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Una historia en una cantina

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Una historia en una cantina

Mensaje por Anya Maverick el Dom 27 Mayo 2018 - 7:09

Era una noche fría, de tormenta, como solían ser las noches en aquellas heladas tierras, la nieve era guiada por los vientos, que a su vez buscaban acabar con el calor de cualquiera que caminase por ahí sin la preparación indicada, pero aunque aquella mujer de sangre caliente estuviese acostumbrada al frío, siempre iba vestida con el abrigo y gorro necesario para pasar las tormentas de nieve y frío. Llegó entonces a un lugar al que gustaba ir, aunque como sacerdotisa no debía hacerlo, pero... ¿Importaba? No realmente, era una nómada después de todo, lo salvaje fluía en su sangre, el amor al alcohol que calentaba el cuerpo, y otra cosa que se encontraba en aquella cantina a la que gustaba ir siempre que podía, la música. Entró entonces al lugar abriendo la puerta y cerrando tras sí, colgando el abrigo y quedándose con un hermoso vestido negro, que dejaba su piel blanca a la vista de algunos cuantos comensales que se encontraban en el lugar.

Por la hora eran pocos, y conocían a la albina, mientras unos instrumentos de cuerda sonaban en el lugar para darle ambiente, siempre lo hacían, es más, en más de una ocasión había hecho alguna participación con su música de cuerdas también, llenando oídos de muchos a sus cantos históricos, como trovador que era, debía hacerlo, pero esa noche llegó como una cliente más, y así se sentó a la barra -Jo... ¿No es el viejo Smithers con su show de cuerdas? Me encanta cada una de sus presentaciones- hablaba al no más tomar asiento y luego vio al tabernero, un hombre enorme con una barba inmensa, y ropajes de piel de ciervo que, según se dice, él mismo había cazado -Señor Loizerth, usted ya sabe lo que mi garganta necesita- hablaba con mucha propiedad y poca feminidad, pero eso se debía a su aprendizaje como trovador, el cual había sido, como si ella fuese hombre, pero su voluptuoso cuerpo no dejaría mentir acerca de ello.

Aquel hombre lo sabía, y ante la petición, llenó una jarra con un buen licor, de esos que mantendrían su cuerpo caliente y poder salir desnuda a la tormenta si así lo deseaba, aunque para ello necesitaba beber unos dos o tres barriles del mismo, pues tenía una excelente adaptación a la bebida. Agradeció al recibir aquel delicioso líquido, y sin tardar más bebió un poco y luego suspiraba de placer gracias al manjar, delicioso sabor que entraba a su boca y se deslizaba por su garganta, mientras quemaba, pero no dejaba de ser delicioso. Observó de nueva cuenta el show y escuchaba la música, suave y perfecta para el ambiente, que armonizaba al encerrado lugar, y opacaba la bravura de la tormenta que se extendía fuera de aquellas paredes. Y así la noche comenzaba, mientras se preguntaba... ¿Sería esa noche común como otras? o ¿La tormenta traería diversión?
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Re: Una historia en una cantina

Mensaje por Klauser el Jue 31 Mayo 2018 - 11:09

Sus botas de cuero de bestia iban dejando un camino de huellas sobre la nieve a medida que iba caminando entre los callejones del reino. A sus espaldas, lo seguían de cerca dos de sus más cercanos navegantes. Ambos doblaban su propia edad, eran de fiar y respetaban a su capitán como si de un líder se tratase. Sin embargo, algo caracterizaba al Kraken, su navío. No tenía tripulación determinada. Cualquiera que pudiera asombrar al hombre albino corpulento de casi dos metros podía llegar a tener un pacto con él. Servirle cuando lo necesitara. Y si le daba la gana navegaba solo. ¿Las condiciones? Eran secreto.

Ya está. Se nos perdió. Y eso que les advertí... NADIE entra a mi Kraken sin mi permiso. El maldito era un ladrón –escupió con ira considerable. Sus orbes rojizos brillaban con una intensidad realmente perturbadora, a través de los mechones platinados que caían sobre su rostro y se pegaban, adheridos a su piel.

Pero nosotros también robamos, capitán. Somos piratas... –alcanzó a decir uno con cierta duda y temor.

Claro, claro... Pero a mí... NADIE... ME... ROBA –exclamó y una onda cósmica, plateada empezó a emanar de su cuerpo, pero rápidamente menguó, debido a que no quería que nadie advirtiera la magnitud de sus poderes. No era necesario.

Ambos hombres resoplaron ante el notorio humor del mismo diablo que se estaba cargando justo en ese momento. Y no era para menos, había perdido uno de los tesoros encontrados en uno de los alrededores de su viaje cercano al Sur. Perdido, por no decir hurtado por manos de un chicuelo que uno de sus hombres había osado meter a escondidas en su amado Kraken. No tuvo más remedio que actuar él mismo sobre la situación. Y con aquel humor de perro.

Me harté. Los veo al amanecer. Sigan buscando.

Se alejó dando zancadas, resoplando enfurecido a medida que se iba alejando de sus navegantes. Iba tan imponente, cubierto por el enorme abrigo de piel de oso, blanco e impenetrable. Sus cabellos platinados iban desordenados sobre su rostro y torso, y su mirada rojiza asesina iba acompañada de un par de ojeras producto del cansancio y el insomnio. No había dado todavía con la forma de conciliar el sueño y realmente le estaba comenzando a traer sin cuidado. Solo podía pensar en Odín. En su rey y en el estado actual del Norte.

Era como ver a una verdadera bestia amenazante andar por los callejones de Asgard enfundado en su piel de oso polar y su hermosa cabellera blanca, larga hasta los muslos, ondeando con el aire helado de las tierras.

Entró a una cantina conocida, golpeando la puerta principal y todos los presentes quedaron mudos. El bullicio había desaparecido al ver aquella enorme figura ingresando al lugar, inspeccionando cada rincón.

No... aquí no parece estar.Bien... que sea el mismo Odín quien me controle.

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Re: Una historia en una cantina

Mensaje por Anya Maverick el Dom 10 Jun 2018 - 3:56

Disfrutar, si, esa era la razón y su motivación en ese momento, que sonara la música y tener su tarro de ron en sus manos, una bebida que podía calentar correctamente el cuerpo en aquel clima tan frío, aunque a ella poco le afectaba por estar muy ambientada en el mismo, no había nada mejor que eso... era como ¡Paz! Si, precisamente algo parecido a eso. Entonces, tras una excelente melodía y el bullicio de todos, la puerta se abrió de golpe, causando que todo el mundo guardara silencio, y posara su mirada en la puerta, quizá porque todos, o la mayoría, conocían al causante de aquel golpe al entrar.

Sin embargo, ella no, simplemente vio como una enorme figura entraba en el recinto de diversión y bebidas y se ponía a buscar Odin sepa que cosa, pero parecía que buscaría en los rincones más inhóspitos de esa taberna, eso no le importaba, que aquel sujeto enorme entrase así de golpe y buscara algo no le importaba en lo absoluto... ¡Lo que si le molestaba era que impusiera tanto como para evitar que tocasen más música! Así que, bebió un sorbo de su tarro y lo colocó sobre la barra, lo soltó, elevó su diestra y golpeó la barra para llamar la atención de todos, pero más que nada, de aquel albino.

Se bajó del asiento y se colocó delante de la imponente figura, se cruzó de brazos y le vio hacia arriba, sin importarle realmente la diferencia de estaturas -Veamos... ¿por donde comienzo? Ya lo sé...- tomó entonces un poco de aire y se le quedó viendo -¿Qué carajos quieres? Deja de intimidar a los músicos, he venido aquí especialmente para oír su música y beber, y sólo entras como un lobo a rastrear no se que diablos...- mencionó manteniendo un semblante serio, luego suspiró y se relajó un poco -Baja la intensidad de tu intimidación ¿si? Y si lo haces y te portas bien, seguro puedo invitarte a un trago ¿Qué dices?- le guiñó el ojo para convencerlo que se relaje un poco, no sabía si funcionaría, o si le molestaría más... pero si se ponía bestia el sujeto, tomaría un instrumento y tocaría para domarlo.

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Re: Una historia en una cantina

Mensaje por Klauser el Jue 28 Jun 2018 - 23:44

Nada. Todo indicaba que esa no sería su noche de suerte. En esa taberna no se encontraba ningún rastro de la pequeña sabandija. Resopló luego de tomar una helada bocanada de aire y sus cabellos flotaron por unos escasos segundos. Había perdido parte de su botín, estaba que tiritaba de la ira contenida. Apenas notó a las demás personas presentes; para él eran como almas en pena en busca de algún consuelo a altas horas de la noche. De todos modos, no estaba en su naturaleza socializar a menos de que tuviera varios grados de alcohol en la sangre y justo en esa fría noche no le provocaba sumergirse en líquidos tóxicos. Otro resoplido áspero escapó de sus labios imitando una especie de sonido gutural; como si de una bestia se tratara.  

Estuvo a punto de marcharse, incluso ya se había dado media vuelta cuando creyó entender que alguien se dirigía a él, pero no visualizó con facilidad. Tuvo que entornar la mirada y seguía sin poder ver. Así optó por bajarla y allí estaba. Una jovencita que apenas le llegaba al inicio del torso. Sur orbes rojizos se clavaron en la figura, en ese rostro enrojecido por los signos del alcohol y no pudo más que enarcar una ceja exasperado. ¿Acaso le estaba acusando? ¿A él? Sus largos cabellos platinados cayeron sobre sus facciones perfilando aún más cada una de sus expresiones de incredulidad y alerta. ¿Quién era esa niñita?

¿Pero quién mierda eres tú, niña?

Ahí estaba. Ya nada se podía hacer. Aquella pequeña le había provocado la lengua afilada al pirata. Y cuando eso ocurría, pocos seres en el mundo podían calmar el carácter del enorme hombre. Quizá únicamente su señor. Levantó uno de sus dedos cubiertos por el cuero de sus guantes oscuros y con apenas un roce empujó la frente ajena. Tan delicada. Podía dejarla como migajas de galletas entre sus garras si quería.

Todos los presentes ya se estaban acomodando para lo que podría o no suceder. Algunos pobres empezaron a temer por sus pellejos si el Oso de Odín se atrevía a tomar ese níveo cuerpo entre sus brazos y no de una forma agradable. Sin embargo, lo que hizo fue quedarse aún más perplejo y su entrecejo se arrugó con tanta intensidad que parecía que de un momento u otro le iban a salir escamas en vez de piel.

Yo no ando intimidando a nadie, enana. Todo asgardiano ha de conocer mis mañas. Toman precaución, algo que tú también deberías hacer si esa cabecita tuya te da para pensar. ¿Qué me vas a estar invitando? ¿Acaso te queda dinero? Estás toda roja por el ron –la tomó de la mejilla, halando un poco de la misma. Su mirada rojiza seguía brillando y escrutando a la menor. Podía reconocer algo en ella. Quizá un poder familiar; uno que no se alejaba tanto de su camino como guerrero.

Viejo, prepárame algo. Y ya, dejen de mirarme tanto, maldita sea.

Carecía de ganas para tomar algún trago; pero el invierno estaba fuerte y era mejor que quedarse con la garganta seca si pretendía seguir con el rastreo del gusano. Todas las almas retomaron sus actividades, charlatanería de ebrios y juegos inofensivos. A pesar de que el ambiente seguía tenso porque nadie se confiaba. Agradecían en parte que el Oso estuviera presente para protegerlos en caso de algún ataque. El problema es que en tiempos de paz a veces temían por la descarga del poder que emanaba del mismo hombre.

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Re: Una historia en una cantina

Mensaje por Anya Maverick el Lun 23 Jul 2018 - 4:23

Intimidante, esa era la palabra que podía fácilmente describir al inmenso Klauser, un albino de una altura considerable, más delante de Anya, pero no, para ella no había tal cosa, era capaz de acabar con cualquier bestia de Asgard con sus propias manos, porque fue entrenada para ello, cantar con lo que venga, tocar sus instrumentos como profesional, animar a su pueblo y... acabar con las amenazas. Él era como esta última clase, preguntó que quién era, aun diciendo que todos se resguardaban porque lo conocían, noticia de última hora, Anya no, y eso le bastaba para ponerse delante de él como quería -Soy la trovador de las montañas, Anya Maverick, y si nunca he cantado historias sobre ti... entonces no eres tan infame como crees- mencionó llena de confianza y observándole cuidadosamente.

Entonces, insinuó que estaba roja por el ron... ¿roja? ¿por un trago solamente? Por favor... ni con 5 barriles se ponía una pizca de roja, golpeó el piso con fuerza, claro, un pisotón, para llamar nuevamente la atención -¡Oye! ¿Cómo que roja? ¿Qué insinúas? ¿Que yo, Anya Maverick, no es capaz de beber los barriles de ron como suele hacerlo? Por favor... un barril es como un trago solamente, eso no haría embriagar ni enrojecer a nadie- se cruzó de brazos, pero le escuchó pedir algo, así que se quedaría, bien, no le importaba, mientras no intimidara a los músicos nuevamente, nada le importaba.

Se hizo a un lado para dejarle pasar, entonces observó a la banda que tocaba esa noche, y les hizo una seña para que siguieran tocando, es más, empezó a mover las manos como si les dirigiera a retomar nuevamente la canción, y mientras lo hacía, su cosmos blanquecino se elevó y empezó a irradiar ánimo a los músicos, el mismo ánimo que ella tenía al escuchar tan hermosas tonadas, aquello empezó a causar que estos volviesen a tocar una vez la misma tonada con la que habían parado su función, ya la trovador estaba ahí devolviendo el ánimo para poder tocar sus maravillosos instrumentos.

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Re: Una historia en una cantina

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