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Viene una tormenta

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Viene una tormenta

Mensaje por Klauser el Mar Mayo 22 2018, 12:12

Había pasado demasiado tiempo sin visitar a Heine, era amigo del viejo peregrino que lo crió. Un artesano, un creador de objetos maravillosos, pero también un talentoso reparador de armaduras. Cuando apenas era un pobre niño, más una maraña de cabello blanco y piel cortada llena de banditas que cualquier otra cosa, le encantaba pasar por allí y admirar el trabajo de aquel hombre. Era como visitar a un familiar, a pesar de estar consciente a corta de edad de que no tenía a nadie en el mundo.

¿HEINE? ¿HEEEEEINE? –parecían más gruñidos juguetones que gritos en busca de alguien. Solo quería molestarlo. Sentir algo más en su interior que el choque constante entre pedazos de hielo sólido al cual ya estaba acostumbrado. Quería decirle que cada vez estaba más cerca de la Corte Real. Que quizá sería más que un simple pirata malechor. ¿Eso era lo que ellos querían, no? Que dejara de surcar los mares helados del Norte y los vecinos... pero era imposible. Lo sabían.


Este maldito viejo... ¿qué se hizo? –por alguna razón su tono de voz apremiante iba menguando mientras se daba cuenta de lo que podría haberle sucedido.

Cuando decidió entrar sin aviso al taller notó finalmente un anuncio breve y escueto. Parecía escrito a toda prisa por la imprecisión de la letra y todas las manchas de tinta alrededor del papel. Se había ido. Al parecer lejos y no dejaba pista de nada. No lo iba a seguir por los reinos vecinos, capaz solo se había ido y ya. Sospechaba que en parte porque no quería verlo más.

Comenzó a andar por todo el taller, de aquí para allá, se notaba el abandono en ciertas partes. Decidió quitarse el enorme abrigo de piel de oso, blanco e imponente, y dejarlo sobre una mesa cercana. Ahora quedaba en apenas unos jeans oscuros y con el cabello largo, platinado cubriendo algunas partes de su amplio torso desnudo. Ya no era un simple crío. Con sus grandes brazos empezó a levantar sin esfuerzo alguno cada pedazo de metal que estaba en el suelo, algunas sillas y herramientas, con la intención de desaparecer algo de aquel desorden. Veamos, él como persona era todo un desorden, la personificación del caos, pero ver las cosas de ese modo lo enfermaba por alguna extraña razón.

Viene una tormenta –musitó levantando la voz tosca, más que para sí mismo para cualquiera que pudiera pasar por allí y escuchara. Aunque le traía sin cuidado, una tormenta de nieve feroz se estaba acercando a Asgard. Eran comunes, claro, pero esta advertía más peligro del normal. Y esto lo sabía por su habilidad climática. Lo sentía en los huesos.




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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Aidan el Miér Mayo 30 2018, 13:30

No había regresado igual del este,  había sido un viaje más que ajetreado para mí cuando debió ser solo un momento de descanso, sin tener que ocultarnos de las miradas frías del norte, estaba todo el tiempo de mal humor, mis palabras y decisiones eran ásperas y el clima reflejaba todo eso, las tormentas se generaban cuando yo no podía controlarlas, al igual que mis emociones ahora, el intento de ayuda de un gran amigo no había logrado apaciguar el agujero negro en mi pecho que parecía estar consumiéndome. Podría haber matado a mucha gente en el este y haber provocado una guerra que mi pueblo no necesitaba justo ahora y todo por culpa de mis torpes sentimientos.

Tenía muchas tareas que hacer, de las cuales quería ocuparme solo sin tener a Ethan cerca, porque desde que habíamos regresado las cosas no estaban tan bien, quizás deberíamos sentarnos a hablar de lo sucedido pero no encontraba palabras para curar las heridas. Por eso andaba solo esta vez, el cabello lo mantenía blanco cuando vestía y andaba como rey de norte, pero me movía apartado de las miradas de todas formas, llevaba la espada en la cintura, ya no podía ignorar lo que estaba pasando, me había ido sabiendo lo de los Draugr y no había regresado con una respuesta al problema sino más débil y con más dudas.

Ahora debía afirmar mis pasos y resolver los problemas de mi reino antes de que la guerra nos comiera a todos y solo dejara que la oscuridad nos acogiera de a poco sin que nos diéramos cuenta. En busca de una posible solución me encontraba frente a la puerta, abierta, de uno de los artesanos más conocidos del norte, pero no me interesaba ahora, las armaduras de los dioses guerreros soportarían, necesitaba algo que pudiese complementarlas y los ayudara, por eso su otra habilidad.

Di un paso dentro quitándome la capucha, había escuchado a alguien, casi gritar, que se acercaba una tormenta, por desgracia yo era el responsable de esos detalles que azotaban a mi pueblo, pero no podía evitarlo, no del todo, lo intentaba realmente pero aún no sabía cómo controlarlas del todo – Heine? – pregunte con calma buscando la mirada del hombre de cabellos blancos, no había visto al artesano nunca en mi vida, solo había escuchado de él en varias ocasiones, sabía que mi padre necesito de él unas cuantas veces pero de pequeño con suerte me dejaban salir sino era con Abel o a alguna lección que los profesores me daban en los jardines u otro lugar no muy lejos del palacio. Era difícil no tener a mis padres trazando mis pasos ahora, siempre los había odiado por no dejarme hacer lo que realmente deseaba y ahora no sabía que hacer sin ellos.



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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Klauser el Mar Jun 05 2018, 11:21

La tormentaba comenzaba a azotar los alrededores del reino. Para cada habitante despertaba más la reacción de costumbre que de asombro. Si había gritado con su voz ronca y autoritaria era para prevenir a algunos, porque no quería lidiar con más problemas después. Andaba de aquí para allá dando pasos bruscos y levantando cada pieza al suelo, organizando el disturbio de aquel viejo camarada. De apenas uno de los dos hombres que representaban su pasado y ahora... no estaba.

¿Era necesario? ¿Era necesario... escapar? Por Asgard... irse es de cobardes –murmuró con un tono amargo, de cierta ira contenida que empezaba a irradiar fuerza, energía blanca y resplandeciente sin pensarlo. Sin embargo una voz baja, cautelosa, lo calmó.

Ahí fue cuando sintió una punzada en lo más profundo de su estómago; un hormigueo que tomaba inicio en su torso y se apoderaba de cada una de sus extremidades. Era una voz que... reclamaba atención sin esfuerzo. Era una voz que pudo calmar al enorme oso de dos metros de altura que estaba levantando casi con los dedos toneladas de herramientas e irradiaba ira.

¿Buscaba a Heine? ¿El artesano? No está... –hablaba un pirata, un hombre de aguas heladas, de combates, guerras y sangre derramada sobre la dureza del hielo. Más uno que estaba menguando su energía y se daba la vuelta para ver el rostro del rey. No se alarmó por la apariencia joven o lo aniñado que podría resultar. Era algo que esperaba. Juventud... belleza... supremacía.

La diferencia de estaturas era sumamente considerable por lo que optó por inclinarse, para luego dejar caer una rodilla al suelo con fuerza notoria, brusquedad innata. Sus cabellos platinados, largos y finos estaban cubriendo parte de su rostro, dejando a la vista uno solo de sus orbes rojizos. Y aunque quisiera no había podido dejar de observar el rostro del rey.

¿Juzgaría sus actos en ese momento? ¿Klaus sería juzgado? –¿Qué desea? Yo puedo conseguirlo –sus labios formaban una delgada línea. La seriedad se estaba apoderando de su ser y aquello podría incuso alarmar más a los habitantes que su estado normal de frenesí. A pesar de estar inclinado con una rodilla apoyada en el suelo todavía podía ver al hombre directo a los ojos. Era como apreciar una bestia, un hermoso y mortal animal que reposaba por unos instantes ante la gracia de un Dios, sin estar realmente seguros de lo que podía ser capaz el guerrero de apariencia salvaje.




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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Aidan el Mar Jun 12 2018, 14:46

Aguarde en silencio, dejando que el viento susurrara, sabía quién era, no habia motivo para ponerse de rodillas si no sabía que era su rey, pero pocas personas me reconocían, no me extrañaba, no solía salir del palacio muy seguido y los pocos que me conocían suponían que era una persona terrible, fría y que no tenía piedad, suponiendo que era igual a mi padre claro, pero no habia dejado que otros vieran que era distinto al viejo rey fallecido. Tal vez estaba en un gran error no dejarme ver por mi gente como era realmente, pero aún tenía mucho miedo a lo que pensaran, por lo que seguía prefiriendo que Abel diera la cara por mí, que cobarde era de mi parte, sin embargo estaba allí para cambiar las cosas. Al menos eso se suponía.

El frío en el lugar se hizo algo violento, incluso azotándome a mi cuando la puerta se abrió de golpe casi al unísono que aquel hombre gigante pronunciaba aquellas palabras. Habia tenido esta sensación hace mucho tiempo cuando mi camino se habia cruzado directamente con Gray, aquella loba tonta que solía seguirme como si fuese un pequeño cachorro perdido, pero sin duda el más feroz de todos y mi preferida aunque no lo dijera.

Mi mirada paso de la puerta abierta y que dejaba entrar la nieve hasta mis botas y seguía el camino que dibujaba hasta aquel hombre, que no era a quien buscaba en un principio, pero que había encontrado sin querer – estoy seguro de ello… - murmure sin saber porque decía aquello, hasta que mi mano por pura inercia se posó en el mentón firme de aquel hombre obligándolo a levantarlo con firmeza, mis ojos se clavaron en sus ojos ahora rojos porque había apartado el resto del cabello que cubría su rostro. Mi mirada era afilara y mis gestos fríos pero se ablandaron por completo cuando sentí el calor recorrer mi brazo, un cosquilleo familiar.

- Quizás… puedas salvar algunas vidas si me ayudas a encontrar al herrero perdido… – mi voz sonó tan tranquila, tan diferente a la tormenta que se avecinaba afuera, deje a aquel hombre allí mismo para ir a cerrar la puerta como si nada, a decir verdad me costó un poquito hacerle frente al frío, pero logre trabarla, sabía bien que podía detener aquellas fuertes y gélidas tormentas que azotaban el norte, pero requería de mucho cosmos y concentración que no estaba preparado para usar, aun me faltaban cosas que aprender.

- Ufff… - suspire y volví frente a él, mi personalidad era bastante aniñada, si eso también tenía que practicarlo, no era para nada serio aunque por pequeños lapsos lo era, solo era por segundos, mi consejo a veces prefería que fuese así por más tiempo y que me encargara un poco mejor de los temas del reino pero era inevitable, nunca me había gustado mucho andar en el palacio, lo mío era explorar, descubrir y pelear. Además claro de hacer berrinches cada tanto.

mmm cómo te llamas… hay algo en ti que me está molestando hace rato – es que el cosquilleo en el brazo era molesto, no podía mentir, pero era mi cosmos que estaba llamando a la gema de aquel guerrero, intentaba descubrir a cual de mis dioses guerreros estaba ligada su alma, pero era como si esa información estuviese flotando cerca de mí, solo debía… acercarme un poco más para averiguarlo.



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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Klauser el Lun Jun 25 2018, 11:15

Recordó que la primera vez que vio a su rey era cuando éste aún era un niño, más niño del que ahora estaba frente a sí. Había regresado de un viaje largo, frío y rudo por los mares que dividían al Norte del Oeste, en compañía de Heine y sus hombres. Asgard parecía haber estado bajo un profundo letargo porque en aquella madrugada ni un alma rondaba por los callejones del reino. El frío no estaba fácil, sí; pero ya todos estaban acostumbrados. Había visto al niño rey porque acompañó a Heine hasta el palacio. Recordaba aquellos ojos afilados, aunque todavía no era quien creía. Y en esos tiempos distantes, Klaus era tan solo un jovenzuelo queriendo jugar a los piratas.

Asintió como respuesta a cada una de sus palabras. Le costaba hallar un modo preciso para comportarse o no romper cualquier cosa a su alrededor como reflejo. Por lo que continuó en esa posición de descanso mientras sus largos cabellos platinados ahora estaban hacia atrás gracias al roce ajeno. El tono escarlata de sus orbes brillaba a simple vista.

Es muy probable que Heine se haya ido en uno de esos peregrinajes hacia estos continentes distantes y misteriosos. ¿Lemuria quizá? ¿Ha oído de esas tierras? –su voz a diferencia de la de su rey, no tenía ni una pizca de nobleza. Era casi bárbaro en sus expresiones, pero la firmeza de su semblante no tenía comparación. Era como apreciar el temple de un vikingo atento a las palabras de su Dios.

No sabía si ponerse de pie o quedarse allí con la rodilla clavada en el suelo frío. En realidad, estaba comenzando a exasperarse porque era la primera vez que tenía que preguntarse sobre el qué decir o el qué hacer. De niño cuando lo había visto ni por asomo guardaba estas inquietudes. Simplemente fue como admirar un tesoro y nada más.

¿Algo de mí lo está molestando?, pensó y no pudo contener una pequeña risilla natural y desenfadada que emergía de su interior. Ahora una sonrisa a medias pincelaba en sus labios duros. Le venía en gracia porque aquel comentario lo había traído de vuelta al presente de forma abrupta y sincera. No le extrañaba que también a su rey lo molestara en algún sentido.

Tomó una bocanada de aire seguido del impulso suficiente para ponerse de pie y dejarse caer nuevamente sobre un escalón cercano; esta vez sentado sin perder de vista a su señor, solo que justo en ese momento podía respirar mejor a pesar del malestar en su cuerpo. Era como la muestra latente de sublimación.

Klauser, mi señor. Soy uno de sus guerreros –musitó y la sonrisa torcida en sus labios se ensanchó. A pesar de haber hablado con claridad al principio de la oración, lo último lo dijo casi en un susurro, apenas audible– Lamentablemente, molesto a casi todos... esperaba que con mi señor fuera diferente.

Era Phecda de Gamma. La Serpiente de Midgard. El Oso de Odín. Podía recibir muchos nombres... todos guardando algo de cada esencia en una amalgama de poder. Sin darse cuenta el taller había quedado refugiado de aquella tormenta gracias a la intervención del rey. Gesto que agradeció en silencio y lo seguía admirando con el filo de sus orbes rojizos.

También soy un pirata formado en sus terribles y feroces aguas heladas, milord. Conozco los mares de todo Pantheon. Y puedo llevarlo hasta Heine –el desborde de confianza no era para dárselas de grande. Hablaba desde una posición centrada, calculadora y áspera tratando de cavilar en las mejores maneras de lograr el cometido– mi barco, el Kraken, siempre estará a su servicio. Y si no se siente seguro, puede traer a su Mano o a cualquiera de sus sirvientes. Después de todo, su palabra es ley.

Quizá había dicho demasiado, pero así era él y no dejaría de serlo, menos ante su rey; aquel joven de perfectas facciones debía conocerlo mejor que nadie. Por ello, no tendría reparo en la elección de sus palabras o en sus secretos. Primero estaba Odín y siempre sería así.




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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Aidan el Mar Jun 26 2018, 20:27

Frote mis manos para calentarlas un poco, mi cuerpo necesitaba una temperatura baja, atípica a la de alguien normal, por eso me afectaba tanto el calor, pero tampoco quería decir que me gustara el exceso de frio o lo soportara bien, tenía frio como cualquiera cuando la temperatura bajaba más de lo considerable, es decir que cuando llegaba al punto de que alguien podría sufrir hipotermia recién ahí me daba fresco, este era el caso, las tormentas arrastraban más que nieve y viento, traían los aires helados de los grandes picos nevados de Asgard, sople entre las manos para generar ese pequeño tacto tibio mientras miraba con detenimiento al gran hombre frente a mí, que a pesar de estar en esa posición… aún seguía siendo más alto!

Por mi cabeza paso la idea de preguntarle si podía cargarme en su espalda como si fuera mi montura, luego recordé que era una persona y peor aún – que?! S-si lo conozco – me cruce de brazos, bueno no conocía el lugar personalmente solo de las lecciones que me daban mis tutores sobre políticas y esas cosas, era un lugar particular, uno de los pueblos que no poseían reyes, ni reglas, siempre me habia dado curiosidad hacer viajes largos a esas ciudades pero no podía o más bien Bel y el consejo me retenía aquí por cuestiones políticas, el único viaje largo que habia echo fue al este y en secreto, llevando a Bel a la fuerza o iba sin él, una de dos.

Mire la chimenea apagada con un poco de cariño por primera vez, en el castillo solían estar apagadas a no ser que hiciese muchísimo frio y las necesitara, como ahora que estaba más expuesto de lo que quisiera, tal vez el abrigo que traía no era el adecuado para una tormenta como esa, Klauser se puso de pie presentándose y fue entonces que reconocí su nombre, tenía buena memoria sobre todo cuando algo me llamaba la atención o me llevaban fuera del castillo solía recordar cada lugar con cariño. En ese entonces él no parecía tan golpeado por el desgaste del tiempo, ni era tan alto o tal vez si pero a lo lejos todo se distorsiona un poco.

- Oh no!... no, no fue lo que quise decir! – no me había dado cuenta de cómo lo había dicho como para que dijera que molestaba a todo el mundo, era en otro sentido, no quería incomodarlo, entre que mis mejillas estaban congeladas y ahora se sonrojaban un poco por el mal entendido, buscaba rápidamente una explicación a porque había dicho aquello pero al final él mismo término aclarando – es por eso… que me molestabas… veras… - levante un poco la manga del abrigo mientras me acercaba a él sentándome a su lado, buscando un poco de calor sin pensarlo – mi piel parece como si se cristalizara… cuando reconozco o siento a un nuevo guerrero… y dibuja… tu constelación – señale apenas lo que parecía ser un dibujo sobre mi piel – se siente como… un cosquilleo o más bien como si punzara un poco por todo el brazo pero no es por ti… no eres molesto… - no lo era para nada, realmente sentía como si fuese un gran oso enorme, en el cual podría sentirme tranquilamente cómodo y abrigado si pudiese abrazarlo sin que me comiera.

Volví a frotar mis manos buscando un poco de calor en vano, no tenía la habilidad de hacer fuego y realmente no sabía cómo encender uno bien, solían encargarse los sirvientes de esa tarea en el castillo o Bel en alguno de los casos, ah demonios la mayoría de las cosas que sabía eran teoría o tenían que ver con relaciones sexuales por culpa de mi guardia personal… estúpido hombre que no enseñaba nada útil cuando lo necesitaba! Y si seguía algo enojado desde que habíamos regresado, se me habia ido un poco pasando los días pero aun así cuando pensaba en él fruncía sin darme cuenta la frente.

- Eso puede ser de utilidad… no que seas un pirata y andes robando por todos los mares, eso no está… bien del todo supongo pero ayudara a encontrar a Haine, realmente necesito que forje armas como esta – murmure tomando la espada en mi cintura – pero que no estén malditas y puedan usar ustedes… contra los… Draurg… han despertado hace poco acompañados de algo oscuro, aun no averiguo de donde proviene o quien los despertó pero sin poder enfrentarlos es inútil… - mire la espada recordando que casi había perdido a Abel en esa ocasión y suspire algo angustiado.

- Klaus… puedo decirte asi verdad? – bueno si igual decía que no le diría de todas formas de esa manera era su rey después de todo, no podía oponerse a lo que ordenara o sí?, nop, ni un poquito, además era uno de mis dioses, solo conocía a Gray a decir verdad y bueno ahora a Klaus – será buena idea llevar a la Mano con nosotros y seguramente lleve también a la diosa guerrera de Epsilon, a que seguro te caerá genial… es algo rara pero mientras no tenga hambre – dije sonriendo como si eso fuese lo más normal, cuando claramente estaba diciendo que si tenía hambre comía personas, literal.

- Por cierto… Klaus… te importaría encender el fuego? Necesito calentarme un poco – murmure sin haberme dado cuenta que me había acercado un poco más a él y que mi piel se ponía algo rosada por culpa del frío que comenzaba a molestarme un poco. Mi mirada se perdió un instante en la ventana, la tormenta era tan fuerte afuera que ya no se podía ver nada del otro lado, a través del cristal todo era blanco. Me gustaría poder ser más fuerte aun y detener las tormentas, si tan solo… pudiera frenarlas mi pueblo no moriría y podría incluso vivir un poco mejor – ojala pudiese hacer que pare – dije en un tono un tanto triste sin dejar de mirar hacia afuera.



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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Klauser el Sáb Jun 30 2018, 13:53

En ningún momento apartaba la mirada de su señor. Solo cuando éste le hacía alguna petición o confesión y prefería desviar su punto de visión al techo, tratando de sopesar las palabras ajenas. Afuera seguía la tormenta de nieve, retumbante y feroz. Seguramente los ciudadanos ya se habían refugiado en el calor de sus hogares. No le atormentaba el bienestar de los norteños respecto al invierno perpetuo; sentía muy en el fondo que aquellos hombres y mujeres preferían permanecer en Asgard que marcharse e irse a cualquier otro lugar en el mundo. El invierno era difícil, sí; pero forjaba el carácter, los hacía fuertes y más agradecidos con el calor humano cuando tenían la oportunidad de disfrutarlo.

Pestañeó un par de veces, atónito por el leve sonrojo en las mejillas del rey y sin querer soltó una leve e infantil carcajada. Así que su presencia no lo molestaba. Sería la primera vez que alguien se refiriera a su persona de ese modo tan honesto. Apoyó ambas manos en sus muslos mientras acercaba el cuerpo a lo que le estaba mostrando. Era como ver una suerte de constelación cristalina dibujándose en el brazo. Así que eso había sido. Se veía un tanto doloroso. Le sorprendió aquella revelación y encontrarse, de alguna manera, allí como puntos de estrellas en la piel de su rey.

Parece doloroso. ¿Seguro que solo siente un cosquilleo? —le dedicó una mirada tranquila aunque con un leve indicio de preocupación. No quería que Odín pasara por alguna incomodidad.

Luego lo vio fruncir el ceño y hacerse un manojo de expresiones faciales. Realmente no sabía qué decir o hacer en presencia de aquel rey tan joven. Por lo que optó por relajar los músculos tan tensos y mantuvo una sonrisa tranquila, aunque firme. Una brisa helada logró adentrarse en el salón y sintió el frío envolver su piel como un manto ya familiar, ya conocido. Atendió nuevamente lo que el más joven tenía para decir. Y tuvo que reprimir una sonrisa torcida que amenazaba por asomarse ante ese comentario sobre su ocupación como pirata. No era como si robara tanto o todos los días... solía dejar uno que otro libre para mantener el interés en la actividad y divertirse con los resultados—. Trato de controlar mis impulsos, milord.

¿Draugr? ¿Acaso los no muertos habían despertado realmente? Clavó sus ojos brillantes en el arma que ahora reposaba en la cintura del rey. Por ello, necesitaban a Heine. Nadie mejor que ese viejo para forjar hierro y otros materiales que pudieran destrozar a los caminantes malditos. Recordaba que de niño había notado en la piel del artesano las marcas que un no muerto le había hecho. No temía, más bien sentía cada hebra de su ser ponerse en estado de alerta. Tomó otra bocada de aire helado, llenando sus pulmones de frío y tinieblas.

Puede confiar que Heine lo hará. No conozco a alguien mejor para llevar a cabo ese trabajo de armas —musitó después de echar una mirada reflexiva al techo. Más algo lo estaba preocupando—. No deberíamos darle tantas vueltas, milord. Será mejor partir en los siguientes días, aprovechando que todavía puedo sentir la energía del viejo en alguna parte de ese continente misterioso. Además, no me extrañaría que en cualquier momento decida acabar con su vida. Es demasiado cabeza dura.

Replicaba mucho para haber sido criado por aquel anciano. Quisiera o no, lo cabeza dura ya estaba también marcándose en el carácter del albino. Soltó otra risa confiada y con cierto amago de cansancio. Nuevamente había tenido problemas para conciliar el sueño. Las pesadillas lo atormentaban cada noche en la oscuridad de sus propios recuerdos.

Sabe bien que podrá llamarme como mejor le parezca. ¿Tengo derecho a protestar? —inquirió un tanto en broma. No sabía si podía tomarse tantas familiaridades con el joven rey, pero aunque quisiera no podía dejar de ser quién era—. "Klaus" está bien. Puede llevar a quien desee. Solo aclaro que mi Kraken es un tanto diferente al palacio. Espero eso no sea problema, milord.

¿Había dicho una guerrera hambrienta? ¿De Epsilon? Gray. Solo pudo recordar esa cabellera rosácea y esa lengua buscando probar todo a su paso. Resopló exasperado, sin dejar de lado la diversión que la idea le provocaba.

Asintió ante la petición del fuego y tomando impulso se levantó. Buscó entre una pila de robles cercanos, algunos que pudieran servirle para encender aquella chimenea; unos que no estuvieran húmedos por el frío del norte. Entre un par de movimientos bruscos y gruñidos empezó a escuchar el fuego crepitando y ofreciendo la calidez solicitada. Finalizada la sencilla tarea se dejó caer una vez más al lado del rey. No había casi separación de cuerpos. Esperaba que pudiera serle de utilidad mientras no tuviera que pensar en sus propios demonios. Tomó su abrigo de oso blanco e imponente y lo dejó caer sobre el torso ajeno—. Tenga, es cálido. —murmuró el enorme hombre— ¿Hacer que pare qué cosa? ¿La tormenta? —inquirió brusco con la falta evidente de modales y tacto— ¡Dioses! ¿Quiere que lo ayude? Me refiero a lidiar con este invierno. Capaz solo estoy ofendiendo a Su Majestad... pero creo poder lograr que controle mejor el clima. A mí no me molesta. Pero si así dormirá más tranquilo... ¿Por qué no?




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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Aidan el Jue Jul 05 2018, 14:33

Asentía con tranquilidad solo era un cosquilleo molesto, molesto porque a mí no me gustaban las cosquillas ni nada que tuviese que ver con sensaciones fuertes sobre la piel o el cuerpo, pero de haber sido cualquier otra persona un poco más normal tal vez le parecería una sensación agradable. Cuando se puso de pie para acudir a mi petición de encender el fuego me quede mirando su cabellera, blanca al igual que la mía mientras no lo tuviese rojo como el fuego que odiaba, pero a diferencia de mi él tenía una laaaaarga melena y me pregunte si me llegaría a creer tanto como a él, por un momento tuve ganas de preguntarle si me dejaba trenzarlo, luego recordé que no estaba con Abel, que no podía comportarme como otra cosa que no fuese el “Rey”.

A veces detestaba un poco tener que mantener esa mascara constante frente a los demás, aunque fuesen mis caballeros, pero si dejaba entre ver cómo era realmente seguramente perderían el respeto, me preocupaba bastante lo que podían pensar o decir de un rey que era infantil o caprichoso realmente, o que solo le gustaba jugarle bromas a su mano y divertirse, en cambio dejaba que me vieran como un rey distante, frio y cruel, muy lejos de lo que era o deseaba ser realmente, mi padre siempre me habia criticado eso y la causa de que Bel estuviese a mi lado habia sido para que me entrenara y guiara… aunque se le habia ido un poco de las manos, pero era otro tema.

- Hmmmm puedes protestar… pero no soy bueno escuchando protestas, suelo ignorarlas por lo general – murmure sonriendo apenas ante su comentario, no tenía que hacer todo lo que dijera, era libre de decirme lo que pensaba, aunque yo también era libre de hacerle cortar la cabeza pero no lo haría! Aun no me convertía en un tirano y dudaba llegase a hacerlo algún día como lo habia sido mi padre en su momento, reinar con miedo - no me tomes como si fuese de cristal… fui entrenado para cazar y sobrevivir en los bosques a la intemperie… además se pelear no me subestimes osito – por un momento deje entrever ese lado de confianza que le estaba regalando en ese instante, porque mi tono de voz era tranquilo y dulce, muy distinto al que venía manteniendo – que tan malo podría ser un barco?

- Entonces tendrá que ser cuanto antes… Lord Comandante – si porque podía, porque era el rey y hacia lo que me salía en gana acababa de nombrar a aquel hombre, portador de una de las más grandes armaduras de Asgard, como el comandante de las tropas del norte, le gustara o no, tenía ese presentimiento que me decía que él era indicado para esa tarea y como era caprichoso y no podía reprochar, bueno si podía pero me daba lo mismo, iba a tener que aceptar.

Mis ojos se clavaron en el fuego que iba calentando rápidamente el lugar, aunque el frio de afuera parecía seguir manteniendo a raya al calor que deseaba dar batalla – gracias… - dije algo sorprendido por el repentino peso del abrigo, era como tres veces mi tamaño y peso, casi que podía esconderme allí abajo y seguro nadie me encontraría, podría pedírselo prestado a Klaus para cuando quisiese escapar de mis lecciones de ética e historia, tal vez le pediría que dijera alguna excusa como que al rey se lo comió un oso o algo así y entonces podría librarme de la clase que detestaba tanto como al viejo que venía al palacio a “enseñarme” quien necesitaba clases de ética e historia cuando sabias blandir una espada.

- Es pesado… y mullido… tú mismo mataste al oso? – pregunte llevando el abrigo un poco más arriba hasta cubrirme un poco la cabeza, subí un escalón más los pies casi haciéndome bolita dentro del abrigo, prefería el calor de un buen abrigo al fuego que chispeaba a lo lejos y por el mismo peso me fui yendo hacia un lado hasta chocar con él que estaba de nuevo a mi lado - ayudarme? Como?... es decir… s-se manejar mi cosmos… pero no logro detenerla, como sería esa ayuda? Ahora me da curiosidad… - dije asomando un poco la cabeza por debajo del abrigo.

En realidad era la segunda vez que re encarnaba, al parecer al igual que Athena ambos habíamos nacido como tales a diferencia de Poseidon y Hades que habían escogido un recipiente humano a su antojo, nosotros estábamos mejor ensamblados éramos una única alma, éramos completos pero nos costaba un poco más volver a controlar nuestros dones, pero con el tiempo seriamos más fuertes sin duda, solo que me costaba entender las cosas, algunas era como volver a aprender a caminar nuevamente, la guerra, la muerte, la sabiduría, la magia, las profecías, la poesía, la victoria y la caza, eran demasiadas cosas que procesar y volver a dominarlas rápidamente me estaba agobiando. Era un dios demasiado complejo pero por eso era tal vez el único entre los griegos. Pero si no podía dominarme y entenderme a mí mismo era igual que nada.

- Quiero ser más fuerte que cualquier otro dios… - dije cerrando el puño, fijando mi mirada cristalina y fría en el fuego intenso que pareció alzarse retador ante mi convicción de querer superarme, yo… quería ser lo que mi padre no había sido, el rey de Pantheon, no quería agachar la cabeza, quería pelear, era guerrero y sino peleaba o no moría peleando sería un asco como encarnación y merecería entonces morir… yo era Odin y me alzaría por sobre todos. - no, no me ofendes... ayúdame a ser más fuerte... lo dejo en tus manos... Klaus - lo mire sonriendo, con un brillo particular en la mirada.



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Sonrojate, besa, acaricia, siente, deja a los tontos con sus taboos
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Se fuerte tu puedes
No te rindas, yo no me rendiré
Soy libre para esta noche ser lo más grande aquí
Cazare tu alma para salvarla, se fuerte, aguanta, aquí estoy


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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Klauser el Vie Jul 13 2018, 22:15

Era extraño. La sensación que rodeaba e invadía por completo su cuerpo. Aquel niño era su padre Odín, su Dios y Rey. No dejaba de lado el hecho de sentir embriagado por la supremacía, pero tampoco que lo hiciera reír como si nada, que le provocara cierta diversión su presencia. ¿Eso estaba permitido? Más también percibía incomodidad por parte del joven. ¿Estaba actuando de algún modo? Si llegara a saberlo sentiría molestia, Odín debía ser quien era, sin importarle los comentarios, todos seguirían siendo devotos a su señor. Y si llegara aparecer un traidor, el mismo Oso se encargaría de la situación.

No lo tomo de cristal ni mucho menos, mi señor —murmuró aquellas palabras con una sonrisa que se ensanchaba cada vez más— ¿Cómo puede decir que no atiende a protestas? Que el pueblo no lo escuche... o será su perdición —se tomó unos minutos para sentir la cercanía con aquel que era su padre.

Aunque no tardó en aparecer varias arrugas sobre su frente, provocando el fruncido de su ceño. No lo había llamado de esa forma, ¿o sí? ¿Osito? Tenía que estar bromeando, carraspeó la garganta y casi se atraganta al escuchar las siguientes palabras— ¿Cómo dijo? —debía repetírselo porque no se lo creía. ¿Lo había llamado su Lord... Comandante? Lo que había dicho comenzaba a tornarse más real para sus sentidos. Ahora podía hallar coherencia no solo en las palabras de su Rey, sino también en las de Heine. "Un día llegará el momento en el que decidas ir por el camino del honor, Klauser. Ese día te dará lo que tanto has estado ansiando, incluso más que a la vida misma, hallarás un sentido. Hallarás tu norte..." aquel discurso perdido en sus memorias lo trajo de vuelta al presente.

No tuvo que decir algo realmente al título conferido. No era como si tuviera otra elección y de tenerla no la hubiera querido. El filo de su mirada cerúlea descansó en la figura del joven a su lado, lo observaba con intensidad, sin musitar, sin pestañear. Era como una bestia esperando seguir un rastro. Sintió el pequeño cuerpo que caía a su costado, era como sentir cosquillas, ya que probablemente no pesaba más de lo que una pluma. Y por unos segundos tuvo que limpiarse literalmente la baba que caía por la comisura de sus labios. ¿Acaso Odín se estaba burlando de él? —Maldita sea, milord, ¡tápese! —gruñó y envolvió el pequeño cuerpo con el enorme abrigo blanco. Ahora no le veía la cara de perfectas facciones. Se burlaba del hombre seguramente, demasiada grandeza para ser asimilada.

Sí, lo maté. Pero era un compañero. Un buen amigo, que había quedado atrapado en el hielo. Le quité el dolor y ahora uso su piel como honra —masculló recordando pasajes lejanos de su pasado— No me malinterprete. He matado bestias y lo seguiré haciendo. Así sobrevivo. Más esta era especial...

Lo era. Se había ganado su respeto. Todo aquel ser que se ganara el respeto de Klaus sería especial para él. Así como aquel que lograra alimentar su odio, quedaría grabado en su memoria para darle fin a sus días sobre Pantheon. Tomó una bocanada de aire frío y decidió relajar sus músculos, arqueando la espalda y apoyando los brazos sobre la madera bajo los cuerpos, a cada lado de sus muslos. Él mayor se refería a que, obviamente en menor intensidad a la que podría realizar el gran Odín, Heine lo había ayudado a ejercer cierta influencia sobre el clima frío de Asgard, quizá esos conocimientos fueran útiles para su señor, quizá más útiles que sus lecciones reales— Podría, de alguna forma, ayudarlo a recordar en esta era lo grande que ha sido en otras, pudiendo entonces ser mil veces superior en esta. Tal vez no sea tan fino como sus maestros en el castillo, pero podríamos entrenar juntos, si usted lo desea. Además, le diré algo.

Y con suma brusquedad y nada de tacto, acercó el cuerpo del Dios al suyo para que pudiera escucharlo mejor. Gesto que era demás de insólito, dado que cada expresión soltada por el pirata podía ser escuchada y entendida a metros considerables de distancia.

Cuando estemos con Heine, pregúntele sobre la fuerza natural del clima. Pregúntele porque él lo sabe. Fue amigo de su padre, su herrero personal. Y no dudo que tenga conocimientos absolutos sobre eso y mucho más.

Era probable que en unos días debiera partir el pequeño grupo solicitado por el Rey. Suficiente para surcar las misteriosas aguas de los continentes neutrales en busca del legendario guerrero nórdico.

Y tomando un impulso, soltó el agarre del hombro ajeno y se puso en pie, buscando alimentos entre los gabinetes del viejo herrero. Sintió que era el perfecto momento de preparar algo de comer. Nada fino, desde luego. Pero tampoco se le daba mal cocinar buenos trozos de carne al fuego.

¿Tengo hambre? ¿Y usted? —masculló imperante mostrando los colmillos afilados. Comenzando a ocuparse de la cena con sus grandes manos de salvaje.




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Re: Viene una tormenta

Mensaje por Aidan el Sáb Jul 21 2018, 02:39

Me sobresalte bastante cuando prácticamente grito, literal, que me tapara, que me tapara qué? Sino estaba desnudo o que rayos?! Por las dudas mire hacia abajo pensado que mi ropa habia desaparecido por arte de magia, pero no, allí estaba, entonces sentí sobre mí el peso completo del tapado del oso, luego escuche la historia del gran oso – como un hermano… - susurre apretando mejor la piel de esta entre mis dedos, como si pudiese sentir más allá de lo que se podía ver con tan solo acariciar el blanco pelaje, entendía la muerte de otra forma, la amaba porque yo mismo era el dios de la muerte, pero no era destructivo, a no ser que me tentaran con una buena batalla.

- Sería buena idea… eh olvidado la mayoría de las cosas, lo que soy, la fuerza que tengo e cuesta controlarla, muchas veces creo que soy inestable y que podría ser vencido sin problema… - mire mis manos dentro de la seguridad del abrigo que estaba sobre mi cabeza a modo de carpa, subí los pies abrazando mis piernas quedando completamente bajo el abrazo del oso, como si lo necesitara, porque aunque a veces intentara imponer respeto o demostrarle a los demás que era alguien de temer, lo cierto era que era muy simple quebrarme, mis propios sentimientos humanos a veces me jugaban en contra y eso ya lo había experimentado en el Este, razón por la que no hablaba con Ethan porque seguía enojado, pero no sabía cómo decirle las cosas, era un dios, se suponía que podía con cualquier cosa!

- Pero mi padre no fue un dios… solo un rey tirano que prefería encerrarme y que fuese un gran político e igual de tirano que él… que sabría él? – no era que no quisiese a mi padre pero nuestra relación se había quebrado del todo cuando me había obligado a hacer cosas que no deseaba y había terminado por encerrarme en vez de dejarme libre y aprender a ser un mejor rey, la razón por la que Ethan había sido elegido para estar a mi lado era para corregir mis imperfecciones pero no había salido como el viejo muerto lo había planeado, una risa se escapó de entre mis labios bajo el tapado, del que saque la cabeza cuando Klaus se levantó de golpe como si no pudiese soportar ya más estar sentado o estar cerca de mi tal vez?

- Ahora que lo mencionas si… ya va siendo hora de que este mi cena…– levante la cabeza y me puse de pie un poco con dificultad para levantar el tapado, caramba que esa cosa pesaba como el demonio - espero comandante Klauser que su comida este a la altura de la del palacio… soy muy caprichoso – dije poniendo una voz graciosa, grave, muy distinta a la mía, solo para molestarlo, pero en esa frase había algo que era verdad y que Ethan no dejaba de recordarme, que en realidad si era caprichoso y a veces muy exigente.

- Que cocinaras, puedo ver que no la estés envenenando? – era la costumbre de que Ethan probara todo lo que otros hacían para mí por miedo a que alguien pudiese lastimarme, deje el tapado a un lado para acercarme un poco al fuego y poner mis manos frente a este, a pesar de que no me gustara el calor, mientras fuese para aliviar la tormenta en mi interior estaba bien. Tampoco quería enfermar, mi cuerpo necesitaba una temperatura exacta, estar frío pero no congelado, si tenía mucho calor enfermaba y si tenía mucho frío también, era molesto como no se daban una idea – por cierto Klaus… tienes novia? – pregunte porque sí, porque me gustaba molestar e incomodar a la gente.



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