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¿Hay dragones en el mar?

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¿Hay dragones en el mar?

Mensaje por Gray el Vie Abr 13 2018, 12:37

Lugar:

Spoiler:

Sol... Calor... Mucho calor... La cara de Gray era una verdadera poesía de expresiones marcadas por el fastidio... ¡¿En qué clase de lugar hace tanto calor?! ¡¿Y por qué demonios había ido ahí?! Ah si, debía recordarse desde que cruzó la frontera al reino sur, que estaba ahí persiguiendo a unos cazadores furtivos, cargados de pieles de lobo y cuernos de numerosos renos... Eran los mismos que conocía de su infancia y habían logrado esquivar el castigo de la policía local, lo cual hablaba de la mediocridad del sistema humano y de lo mucho que disfrutaría cuando los encontrara ya que se seguían dedicando a lo mismo... Vender pieles de animales tan "exóticos" en otras tierras era sin duda algo que remuneraba en demasía.

Su sentido del olfato era supremo y llevaba ya varios kilómetros siguiendo el rastro hasta que llegó a las tierras de los mares... No es que no hubiera mar en el Norte pero era demasiado helado. No era una atracción turística ni mucho menos y la mayoría estaba lleno de témpanos, icebergs y demás. Meterse era realmente una locura que Gray hacía seguido en busca de pescado o focas con las que alimentarse si tenía las suficientes ganas; sin embargo, el pez de esas regiones era duro y tenían más espinas que "carnita". Incluso había unos feos que...

¡No! ¡Deja de divagar! Hay que seguir el rastro. Y el mismo la condujo hasta una playa que cualquiera pensaría que es idílica pero la verdad es que a ella la estaba matando. A pesar de que se había quitado el abrigo (y enterrado en una zona en la que volvería más tarde) seguía sudando como energúmeno e incluso tenía la lengua de fuera... No había cruzado pueblos o ciudades, siguiendo la ruta de contrabando de los sujetos, así que no había tenido la oportunidad de robar algo que la mantuviera fresca. ¡¿Iba a morir de una forma tan triste?! No, la verdad estaba siendo dramática.

Caminando por la arena se quitó las botas y volvió a enterrarlas, mirando alrededor para recordar donde estaban y volver por ella más tarde. Hundió los dedos en la arena... Si, arena, no un conjunto de piedresillas negras que adornaban las playas heladas. Que curioso... Era muy suave y además invadían descaradamente la piel, pegándose. Se limpió el sudor por el esfuerzo físico de rascar y luego volver a meter la tierra y continuó andando hasta encontrar un sitio donde pudiera descansar al menos un momento. Era una pequeña isla no muy lejos de la playa, teniendo que cruzar por unas piedras lisas. Dando saltos llegó al susodicho, adornado por una piedra alta que le daba cierta sombra pero que de ninguna forma disminuía el calor.

- Aghhnnn!! Waaaa!!! Arrfff!! - Sí... estaba haciendo berrinche. Se comenzó a revolcar en el piso, ensuciándose de arena y mojándose la ropa. ¡Tenía tanta sed! ¡Y tanto calor! Hasta que se le prendió el foco. Podía invocar algo de hielo y esperar que se derritiera y... ¡Listo! ¡Agua! Su risilla maníaca inundó el lugar mientras el cosmos se arremolinaba a su alrededor formando un cristal de hielo del tamaño de un balón de fútbol. Y entonces... Lo lamió.

Normalmente, como alguien que había crecido en una zona helada, Gray sabría que eso solo ameritaría que su lengua se pegara al hielo de forma dolorosa; de hecho, fue una lección dura en la que uno de sus hermanos cachorros perdió la lengua. Pero ahora no era una situación normal... De hecho estar en un clima así, al menos por primera vez, causaba estragos en su psique y todo había resultado en una situación bastante estúpida que apreciaba nadie viera... (¿Oh no?) - Ahhhhhhhhhhhhhhhhh!! O uee eeeeee!! - Se dejó caer de costado en la arena, aún protegida por la sombra, con la lengua pegada a un balón helado que de menos la refrescaba un poco.

Se había rendido... Así que cerró los ojos, esperando que la muerte viniera por ella... -O que se despertara con la bola derretida-

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Re: ¿Hay dragones en el mar?

Mensaje por Cyril el Sáb Abr 14 2018, 00:40

Los pies descalzos se hunden en la arena, no quema porque está cerca del mar, hace cosquillas y es agradable, es una sensación de tranquilidad indescriptible la que llena el alma de la joven sacerdotisa que camina sin un rumbo fijo, solo está agotada del ajetreado día que tuvo y la única manera que tiene de recobrar sus fuerzas para seguir es esta, acariciar la arena, sentir esa cálida suavidad, sentir el aroma salado al mar. Cuanto anhela en su mente poder sumergirse y nadar sin agotarse bajo el agua. Divagaba, esas cosas eran imposibles, el mar es bravo y peligroso, es hermoso pero su profunda apariencia engaña, cautiva y mata.

Y entonces sintió algo familiar que le recorrió la espalda en forma de escalofríos, esa sensación que solía tener cuando usaba eso que las sacerdotisas llamaban cosmos para sanar las peores de las heridas de los caballeros, entonces busco un poco con la mirada, hasta que a lo lejos noto que algo se movía, revolcándose en el piso al parecer, o al menos eso era lo que creía haber visto, dudo un poco si acercarse, pero era probable que alguien estuviese en problemas y era más fuerte que ella, tenía que ir a ver si era un animalito en aprietos o alguna persona que estuviese pasando por algún problema, cualquiera fuera la situación seguro que podría ser de ayuda, al menos en algo pequeñito!

Cruce por las pequeñas rocas hasta poder llegar a la islita aislada, no me preocupaba mojar la larga falda de color turquesa, ni la camisa blanca de mangas abiertas, ambas prendas de una tela suave y delgada, era normal usarla en el sur con aquella temperatura, era cómoda y ligera. Lo que llamo mi atención fue el pedazo de roca que estaba lamiendo, pero al ver mejor note que era hielo? Aquí en el Sur? Había sido ella la del cosmos? De que otra forma ese pedazo de agua congelada estaría aquí? No importa! Ella parecía algo agobiada por algún motivo. No supe si acercarme repentinamente o esperar a que notara mi presencia, se la notaba muy ensimismada en esa bocha helada.

- Estas bien? – pregunte manteniendo una distancia prudente, estando cerca pero no lo suficiente como para invadir su espacio. Mi voz era cálida como el clima del Sur y suave como la arena fina de las playas – Soy Naomi, vivo cerca de aquí… tu, no eres del Sur verdad? Estas… perdida? – cada minuto que pasaba a su lado mirándola podía notar más y más detalles en su cuerpo, su piel perlada por la transpiración, sus ojos, su respirar, era una especie de “medica” así que notar esos detalles eran simples para mí, cualquier cosa, por más pequeña que fuera podía curarla.
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Re: ¿Hay dragones en el mar?

Mensaje por Deimos el Sáb Abr 14 2018, 04:27

Aún no daba con aquel semejante a los Campos Elíseos, un paisaje digno de aquellos héroes caídos en las batallas, a los pies del siempre eterno Cronos, sublime tan sólo por la infinidad clavada de cara a su templo. Ya era constante asumir la careta de bucanero, ¿y si era fastidio? Poco esencial para la vida pero tan caprichoso como para negar su existencia, un gozo casi igualitario al propio sexo del cual los humanos fuimos capacitados para poder ser juzgados y errar eternamente, algo que ni los Dioses rechazarían en todo su esplendor. Arcadia era lo que buscaba con tanta euforia comprimida, pero jamás encontrada y siempre perdida por los Olímpicos, ¿qué era un mortal para ser merecedor de ella? Reclamé un suspiro al propio aire, brisa cálida pero eterna donde el Verano abrazaba con mayor necedad a la de un despreciable amante, aquella persona cuya única intención era un placer mundano sin plantear la gloria del lazo creado en breves instantes. A pies descalzos rondaba un fragmento blanco de un desierto azul, llevando en balance sobre el hombro diestro a Durandal, emblema de mi existencia como General y sinónimo de preparación, un largo mango negro de un metal creado a partir de la existencia interior, terminando en una punta de un falso oro, decolorado por años a presentación de un veterano, y sin embargo, tan sólo llevando aquellas prendas holgadas, frescas como un extra, resentía el peso de las escamas sobre el cuerpo cual infinita carga.

¿Podría haber un destino peor para aquellos nombrados a las armas que aquel al que fue sentenciada Andrómeda? Muy probable, las altas temperaturas aún golpeaban sobre la piel, y eso resaltaba que la fortuna sólo es creada por los Héroes pero jamás para si mismos. Aquella mujer fue salvada por la llegada de Perseo, quien derrotó al monstruo marino utilizando la cabeza de Medusa, petrificando las escamas hasta desvanecer la vida de un ente temido incluso por su propio amo. Divagué con mirada perdida en un vacío de acto mas no de mente, detenido por una presencia tan familiar ante los otorgados por el don de la superioridad en la cíclica cadena de poder, un cosmos tenue emergido de la aparente nada que alertaba pero no lo suficientemente capaz de provocar una alarma total, más bien la precaución era la que demandaba. Aferrando el asta, avancé con decisión cargada en contra de aquello desconocido, pasando entre rocas simulando plataformas por encima del agua, allí donde pisadas sobre la arena eran erosionadas por el paso del viento, sirviendo como un guía cuyo acto tomaba mi mentón hacia el arrastre de un dueto de sombras laterales a la postura de una palma. Femeninas definidas por delicados cuerpos, poseedores de un busto, pieles de mármol y rasgos siempre imitadores al tacto de Afrodita, jamás igualada pero muchas veces superada, ¿ninfas en islas perdidas? Pese que a aventureros agradaran, al planteamiento propio no resultaban llamativas como entidades, nunca agradecería a Apolo por bendecirlas con su belleza, ni al mismo Poseidón por otorgarme la dicha, al contrario, maldigo el día en que ocurra pues sabré que la senda del Héroe es aquella la que destinó el Olimpo, y un final trágico llevará mi sombra al Hades, sitio donde será hostigada. Intercepté la primera voz ante la incauta escena, clavando la base del arma en profundidad de la arena, manteniendo firmeza ante las mujeres, precavido.

- Lo está, en cuerpo y alma, el calor no la hace razonar, deriva en un Nilo inexistente -

Negaba lentamente, entrecerrando los párpados ante la escena de una miseria generada por la ignorancia, y una joven distante debido al distanciamiento de lo que podría quizás idealizar como una enfermedad comparable a la toma del agua proveniente del mar, una idea que quizás resultaría. Solución común, tomarla entre brazos como los hombres harían sin meditar ante una dama caída, arrastrando arena en el espacio generado entre los cuerpos, dando pesados pasos hasta el interior de la playa, sumergiendo allí donde la marea era paralela a las rodillas, dejando caer en el siempre frío océano a la chica con tal de que dejara de lado aquella fiebre arrancada del propio clima. Observaba desde arriba, a quien ahora flotaría o desesperaría ante el contacto. Apenas giré a un cuarto el cuerpo, mirando a la otra joven quien ahora permanecía un tanto distante, sosteniendo cierta serenidad que conectaba como un gesto de renuevo hacia la situación. Invité con la palma diestra, abierta, partiendo y regresando como una ola de arrastre informal, era para aquella que era habitante del Reino de mi Señor, declarada por sus vestimentas además de una naturaleza intrínseca que aún no revelaba. Emití un soplido, agachando la mirada hacia la otra joven que había tirado a las frescas aguas, llevando a la nuca aquella mano con la que antes alegaba una excusa de interacción.

- No lamento haber actuado así, aunque ideal sería conocernos. Ante todos, fui bautizado como Deimos, hijo de la difunta Esparta, y hoy General portador de la Escama del Dragón Marino -

Presentaba ante esas jóvenes debido a su tacto con el propio cosmos, una casualidad doble que no era común fuera de los recintos donde entrenaban los permanentes en eterna búsqueda de convertirse en dignos. Los hechos a veces valían más que las palabras pero los títulos no eran algo a tomar con tanta tranquilidad, la equivalencia entre vida y muerte consistía en tiempos corrientes a cómo expresar lealtad al que portase el manto más ostentoso. Moví las piernas, alzando los pies por encima de la arena húmeda en la cual empezaba a hundir el cuerpo debido al peso que cargo sobre mi mismo, arrastrando oleaje ante el movimiento por la hercúlea fortaleza que representaba, limitando un vago suspiro con párpados ahora cerrados. Sonreí a medias, un poco agraciado por la situación generalizada dentro de un pensamiento que iba a expresar a voz ronca, no esperando ser comprendido pero si respondido a un entretenimiento tan espontáneo.

- ¿Qué os trae aquí? ¿Buscan el Argo? ¿O a caso un Jason, cuyos cabellos dorados cautivarán a vuestras miradas y sueños de gallardos guiando delicadas manos a un castillo? Quizás, incluso, la suerte de un beso inferior de Helios -
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Re: ¿Hay dragones en el mar?

Mensaje por Gray el Dom Abr 15 2018, 19:41

¡Ok ok paren el carruaje! Las cosas se estaban saliendo de control. En uno de los momentos más estúpidos de su vida la situación se salía de su control y de manera peligrosa... Primero que nada, sus problemas anteriores seguían ahí como lo es el calor, la sed, la poca conciencia... Y además, se habían sumado unos cuantos que iban del más relajado al problema más horrible. Siendo más claros... Comenzamos con la aparición de una hermosa joven, con un rostro aniñado pero cuerpo llamativo; no estaba acostumbrada a ver personas con tan poca ropa porque bueno, en el norte podías morir. Le preguntó si se encontraba bien.

- Eeeee eeee... a... - Intentó no hablar como retrasada pero era obvio que no podía. Sin embargo, las cosas empeorarían cuando un hombre llego a escena. Lo primero que pensó es que era un gigante, uno con senda espada que enterró en la arena, al nivel de los ojos de Gray, la cual comenzó a sudar mucho más. Luego, agradeció que Odín mismo estuviera en otras tierras porque fue una verdadera vergüenza cómo se empequeñeció y se dejó cargar cual mocosa perdida, cayendo al agua de una considerable altura, tomando en cuenta la estatura del hombre.

- ¡Bbrbrbrbr! - El agua... No estaba fría. Quizás para los pobladores del sur sí que lo estaba pero para ella era tibia y hasta cierto punto deliciosa. De hecho, estaba tan clara que podía ver alrededor. La arena, los pequeños peces de aguas poco profundas, las conchas... Era un verdadero espectáculo. Obviamente el hielo terminó por derretirse después de estar en la arena y luego en el agua, dejando la lengua algo inflamada y bastante roja. Su coronilla rompió la superficie del agua, asomando la cabeza... Aunque solamente hasta la nariz, viéndolos con sus ojos afilados como si quisiera arrancarles la garganta.

Pero todo quedó en segundo plano. Los cazadores que seguía... Su lengua, su ira. Todo porque él se presento como un maldito General Marino. Gray podía ser ignorante en muchas cosas pero sabía perfectamente los rangos de los caballeros de los dioses y eso era malo... MUY malo. No es que haya ido a perjudicar a Poseidón pero no esperaba que le creyeran o realmente no sabía el grado de agresividad del hombre frente así al saber que ella misma era una portadora del Cosmos y una armadura. Lo que diga a continuación era sumamente determinante y no quería que supiesen quien era.

Sin embargo, él tipo no se la dejó fácil. ¿Quién era Jason? ¿Quién demonios era Argo? Luego habló de Helios... Instintivamente subió la mirada al sol. Se acordó de como el Profesor le leía todas las noches, resignado a una niña que no quiso aprender a leer más allá de pocas palabras. Le contó acerca de dioses, guerreros y héroes pero la verdad apenas recordaba poco... Lo único que quedó bien grabado fueron las palabras que dedicó a los dioses. "Siempre nos pondrán a prueba... Solo así sabremos si somos dignos o merecemos el olvido" Se acercó dando un par de brazadas a la orilla y se puso de pie, con el agua clara hasta la cintura, apartandose el cabello lacio y rosada del rostro.

- Gracias Naomi... Gracias... Deimos. - Dijo hablando medio raro por la lengua inflamada. Mejor tratar de ser amable... - Um, no no soy del sur... soy deeel... Este, sí, del este. - Dijo asintiendo rapidamente mientras se llevaba las manos a la camisa mojada. Sin ningún sentido de pudor se la quitó de jalón, revelando un cuerpo blanco y juvenil, pero marcado en cicatrices que araban la piel como recuerdos dolorosos. Sobre el hombro tenía una especialmente grande que deformaba la piel y el color. Y claro, sus pechos al aire, los cuales jóvenes y triunfantes retaban a todo autocontrol. - Mi nombre es Gray y vengo buscando a Jason... él me debe... dinero... ¿Ustedes son locales? No teeengo idea que es un General Marino. ¿Comandas el mar?

Luego procedió a lanzar la camisa a la arena y quitarse los pantalones.

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Re: ¿Hay dragones en el mar?

Mensaje por Cyril el Mar Abr 17 2018, 17:50

Conocía los tiempos de cualquier mal, ninguno se escapaba de las manos de alguien que era hábil tratándolos, toda mi vida encerrada en los altos templos para que de forma precipitada se presentara un, no tan pequeño, contratiempo que agitaba todo como si fuesen las mismas olas enfadadas del mar. Intente detenerlo pero fue inútil, aquel hombre estaba tan decidido a actuar de forma heroica que ni siquiera pensé en todas las consecuencias que podría traer tratarla de esa forma y mi enfado se notó en mi rostro enseguida, dejando atrás aquellos rasgos finos y dulces, más parecían de alguien que estaba a punto de cometer un asesinato, pero mi dios sabía que era incapaz de hacer tal cosa.

- Nunca vuelvas a comportarte como héroe Dragón Marino, tu estas hecho para la pelea no para sanar… - pase junto al gran hombre para revolver en el morral de cuero que llevaba cruzando mi pecho – ahora entiendo porque existimos las sacerdotisas… - murmure un poco con enfado pero intentando no perder los estribos con el caballero, no era que los odiara o me molestaran, al contrario, los admiraba, yo había entrañado toda mi vida para cuidar de ellos, pero a veces podían ser tan arrebatados.

- No busco nada en particular, siempre camino sin sentido como si la corriente me arrastrada a donde debo ir – dije acercándome a la chica que ahora se despojaba de sus ropas, justamente iba a pedirle aquello pero en otro lugar, era bueno que no tuviera ni un ápice de pudor, lo que hizo que sonriera un poco con gracia.

permíteme cariño – tome su camisa, y la escurrí tan solo un poco – déjame aliviarte un poco – puse la camisa sobre su cabeza dándole algo de sombra, atreviéndome a tocar su mejilla para sentir su temperatura – sostenla con fuerza – di un paso atrás y mis manos comenzaron a hacer movimientos suaves y circulares, el agua pareció darse cuenta que era invitada a bailar porque enseguida rodeo el cuerpo de la chica en una danza sublime acompañada de los colores que generaba cuando el Sol la tocaba, pero al girar junto a mi cosmos su velocidad hizo que se enfriara generando un remolino helado alrededor de ella para bajar por completo la temperatura de su cuerpo y me detenía solo cuando sentía que su temperatura era acorde a su bien estar, lo que me sorprendía era que había tenido que bajar mucho su temperatura.

- Ten, bebe – le extendí una cantimplora de cuero, en su interior había agua potable mezclada con un poco de miel, no me sentía distante ahora que sabía, gracias a la revelación de Deimos, que los tres poseíamos aquel poder sagrado que llamaba cosmos, en cierto modo me genero un poco de calma – conocernos… suena bien pero no aquí, ella no puede exponerse más a nuestro sol, debe estar en un lugar oscuro y fresco… puedes caminar? – le pregunte a la chica de cabellos rosados – mi casa no está lejos, donde la playa termina y comienza el bosque, un poco más adentro -  mire al general marino, me pregunte porque se había presentado de esa forma despreocupada ente nosotras? Solo porque había sentido esa “chispa”? debía tener cuidado, no muchos eran creyentes de sus leyendas, lo que nosotros usábamos era considerado brujería y no debíamos andar hablándolo o mostrándolo abiertamente a cualquiera que se nos cruzara. De todas formas también me había dejado llevar.
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