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The coast of silence

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The coast of silence

Mensaje por Damian el Mar 21 Ago - 14:43

Las insondables horas que marcaban el pensamiento de Damian eran sellados por cada palabra en aquella estructura vegetal, un papiro que era transformado por las líneas de tinta que escribía el sucesor de los Dayne.  La luminaria de aquella estancia lo mantenía en un halo de protección a horrendas formas que le asechaban desde la oscuridad densa y eterna. Quizás en sus pensamientos la paranoia y el drama no le daban tregua, o de pronto todo pensamiento y reflexión quizás era un desdén de una carcomida mente influenciada por el horror vivido. Por tantas veces que intento contener la atrocidad malsana que yace encerrada posiblemente en los calabozos informes de las profundidades de su alma, atado con cadenas de autocontrol y medicación proveniente de la más profunda ciencia de la herbolaria mística del príncipe serpiente. La pluma mojaba, la pluma escribía. Por un momento se detuvo y observó la fuente bibliográfica de la cual se basaba para transcribir aquello. Y tomándolo entre sus manos se reclino hacia atrás y lo ojeo por un instante.

Era un amasijo de papiros envueltos en una caratula carcomida. A lo lejos se escuchaba el goteo de la fuente donde solía bañarse, como provocando un efecto de eco en el ambiente, llenando de misterio aquella cámara en la que se encontraba con aquella música periódica y latente. El edificio era muy viejo pero resistente y quizás la madera y el mármol producían aquello con mucha más fuerza en adornos austeros y simples de la casa de los Dayne en el poblado de los puertos que daban al sur. La obra en sus manos no poseía título alguno ya que le faltaban las primeras páginas; pero al abrirlo por el final vió algo que enseguida llamó su atención. Sus ojos se llenaron de perplejidad y su garganta trago en seco. Sus ojos se cerraron por un momento como llenándose de fuerza para seguir leyendo.

Se trataba de una especie de receta; una pequeña lista de cosas que forjar y decir, que sonaban como algo oscuro y prohibido; pero siguió leyendo sin hacer que sus labios mencionaran aquella letanía horrenda, descubrió ciertos párrafos en los que se mezclaban la fascinación y la repulsión, ocultos en las amarillentas páginas, antiguas y extrañas, poseedoras de secretos que había buscado el Señor Mathias Dayne durante décadas y que el en especial ansiaba conocer. Era una guía hacia ciertas puertas y entradas que los magos habían soñado y musitado cuando el hombre era joven, y que conducían a lugares más allá de las tres dimensiones conocidas, a regiones de extrañas vidas y materias, donde el mismo Cronos podía repelerte si llegabas a pecar o a osar colocar un pie dentro de ellas. ¿Quién había escrito aquel manuscrito? ¿Qué le había costado? Sin más, se levantó abandonando la tarea de transcripción. Tomó aquello y lo envolvió en una tela de lino fino. Posteriormente levantó un tapiz del suelo, luego una pequeña tabla y finalmente deposito el amasijo de papiros dentro del agujero. Guardando debidamente aquello y dejándolo como estaba, se dispuso a salir de su alcoba.

Al salir de su cuarto el ambiente afuera era mucho más frio y en el suelo se encontraban aquellos platillos que había despreciado de comer durante un día completo. Por donde iba, saludaba a la servidumbre con una fría reverencia mientras sus ojos se nublaban con algo que atacaba su mente. Una de las damas, su más fiel servidora, le habló de la comida, sin embargo no escuchó por la distraída mente que cargaba, y salió de aquella casa rumbo al puerto. Vestía completamente de negro, botas, pantalón y el gabán. Lo único blanco era una camisa con acabados de encajes y paños a la altura del cuello. Su cabello violáceo y largo estaba agarrado en la parte superior de su cabeza con una coleta, dándole la forma de una cola de caballo. Caminaba con las manos agarradas a la altura de su cintura y de tras, al final de su espalda. Damian andaba como si midiese sus pasos. Sin embargo para los ojos de un mortal era solamente un hombre más entre la multitud de la calle en pedregada en una noche cualquiera, pero para los ojos de quien maneja el cosmos en él se observaba una aura oscura e inquietante, una cara de preocupación indebida que no miraba a ningún lado. Sin más, entró a la taberna y se sentó en la última de las mesas a degustar una pinta de cerveza de barril.


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Re: The coast of silence

Mensaje por Sugu el Miér 22 Ago - 12:43

Interior:

El Este tenía ese algo especial que te invitaba a explorar cada uno de sus rincones, su gente poseía personalidades cautas, respetuosas y serenas que contrastaban con los habitantes de las regiones Sur y Oeste. Estaba casi convencida que con este hambiente en el que existía una cotidianeidad, cualquier viajero podría acostumbrarse desear establecerse en la región.

No era mi casó el querer hacentarme en estas tierras, pero consideraba que era una posibilidad para otros viajeros que como yo buscaban un lugar al cuál pertenecer, una identidad con cuál identificarse y colmarse al mismo tiempo.Para mi  con tan pocos días de comenzar aventurarme en los mercados y plazas, ofreciendo el servicio de premonición, no estaba planeado quedarse más que algunos meses,un poco más de lo que los gitanos solían permanecer en el mismo lugar .

Y a diferencia de los gitanos y sus pitonizas yo procuraba hacer un trató justo,a cambio de 15 dracmas la gente recibía un fragmento de su futuro y yo por mi parte podía seguir subsistiendo sin tener que prestar servicio a ningún Díos que no lo mereciera, sin robar y sin tener que vender mi cuerpo.

Algunas veces no era necesario usar el pequeño don con el que había nacido para optener las monedas que proverian de alimento, debido a que las perlas que llevaba visiblemente en mis prendas, rosario y la semi corona en el cabello que también solían ser objeto de interés de comerciantes , estos mismos  pagaban bien por dos o tres de éstas perlas que para mi no representaba dificultad alguna volver a conseguir. Llegada la noche, buscaba albergue de las calles en las tabernas que según algunos marineros eran las mejores moradas donde podia uno descansar, ya fuera por la bebida o las mujeres, éstas tenían cuartos económicos y borrachos sociables fáciles de controlar.

Y era así cómo un joven de larga cabellera negra y androginas facciones terminaba bebiendo un tarro de cerveza en la esquina, junto la escalera  observando en silencio a todos en el lugar, escuchando algunas de las charlas y rechazando aquellas mujeres hermosas que ofrecían sus caricias, a casi todas excepto la hermosa pelirroja  Melodian quien había sido su primera clienta y ahora ofrecía información a Shige sobre enfermos adinerados que pagarían su fortuna entera por que les devolvieran la salud.
-Es un hecho Susu,el mozo de la casa me lo a dicho que el anciano está desahuciado, si tu puedes curarlo seguro podras hechar mano a su fortuna y compartir conmigo las ganancias- sus finos dedos acariciaron con descaro algunas hebras de cabello de Sugu - -Melodian te e dicho que no me toques no me interesas, ya veremos si lo que dices es cierto  -

Melodian:

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Re: The coast of silence

Mensaje por Damian el Sáb 25 Ago - 10:11

Observó el líquido amarillento en el fondo del recipiente. En él la espuma se difuminaba en la superficie formando de mapas que evocaban recuerdos del pasado, unos ojos amarillentos y horrendos le miraban en el reflejo del líquido, con una expresión y una sonrisa burlona y perversa. Junto a aquel envase una vela se derretía formando en su decadencia formar irregulares en una cera rojiza y de mala calidad.

Ya habían sido cuatro de ellas que se había tomado. Sus sentidos aunque no ebrios empezaban a alterarse solo un poco pero no lo suficiente como para abandonar la razón. Sus ojos apagados miraban a un punto incierto en la estancia bulliciosa, atiborrada de personas de toda raza, color y forma. Extranjeros que con su dialecto venían de muy lejanos mares a depositar en los orinales de la estancia su liquido amarillento y dejar algunas todas sus ganancias en licor, cerveza y ¿porque no? En alguna trabajadora sexual que decidiera vender sus dotes en la cama a un pirata o mercader gordo que por su fealdad no tenía mujer.

Había gente rica, hombres pobres de pocas monedas, hombres de comercio, capitanes de barcos, jovencitas de escasos años de haber sangrado rodeándoles con trajes caros pero se les notaba la humilde procedencia de dónde venían. Aquel local era para mujeres que no se dejaron seducir por la entrepierna masculina que libres también poseían la capacidad de lucha y entrega en el mar. La moral y las inhibiciones se dejaban en la puerta. A Damian solo le importaba ahogar el recuerdo de la experiencia vivida y sacar las escamas que se habían quedado sujetas en un rincón de su ennegrecido órgano llamado corazón.

La iluminación era baja y la sempiterna y alegre música de tambores, flautas y hacía imposible la conversación, pero a nadie le importaba, menos a él, ya que estaba solo. Alguno que otro pirata camuflado, heleros, todos venían al bar del puerto a beber y a olvidar sus identidades ordinarias en una noche de pecado y libertinaje. Damian se levantó camino entre las personas pretendiendo llegar a la barra, pero con la mala suerte de tropezar cerca de una mesa en la cual estaba una hermosa de dama de cabellos rojos como el fuego y labios tentadores que acompañaba a un joven, no se sabía a ciencia cierta si era una dama o un caballero. Damian coloco el envase de madera en la mesa de estos últimos antes de levantarse y posteriormente se irguió delante de ellos. Sin querer escucho parte de lo conversado y le produjo una desazón en su integridad de paladín.

Al levantarse parecía una figura oscura recortada, estaba a contraluz y sus facciones poco se identificaban, hasta que se acercó a la iluminaria de aquella mesa, entonces sus ojos verdemar miraron a los presentes. De inmediato se dejó cautivar por los ojos azules de aquella joven y pos su aspecto físico mirando más de lo necesario sin hacer mueca o expresión alguna.

—Mis disculpas —Dijo Damian—. No pretendía molestarlos con mi presencia, ¿Se encuentran ustedes bien? Podría enmendar mi error invitándolos a ambos a tomar algo que ustedes gusten, y quizás a ganar un amigo en esta noche.

Acto seguido realizó una reverencia apenas agachando la cabeza y cerrando los ojo, es de precisar que aquel caballero de vestimentas oscuras y camisa de blanco hueso, era alto como para sobresalir por encima del tamaño de los hombres del lugar exceptuando a los guardas de los que se valía la taberna para sacar ebrios.


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Re: The coast of silence

Mensaje por Sugu el Sáb 25 Ago - 14:40

La mesa apenas si se sacudió un poco ante el movimiento bruzco del varón, algo a lo que Melodian de inmediato entendió sería su oportunidad para conseguir un espécimen masculino ideal, sus ojos brillaron a causa de la codicia,sus tersos y carnosos labios formaron una sonrisa de lo más sublime y encantadora que no poseia ninguna otra fémina en el lugar. Las habia visto a todas desfilar con sus encantos por todo el establecimiento pero ninguna igualaba a Melodian, ella era como la joya de la corona: belleza exhuberante de silueta perfecta entallada por prendas de calidad, sus pechos grandes y redondos asomando el escote dejando aún algo a la imaginación, pero su mayor atributo sin duda era su voz armoniosa.

De inmediato se aproximó a él, tomandole con suavidad de los biceps para ayudarle a tomar asiento, siempre tan atenta - Perfectamente Señor, adelante tomé asiento que mi buena amiga Melodian estara complacida de acompañarnos-Con un ademán le indique a la pelirroja que fuera por los tragos mientras averiguava que tanto había alcanzado escuchar de aquella conversación inusual qué nos ocupaba, no es como aquéllos que planeaban  un atracó, pero dependiendo de la parte que escuchará se maltirpretaria o no nuestros planes.

- Y bien caballero me permite cuestionar la causa de su mal? Sinceramente esperó no sea por la ingestión de alcohol, pues a mi perecer su semblante luce consternado - apoye ambos brazos sobre la mesa, encorbando hacia delante mi cuerpo para acercarme más al varón y de esta forma mis palabras no se perdieran en el bullicioso entorno. Las orbes violaceas fugazmente analizaron minusiosamente la vestimenta y rostro ajeno, no tenía pinta de ser foráneo en estas tierras su acento  lo confirmaba y su lenguaje corporal no era tan burdo como el de los piratas, era algo sombrío y demasiado propio al hablar;Seguro Melodian tenia un instinto único para reconocer hombres potencialmente ricos porque este caballero poseia aquello que llaman porte
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Re: The coast of silence

Mensaje por Damian el Lun 27 Ago - 13:22

De pronto, sintió el dulce roce de la mano suave de la dulce Melodian para tratar de pararle, un caudal de emociones se desbordo dentro de Damian.  La belleza de la chica le confería prestigio entre muchas muchos hombres fallecerían por ella, no sabía a ciencia cierta que le hacía más exótica, si sus hermosos cabellos, hechizadores ojos, o su cuerpo de diosa. Damian había escuchado que hombres del otro lado del océano hacían guerra por mujeres así, en vez de tierras y tesoros. El caballero  les daba la razón, había que tener mucha fuerza de voluntad para no perderse en aquellas curvas, en aquellos ojos soñadores y no albergar algo de deseo por poseerla, con solo verla su libido empezaba a inquietarse. Colocando sus manos sobre ella se levantó plantando sus ojos sobre los de ella. No pudo contener las ganas de no sonrojarse, quizás el licor le había jugado una mala pasada pues se encontraba entre los límites de la razón y la inmensidad de emociones de un hombre ebrio. Sin embargo falta mucho para que aquel hombre de figura marcada y esbelta cayese ante los efectos de aquellas sustancias.

La chica muy amablemente le ofreció asiento y él,  le correspondió con una venia y una sonrisa, mientras que dentro de su mente cadenas de autocontrol le tomaban preso para que su atrevimiento no se desbocara por besar aquellos labios. Sin más cerró sus ojos y la dejó marchar.  La hubiese seguido mirando si el joven de delante de ellos no hubiese interrumpido muy amablemente para apoyar la acción de la dama de rojo,  insistiéndole en acompañarles y refiriendo que la mujer estaría complacida con su compañía. Sin embargo ya él lo estaba por solo verle. Entre gestos la dama se alejó de la mesa y el la siguió con su mirada verdemar mirando sin pestañar o decoro su cuerpo al caminar. Después se sentó acomedidamente en aquella mesa, con la inmensa sorpresa, que cuando observó con ahínco las facciones de aquel hombre delante de él se sintió atraído de cierta forma sin conocer el porqué. ¿Qué era aquello? Extrañado ante aquello negó con la cabeza refunfuñando en su mente por quizás pasarse de copas.

« ¿Qué clase de cerveza es la que ofrecen  aquí?» Se dijo para sí. Pues había jurado visitar con anterioridad el sitio y nunca sentirse así ante la presencia del joven de largos cabellos oscuros y mirada cautivadora, pues era de bella presencia. Quizás mucho más que el mentón aguzado y las fisionomías fileñas de Damian.  Sin más el joven ante él, le refirió  antes, que se encontraba interesado por los males que aquejaban la mente de Damian. Sin embargo, al sentirse abordado y de como un simplemente un ser humano se había dado cuenta de algo dentro de él, se sintió algo intrigado, extasiado, una vibración desde el fondo de su alma le despertó la borrachera. No sabía que decir o que contestar. Su ceño se frunció por algunos instantes y analizo que quizás solamente se trataba de alguien que quería ganar algunas cuantas monedas ofreciendo ayuda al estado de ánimo de las personas del lugar, después de todo eran pocos los que conocían la indómita energía del cosmos y sus propiedades.

—Descuide buen amigo,  soy Damian Dayne de campoestrella —Respondió con amabilidad—. Son muchos los males que aquejan a un hombre en estos días. Quizás sea el dinero, el amor… La guerra. No sé si habrá escuchado sobre los vientos de guerra que se ciernen sobre el reino del Este, todos los demás se aliaron para atacarnos.  Los de arriba no se decidieron por quien debía gobernar después del asesinato de Zeus y creo que así lo fue, quizás por ello la Señora Minerva se ha tomado el atrevimiento de acoger al reino bajo sus ser. Ya las personas comienza a vivir precarias situaciones en los limistes y el desplazamiento de las tropas se ciernen sobre los pueblos haciendo que miles de refugiados vengan al Este o migren a otras zonas más seguras. Pero que esto, no opaque el momento.

— ¿Cómo se llama su compañera?  —Dijo Damian quien sonreía  amablemente abandonando el rostro ceñudo—. ¿Cuál es su nombre? Sin duda es hermosa ¿De dónde viene usted? No lo había visto por aquí antes, de todas formas tengo mucho que no vengo a este lugar.


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Re: The coast of silence

Mensaje por Sugu el Mar 28 Ago - 16:52

-En mi experiencia el amor siempre parece ser el problema,ya sea por exceso o carencia del mismo- Volvió su mirada en busqueda de la pelirroja, sólo para asegurarse que estaría unos minutos más ocupada en la barra antes de retornar a dedicar su atención al varón sentado delante mío. Permitiendo que el buen mozo continuará hablando de las inquietudes que traía consigo la situación politica de los reinos. - curiosa e inquietante situación, eso explica el porque los refugios y hostales tienen sobrecupo- sus largos y delgados dedos cubiertos por un guate blanco volvieron a tomar del tarro para beber un trago más de la cerveza, bebiendo lento de su contenido y dejando aun la mitad del líquido. Para entonces Melodian ya estaba de regreso con nosotros dejando los tragos por el costado de Damián y tomando asiento asu lado -¿Me pareció escuchar que preguntaba por mí?- endulzo su voz con coquetería,acariciando el hombro del joven hombre -Solo quería saber tu nombre Melodian- me quede observando fijamente los movimientos que la dama realizaba, perturbanda por su actuar, no simpatizaba con su conducta pero era imposible ignorar la oportunidad de aprender un poco sobre la conducta femenina de la cuál carecía.

-Conociendo a Susu no se habrá presentado ni él menos me presentaria a mí, Soy Melodian O'Brian para servirte - acompañó sus palabras con un guiñodo acortando más su distancia, cruzando su pierna por debajo de la mesa haciendo que la abertura de su vestido mostrará un poco mas de esas contorneadas piernas que solo el señor Damián vería desde su posición - Por favor deja de ponerne sobrenombres, te eh dicho que es Sugu porque no podías recordarlo- a lo que ella solo se limitó a soltar una pequeña risa de burla por lo fácil que le resultaba sacarme de balance.

- Bien mi buen amigo Damián, la dama tiene razón no me e presentado como es debido disculpame, me presento yo soy Shige Tsnunetsugu de Aqueronte- la mirada paso de ella a él, con lo que parecía una sonrisa tímida, volviendo a tomar del tarro otro tragó pequeño.
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Re: The coast of silence

Mensaje por Damian el Miér 5 Sep - 23:58

Todo a su derredor eran alegrías, gritos de hombres cantando, la leña quemándose en las chimeneas, el olor a cera de las velas se repartía por todo el ambiente, pero dentro de su mente estaba el perfume de Meliodan. Alguna que otra pelea se formó, pero los grandulones, saca borrachos hacían bien su trabajo, interrumpiendo a tiempo y desalojando de inmediato a aquellos que se las querían tirar de listos.

El hombre en frente se había presentado formalmente, su nombre en principio seria Susu, pero al parecer era un pequeño mote que le había colocado su pareja de aquella noche llamada Melodian, en ese momento la hermosa pelirroja que regresaba con las bebidas. Una vez puesta aquella cerveza delante de él la ingirió una gran parte de ella sin deja de ver a Meliodan.

No solo eso mi buen amigo —Agregó Damian dejando la cerveza medio vacía en la mesa y colocando atención a los inusuales guantes blancos de su interlocutor—. Imagine a la gente que lo ha dejado todo desplazándose a otras partes sin si quiera saber a dónde ir, tener un techo o una hogaza de pan para poder comer o darle a sus hijos. “Intranquila está la cabeza que porta la corona” —recitó el Damian la última frase en modo de canto.

Shige Tsnunetsugu de Aqueronte, un curioso ser de aspecto agraciado. Buen semblante. Volvió a tomar el recipiente esta vez bebiendo de manera más pausada. En ese instante a pesar de ser un caballero no evitó pasar desapercibido la expresión coqueta de la fémina. La piel de aquella chica en su pierna le atraía, hasta el punto de querer morderla. Sonrió con ella.

—Sin duda la conversación fluye más fácilmente con una buena bebida y gente por conocer. Además he pasado casi toda la noche viajando desde la capital del Este hasta los puertos. No hay nada que ver o admirar, no hay mujeres bellas, solo rostros tristes ¿y que mujer triste se ve bella? Ninguna. Necesito sustancia, saber que estoy vivo en medio de todo esto.
—Rió entre dientes—. Después de todo, he venido nada más a completar asuntos familiares. ¿Y Dígame buen amigo que lo trae por las tierras del Este? De todas formas no conozco el Aqueronte. Y usted mi bella dama —Se dirigió a Meliodan—. Tiene mucho tiempo en el Este, o los azares de los dioses la trajeron desde otras tierras.

Montó su pierna derecha en la izquierda alejándose un poco de la mesa para observar a Meliodan desde aquella posición disimulando su acto, una de sus manos estaba en la mesa, cerca del recipiente.


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