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In the eyes of the rose

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In the eyes of the rose

Mensaje por Damian el Vie Jul 06 2018, 20:40

Antes de la guerra...

Cuando la luna gibosa mostraba su doble cuerno, en la media mañana de aquel día. El sol se escondía bajo nubes de una lluvia que apenas habían cesado. Sin embargo los mercaderes de las distintas calles del centro de la ciudad ofrecían a los visitantes y a todo lugareño las viandas de su producción campesina. Los orfebres, baratijas para adornar la belleza de las doncellas que caminaban por las calles concurridas. Alguna que otra charca no impedía a los transeúntes deleitarse en medio de aquel murmullo de personas. Cada calleja de aquel sector estaba irrigada de pequeños puestos donde se vendían, cabras, palomas, pollos, armas de todo tipo y herreros fabricaban armaduras de todo tipo.

Niños corrían por sus calles, con la mala intención de robar al desprevenido visitante su monedero, sus joyas y demás. Entre juegos y pequeñas mañas se hacían con las suyas para lograr su cometido. A lo lejos se escuchaba una flauta de música alegre y rítmica, con tambores y matracas resonaban en las calles dándole un tono alegre a aquella escena.

La capital era una ruta de caravanas, en donde metales preciosos de la tierra eran canjeados por otros metales y por exquisitas vestiduras y por joyas y por libros y por herramientas para los orfebres y por todos los lujosos artificios de los pueblos que habitaban los parajes del este. Y así creció aquella ciudad, poderosa y sabia y bella, y envió ejércitos invasores que sojuzgaron las ciudades nunca la derribaron en tiempos del poderoso Zeus.

Fue entonces cuando el sol apareció en lo alto iluminando con sus rayos a una ciudad llena de personas libres que gozaban de la paz que ofrecía la emperatriz, diosa Athena. Seguido por los rayos del sol un hombre caminaba entre la multitud llamando la atención de propios y extraños. Era un joven alto con los ojos verdemar, de cabellos violáceos recogidos en una coleta alta. Su rostro poseía la casta de un príncipe y sus mejillas la edad de unos venti tantos de años.

Su armadura una de las trece doradas al servicio de Athena. Niños se acercaban para seguir al caballero, las damas sonrojadas bajaban la mirada después de verle, y las doncellas embozaban su sonrisa cuchicheando pensamientos que solo ellas sabían. El por su parte frotaba la cabeza de los jóvenes, y daba su mano al anciano para saludarle. Algunos mencionaban su apellido.

—Señor Dayne. —Decían, mas sin embargo el prefería no hondar en títulos y que le llamaran simplemente su nombre.
—Me llamo Damian —Su voz era propia del guerrero, pero suave en los tratos-. Mis amigos y los servidores del Este pueden decirme Damian.

Sin más seguía su camino. Su casco de Santo de Oro, lo traía a la altura de la cintura, sostenido por su mano derecha. Pues aquello solo era posible si no peleaba. Sus hombros sobresalían por encima de todas las cabezas de aquella calle. Miraba lo que vendían y sonreían con los que lo hacían. Su capa ondeaba por el viento, dándole paz a aquellos que le veían. Se sentían seguros con el allí. Damian había salido ese día posterior al sereno, para visitar algunos lugares y conocer a los compañeros de armas y súbditos de la reina. Hasta a sus fosas nasales de cazador el dulce aroma de una hermosa doncella le llego junto con el viento.


Última edición por Damian el Miér Jul 18 2018, 02:20, editado 2 veces
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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Anghara el Vie Jul 06 2018, 21:55

Ni siquiera sabia por que había decidido abandonar su recinto, hacia tan solo unos pocos días que había vuelto a recuperar su voz, lo cual agradecía, por que era muy molesto el estar comunicándose mediante un papel y escribiendo las palabras, para su suerte no se había cruzado ni con su reina ni con alguno de sus compañeros durante su estado de convalecencia si se le podía llamar así, mientras revisaba algunas cosas se dio cuenta de que le faltaba algunos objetos que la podrían servir para mas adelante, tendría que descender de nuevo al pueblo, teniendo eso en mente, descendió por todos los recintos hasta salir fuera, su rostro mostraba en todo momento seriedad, pareciera ser que había vuelto a ser en parte aquella Anghara aparentemente sin sentimientos, pero con un poco mas de auto control si bien no toleraba mucho el tacto ajeno lo cierto es que ya no rehuía de él.

Llegó hasta el pueblo, llevaba puesta su armadura dorada, pero solo las partes que eran mas ligeras, dejando al descubierto su vientre y sus muslos, si en tal caso tuviera que luchar no dudaría en usar la equipación al completo, su capa blanca ondeaba con cada paso que daba la fémina de largas coletas azuladas y doradas, no llevaba su casco, lo veía una pérdida de tiempo, era consciente de como muchos se quedaban observándola, y no era de extrañar, había pasado bastante tiempo desde que regresó.

Se fue asegurando de que todo estuviese en orden, en tiempos que corrían cualquier precaución era poca. Muchos hombres la saludaban embelesados por su belleza y por sus grandes atributos femeninos, pero era algo que no llamaba su atención, sabia que era hermosa, pero todo conlleva un precio.

-Supongo que esta vez fue una buena idea tomar la decisión por mi misma -Murmuró Anghara, no se arrepentía para nada de lo que había elegido, tan sumida estaba en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta de no era la única que había decidido dar una vuelta por el pueblo, no fue hasta que escucho lo murmullos de algunas mujeres sobre un santo dorado que parecía un príncipe, haciendo que arquease la ceja, ¿Acaso habría llegado algún nuevo compañero en su ausencia? Queriendo saber de que hablaban esas mujeres se dirigió hacia donde intuía que era la fuente de los rumores. Los ojos azulados de la fémina se posaron sobre la alta silueta masculina que estaba parada, rodeada de mujeres, niños y ancianos, haciendo que se cruzase de brazos. No sabia si había detectado su presencia o no, pero esperaría a que estuviera desocupado para presentarse. Mientras se acercó a uno de los comerciantes y se entretuvo mirando la mercancía que ofrecían.


Última edición por Anghara el Lun Jul 09 2018, 11:27, editado 1 vez

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"Todos creyeron que podian utilizarme.
Como a una simple muñeca decorativa.
Fue por eso que terminé rompiéndome.
Fue por eso que decidí destruirlo todo."


SOLITUDE:


"Y caeré en un eterno y silencioso sueño.
Es por eso que esta rosa aún conserva sus espinas.
Para mantenerse alejada del mundo exterior.
Problamente, cuando llegue ese momento, moriré.
Si tengo que volver a sufrir así.
Prefiero no volver a estar con otra persona."
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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Damian el Dom Jul 08 2018, 17:43

El aroma de las calles había cambiado. El bullicio se había opacado. Ahora el fragor de una bella joven irrigaba sus emociones, sus sentidos y le extasiaba sentirlo, mas no sabía de donde procedía todo aquello. Su instinto le decía que alguien especial andaba por aquellos lares. La fuente, una hermosa joven de coletas largas y de tonos azules con ojos que obedecían al mismo color. De mirada seria,  carente de expresión alguna. Poseía una armadura de acabados escamados, evocando a los contornos de un hermoso pez, de un dios acuático al que muy seguramente adoraron antes de que las primeras civilizaciones humanas pisaran la tierra del Este.

Fue allí cuando la vio. Era la primera Santa que lograba ver después de su regreso. Dejando a los que le saludaban se abrió paso entre ellos. Nada de ser grosero, alejándose amablemente entre sonrisas y reverencias a los más ancianos, intentaba llegar a donde ella estaba. No debía perder dicha oportunidad de conocer a uno de los trece dorados que daban su vida al igual que el al servicio de Athena. Observaba con su flamante armadura adosada a su cuerpo la hacía ver tan perfecta bajo aquella capa que admiraba a todo aquel que pasase a su lado. Ella sin embargo bajo su mirada de indiferencia veía algunas cosas que ofrecía un reconocido mercader del sector.

Por un momento el amigo de cabellos violáceos se detuvo en el camino. Vió que la chica no poseía algunas partes de su armadura, quizás le otorgarían algo de peso para moverse libremente. No le veía yelmo alguno. La intención de la guerrera, quizás, no era estar de guardia a los alrededores de la ciudad. Sin embargo sus ornamentos eran con el fin de ser identificada como alguien allegado a los guerreros de la diosa e infundir el respeto que propagaba en los lugareños. Al menos eso pensó Dayne. Se internó en la tienda de mercancías levantando los cortinajes y agachando un poco la cabeza. Se posó justo al lado de ella y detallo lo que veía sin mucha importancia.

—¿Algo en especial que le interese mi señora? —Dijo Dayne en un tono de voz agradable lejos de fanfarronería y más cercano a la humildad—. ¿Espero algo sea de su agrado para usted. Por mi parte lamento interrumpir sus tareas noble guerrera.

El caballero esta vez se colocó de frente y se presentó debidamente.

—Es un honor conocerle señorita Anghara de Piscis.
—Dijo Damian mientras ejecutaba una reverencia—. Soy Damian Dayne, Caballero de Géminis al servicio de la diosa Athena. He sido previamente informado del nombre de mis compañeros de línea tanto nuevos como antiguos, mas sin embargo no había tenido el placer de conocerle personalmente.

Nuevamente Dayne se levantó de aquella pequeña reverencia mientras buscaba los ojos azules que creían mirarle. Mientras lo hacia una sonrisa sincera salía de su rostro. Dayne por su parte se vía tranquilo y calmo. No había altivez en él. Siempre en una faceta de ayuda continúa antes que adular de algo que no era. Pues veía en los dorados a seres con habilidades mejores que las de él. Aunque más jóvenes, debía administrar el respeto que estos merecían al ser Santos dorados. No era difícil al ver la innegable belleza de aquella Santa.


Última edición por Damian el Jue Jul 12 2018, 00:41, editado 1 vez
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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Anghara el Lun Jul 09 2018, 14:55

Cuando observaba algo que la llamase la atención, el mundo directamente parecía desaparecer para ella, como en estos momentos, frente a sus ojos azulados estaban unos hermosos pendientes con forma de estrellas, por eso no fue consciente de la presencia masculina que se puso a su lado hasta que escuchó sus palabras, haciendo que Anghara saliese de su pequeño mundo para fijar su mirada azulada en el hombre de largos cabellos morados que se había colocado frente a ella.

-Puedo decir que el honor es mio el poder conocer a otro de mis compañeros de armas. -Su voz sonaba dulce, con un tono inocente, no veía motivos para estar a la defensiva con el Caballero de Géminis, de hecho, cuanto mejor se llevaran todos sería mucho mas fácil para lo que se avecinaba. -Veo que lleva mucha ventaja sobre mi, pero permite que me presente,soy Anghara LeBlanc, Caballero Femenino de Piscis -La hermosa fémina dejo de mirar a su interlocutor para volver a enfocar sus ojos en aquellos pendientes. -No, no me ha interrumpido -Menciono antes de cambiar unas palabras con el mercader y tras darle lo que pedía por los pendientes de los guardó de nuevo en la bolsa que llevaba con ella.

-Y dígame, ¿hace mucho que llegó al reino? -Preguntó volviendo a mirarle, manteniendo el respeto, al fin y al cabo se notaba que era muchísimo más mayor que ella, por otro lado, tenia curiosidad por saber si era cierto lo que se decía de los Geminianos, que aparte de ser misteriosos estaban considerados los más poderosos de entre todos los dorados.

-Siento mi pregunta, pero recién regresé de un viaje y nunca le había visto en estos lugares -Aunque no es como que saliera demasiado de su recinto, últimamente se la pasaba recolectando hierbas y preparando cualquier remedio, si bien estaba Ofiuco, cualquier ayuda que pudiera brindar era poca. Sin embargo por alguna extraña razón, no se sintió tan incomoda ante la presencia tan cercana de otra persona como normalmente la sucedía.

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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Damian el Vie Jul 13 2018, 00:56

La señorita Anghara de Piscis una joven que no se dejaba distraer fácilmente, dicha conclusión sobrevenía a la mente del caballero dorado, quien avergonzado razonaba que  la guerrera, era una dama muy selecta para escoger en cuestiones de gustos. Por un momento creyó que su voz había sido extremadamente baja, quizás tenía el sonido de un grácil niño pide limosnas, o el ronco tono de una anciana, quizás si fue eso, el tono con que pronuncio las palabras para que no le prestarán la debida atención. Tanto le afecto que iba a abandonar el lugar invadido del apocamiento sufrido.

Quizás simplemente porque alguien como ella, no se rebajaría a poner los ojos en alguien como él, un abandonado caballero que retomaba sus votos de lealtad nuevamente.  Y justo cuando se disponía a virar, levantando los cortinajes del puesto de mercadería, la joven le miró atrapándole al instante. Algo que lo dejo paralizado. Pero que se puede esperar de Damian quien apenas trataba de entrar en la sociedad y que gran parte de su carisma era producto de la armadura que portaba.

La joven hablaba de que el placer era de ella al conocer a un compañero más, así que objetó por pensar que la lista era larga y que era alguien más del montón. Aquello aunque no le afecto en su aparente estado de compostura, resquebrajo un poco una pared de ilusión. Y era de esperar, había mejores dorados que él. La joven caballero de Piscis poseía una hermosa voz que fascino al ser escuchada, sonrojando las mejillas de quien trataba de ser serio y correcto en aquel momento. Dando un mal fingir de no ser impresionado.

—Mi señora, el placer es mío —Dijo el caballero inclinando la cabeza levemente sin dejar de mirarle.

La chica había adquirido un nuevo bien a su lista de orfebrerías y enigmáticas custodias. Damián veía la amabilidad con que se expresaba y eso hablaba de que era alguien que poseía seguridad en sí mismo. Nuevamente después de aquel trueque, la joven le abordó con una duda. Directa. Había muchas cosas que responder con una sola pregunta pero a la vez debía guardar cautela.

—De hecho, no hace mucho —Dijo Damián, luego embozó un tenue aclarar de garganta—. Desde que La Reina Minerva se declaró regente del Pantheon, muchos son sus enemigos, y es en estas horas de miedo en que se avecinan tiempos de guerra sus abanderados debemos estar prestos a ayudarla.

Al ver que no necesitaban nada más en aquel lugar, mostró el camino a la joven dama para que caminase junto con él. Muy acomedidamente, expreso una leve sonrisa.

—En lo que respecta a mi ausencia
—Decía Damian mientras salía del sitio—. Es común de alguien que intenta ser cazador, no encontrarse mucho tiempo en un mismo lugar. Si no internado en los bosques, donde formas que necesitan no ser contempladas asechan a los incautos viajeros, a monstruos que emboscan en las camas a dulces doncellas y niños. Sin embargo, no soy muy curtido en el oficio hago lo posible por adquirir la debida experiencia.

El joven no sabía si ofrecer el codo para acompañar a la dama en su recorrido, o si era mejor dejarlo abajo. Sin embargo cambio el lugar de su casco por si ella quisiera aferrarse. No sabía cómo tratar con aquello.

—Me gustaría poderla acompañar en lo que resta de su camino. No con el fin de defenderle, aunque lo haría si corriese peligro, pero sé que usted es más que apta para voltear el rostro de cualquier desdichado atrevido que quiera sobrepasarse ¿Hacia dónde se dirige?

Habilidad:
Rostro simpático: tiene una cara que a todo el mundo le recuerda a alguien, y los desconocidos son propensos a mostrarse amistosos a causa de ello.
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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Anghara el Vie Jul 13 2018, 22:15

Damian de Géminis, un nombre bastante ¿principesco? por así decirlo, permanecía expectante mientras escuchaba al hombre, con su voz varonil y de adulto explicar las razones de su llegada, asintiendo con la cabeza, con Minerva autoproclamándose reina de todo Pantheon, violando lo que era un decreto mitológico, ya que ella se había informado y para gobernar el reino en caso de que Zeus muriese, su sucesor seria escogido mediante votación entre los cuatro reyes actuales, por eso una pequeña duda empezó a aparecer en la mente de la hermosa fémina, sobre si las acciones de su reina eran correctas o no.

-¿Es usted entonces un cazador? -Preguntó levemente interesada, mientras le seguía fuera de la tienda, nunca había conocido a alguien que tuviera dicho oficio. -Yo por mi parte, me gusta estar en contacto con la naturaleza, como recolectara es mi deber conocer cada una de las plantas curativas para luego preparar medicinas y pociones que nos puedan servir en caso de emergencia, así que la mayor parte de mi tiempo la paso en mi recinto, cultivando las rosas mas mortales en mi jardín para impedir que cualquiera trate de dañar a nuestra pequeña reina y el pueblo o sus alrededores.

Se encoge de hombros. -De hecho, justo iba ahora al bosque, hay algunas hierbas que necesito y que los comerciantes no suelen traer -Menciono respondiendo a su pregunta.

Mientras caminaba a su lado, observo como había cambiado de sujetar el casco de una mano a otra, notaba su titubeo, no sabia si ofrecerla que tomase su codo para avanzar o no, sin embargo, la adolescente, no hizo nada, si bien no renegaba del todo el contacto ajeno, nunca daría ella el primer paso, esbozó una sonrisa al decir que no necesitaba que nadie la defendiese, omitió por supuesto el sonrojo que observó minutos antes de su compañero, aun así tuvo la necesidad de disculparse.

-Os pido disculpas si con mis palabras os he ofendido para haceros sonrojar -Mencionó con tono sereno y calmado. -Si no le importa pasar el resto del día observando las distintas hierbas del bosque, acepto que me acompañe -Aunque no creía que aceptase, se notaba que a diferencia de ella, el hombre de larga cabellera violácea tendría cosas mas importantes que hacer que pasar su tiempo con alguien muchísimo menor y mas aun revisando hierbas medicinales.

Su mirada se habia vuelto ausente, algo dentro de ella la decia que no era la primera vez que iba acompañada de un Caballero de Oro, pero negó rápidamente con la cabeza, si eso hubiese sido cierto, no habria olvidado algo así, su mirada se dirigió al cielo, por suerte aun quedaban bastantes horas hasta el anochecer, asi que disponia de tiempo suficiente para hacer sus tareas y volver a la seguridad de su templo, si era cierto que se avecina guerra, tendria que reforzar aún más las defensas del castillo.

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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Damian el Dom Jul 15 2018, 17:52

El día estaba despejado aunque algo frío. El sol iluminaba cada pedazo de la calle por donde caminaban, paso a paso la gente veía la pareja que emocionados y gustosos se sonrojaban al ver a los dorados. Las tiendas en las calles ofrecían un camino de sombras agradables, que mantenían un clima ideal en donde no existía calor alguno. La gente caminaba viendo cada cosa en las estanterías de abarrotes y a la vez abría paso a los jóvenes guerreros, vivieres y alhajas de extraña procedencia. Ella una linda y hermosa joven que en sus años de adolescencia ya era reconocida con el honor de ser una Santa. El un guerrero de físico alto, solo buscaba un lugar en el reino después de mucho tiempo.

—Si mi señora —aseguró Damián con prontitud—. Así es.

Anghara enfatizaba en los tratos con la naturaleza, era su fuerte y le atraía hasta más no poder, tanto que las bases de sus ingresos económicos se sostenían bajo aquellos pilares, se expresaba con un tecnicismo propio de sus intereses.

«Recolectora, una profesión de mucho interés en estos días» Pensó para sí Damián.

El dorado de Géminis había conocido tiempo atrás que dentro de los santos existía un maestro en especial, un floricultor. Alguien docto en extraer de las más hermosas flores, propiedades curativas y letales que haría mella la resistencia de un hombre. Además de que se dice que podían comunicarse con la materia viva de las plantas. Un druida de los bosques. Entre aquellas sustancias las más toxico y mortales venenos del mundo, que matarían a un rey. Y allí estaba nuevamente gritando de dolor las heridas provocadas por el espectro de Grifo. Sin embargo aquello que había ocultado bajo su vestimenta y atavíos le escocia, haciendo que el entrecejo del hombre risueño cambiara por completo. Sin embargo debía mostrar compostura.

— ¿Al bosque? —Dijo—. No debe adentrarse mucho en él. Desearía acompañarla…

No terminó su frase cuando repentinamente aquello grito dentro de su ser una vez más. Posteriormente se detuvo en medio de la calle. Mientras su capa se levantó por una leve brisa. Una gota de sudor bajaba por su mejilla aun cuando la temperatura estaba baja. Su mirada se ennegreció bajo el flequillo de sus cabellos.

—Mi señora —Replicó—. No quiero ofenderle, pero estoy de guardia ahora mismo.  

Posteriormente elevó su rostro, de manera sonriente. Aquello ya había pasado. Y nuevamente volvió a la normalidad. Todo estaba bien excepto el tono de su piel. Prosiguió su camino era mucho más pálido.

—Además muchos tienen murmuradores que pueden crear falsos testimonios. —Damián se sonrojo un poco bajo un rostro de seriedad—.  ¿Qué pensarían si la ven entrar al bosque conmigo? Hubiese preferido que  fuese dentro de los límites. ¿No puede ser en otro momento?
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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Anghara el Lun Jul 16 2018, 11:11

Mientras conversaban, pudo darse cuenta de que el crepúsculo había avanzando demasiado y ya casi empezaba a anochecer, ni ella era tan temeraria para entrar a oscuras, por eso le miró cuando decía que estaba de guardia, lo entendía, no iba tampoco a obligarle. -Supongo, ya es muy tarde, la única opción seria encontrarnos en este mismo punto justo al amanecer, digo, si aun estáis interesado en acompañarme -El sonrojo adornó las mejillas de la hermosa fémina al escucharle decir que podría empezar murmuraciones si la viesen con él, entrando a un lugar así, aunque Anghara no veía nada malo en enseñar a su compañero a lo que se dedicaba, no entendía por que la gente iba a murmurar.

-Disculpe, pero creo que no he entendido sus palabras -Mencionó con tono inocente, antes de soltar un suspiro. -Entonces, nos vemos mañana aquí mismo -No era tonta, podría ser menor, pero había notado la incomodidad del Geminiano y por su rostro daba a entender que había sido herido. -Creo que lo que puede hacer seria descansar -Esbozando una sonrisa se despidió y se fue en dirección a su recinto, donde nada mas llegar se despojó de su armadura y se colocó su prenda de dormir, pero antes, salio a contemplar el hermoso jardín de rosas rojas que adornaban la salida de su recinto, pacífico pero mortal, tal vez debería de hablar con Aleister y pedirle que si la podría ayudar a encontrar un antídoto contra el veneno de su sangre que sus camaradas pudiesen tomar, aun cuando se acostó en su cama, se encontraba intranquila, presentía que algo gordo iba a avecinarse hacia el Este, lo mejor seria dormirse, mañana tenia que madrugar, no fue consciente cuando se durmió que en su mente apareció el rostro amable de Damian.

Justo cuando comenzaba a salir el sol apenabas, la peliazul abrió sus ojos, no tardó tiempo en estar vestida, no iba a portar hoy su armadura, ya que lo que tenia que hacer era muchísimo más delicado, tras desayunar algo ligero, descendió de nuevo hacia el pueblo, sus pasos la llevaron hasta la entrada a la arboleda, mientras esperaba observó como poco a poco el sol iba alumbrando con sus rayos las hermosas tierras que formaban el Este, pero algo dentro de ella la decía que no era la primera vez que iba con un compañero de armas, pensativamente se llevo su mano al cuello, donde reposaba una hermosa cadena de oro con una llave, un regalo del rey del Sur del cual no se había vuelto a desprender, esperaba de nuevo volver a coincidir con él en alguna otra ocasión, cerro sus ojos, algo dentro de ella trataba de decirle que estaba olvidando algo importante, pero decidió no hacerle caso, por eso sin darse cuenta empezó a entonar una canción, ni siquiera sabia de donde había venido la letra, solo tuvo la necesidad de cantarla.

"El dolor atraviesa mi pecho,
Y aun así las mentiras se acumulan.
El dulce susurro de tu voz
Hace que no pueda dejar de pensar en ti.

Con solo ver tu sonrisa, hizo que todo fuese perdonado
Déjame escucharte de cerca
Todo fue perdonado con solo ver tu rostro.
¿Cuando regresará la traición?

Tuve miedo de volver a amar.
Fui herida por volverte a amar.
Sin poder hacer recuerdos... Miré hacia el cielo.
Y era tan brillante que mis lágrimas cayeron."

Una fuerte brisa gélida hizo agitar sus largas coletas, haciendo que abriese los ojos, dos lagrimas recorrieron el rostro de la Pisciana lo que hizo que parase de cantar, no entendía, ella nunca había amado a nadie, había renunciado a ello tras elegir recorrer el camino de Piscis, entonces, ¿por que carajos había entonado una canción así? -Genial, ahora resulta que canto una canción sin saber por qué o por quien... -Los tenues copos de nieve habían cubierto lo que parecía ser antaño un hermoso césped, en algo blanquecino, secó sus lágrimas sin entender muy bien el por que. -En fin, solo espero que no se demore mucho, sino, tendré que entrar yo sola... -Sentía curiosidad de ver como seria Géminis sin nadie mas alrededor, y esperaba que se hubiese recuperado de lo que fuese que estuviese herido.

Vestimenta:


Última edición por Anghara el Mar Jul 17 2018, 13:42, editado 1 vez

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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Damian el Mar Jul 17 2018, 01:00

Una mancha negra se deslizaba de una sombra a otra en la oscuridad del crepúsculo. Se movía silenciosamente a través de las estrechas y tortuosas calles de la antigua ciudad de Grecia siguiendo los pasos de Anghara. Se dirigía a lo que al parecer era su estancia. La figura, de forma vagamente humana, se desplazaba rápidamente sin detenerse a admirar los impresionantes ejemplos de arquitectura que había en los jardines aledaños al balcón de la dama de Piscis.

La silueta observaba todo desde un punto de aquel ennegrecido jardín, buscó treparse hasta el pórtico de un ventanal, y en un atavió de embozos grises y negros observaba con sus ojos el cuerpo vestido por aquella prenda de dormir justo antes de quitarse su armadura. Pero observó que la chica quería salir a tomar aire y casi fue descubierto. Así que quedándose fuertemente agarrado se escurrió por las sombras para admirar mejor el rostro de Anghara. No sabía que pensaba aquella chica o y sin entender mucho menos todo lo que pasaba por la mente propia. Quiso llamarle, decirle algo. Pero prefirió callar. Al final su mirada la siguió hasta que fue a dormir, posteriormente bajo silenciosamente en su detallado movimiento de cazador. Trato de abrir las ventanas y observar la silueta dormida de aquella dama.

Luego bajo al jardín, pero se precipito al suelo de bruces mientras era asfixiado por un letal veneno que existía en la rosas de aquel completo lugar, quizás algún aroma circundante en aquel lugar. Cubrió su rostro y se escapó a duras penas.

No muy lejos de allí en los aposentos del templo de los gemelos, un hombre meditaba desnudo sumergido en el agua, mientras sus cabellos violáceos se desperdigaban sobre la superficie de aquella especie de piscina. Este abrió sus ojos bajo un entrecejo fruncido lejos de toda expresión, cada cosa que había experimentado aquel anteriormente al parecer se había disipado. Fue entonces cuando su mente albergo el rostro de Anghara, su cuerpo, sus cabellos y algo más. El joven se levantó de aquel espejo de agua mientras alguna que otra bruma de la niebla circundante que se desprendía de aquel líquido caliente tapaba sus intimidades, sus cabellos mojados ocultaban su mirada ennegrecida. Lo que llamaba más la atención eran las heridas provocadas por finos cortes en todo su cuerpo y de las cuales aún escurría una sustancia sanguinolenta.

Ante el dolor, cubría aquellas heridas con extensas telas, que impedían que la sangre se filtrase hasta sus vestidos.

A la mañana siguiente en la blanquecina capa de nieve de las calles un caballo negro azabache de crines recortados al igual que la cola del mismo la cual terminaba en una pequeña trenza, galopaba con herraduras de hierro sonoro con un jinete de coleta violácea, no vestía armadura alguna pero podía pasar desapercibido por una persona cualquiera, un visitante matutino que se acercó con una dulce sonrisa en aquel punto de encuentro, quien ofreciera su mano de guantes negros de cuero a la joven dama que anteriormente se habia extasiado escucharla cantar al llegar, Anghara. la mano era para que ascendiera junto con el a la parte delantera de aquella silla de cuero.

—Buenos días mi señora Anghara —Dijo con entereza y amabilidad—. Espero que los sueños de una apacible noche recuperasen vuestras energías. Sin más espero no haber llegado tarde y retrasar su labor de campo. Venga conmigo.


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Re: In the eyes of the rose

Mensaje por Anghara el Mar Jul 17 2018, 13:41

El sonido de cascos acercándose captaron la atención de Anghara para voltearse y observar a Damian montado en un enorme caballo de color negro, haciendo que la hermosa fémina arquease una ceja, pensaba que iban a ir caminando, por eso se quedó un poco sorprendida al ver la mano enguantada ofrecida hacia ella, invitándola a subir. - ¿El caballo es necesario?

Su pregunta sonaba divertida pero al mismo tiempo incrédula, osea, solo iban al bosque, no de paseo a algún lugar lejano... su mirada azulada fue de nuevo presa de la verdosa del hombre frente a ella, de hecho, solo le faltaba que el caballo fuese blanco para que si pareciese un príncipe, aceptó la mano que le era ofrecida y tomando impulso quedó sentada de lado sobre el caballo, delante de Damian, al llevar vestido no podía ir sentada de otra forma.

-Desde aquí arriba todo se ve mas grande - Alcanzo a decir para sonrojarse al notar que al estar así, su rostro no estaba tan alejado del ajeno, apartó rápidamente la mirada y sin darse cuenta se apoyó sobre el fornido torso que podía percibir a través de la ropa, ajena de lo que su actuar pudiese provocar. -La entrada está aquí enfrente -Señalando con uno de sus dedos la entrada a la arboleda, su cabello estaba suelto, sin coletas, meciéndose por la brisa algo helada que seguía soplando. -Nunca había visto que nevase tanto.

Aunque una duda rondaba por su mente, ¿Por que la trataba con tanto respeto? Vale que ambos fuesen compañeros de batallas, pero ella era muchísimo mas joven que él, tendría que ser a la inversa. -¿Por que me llamáis señora? -Preguntó mirándole con curiosa inocencia, y es que podía ser hermosa, pero su rostro seguía manteniendo una inocencia que engañaba a todos, ya que nadie sospecharía que bajo una apariencia tan dulce e ingenua se escondería una autentica cobra mortal. -Según la edad, soy yo quien debería de trataros con respeto a vos -Alzo su rostro para mirarle fijamente.

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"Todos creyeron que podian utilizarme.
Como a una simple muñeca decorativa.
Fue por eso que terminé rompiéndome.
Fue por eso que decidí destruirlo todo."


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"Y caeré en un eterno y silencioso sueño.
Es por eso que esta rosa aún conserva sus espinas.
Para mantenerse alejada del mundo exterior.
Problamente, cuando llegue ese momento, moriré.
Si tengo que volver a sufrir así.
Prefiero no volver a estar con otra persona."
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