos de plata que a lo lejos oraba por él con el cosmos de un dios? Ordenó al cuerpo que sanara desde lejos, que fluyera la sangre y se contrajeran los músculos.  

Alguien tocaba su mejilla mientras sus ojos y pupilas volvían a concebir la extraña luz de una fogata semiapagada y la silueta de una hermosa joven. Llena más de curiosidad que de miedo se retiró creyendo quizás que el hombre moribundo actuaria con violencia instantánea. Luego sintió su calor, se había sentado a su lado en flor de loto. Aquella niña se movía cual animal, se acercó para olisquear hasta que sintió la pequeña lengua caliente y tibia que recorría aquellas heridas. De él salió un pequeño lamento. Cual gato que limpia a sus crías. Acto seguido sentía su respirar por todas partes, en el rostro y cabello. Hasta que sintió su voz. La voz de una niña, confundiéndola.

— ¿Qué? —Se preguntó—. ¿Qué hago aquí?

Sus ojos recorrieron la cueva sin poder recordar cómo había llegado hasta allí. Hasta que vio a la joven dama, con trazas de su sangre en el rostro y de cabellos rosáceos.

—Oye ¿Quién eres?
—Dijo Damian mientras trataba de extender su mano como muestra de paz—. Daño no te haré, por favor no tengas mie…do. ¿A caso estoy muerto? ¿Eres una ninfa de los Elíseos?

Entonces en aquel instante sintió el estrepitoso ruido a las afuera de la cueva. Una silueta descomunal ahuyentaba a algunos lobos que al parecer ya habían estado allí con anterioridad. Ayudándole a comprender que quizás aún se encontraba en la realidad. En el mundo físico de carne y madera, de viento y de nieve, de amor, de guerra y de poder. Entonces sintió el vacío, algo le faltaba en su ser, en su pensamiento, en su mente. Pues no recordaba nada, ni quien era, de donde venía y quien era aquella niña.


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Re: The city of lost trees

Mensaje por Gray el Mar Sep 11 2018, 01:34

El lamer esas deliciosas heridas habían traído una consecuencia que la hizo sonreír... El hombre había gemido, lo que significaba que estaba vivo. ¿Aún tendría esperanzas? Seguía sintiendo ese Comos cálido y misterioso brotar de él, como si algo mágico o místico lo rodeara. De pronto despertó y la miró, a lo que Gray dio un pequeño salto.

- ¡¿Ah?! - El extraño hizo muchas preguntas extrañas que no entendió. ¿Qué eran los "Esiseos"? Aunque si entendió la pregunta de quién era. - Me llamo... Gray, sí. - Dijo usando el nombre que le diera el profesor y que tan pocas veces había usado. Aún así, cuando el joven extendió la mano hacía ella la tomó entre las suyas, aunque visiblemente más pequeñas que las ajenas. Portaba algunas cicatrices y estaban sucias de correr en cuatro patas.

- ¿Tú cómo te llamas? ¿Qué haces aquí? - Preguntó curiosa, aprendiendo a interactuar ahora con los humanos. Al parecer las heridas se habían cerrado de la nada... O quizás sus lamidas hubieran funcionado... Bueno no, sabía que no podía hacer algo así. Levantó la mano del hombre y la acercó a su pequeño rostro. Hundió la nariz en la palma y comenzó a olisquearlo, hasta llegar a sus dedos, lamiendo la zona, colando su lengua entre éstos.

Para el pobre chico quizás fue una experiencia extraña pero para la peli rosa era una forma de conocerlo y en esos momentos no conocía mucho de etiqueta humana... Y así determinó que sabía delicioso y que si tuviera hambre, podría arrancarle los dedos a mordidas, comerlos y chupar los huesos hasta que no quedara nada. Pasó su mejilla por la mano, frotándose como si buscara una caricia hasta que escuchó el rugido del dragón.

Se levantó de golpe, erizándose como otro animal salvaje, gruñendo por lo alto provocando el eco en la cueva. La manada ya lo conocían... Solía meterse en su territorio e incluso se había cobrado la vida de alguno que otro de sus hermanos temerarios así que ya habían aprendido a no meterse con él y simplemente huir. ¿Qué hacía ahí? Miró al joven y luego a la salida... Su manada no tardó en aullar la retirada, sin embargo, ella parecía estar acorralada.

- Tsk... Estamos en problemas. - Dijo extrayendo las garras de sus manos, sustituyendo las uñas naturales. Claro que no sabía la identidad de esa bestia joven e impetuosa y realmente no lo imaginaría. Miró alrededor, buscando las armas de cacería del hombre. - El dragón nos va a devorar... ¿Aún puedes usar esas cosas? - Sin embargo el chico se veía confundido. Intentó levantarlo, tomándolo del brazo, pero sin duda era más grande y pesado que ella.

Desistió de momento y caminó a la entrada de la cueva, acercándose un poco. Movió ambas manos hacía arriba, levantando un muro de hielo como si fuese pared... Esperaba que eso no permitiera entrar al animal pero... No sabía usar muy bien aún su cosmos y su hielo era débil y algo quebradizo. - Grrr...




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Ethan el Mar Sep 18 2018, 19:18

Aunque había rugido y aquella manada de lobos se habia retirado el aroma de la sangre permaneció fluctuando en el hambiente, tan intenso como envolvente en el interior de la cueva invitanto a dar persecución al animal que en su interior encontro el refugio erróneo. Asomó la cabeza al interior para inhalar a su presa, de no ser porque un muro de hielo cerraba su pasó, propinando un golpe en el hocico.

Colerico arremetió contra el cristal,con el golpeteo de la cola quebrando los trozos de hielo, asi cómo los muros de la entrada que se encontraban a su paso. No hacía uso de la razón, era inútil engañar a la bestia qué seguía su instinto, planteándose firmé en la entrada para obstruirla.

De dos caminos que tenía la cueva solo dejaba uno a los intrusos, que conducía a la parte mas profunda de la montaña y donde conforme te adentrabas en su tortuoso caminó, la luz natural de la luna desaparecía, y otras nuevas luces naturales brillaban de entre sus paredes, una especie de gemas brillantes que conducían a una de las camaras que el Dragón atesoraba.Entre esqueletos calcinados y monedas brillantes estibados contra los muros joyas y cofres con piezas preciadas de oro y plata,coronas, copas, figurines , escudos de ornamenta y telas finas.




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Damian el Jue Sep 20 2018, 15:24

La niña lamia con desdén el lustroso líquido casi coagulante y frío de la sangre de las heridas del hombre que palidecía ante el insondable atrio de la muerte que quería devorarle, la veía sonreír en un extraño éxtasis de morbosidad y repulsión, no sabía describir a ciencia cierta si aquello era malo o bueno y en aquella mueca, aunque parezca extraño, estaba ausente la malignidad de un corazón oscuro y perverso, pero el placer asomaba por las grutas de una personalidad natural y lejana a la humana en la niña, era salvaje, era indómita, era ella o quizás la misma naturaleza humana sin los prosaicos detrimentos de lo que llamamos educación o etiqueta haciéndole recordar que éramos simplemente eso, animales dotados de una vaga inteligencia. Gemía Damian por el escozor de sentir el órgano húmedo y suave en su vibrante laceración, la niña le miraba al lamer provocando ya emociones sin ética o cordura. Ante su despertar la pequeña dama se había asustado. Al parecer todas las palabras referidas no eran comprendidas, sin embargo algo alcanzo a comprender y gracias a eso balbuceo un nombre asomo en aquellos labios carmesí “Gray”

—Gray —Repitió el hombre al escucharla hablar para grabarlo en su mente, pero vagamente respondía en un tono flojo y lastimero—. Un nombre muy singular. Mi nombre es...

Comprendió que debia hacer un esfuerzo grande por recordar aquella palabra pero se interrumpió al observar como aquella niña tomaba para si sus manos, mirandolas con detenimiento. Comparándolas con las de ella, raro comportamiento en alguien de elegante atuendo de dama de alcurnia y fina cabellera. Ella le miraba y se sentía especial verla, quizás abandonaría el mundo de los vivos viendo algo tan curioso y tan bello.

No recuerdo... mi... —Dijo Damian sin poder recordar quien era. Entonces sintió el escándalo en la noche, afuera una infalible bestia quería entrar y ahuyentaba los lobos con su intimidante rugir que heló el corazón de Damian. La niña mencionó la palabra Dragón. Aquello hizo suspirar al hombre. La niña se levantó y corrió para pretender detener a la bestia. Damian trató de asir la falda de la infanta, pero sus fuerzas le impedían ponerse en piel. A duras penas buscando dentro de sí su cosmos emergió y camino hasta donde ella estaba apoyándose en la pared rocosa, solo para ver como esta pequeña usuaria también del cosmos generaba una irrupción en el movimiento de los átomos para congelar ante ella un muro de fino cristal helado que les protegiera.

Pero el dragón rompería aquella muralla, pronto serian devorados. Entonces cerró los ojos y el brillo de los santos dorados le envolvió y sus ojos verdemar se encendieron como llamas, así que rápidamente corrió a donde estaba la niña y la abrazó por dé tras y viró dándose la vuelta para protegerla con su cuerpo. El dragón entra y el cristal cae sobre el cosmos del caballero derritiéndose al tocarle convirtiéndose en gotas de agua. Posteriormente, quedó allí aun lado de la niña.

—Por favor… —Dijo balbuceando a la bestia como si conociera alma en aquel corazón de dragón—. No le hagas nada a  Gray… Ella… Por favor…

Su voz se apagó y sus ojos quedaron abiertos con la mano extendida en señal de defensa, como si quisiera que parara todo aquello y hubiese calma. En su rostro había sufrimiento, su petición era más un ruego que una orden, pues su otra mano tocaba a la niña en señal de protección. Como si prefiriera morir antes que Gray padeciera dolor.  En él, en su corazón no había ningún sentimiento hacia la niña, más bien el de un hermano mayor pretendiendo proteger a alguien que murió por dejar sola. Entonces una fina capa de agua lustró sus ojos. Y percibió ver en los ojos de la bestia a alguien humano.


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Re: The city of lost trees

Mensaje por Gray el Mar Sep 25 2018, 22:26

Era interesante notar como el joven se quedaba implacable ante sus atenciones que otros causaba pánico o desconcierto... No es como si lo disfrutara pero tampoco parecía molestarle... Gray ladeaba la cabeza ante su comportamiento, curiosa. Quizás la muerte estaba arrastrándolo demasiado lejos ya de la comprensión y veía en la niña pelirrosa cosas que no podía entender. Aún así sonrió un poco ante como la miraba, hasta que el dragón llegó a la cueva.

Después de levantar el muro, con la esperanza de que eso lo detuviera, el joven que no parecía recordar su propio nombre, se acercó a ella con bastantes problemas en su andar. Sin embargo el enorme dragón rompió el hielo como si fuese de cristal... Pero algo más llamó su atención y eso fue el aura que comenzó a desprender el hombre herido.

Gray no pudo evitar erizarse ante ese sentimiento tan extraño, la primera vez que sentiría el Cosmos de un caballero dorado. Pero lo que pasó a continuación la descolocó totalmente ya que el mismo que emanaba esa extraña energía ahora la cargaba como si fuese una muñeca y la alejaba del peligro. Abrió un poco más los ojos color aceituna. ¿Qué se supone que estaba haciendo? Es como cuando los lobos toman a los cachorros del pellejo y los alejan.

Miró sorprendida como interponía su cuerpo entre ella y la bestia, era... Algo curioso... No había muchos que fueran así. ¿Por qué buscaba protegerla? Se asomó un poco para encontrarse con el rostro del dragón, especificamente con su morro. Comenzó a gruñir... No, ella no era una doncella, una dama en peligro. Y él estaba herido... Saltó como animal salvaje por encima de Damian directamente a la cabeza del enemigo.

- ¡Grrrrrrrrrrrrr! - Lo abrazó sacando sus garritas para clavarse a él y que a pesar de que se moviera no se iba a caer tan fácil. Y entonces le metió una buena mordida en las escamas, no sin antes gritar. - ¡Salga de aquí, señor, corra!




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Ethan el Vie Sep 28 2018, 19:54

Estaba comenzando a sentir realmente irritado, porque aquel aroma que expedian ambos cuerpos dejo de ser el del temor, ni siquiera un poco de respeto me tenían o algo de arrepentimiento por introducirse sin consentimiento alguno a un recinto sagrado, que hasta las bestias más salvajes del Norte evitaban.

Claro que no, el de mayor estatura poseía otro aroma ese que los tontos tenían cuando se pasaban de listos queriendo razonar con una bestia molesta, provocando que abriera las fauces permitiendo se visualizaran aquellos enormes y filosos colmillos que en dos mordiscos triturarian cada hueso. El  cuanto al aroma que provenía de aquella jovencita de menor estatura que gruñia, era tan similar al de la manada de lobos que antes estuvo en la entrada, al parecer ella formaba parte de la manada.

* Grrrrrr* replicó el gruñido, que seguro entendería mejor que otro rugido. Al fondo de la garganta una luz brillante emanaba calor,amenazaba con escupir fuego calcinante si ambos no se retiraban de mi territorio.  Pero la bola de pelos rosa saltaba encima y mordisqueaba con necedad, provocando que la flama saliera sin control por toda la cueva amenazando con sus abrazadoras llamas al adulto.Mientras mi largo cuerpo  retrocedia y azotaba contra los muros a la niña salvaje, pero se había fijado con todo y sus garras al lomo,las patas cortas no ayudaban en absoluto para removerla y tras pensando brevemente  si la salvajita no pretendía marcharse entonces la convertiria en la cena, las alas desplegaron y las patas se impulsaron pata levantar vuelo al interior a gran velocidad, llevando conmigo a Gray por la zona rocosa y mas fría hasta la entrada de sus tesoros; donde ella ocuparía el lugar principal. 

Buscaba hacer un ovillo de su cuerpo dejando en el centro a la pequeña loba, sus fosas nasales inhalaban con brusquedad sobre ella y saboreaba su aroma, su lengua rasposa asomo fuera de las fauces para lamer su rostro con extraña familiaridad , algo en ella le decía que ignorada el instinto de comersela.




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Re: The city of lost trees

Mensaje por Damian el Sáb Sep 29 2018, 20:31

No conocía nada de dragones, nunca había visto uno. El animal ha conseguido llevarse a la cría adentro de la cueva. Se quedó arrodillado junto a la entrada impotente y aun sangrando. Algo de fiebre hacia que su cuerpo no se sintiera bien. Sin más de manera lenta recogió sus cabellos mientras pensaba en muchas cosas. Para aquel entonces la bella niña ya había sido devorada por la bestia. Sin embargo, vagos recuerdos vinieron a él. Utilizaba la destreza de un guerrero con habilidades extraordinarias. Ante aquello que su mente no le dejaba recordar miro sus manos algo ensangrentadas, pero ya el líquido había secado sobre su piel dejando marcas, costras y manchas sobre sus dedos y su palma.

Entonces miró su herida. Quien sea que le haya provocado aquello era fuerte. Entonces unos ojos amarillentos golpearon su mente. El recuerdo de unos dientes conspicuos a modo de cierra asechaban su cordura. Respiró profundamente y se levantó. ¿Que era aquella serpiente? ¿Por qué querría a la niña solamente? ¿Por qué no le ataco a él? Entonces cayó a tierra. Recordó verse envuelto en las llamas, pero estas no le hicieron daño. Observó su piel, mas su ropaje no había jugado la misma suerte. Estaba chamuscado y la nieve había apagado el calor que le abrazó.

Entonces nuevamente tomó fuerzas y camino hacia su fogata, la energía que le cubría le ayudaba a mantenerse en pie. Al llegar alguno que otro carbón luchaba para mantenerse vivo en la madera seca que había tratado de recoger. Así que tomando uno de estos, lo convirtió en una antorcha con tiras que arranco de sus vestidos llenos de hollín. Y se internó dentro de aquella caverna, en busca de lo que no se le había perdido. Pero algo en él le indicaba que debía hacer aquello. Quizás este era el hogar de aquella criatura, y él atrevidamente accedió a ella. Entonces apoyándose de la pared se internó en los pasillos naturales de roca en donde estalactitas y estalagmitas cubrían el techo y el suelo, tan finas y tan filosas que al tocarlas podían cortar su piel. Entonces la luz de la luna dejo de tocar su cuerpo. Así que miró hacia atrás sabiendo que quizás no la volvería a ver.

Pero entonces algo brillaba en las paredes de la caverna. Pequeñas luminarias con extraña fluorescencia, joyas preciosas de muchos colores se depositaban, incrustadas en el lugar. Un hermoso paisaje bajo la tierra donde era mucho más cálido. Asombrado miraba aquello guiándose por su improvisada antorcha que poco a poco parecía apagarse por falta de combustión. Sin embargo la cueva ofrecía una luz propia y no tuvo necesidad de ella. De igual forma su energía, la cual brotaba de forma visible desde su interior le permitía avanzar de cierta forma en la penumbra.

Luego se escuchó el crujir de algo a sus pies. Una osamenta calcinada, sin previo cuidado sus pasos habían roto un cráneo ennegrecido por llamas extrañas. Quizás las mismas que brotaban del interior de la garganta de aquella criatura. Entonces fue allí donde lo vió aquel tesoro ante él, joyas, cofres con monedas brillantes. Pero escuchó el resoplido del animal cerca. Y se escondió en la grieta de una roca, junto a él estaba el cadáver de alguien quemado el cual montó sobre el para esconder su olor y no ser notado, pero aquello era imposible. Tanto la niña como el dragón sabían que él estaba cerca.


Neither death nor fatality nor anxiety can produce
the unbearable despair  that results from losing one's identity.
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