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Una tenue llovizna

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Una tenue llovizna

Mensaje por Illumi el Jue Jun 21 2018, 21:10

Justo en ese día las nubes violáceas sobre todo Heinstein venían cargadas de agua. Una tenue llovizna comenzó a caer sobre los alrededores del reino y la ciudad ahora parecía el retrato de un paisaje entre claroscuros. Pudo observar cómo varias de las personas en las calles corrían para refugiarse del agua que caían como un centenar de gotas sobre el pavimento. Por el contrario, con aquella lluvia a él solo le provocó salir y caminar más. No le importaba que sus ropajes oscuros se mojaran un poco o que su cabello negruzco se adhiriera húmedo a su rostro destacando aún más sus grandes orbes grisáceos de búho. Quizá de ese modo, con menos personas rondando por los callejones podría detenerse y ver si algo le interesaba entre las cosas de los comercios.

Esta vez no iba rodeado de almas y fantasmas errantes como de costumbre. Algo en su energía los había perturbado. Andaba vestido de una forma menos llamativa, con tan solo unos pantalones oscuros y un abrigo a juego de cuello y mangas largas. En su frente estaba perceptible la marca maldita y con unos aretes de sumo valor en ambas orejas. Con aquella apariencia no solía llamar tanto la atención o, al menos, eso creía.

☩Disculpe ☩musitó con un tono de voz cansino y profundo. Había tropezado con un anciano dueño de uno de los comercios. A diferencia de los soldados de la Guardia Real, al hombre no acostumbraban a verlo como parte del Consejo, puesto que todavía, por los momentos, seguía en las sombras. Solo pocos reconocerían que detrás de esos orbes grises se hallaba la Mano del Rey.

El anciano le ofreció algunas de sus artesanías entusiasmado quizá porque a simple vista el joven parecía poseer cierto capital. Y mentira no era. Todo lo que había amasado era parte de un legado antiguo. Asintió con una leve sonrisa pincelada en su rostro de marfil y continuó su caminata entre los callejones más profundos. Su andar era estoico. Nadie podría alegar que en medio de cualquier adversidad la sonrisa tenue del hombre desaparecería. Probablemente porque parte de aquella desgracia o dificultad ajena estaría ligada con sus acciones.

−Se está mojando, querido. ¿Por qué no me permite resguardarlo?
☩La lluvia... es el menor de nuestros problemas. Debería gustarnos porque se lleva todo. Borra todo☩

"Hasta las huellas y las pruebas de nuestros actos", pensó para sí mismo y solo le dedicó una mirada fugaz a la mujer que deseaba acompañarlo, más no dudó en seguir su camino distraído y ensimismado en las fachadas de las demás tiendas y locales. Algo estaba buscando, algo que pudiera serle de utilidad ahora que sentía una tormenta próxima sobre todo Pantheon. Una tormenta de ideas, decisiones y aspiraciones.

Solo una cosa pudo capturar su atención en medio de aquella llovizna. Unos cabellos dorados húmedos por la lluvia resplandecían en la distancia. Detuvo su paso grácil y prefirió quedarse de pie junto a uno de los comercios más cercanos. Era una joyería algo antigua, pero muy famosa en todo el reino. Sin embargo, sus ojos grises esperaban otra vez dar con aquel color dorado de hacía unos momentos.


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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Arikel el Sáb Jun 23 2018, 23:33

Los cascos del caballo resonaban por la piedra de las calles y el sonido rebotaba por las paredes de los callejones. Los pura sangre de Arikel eran conocidos en Heinstein por ser animales enormes de color negro, elegantes y de movimientos gráciles... Todos escogidos por ella misma y resguardados en las caballerizas del palacio donde habitaba. La lluvia no le molestaba, de hecho, se sentía bien debajo de ésta. Después de lo que había pasado... Necesitaba distraerse.

- Oohh... Dagón. - Le pidió que se detuviera al corcel mientras se bajaba de él con un movimiento rápido. Lo ató al amarradero cercano y le dejó ahí, con su pelaje brillante por la lluvia, sacudiéndose un poco. Así pues, se encaminó en las pequeñas callejuelas llenas de casas y negocios... Buscaba uno en particular. Miró de reojo su muñeca, la pulsera que se había comprado en Grecia... Se convertiría en el símbolo de sus acciones.

Las personas se apartaban al verla, dejándola pasar. La conocían y preferían no meterse con ella quién a pesar de ser una persona agradable cuando no portaba su armadura la verdad es que tenía reputación de ser sumamente estricta y orgullosa, por no decir peligrosa. No le extrañaba y no le importaba en lo absoluto. Ahora mismo estaba concentrada en encontrar una joyería... Necesitaba relajarse y su vicio la haría olvidarse absolutamente de todo, antes de ir a enfrentar sus... "decisiones".

Al fin la encontró, la joyería más vieja del Oeste y con una excelente reputación. Se detuvo al frente y acomodó su fleco rubio detrás de la oreja, tan húmedo como el traje y la capa que se pegaba a su cuerpo. Sin embargo, algo llamó su atención y no fue precisamente el escaparate lleno de hermosas  y llamativas joyas sino un chico de tranquila apariencia con un par de hermosos aretes. Tenía una buena vista para los accesorios y esos aretes le habían llamado... Luego se fijó bien... ¿Lo había visto en algún lado?

- ¡Ah! Es usted. - Dijo sonriendo suavemente. No lo conocía y le había visto solo un par de veces por el palacio... La nueva mano de su señor Hades. Ya había pensado en irse a presentar pero no había tenido oportunidad, se giró y se acercó hasta posicionarse frente a él. Hizo una reverencia amable y pequeña, mostrandole un rostro amable. - Soy Arikel, Lord Comandante... Lamento no haberme presentado antes.

Señaló con una mano extendida la puerta de la joyería, invitándole a seguirla dentro del local. Así también se protegerían al menos un tiempo de la lluvia y podrían hablar mientras ella se deleitaba con las nuevas adquisiciones de la joyería. - Por cierto... Me encantan tus aretes. - Le dijo sonriendo ampliamente, cerrando los ojos.

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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Illumi el Lun Jun 25 2018, 12:28

La lluvia amenazaba con asomo de tormenta, detalle que en parte le estaba maravillando en silencio. No había pasado casi nada de haber visto aquella cabellera dorada brillando en la distancia cuando la misma dama había decidido parar en la entrada de la tienda donde se encontraba él de pie esperando algo ¿pero qué exactamente? Todavía no era el momento para acudir al palacio. La voz de la mujer lo sacó de su ensimismamiento y no pudo hacer más que fijar su mirada grisácea en el rostro afable de la chica. Aquella forma de expresarse con respeto y gracia la apartó de los demás entes mundanos. Ah, Lord Comandante, pensó y una sonrisa dulce apareció en sus labios.

Milady ☩saludó respondiendo a la breve inclinación de la joven y siguió su mano a medida que ambos entraban en la antigua joyería. Cualquier otro ser errante que pasara y atendiera a la escena podría llegar a la conclusión de que ambos se estaban esperando. O bien el hombre la había estado esperando a ella.

Sonrió por el comentario de los aretes e intuitivamente se había llevado una mano a los mismos, tanteando un poco la superficie. Esas piedras preciosas que guindaban en sus orejas poseían la particularidad de reflejar el color del alma del portador. Y en Illumi siempre había estado matizando entre un tono violáceo y cerúleo.

Curioso que lo mencione, tienden a incomodar ☩musitó con voz profunda y pausada mientras algunos mechones oscuros caían sobre sus orbes grises, adheridos por la humedad del ambiente.

Una vez dentro de aquel lugar la lluvia en el exterior había quedado minimizada por todos los brillos que ahora estaban frente a ambas figuras. En cada esquina resplandecía alguna joya, por más pequeña que fuese. Cada objeto en esa tienda cargaba una esencia mágica y poderosa, no solo eran cristales elegidos al azar. Sobre todo, tratándose de Heinstein. Sin embargo, para él ninguna piedra brillaba más que la dama a su costado. Bajó la mirada por la diferencia de alturas y alcanzó la mano de la chica, apenas rozando con sus labios fríos la piel femenina.

Parece que ya me conoce, pero déjeme presentarme ☩su timbre de voz era magnético, extraño, una amalgama de confianza y frialdad☩ Illumi Lucius.

Mano de su Majestad, Joshua. Dios Hades, el verdadero Rey de todo Pantheon, guardó para sí a pesar de que estaba seguro de que este detalle ya era bien conocido por la joven. Quizá mejor que por cualquiera. Soltó con cuidado aquella mano delicada de la cual intuía había dado muerte recientemente. Era quien lideraba a los espectros después de todo. No era difícil llegar a semejantes conjeturas... pero para él todo formaba parte de su modo reflexivo. Y el ser empático hasta con el aire era esencia peligrosa y letal de sí mismo.

¿Las joyas son su debilidad? A fin de cuentas, todos escondemos una que otra ☩sonrió a medias, a pesar de que en sus orbes un brillo inusual estaba comenzando a arder. Justo en cuanto la sonrisa había sido dibujada en sus labios de marfil un estruendo en las afueras retumbó y el juego de claroscuros perfiló su rostro. La hermosa lluvia era ahora una leve tormenta de relámpagos, truenos y rayos.





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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Arikel el Vie Jun 29 2018, 15:51

Entraron a la joyería mientras afuera se desarrollaba una tormenta. Habían llegado a tiempo para resguardarse y quedar como una verdadera sopa. Con cuidado sacudió un poco su ropaje, dejando un pequeño charco en el suelo del local que no tardarían en secar los empleados... La reconocían, era una cliente habitual y también la posición que ostentaba. ]- ¿Incomodar? ¿Por alguna razón en especial? - Preguntó mientras se acercaba a ver de cerca los accesorios del joven.

Sin embargo, cuando tomó su mano sonrió amablemente por el gesto caballeroso cuando besó su mano en un saludo, a lo que ella respondió con una inclinación de la cabeza, con sus cabellos humedecidos y lacios por el agua. - Illumi, un placer. - Dijo con familiaridad. - Lo he visto en el palacio... Su nueva posición siempre dará de qué hablar. Pero me alegra que Su Majestad tenga en quien apoyarse en éstos tiempos difíciles.

Le miró curiosa... Ese joven emanaba un aire seductor y lúgubre que probablemente asustaría a la mayoría de los civiles. A pesar de no ser un portador de armadura tenía esa peligrosidad que te hacía dudar si cruzarte con él sería algo inteligente o no; sin embargo a pesar de esos escalofríos que provocaban sus ojos, a Arikel no le incomodaba su presencia... ¿Qué clase de persona sería al final, cuando su verdadero ser se tuviese que revelar?

Volteó a ver las joyas cuando preguntó si eran su debilidad a lo que se rió suavemente, como si fuese una pequeña melodía en sus labios. - Jajaja, sí, lo son... Pero ahora que lo sabe, debe prometer no decir nada. - Levantó un dedo para ponerlo sobre sus propios labios, guiñando un ojo. Sin embargo, justo en ese momento la sonrisa del peli negro se iluminó con un relámpago que la hizo saltar por la sorpresa. Giró la cabeza hacía el ventanal, esperando que su caballo se encontrase bien.

- Sería justo que usted me dijera alguna debilidad que tenga. Así, estaríamos a mano. - Se acercó hasta un mostrador lleno de anillos de diferentes aleaciones y muchos tipos de gemas y piedras preciosas. Las luces de la tormenta provocaban en éstos un brillo casi mágico y espectral. Uno de los empleados se acercó por si necesitaban algo, visiblemente nervioso por la presencia de ambos, lo que arrancó una sonrisa amplia en Arikel.



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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Illumi el Sáb Jul 07 2018, 15:37

A pesar de que en el exterior la humedad imperaba por la lluvia a cántaros que caía, dentro de la pequeña joyería se estaba muy a gusto. Las tenues luces producto de las velas en los candelabros, brindaban una calidez de ensueño. Y más con aquellas perlas y piedras preciosas brillando por doquier. A diferencia de la joven, quien se maravillaba por aquellos objetos, él no dejaba de interesarse por ella, la lord comandante. Esperaba que los deseos de su majestad hayan sido tomados en cuenta al pie de la letra en esta era.

Mi señor no debe preocuparse por cosas nimias. De eso me ocuparé yo —musitó y en la profundidad de su voz se pudo percibir cierta dulzura, menguando un tanto el aire sombrío de su figura. Apreció en silencio cada gesto, sonrisa y risa de la rubia dama sin dejar de clavar sus enormes orbes grisáceos de búho observador.

Confíe en que no diré palabra alguna —respondió a su gesto, guiñando con cercanía uno de sus ojos grises— Será nuestro secreto.

Y justo en aquel momento tan familiar, tan íntimo, el vendedor tuvo que carraspear su garganta y ofrecer a los clientes las nuevas adquisiciones de la tienda. Las manos viejas y experimentadas desplegaron una larga y amplia tela sobre la cual dispuso cada una de las joyas. La variedad de tonalidades era tal que en cuestión de segundos todo el recinto era iluminado por luces multicolores. No pudo reprimir una sonrisa a medias, torcida y seductora, provocada por aquellas palabras ajenas. Parecía que ella estaba atenta de cada detalle y no dejaría perder alguna oportunidad. Tomó con cierta complicidad, dado que apenas estaban compartiendo un primer momento a solas, un mechón suelto de la cabellera dorada, guardándolo detrás de la oreja femenina.

Una debilidad que posea... supongo que el placer mundano, tal vez. Sí, podría ser una debilidad de mi carácter, milady —murmuró más para sí, sopesando lo que decía a la vez que un brillo violáceo ardió por breves segundos en su mirada profunda— Pero bien, elija la que más le guste. Será un obsequio. Luego me temo que tendrá que acompañarme.

Alegó con un ademán elegante de sus manos y unos rayos retumbaron en la lejanía. Sería una noche húmeda, lúgubre y de tormenta sobre Heinstein. En algún lugar ambas figura, miembros del Consejo deberían refugiarse pronto. Los vendedores esperaban ansiosos la elección de la mujer. Debía elegir con cuidado. Después de todo, podía llevarse lo que deseara. Lucius, por el contrario, esperaba con una paciencia digna de admirar. Tenía lo que quedaba de la tarde y el resto de la noche para escuchar a la dama, a la hermosa dama que había dado muerte hacía poco.





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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Arikel el Mar Jul 17 2018, 19:55

Aquella misteriosa persona arrancaba sonrisas en Arikel más que cualquier otra. Su aura poseía una calma y educación que haría que cualquier chica cayera rendida a sus pies, sus gestos, su sonrisa... Aunque los ojos eran algo inquietantes, con esa fijeza que dejaba bien en claro que la joven era observada en todo momento; podía darse cuenta que además estaba siendo analizada por su acompañante. Pero eso quedaba de lado con ese guiño de ojo. - Jejeje ¿Le han dicho que es todo un encanto? Confío entonces...

No tenía por qué estar a la defensiva con alguien de su propio reino y que además adoraban al mismo ser; tenían que estar unidos de alguna forma para no dejar caer el poder del Oeste en manos de cualquiera. Aún así, el momento fue interrumpido cuando apareció el vendedor con un montón de piezas nuevas que casi arrancan corazones de los ojos dorados y brillantes de Arikel. Eran todas especialmente hermosas, haciendo que sus pupilas bailaran por toda la zona.

- ¡Son muy bonitas! - Expresó hasta que sintió los dedos fríos y masculinos de Illumi acomodar uno de sus mechones. Sus mejillas apenas se colorearon de rojo, algo notorio por su palidez mortal, literalmente. Generalmente nadie la tocaba así, ya sea por miedo o simplemente porque ella no se dejaba. Las caricias le eran ajenas en su totalidad. Aún así no lo rechazo, sonriendo. - ¿Enserio? Gracias... No lo rechazaré en el regalo ni en acompañarlo, me parece que es una excelente compañía para éste anochecer lluvioso.

Lo dudó solo un momento pero después se decantó por un hermoso anillo de obsidiana y plata que se veía particularmente masculino pero a ella no le importó. No era una mujer delicada en cuanto a altura a pesar de tener bien marcadas sus curvas femeninas y por ende, no le molestaba usar accesorios masculinos o femeninos mientras fueran de su gusto e interés. Lo tomó entre sus dedos de uñas largas y púrpuras y se lo probó. - Quizás sea algo exagerado, pero me ha hecho feliz por ésta ocasión. - Dijo sonriendo suavemente.

Se acercó a él apenas dando un paso y estirando un poco el cuello depositó un beso sobre la mejilla ajena como agradecimiento. El aroma de la mujer era una especie de mezcla entre orquídeas, palo de rosa y... ¿Sangre? Apenas un tintaso que se escurrió como si fuese un papiro y luego no se pudo percibir más. Se separó para esperar efectuase el pago, ya que los empleados estaban algo ansiosos. - ¿A dónde iremos ahora? - Miró en su dedo aquella nueva pieza que hacía juego con algunas más pequeñas en los demás dedos. Esmeraldas, diamantes... Y ahora esa obsidana que le recordaba un poco al hombre parado junto de sí.

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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Illumi el Mar Jul 24 2018, 18:01

¿Un encanto? ¿Él? No, eso jamás se lo habían dicho. Respondió a la sonrisa resplandeciente en ese hermoso rostro, tan solo con una más apagada, aunque sin dejar de dedicarle una mirada dulcificada. La notó muy feliz, ¿contenta, quizá? Por el hecho de haberle obsequiado una gema más para su colección. Aguardó tranquilo, en su silencio habitual, a que ella eligiera aquella que resultase su favorita de entre todas las dispuestas. Para su sorpresa, la dama optó por un anillo oscuro, con una obsidiana en el centro. Por alguna razón se sintió identificado, más no quiso comentar algo al respecto por pudor a equivocarse más que todo. Un brillo inusual se apoderó de sus orbes.

No ha sido gran cosa, milady... Arikel —pronunció el nombre femenino con una intimidad que perturbó incluso a los vendedores presentes— Seguramente ha recibido obsequios mejores. Aunque me alegra que haya sido de su agrado.

Sin embargo, la mujer lo sorprendió por completo al sentirla más cerca de sí, depositando un beso sobre su pálida mejilla. Se embriagó por la amalgama de aromas en esa piel de porcelana, sintiendo extrañamente mayor placer por el de la sangre. Tuvo que reprimir un impulso insano por tomarla de la cintura e impedir que se alejara, pero todo quedó menguado bajo la apariencia estoica del hombre. Con un gesto elegante, rayando un poco lo petulante, indicó al vendedor que le informara sobre el pago. Se alejó unos pasos de la comandante, y en tan solo unos minutos entregó una bolsita oscura, con muchos dracmas valiosos dentro. Una vez finalizado el proceso de pago, se despidió con un saludo de manos y regresó a donde la dama aguardaba.

Verá, usted. No es sorpresa que vivo en el castillo con Su Majestad Joshua, como deber de Mano para lo que él necesite. No obstante, a veces debo visitar mi propiedad en las altas cumbres del reino. ¿Ha oído hablar de los Lucius? —la voz de Illumi tenía una particularidad emblemática, la cual era que sin importar la situación jamás abandonaría ese tono aterciopelado y parsimonioso— Se trata de mi clan, y mi casa noble tiene sede en el castillo Owl Pride.

A medida que le hablaba a la joven, su mano descansaba en el brazo femenino, tomándola de una forma delicada, simplemente por hábito al no dejar que a uno de sus acompañantes le sucediera algo o evitar de este modo que sus palabras no fueran escuchadas.

Lamentablemente hoy habrá una cena familiar. Debo asistir. Y creo que usted sería mi compañera ideal. Afuera un guardia se encargará de cuidar de su bello caballo, lo llevará al castillo de nuestro rey.

Le daba ese anuncio tan repentino, dado que no podía escapar de esa noche en Owl Pride, aunque quisiera. Su señor le había dado el permiso, puesto que no le era de utilidad por los momentos. Además que el lazo entre ambas familias, la noble y la real, era necesario mantener. Suspiró y una vez ambos en la entrada de la joyería, un carruaje negro con detalles en plata y grabados de búho, aguardaba en la calle para que el joven Lucius se montara. Claro estaba que no iba a raptar a la mujer, aunque le gustara la idea. Él se tenía que ir pronto.

Créame... me agrada la idea de hacerla mi rehén, pero aceptaré su decisión. ¿Qué me dice? ¿Nos vamos o la dejo partir? —uno de sus lacayos acercó a la Mano su larga gabardina oscura, y colocándosela descansó una vez más los grandes ojos en su acompañante. La lluvia había aquietado su impulso, y por los momentos retornaban a la llovizna inicial del encuentro. La oscuridad arropaba el ambiente. La noche había dado inicio.





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Re: Una tenue llovizna

Mensaje por Arikel el Jue Jul 26 2018, 00:35

Observaba casi perdida el anillo de obsidiana en su dedo cuando escuchó su nombre de la boca del joven, a lo que volteó a verlo y le dedicó una amable sonrisa. Había algo en él que podía considerarse hipnotizante incluso en pequeños detalles como nombrarla. - Oh claro que no, de hecho, es mi primer regalo en algunas cuantas décadas... - Se llevó una mano a la mejilla, fingiendo sonrojarse. - No vayas a pensar que soy una mujer tan mayor, pero la muerte nos hace vernos jóvenes eternamente.

Ella se alejó un poco de donde se encontraba para darle privacidad al momento de pagar, mientras recreaba la pupila con unas hermosas perlas dispuestas en un collar. Sin embargo cuando se acercó le miró una vez más. - He escuchado de su castillo, y de su apellido pero no me son familiares del todo... No nací en el Oeste, así que algunas cosas son totalmente nuevas para mi. - Dejó que la tomara del brazo. Lo sentía posesivo pero no de una forma incómoda.

- ¿Lamentablemente? Jejeje, ¿Por qué dice eso? Es su familia... Aunque ahora me ha hecho interesarme mucho más. - Le preocupaba Dagón aunque de un silvido podría indicarle que regresara al castillo. Pero no dijo nada, asintiendo a su joven acompañante, dejando que se hiciera cargo de todo... Admiraba como podía tener la situación controlada... Definitivamente era la Mano del Rey y ahora entendía el por qué Joshua confiaba tanto en él.

Miró el hermoso carro que se detenía frente a ellos una vez salieron de la tienda, con una lluvia más tenue y luego le dedicó una larga mirada a Illumi mientras se acomodaba aquél lujoso abrigo. ¿Tenerla rehén? Se rió un poco imaginándose en ese estado, algo que de verdad consideraba algo difícil... No era sumisa generalmente, a menos que involucrara un placer personal o jugueteo. - No hay necesidad de eso. Iré con usted, no desperdiciaría una oportunidad como ésta, la de conocerlo mejor... O más bien, que nos conozcamos mejor.

Sin más, decidió entrar al carruaje, tratando de no mojarse demasiado aunque ya era una sopa. Aún seguía sintiendo como si acabara de aceptar entrar a la boca del lobo pero eso era precisamente lo que le atría más y más de aquél misterioso hombre.


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